Lo narrado en la siguiente consulta tuvo lugar el día 1dos de Septiembre del dos009, o lo que es lo mismo cuatro días después del vigésimo tercer cumpleaños de mi novia, Paula. Lo importante de la fecha fue la decisión de mi novia y mía de celebrar su cumpleaños con algunas de sus amigas y mis amigos en mi nuevo departamento, el cual tenía a medio amueblar y en el que aun no vivía.
Era sábado, y habíamos quedado todos para cenar unas pizzas a eso de las diez de la noche. Paula y yo teníamos que ir algo antes a organizar todo, pero yo me tenía que ir a un partido de básquet durante dos horas, de 1ocho a dos0 más exactamente.
María era la mejor amiga de Paula. Como acababa de terminar sus exámenes de la universidad, se ofreció a venir con Paula y conmigo a eso de las cinco para desconectarse un poco de su último examen y para ayudarla a preparar todo.
Bueno, a las cuatro salí de casa de mis viejos (donde vivía) para pasarla a buscar a Paula por su casa. Bajó vestida con un vaquero y una remera gris, nada especial. Una vez entro en el coche, me comento lo de María, que teníamos que pasar a buscarla ahora que iba a venir a ayudarnos y así además le hacía compañía mientras yo me iba a jugar al partido de básquet. Entonces, pasamos a buscar a María por su casa, y después fuimos camino al departamento. Las dos llevaban la ropa y demás para arreglarse en un bolso, y después de la "inauguración" irnos por ahí a tomar algo.
Llegamos al departamento a eso de las cinco menos diez. Entramos por el garaje, que estaba pegado a la puerta del ascensor y también dentro de mi estacionamiento estaba la puerta de mi baulera. Ni bien bajó del coche, María me pregunto qué puerta era esa dentro de la cochera. La abrí, encendí la luz y le enseñe el la baulera. Era grande para ser un simple baulera y olía a nafta porque ahí tenía dos motos, la scooter de Paula y otra de cross mía. Y también me di cuenta de que el asiento de la scooter tenia las marcas de las manos de Paula… Era evidente porque tenía esas marcas allí… Intente disuadir a María de que no entrara diciendo que el olor a nafta era horrible. Entro, y supongo que vio las marcas. Qué vergüenza…
−A mi no sé porque, me encanta este olor… Me recuerda a… Bueno, no se… − me respondió María.
Seguí enseñándole la casa. La verdad me pareció que le gustó mucho. O eso dijo. Le enseñe mi habitación, con la nueva cama de dosxdos metros, el salón que estaba vacío completamente y la terraza donde más tarde cenaríamos todos…
Estuvimos los tres en la cocina preparando la cena y esas cosas. Yo a las seis menos cuarto me fui del departamento, ya que tenía que estar trabajando a las 6 en punto.
Paula y María siguieron preparando la cena. En un momento dado, María le pregunto a Paula que si podía ir al baño. Paula le dijo que sí, pero que fuese al de "nuestra" habitación, que estaba más limpio y equipado que el otro. Así lo hizo. Paula estaba limpiando ya la cocina cuando María apareció por la puerta con un consolador con forma de pija y uno de bolas anales. Paula se quedó dura…
-¿De dónde sacaste eso? – Pregunto Paula…
-Mirando que tenían en la habitación… - Dijo María sonriendo.
-Pero que chusma sos – Dijo Paula aun con la cara de susto
-Tranqui Pau, ya sabes que yo también tengo cosas pero como vos nunca contas nada…- Dijo mirando los juguetes que llevaba en las manos.
Paula me había contado que a María le emocionaban todo este tipo de cosas. Era una brillante estudiante y tenía pinta de mosquita muerta. Era correcta y educada. Pero creo que le gustaban mucho los juguetes, disfraces, etc.… Y como no podía ser de otra forma, le encantaba contárselo a Paula. A Paula no le desagradaban esas cosas, pero tampoco era una fanática y mucho menos de contárselo a nadie…
- Dejá eso donde estaba y vamos a cambiarnos, que es tarde… ¡Asquerosa! - le dijo Paula muerta de risa mientras salía de la cocina hacia la habitación. Paula se sentó en la cama y empezó a desnudarse, María la miraba y le dijo:
-¿Para qué es esto? – Dijo María mirando el consolador de bolas anales.
-No puedo creer que con lo reventada que sos no lo sepas María – Le contesto Paula devolviéndole la sonrisa de hace un rato.
-Si, lo se. Me he expresado mal. ¿Qué tal es? ¿Te gusta?- Pregunto María.
Paula ya estaba completamente desnuda y se puso de pie. María se había sentado a su lado y dejado los dos consoladores.
-Bueno… Lo compro Luis, para antes de darme por el culito y que no me duela. Pero no me gusta demasiado la verdad. Si tan interesada estas, te lo regalo.- Dijo Paula mientras se metía a la ducha.
Paula comenzó a ducharse mientras María daba vueltas curiosando. A los minutos de no oírla Paula pregunto:
-¿Ya has empezado a usarlo? – Pregunto Paula desde la ducha.
María corrió la cortina y apareció con un corsé de Paula.
-Me ha gustado la idea de que me duela y prefiero que me prestes a Luis un rato – Le dijo mirándola, con el corsé, tacos y las manos en las caderas.
-Por dios María, Luis va a llegar en cualquier momento y si entra aquí… - Dijo Paula cerrando la cortina de la ducha.
-Fenómeno, pero no te hagas la que no te gusta. Siempre que estamos desnudas no me sacás los ojo de encima. Si no tuvieras novio pensaría algo raro sobre cómo me miras las tetas.- Dijo María mientras se las sacaba del corsé.
Paula la miro azorada, y María estalló en una carcajada.
-Ves, como te conozco.- Dijo dándose la vuelta y saliendo del baño.
Paula se quedo mirando su culo desnudo mientras se iba. Más de una vez Paula me había dicho que no sabía si era normal en las mujeres, pero que ella cada vez que veía a una de sus amigas desnuda, no podía dejar de mirarla de arriba abajo. Incluso en un par de ocasiones me había contado que se había encontrado a chicas, a las cuales les hubiese encantado verlas desnudas, en resumen que le ponían calentita…
Paula salió del baño, aun algo mojada pero sin toalla. María ya se había quitado el corsé y se quedo mirándola a Paula desnuda.
-¿Ahora qué me miras? – Pregunto Paula.
-¿Qué pasa, que solo me podes mirar vos a mi? Miro tus tetas, tu tatuaje y como llevas depilado la conchita – Dijo mientras miraba esas tres cosas.
-Pues ya ves, mis tetas son más chicas que las tuyas, por desgracia, el tattoo lo has visto diez00 veces, y mi conchita igual de bien depilada que la tuya, pero sin esa rayita de pelo de puta – dijo Paula, violenta por la situación.
-Andá, ¿te gustan mis tetas? como mujer quiero decir… – Pregunto María mientras se las manoseaba.
- Claro sí, me gustaría tenerlas como las tuyas. E incluso alguna vez, mientras me las chupa Luis, le gustaría saber cómo es comerse unas como las tuyas. – Dijo Paula.
María se echó en la cama.
Paula y María son de la misma altura. María estaba algo más delgada y tenia pelo castaño y unos ojazos azules. Paula tiene las tetitas medianas muy normales. María sin embargo tenía un buen par de tetas, redondas como cocos, naturales, una 95 o diez0. El culo y las piernas de las dos eran parecidos, muy buen culo y piernas muy definidas y bonitas.
Paula se sentó en el borde de la cama.
-Si queres te dejo que me las chupes, ¿eh? – Dijo María mirándose las tetas a modo de burla.
-No, sigo prefiriendo que me las coma Luis, mientras ustedes cenan, y luego que me la dé por el culo aquí – Dijo Paula para devolverle la burla.
-Ummmmh, - dijo mientras se relamía los labios.- Aquí se pegaran buenas cogidas con Luis ¿no?
-Si, las que te gustaría que te pegara a vos. – Dijo aun un poco ofendida por algún comentario anterior Paula.
-Y bueno sí, para que te voy a engañar. Por lo poco que me has contado debe tener buena pija y ser bastante puerquito. Bueno que, ¿me contas o no? – Dijo María mientras agarraba el consolador anal de la mesita de noche y se lo acercaba a la boca.
-Ayyyyy, ¿te tengo que contar todo? ¿eh? Pues la verdad es que si, nos hemos echado flor de polvos aquí. Y son las 7.tres0 así que en tres0 minutos lo tenemos aquí y a ver que le contamos. – Dijo mientras miraba como María relamía las bolitas.
-Cuéntame uno porfa, mientras pruebo este cacharro… - Dijo con el consolador anal lleno de saliva.
-Mari… sos una cerda puta, pero la verdad es que me estas poniendo caliente hasta a mi – Dijo Paula mientras se acercaba un dedo a su la conchita que ya estaba empapado – A ver María, vamos a cambiarnos y te cuento lo que quieras mientras tanto – Concluyó Paula yendo por su bolso, que estaba al lado de la cama. María se quedo mirando el esplendido culo de Paula mientras esta se agachaba sin doblar las rodillas buscando la ropa de la bolsa.
-No me extraña que a tu novio le encante reventarte el culo, me han dado ganas hasta a mi…- Dijo con los ojos como platos mirando el culo de Paula.
-Oíme María, pará o no te cuento nada. – Dijo mientras rápidamente se ponía el cortísimo vestido de seda que tenia, con estampado de cebra, su micro-tanga color verde lima y sus zapatos negros de charol con los que le encantaba coger de pie.
-Ok- Dijo María, saltando de la cama, poniéndose en pie, y empezando a vestirse con su pequeña tanga de raso y encaje color lila, un súper wonderbra (que le convertía los cocos en melones) a juego con la tanga, una blusa morada semitransparente por la que se veía todo y unos vaqueros muy ceñidos estilo chupín con tacazos todo ello negro.
Cuando Paula vio el conjunto de ropa interior de María el día que se lo compro, vino a contármelo emocionada casi excitada. Le encantaba el gusto de su amiga, sin duda.
-Bueno, que queres… ¿el primer polvo en el nuevo departamento?...- Dijo guiñándole el ojo y quedándose a pocos centímetros de ella.
María sabia por que se lo preguntaba, y estuvo muy insistente con si habíamos cogido el primer día que fuimos a ver el departamento. Me dijo Paula que había preguntado tres veces y que no se lo había querido contar para que imaginase lo que quisiese…
-O preferís… ¿el mejor polvo? – Preguntó Paula, mientras le abría un poco el pantalón y le metía la mano dentro de la tanga, para ver si estaba caliente de verdad.
-Qué cagada, difícil elección, pero… El mejor, que seguro el primero que algún día me lo vas contar igual… Y, no sé porque te encantan los vestidos tan cortos y las bikinis tan minúsculas, pero me pone… – Dijo justo antes de abalanzarse sobre Paula y comerle la boca a la vez que le agarraba el culo sin necesidad casi de subirle el vestido de lo corto que era…
Paula se dejó besar, y cuando acabaron ese beso de unos diez segundos, estaba empapada.
-Lo de los vestidos lo sabés, y lo de las bikinis minúsculas se que te ponen desde que me los pediste para probártelas.- dijo Paula distanciándose un poco de María y mirándose al espejo.
-Que puta… Ahora cuenta como fue el mejor polvo que son ya las ocho y va a llegar tu querido…
-Solo por encima ¿ok? -le dijo, mientras seguía mirándose al espejo.
-Ok- dijo María, mientras se sentaba en la cama y se empezaba a chupar un dedo.
-Hará cosa de unos 15 días, Luis y yo nos emborrachamos haciendo boludeces aquí. Y mientras estábamos boludeando que si cogíamos que si no, me conto una historia que le dije que te iba a contar a vos, pero que nunca imagine que te contaría de verdad…
-Ummm, empeza… - Dijo María, abriendo las piernas, metiendo su mano por dentro del pantalón y la tanga para empezar a jugar con su clítoris.
- La fantasía era que yo me encaprichaba con una chica, íbamos a un bar, se la presentaba a Luis, y dejaba a Luis en el bar para irme a la calle a enrollarme con ella… - Dijo Paula relamiéndose mientras veía como María se tocaba.
-Mas detalles por favor – Dijo María con esa voz de puta que a veces ponen las mujeres, mientras metía su dedito índice (con su perfecta manicura francesa) dentro de su humedísima conchita.
- Mmmmm… pues resulta que estabas vos también en el bar, y te quedabas haciendole compañía a Luis… Y después de una larga historia que algún día te contaré, acabábamos los cuatro cogiendo en el departamento. – Dijo Paula maravillándose con la escena que tenía ante sí y continuó- ahora María, pará, que Luis va a llegar y no quiero que nos agarre aquí y así – Dijo Paula con voz no muy convencida.
-Jajaja, si las dos estamos deseando que nos agarre. Pero si me contas como fue el primer polvo en el departamento, acabo en diez segundos y vamos a lo nuestro. – Dijo mientras sacaba los dos deditos que ya tenía metidos dentro.
- Te lo cuento, pero vamos a otro sitio que no sea tan fácil que nos agarre y ahí acabas ¿querés?
-¡Quiero!- Dijo María mientras sacaba la mano, se ponía de pie y se abrochaba el pantalón.
Mientras María salía pasó un momento por mi PC… Paula se acerco a la cama a estirar las sabanas y a esconder sus juguetes. Llamo a María y salieron las dos de casa.
En aquel momento yo estaba de camino a casa, me faltaban unos 15 minutos para llegar.
Paula le dijo a María que habían tenido que bajar la baulera a sacar unas cosas. Creo que María sospechó no haber visto nada salvo dos motos en la baulera, pero pensó que podía habérsele escapado algo.
En el ascensor María dijo:
-Bueno, ¿y yo cuando acabo? ¿Y el primer polvo?
-Espera y te cuento…-Dijo lentamente mientras el ascensor llegaba a la planta del estacionamiento.
Salieron y Paula abrió la puerta y encendió la luz.
-Pasa- Le dijo a María con un gesto cortes.
-Pero si aquí no hay nada… Aparte de dos motos y polvo… Bueno donde no lo has sacado puta. – Dijo señalando las marcas de manos que había en el asiento de la scooter de Paula.
-Bueno, ¿no querías que te explicase nuestro primer polvo y terminar? – Dijo sonriendo mientras cerraba la puerta.
- Guauuu!!! ¿Encima de la moto? – Dijo mirando con incredulidad María.
-Mas bien apoyada, pero si queres te lo explico…- Dijo Paula acercándose a María.
-Ummmm. Si por favor… - Dijo María con cara de loca.
La baulera era alta y estrecha. La puerta de chapa aislaba muy bien el sonido y la luz del exterior pero si se hablaba muy alto hacía eco y se oía desde fuera. Paula comenzó a explicarle a la vez que posicionaba a María como si fuese ella y actuaba como si ella fuese yo. Le fue explicando Paula detrás de ella mientras María ya estaba mirando a la moto desde la parte trasera:
-Luis me puso las manos aquí (en el borde trasero del asiento de la moto)… Me hizo inclinarme un poco… Abrir las piernas así… Me bajo lentamente el pantalón y la tanga hasta las rodillas…
-Y te la metió – Interrumpió María, impaciente y cachondisima.
Más o menos en ese momento llegue yo y estacioné en la cochera de garaje. Ellas supongo que oyeron el coche pero se pensarían que era de un vecino o no les importo.
-No María, no me la metió… Dejame contarlo a mí. – Dijo Paula, haciéndose la enojada.
-Hizo esto…- Paula se puso de cuclillas, saco toda su lengua, abrió el culo de María y le dio un lametón comenzando desde el final de la finísima línea de pelito que recorría verticalmente su pubis, pasando por su ya enorme clítoris, siguiendo por su humedisima vagina y terminando en su ardiente culito.
María gimió muy fuerte. Mientras esperaba el ascensor oí algo, me pareció que venía del coche o la baulera, pero no estaba seguro porque entre el garaje, el ascensor, las tuberías, etc. Seguí esperando el ascensor hasta que llego, me subí en él y se cerraron las puertas.
Paula agarro a María por detrás, de la cintura con una mano y del pelo con la otra, e hizo que se la cogía. María estaba a mil, solo había que oír como respiraba.
-Pau, explícame otra vez como te hizo por favor… - Dijo mirando para atrás.
-¿Ah si?, ¿no queres que te siga contando la historia? Ahora venia cuando te contaba que te nombre 4 o 5 veces mientras cogíamos – Dijo poco antes de agacharse y repetir otro lambetón en el que noto aun mas húmeda a María.
-Y tu novio… ¿También me nombró? – Dijo justo antes de apretar su culo en un espasmo y volver a gemir.
Yo ajeno a todo, las había buscado por el departamento. Al ver que no estaban vi que se habían cambiado y me fui para la ducha, por hacer tiempo hasta que volvieran.
-¿Luis?, solo 15 o 20 veces, como siempre que follamos o me come… - Le dijo Paula
María se puso erguida y se dio la vuelta. Cara a cara con Paula. Se quito el pantalón, lo tiro encima del asiento de la moto, la tanga lo colgó del manillar y el corpiño y la blusa transparente se los dejo puestos. Era una estampa increíble. Se volvió a poner los tacos. Se echó en el asiento poniendo la cabeza en el manillar y con las piernas abiertas.
No le hizo falta decirle a Paula lo que le tenía que hacer, pero no esperaba lo siguiente, y es que Paula debajo del vestido, en la goma de su tanga llevaba sujeto el consolador anal. María la miro flipando, estiro la mano y lo agarró. Paula fue directa a lamerle el culito antes de comenzar con su concha.
-Si nos viera, creo que no pararía de nombrarme en su vida… - Dijo totalmente excitada mientras lamia el consolador.
Paula paro un instante y se sacó el vestido, quedándose con su tanga verde y un sujetador azul celeste que no pegaba para nada, pero a mí me ponía a mil.
Mientras, yo salí de la ducha, me puse un vaquero y una camisa, y agarré el celu para llamarlas. Llame a las dos y se habían dejado los celu en casa. No pude aguantar la tentación de ver el móvil de María, leerle los sms y ver fotos. Los sms, eran guarrísmos como los que puede tener todo el mundo. Las fotos… Parecía un catalogo de lencería, tangas, culottes, corsés… Ufh… Me acerque corriendo a mi PC para guardarlas. Me la estaba jugando, cuando abrí la PC, leí en la búsqueda de google. "Estamos… Brum, brum" No entendí nada, así que descargue las fotos a los pedos.
Mientras las chicas seguían abajo con su "juego". María estaba disfrutando de una buena comida de Paula, mientras se metía poco a poco la primera bolita (iban en aumento de tamaño y había seis) del juguete por el culito. Gimió. Siguió con la segunda que no entro con dificultad. Empezaba a meterlas y sacarlas hasta la segunda. Paula seguía lamiéndole rápidamente el clítoris, mirándole a sus azules ojos, fijándose en sus tetas a través de la blusa transparente. Poco a poco llego a la sexta bola. Estaba empezando a mover la cadera como una loca, dificultando a Paula su labor. Paula paró.
-¿Que tal?, te está gustando ¿eh? – Le pregunto levantando la cabeza de su la conchita, y mirándole.
-Si, pero no hay nada que me guste más que una buena pija, la verdad… - Dijo dejándose las seis bolas metidas dentro del culo.
-Te tendrás que conformar con eso, así que terminá y nos vamos que Luis seguro que estará buscándonos.
Eran las 9 y estaba harto de esperar. Si hubiesen ido muy lejos me hubiesen avisado, pensé. Seguía frente al PC, lo mire y volví a leer el "estamos… Brumm, brumm". Clarísimamente lo habían dejado para que lo leyese. ¿Qué era brumm, brumm? No sé porque primero pensé en María, coche… Nada. María, moto… ¡¡BINGO!! Había visto a María mirar las marcas en el asiento de la moto, sonreírse y mirarme. ¿Qué hacían ahí? Habrían bajado a buscar algo. Lo que no sabía es lo que. Fui para alla. Las chicas seguían a lo suyo cuando puse la oreja en la puerta para oír a través de ella. Se oían gemidos. Me puse a temblar de los nervios. No era la primera vez que veía a Paula con una mujer, pero nunca con una de sus intimas amigas y menos que estuvieran buenísima como María. Me armé de valor y abrí la puerta. Me quede totalmente anonadado.
Paula giro la cabeza y me miro con cara de estar totalmente sorprendida. María puso cara de sorpresa, pero se le escapaba un atisbo de sonrisa. Cerré la puerta detras de mí. Paula se quedo mirando hacia mí, pero María ni se inmuto.
-Luis, de verdad, no sé qué decir, lo siento, de verdad… - Dijo Paula con voz nerviosa y bajando la mirada sin acercase a mí.
-Pero ¿que hacen aquí? – Pregunte aun temblando, pero sin dejar de mirar a las dos de arriba abajo, sobre todo a María.
-Lo siento de verdad, no sé que me paso… - Paula seguía avergonzada.
-Yo también, Luis- Llamo mi atención María ahora ya sentada en el asiento de la moto y sin disimular su sonrisa.
Me gusto mucho, su blusa casi transparente y su sujetador de raso. Nunca había visto sus tetas tan claramente. Era espectacular así, sentada al revés de la moto, con su pubis tan bien depilado. También tenía el juguete que le compre a Paula en la mano.
Paula agarró su vestido para ponérselo. Yo no podía pensar tan rápido, no sabía qué hacer o decir. Me decidí.
-Paula – Dije.
-Decime- contestó.
-O me das una buena explicación, o no sé si voy a poder perdonarte alguna vez…- Le dije en tono medio serio, medio jocoso para quitarle nafta al asunto.
-No puedo explicar nada, así que no se si vas a perdonarme. – Me contesto Paula un poco más tranquila.
-Si, podre. Para empezar seguí haciendo lo que estabas haciendo sin decir nada. Ahora vuelvo.- Dije antes de salir de la baulera.
Abrí el coche y saque una cosa de la guantera. Cuando volví, seguían exactamente como las encontré.
-María, espero que no te moleste… – Dije mientras ponía encima de la otra moto la cámara de video con el mini trípode.
No sé porque, pero Paula odiaba que nos grabáramos cogiendo. La verdad es que no me podía imaginar si a María le gustaba o no, pero con probar.
-Tranquilo, tengo muchos… Ya te voy a pasar alguno… - Dijo mientras se comenzaba a meter otra vez las bolas y con la otra mano sujetaba la cabeza de Paula.
Yo me quede enfrente de María, mirando el espectáculo y mientras mí pija iba agarrotándose. Me encantaba ver a Paula agachada, comiendo a María como me la había chupado a mí encima de esa moto. Mi pija estaba completamente dura ya, así que la saque, y empecé a pajearme. María se me quedo mirando la pija y me dijo algo para que le leyese los labios. Paula se dio cuenta de que algo pasaba, paro, miro y al ver que me estaba pajeando, sonrió. Volvió a lo suyo.
No podía soportar ver a Paula así inclinada sin metérsela. Me acerque por detrás, le aparte la tanga, me humedecí la pija y se la metí. Empujaba despacio para no molestarla mientras se la comía a María. María aprovecho que Paula miraba para atrás para repetirme lo que me decía intentando que le leyese los labios. "Cogeme por el culo, por favor"
Paula volvió a mirar para delante. Yo también intente que María me leyese los labios y le dije… "Me debes una". Su cara me dejo bien claro que me debía una y las que le pidiese. Le quite el corpiño a Paula, sus tetitas quedaron colgando y yo jugué un rato con ellas hasta que María se incorporo un poco y primero se quito su blusa y se soltó los breteles para bajarse el soutien a la altura de la panza. Paula y yo mirabamos maravillados sus tetas. Ella se saco el juguete de su culo, Paula le dio los últimos lengüetazos mirándoselas y yo deje hasta de empujar de lo absorto que estaba.
María se corrió, gritando, tiro el juguete, con esa mano se amasijó las tetas y con la otra sujetaba la cabeza de Paula.
Yo la embestí un par de veces más a Paula mientras tanto.
-¿Ahora qué hacemos?- Pregunte.
-Yo acabar, vos mirar – Dijo mientras me empujaba hacia donde había empezado a mirar.
María se bajo de la moto, de verdad estaba increíble. Paula se subió a la moto y se puso tal como había estado María, y María como estaba comiéndola Paula. La nueva visión me encanto. Veía todo su concha mirando hacia mí.
Me fui acercando. Paula miraba sin decir nada. Cuando estaba detrás de María, me agache y le di un gran chupada. Estaba muy húmeda y acida.
-¿Puedo?- Le pregunte a Paula con cara de bueno.
-¿Queres probar su la conchita? – Me respondió con una sonrisa.
Paula me conto como la comía María. Dice que intentaba usar su lengua como una pija y se la intentaba meter todo lo adentro que podía. Al tiempo se entero que no era la primera concha de una amiga que se mandaba. Lo hacía bien, según Paula, pero no tanto como yo.
Agarre mi pija, la acerque al culo de María, y cuando la punta estaba ya en el agujero, empuje. María cerró el culo y yo pare asustado. No quería aun. La agarro, se la refroto tres o cuatro veces por los labios de la vagina y se la fue metiendo. Era muy estrecho, note cada centímetro. A María se le puso piel de gallina. A mi creo que me cambio la cara.
-Cerdos- dijo Paula.
Empecé a empujarle despacio pero hasta el fondo. No es que su conchita estuviese estrecha, es que era así siempre. Me encantaba aguantar tanta presión. Ella tenía que estar disfrutando de lo lindo. Se la sacaba casi entera y se la metía hasta el fondo. Me agarro las manos y me las llevo a sus tetas. Me faltaba mano, no mucha pero algo sí. Eran turgentes y redondas. Me enamore de ellas más aun que cuando las vi. Eran perfectas a la vista y aun más al tacto.
Paula estaba disfrutando muchísimo. Al contrario que su amiga parece que iba a costarle poco acabar. Le dije a María al oído que le chiflaba que le metiera un dedo por el culo a Paula. Se chupo dos dedos y poco a poco se los metió. Paula agarro la mano de María y saco los dos dedos. A mí me calentaba muchísimo que se metiese los de ella, pero nunca lo había hecho… hasta ese momento. Comenzó a gemir y a moverse mucho más.
Los dos sabíamos que Paula no me iba a dejar darle por el culo a María, así que María aprovecho, me saco la pija y se puso la punta en su culo para que yo empujase. Lo tenía más dilatado que la concha. Entraba y salía perfectamente. Note como lo apretaba para sentirla más. Paula desde su posición solo veía su cuerpo hasta su clítoris, la cara de María, su espalda y acababa en mi de cintura para arriba. Lógicamente no se imaginaba lo que había pasado en los diez segundos que miro hacia arriba.
-María, un poquito más rápido. Me quiero ir- Dijo Paula entre gemidos.
Yo oía el chapoteo de las babas de María y como movía el clítoris de Paula con su lengua. Tenía mi pija durísima y además el culo de María no era demasiado profundo cada vez que empujaba hasta el fondo notaba el final.
Paula acabó a los alaridos, se movió muchísimo durante los espasmos, grito, gimió, agarro a María del pelo… Fue intensísimo. Se quedo unos segundos tirada en la moto.
-Luis, ¿podemos hacerlo parados apoyándome en la pared? – Me pregunto María supongo que con su espalda cansada por la posición.
-Lo vuelve loco – Dijo Paula sin dejarme contestar.
María y yo nos movimos sin sacarla hasta la pared. Ella sacaba un poco el culo mientras apoyaba sus manos y antebrazos a la altura de su cabeza. Su larga y lacia melena castaña tapaba prácticamente toda su espalda. Paula se dio cuenta…
-¡Por el culo no, María…! - Dijo escandalizada.
-Paula ya está hecho, además el que debería estar enojado se supone que soy yo.
-Pero prométeme que no le vas a acabar adentro.- Dijo Paula.
-Callate y goza. – Dije antes de darle una buena embestida a María.
María gimió y creí oír sus uñas clavándose en el yeso de la pared. Le di ritmo, le daba fuerte y a veces muy fuerte. Notaba que iba a acabar.
-¿Donde acabo? – Pregunte a las dos.
-En sus tetas, si a ella no le parece mal, claro – Dijo Paula.
-Preferiría dentro de mí… culo, boca o concha… - Dijo María.
-No me hagn esto guachos, y acabale en las tetas, por favor – Añadió Paula, creo que muy sinceramente.
-Bueno, en sus tetas… Ya. – Dije mientras sacaba mi pija.
María se puso de rodillas, la agarró y la metió entre sus tetas para hacerme una turca. La mejor turca de mi vida. Se la metía entre sus tetas y esperaba la punta con la boca abierta para lamerla. Cuando llevaba unos segundos le dije que me iba a correr. En ese mismo momento Paula ya estaba de rodillas a su lado, lamiéndole los pezones y comiéndole las tetas. María la puso apuntando a su pecho izquierdo el cual Paula estaba chupando y mordiendo como una cerda.
De repente salió todo mi semen. Cayó en su teta y también en la cara de Paula. Esta restregó todo mi semen por las tetas de María con su lengua. María no tardo mucho en untarse un dedo en el pezón y llevárselo directo a su culito. Con su otra mano agarro el pelo de Paula y condujo la boca de Paula a la suya para probar mi semen. A su vez refrotaba sus cocos embadurnados de mi leche con las manzanitas de Paula.
Se estuvieron revolcando un rato mientas yo disfrutaba aun de mi reciente orgasmo.
Recogí la cámara. Saqué unas toallitas del coche y nos secamos con ella. Subimos directos a la ducha, eso sí, por separado.
Terminamos la inauguración de la casa y nos fuimos todos por ahí. Paula estaba ya emocionada con el tema bi y estaba boludeando sobre quien sería la siguiente amiga a la que me cogería. ¡Patricia!
A eso de las 6 de la mañana acompañe a María al coche, ya que se iba a nuestra casa ya que tenía allí toda la ropa y las llaves. Paula no lo sabe, pero en el coche que teníamos metido en el estacionamiento María me pago la que me debía. Me hizo una gran chupada de pija. Cuando acabamos le comente lo de las fotos del móvil…
Sé que desde entonces ellas han vuelto a cogerse y chuparse alguna vez. Lo sé porque María me ha enseñado alguna foto y algún video cuando hemos ido a coger a su casa con Paula... o los dos solos…
Además, desde entonces toda la ropa interior que pasa por esas tetas o la conchita mi celu es el primero en verlas.
Relatos y testimonios reales de sexo y erotismo especialmente recopilados y resumidos de sesiones de psicoanalisis, terapia y sexología. Los nombres, lugares y circunstancias han sido cambiados para proteger la intimidad de los protagonistas. los hechos exuales no.
viernes, 3 de diciembre de 2010
El amante de mi mujer
Mi nombre es Alejandro, y como tantísimos otros hombres, desde chico me ha gustado usar ropa de mujer, encajes, seda, naylon, medias, ligueros, siempre que no estaba mama en casa usaba la ropa de mis hermanas mayores. Ellas lo sabían y me animaban a hacerlo para su diversión y las de sus amigos. Crecí, y nunca deje mi afición, me case con una mujer hermosa y muy femenina, ella tiene 36 años y yo 38.
Hace un año tenia que salir de viaje a Catamarca, fui al Aeroparque y había mal tiempo, y se retrasaron las salidas por ocho horas. Demasiado tiempo para dejarle plata a Aeropuertos. Me volví a casa para hacer tiempo.
Llegue a casa. No había nadie. Mi esposa debía estar en el gym, aunque secretamente me supuse que volvería y me la encontraría encamada o con los entrenadores o algun compañerito. Sin embargo, no. Estaba solo. Ella había dejado un montón de ropa para lavar sobre la mesa del comedor. Me tentó y me dispuse a travestirme, a maquillarme, me puse tanga de hilo dental, medias y liguero, sostén, y un vestido. Tarde como 40 minutos, y lo que vi en el espejo erá más que pasable. Para poder crear esos efectos que tanto me excitaban me mantenía flaco, no delgado, depilado dos veces por mes y pelo casi a la altura de los hombros. Sumado a eso soy rubio y de ojos celestes, así que pegaba muy bien.
Estaba admirando mi transformación sin percatarme del paso del tiempo y no me di cuenta cuando de pronto se abrío la puerta de la habitación y entró mi esposa con un hombre, que debía ser su isntructor del gym, y le dijo:
− ¡Mirá, mirá mirá… lo que tenemos aquí!
No supe que hacer me quede mudo y sin moverme, bloqueado, me venían los colores a la cara, y después de un rato largo, cuando reaccione ya estaba acostado en la cama y atado de las manos a la cabecera con unas corbatas y también de los pies. Mi esposa me dijo:
− Hoy por fin vas a ser la mujer que querés ser, y lo vas a ser con un verdadero macho.
Despues empezaron con caricias. No era el modo más apropiado, pero allí confirmé que el instructor era su amante, y que yo no estaba yo equivocado.
La muy yegua le empezó a mamar la pija delante mío, y vaya verga de aquel hombre: 22cms, y se empezó a coger el abajo ella arriba sentada en esa verga que no dejaba de moverla, estuvieron mucho tiempo hasta que el se empezó a vaciar dentro de ella.
Mi esposa se acerco a mi y me puso su vagina en la cara y me obligo a mamarle la concha, y me decía:
− Dale… probá la leche de un verdadero macho, y mas vale que le empieces a tomar el gusto, porque de hoy en adelante serás mujer, hoy serás su mujer, su puta, es lo que querías ¿no?
Y me pegaba la concha a mi boca y no pude hacer nada sino lamerla, y el sabor y o lo que estaba en mi mente me excitaron, era delicioso el sabor, la textura de la vagina de mi mujer mezclado con el semen de su amante me gustó y la lamí hasta que la deje limpia.
Después mi esposa me dijo que de ahora en adelante nuestra relación seria muy diferente, que compartiríamos a su amante, que era mucho macho para una sola hembra, y que era mejor que tuviera a dos putas a su servicio.
Me dijo que se la mamara, y empecé a mamar esa verga sintiendo como empezaba a crecer en mi boca, y era deliciosa, sentir como va creciendo hasta que no cabía mas en mi boca, me dolían las mandíbulas, me provocaba arcadas, y mi esposa decía:
− Ya te acostumbraras a esta verga, hasta que la puedas mamar sin problemas yo te voy a enseñar a hacerlo.
Me dieron vuelta boca abajo, aun atado de las manos a la cabecera, me levantó el vestido y me bajó la tanga, me estuvo masajeando el culo con un dedo, hasta que entro y luego dos dedos, me puso lubricante, y el amante de mi mujer, me acerco la punta del pene a mi culo, hacía presión, pero no estaba del todo erecto, y me empezó a coger, y me decía:
− ¡Mirá qué culo el de esta puta, la voy a estrenar!
Mi mujer lo alentaba a seguir, le decía que si, que me cogiera que me hiciera suya, que me convirtiera en mujer, que sentía tener dos putas para el, y a me decía:
− ¡Relajate, hoy vas a ser una minita, con un verdadero hombre, serás su puta.
El amante de mi mujer me cogió durante mucho rato, sentí que me reventaba y no paraba, no hacia caso a mis suplicas, yo ahí, vestido de mujer y aullando como una perra, chillando como una puta y no paro hasta que descargo en mi su semen y sentí alivio cuando se empezó salir de mi.
Mi esposa me desato, y desde ahí me empezó a tratar con delicadeza, con dulzura, me decía:
− Pobrecita ese macho bruto te dejo hecha mierda, ese macho te llegó hasta el fondo.
Desde ahí todo ha cambiado, ya no me ha dejado tener sexo con ella, me ayuda a vestirme de mujer, me ha dicho que no pararía hasta convertirme en toda una mujer, me está adiestrando a caminar con tacos, a pensar como mujer, me ayuda elegir y combinar prendas, ya hemos salido las dos a comprar ropa, vestido yo de mujer, me ha llevado a un boliche a bailar y no se han dado cuenta. Pronto me llevara con un doctor para empezar con el proceso de feminización con hormonas.
Hace un año tenia que salir de viaje a Catamarca, fui al Aeroparque y había mal tiempo, y se retrasaron las salidas por ocho horas. Demasiado tiempo para dejarle plata a Aeropuertos. Me volví a casa para hacer tiempo.
Llegue a casa. No había nadie. Mi esposa debía estar en el gym, aunque secretamente me supuse que volvería y me la encontraría encamada o con los entrenadores o algun compañerito. Sin embargo, no. Estaba solo. Ella había dejado un montón de ropa para lavar sobre la mesa del comedor. Me tentó y me dispuse a travestirme, a maquillarme, me puse tanga de hilo dental, medias y liguero, sostén, y un vestido. Tarde como 40 minutos, y lo que vi en el espejo erá más que pasable. Para poder crear esos efectos que tanto me excitaban me mantenía flaco, no delgado, depilado dos veces por mes y pelo casi a la altura de los hombros. Sumado a eso soy rubio y de ojos celestes, así que pegaba muy bien.
Estaba admirando mi transformación sin percatarme del paso del tiempo y no me di cuenta cuando de pronto se abrío la puerta de la habitación y entró mi esposa con un hombre, que debía ser su isntructor del gym, y le dijo:
− ¡Mirá, mirá mirá… lo que tenemos aquí!
No supe que hacer me quede mudo y sin moverme, bloqueado, me venían los colores a la cara, y después de un rato largo, cuando reaccione ya estaba acostado en la cama y atado de las manos a la cabecera con unas corbatas y también de los pies. Mi esposa me dijo:
− Hoy por fin vas a ser la mujer que querés ser, y lo vas a ser con un verdadero macho.
Despues empezaron con caricias. No era el modo más apropiado, pero allí confirmé que el instructor era su amante, y que yo no estaba yo equivocado.
La muy yegua le empezó a mamar la pija delante mío, y vaya verga de aquel hombre: 22cms, y se empezó a coger el abajo ella arriba sentada en esa verga que no dejaba de moverla, estuvieron mucho tiempo hasta que el se empezó a vaciar dentro de ella.
Mi esposa se acerco a mi y me puso su vagina en la cara y me obligo a mamarle la concha, y me decía:
− Dale… probá la leche de un verdadero macho, y mas vale que le empieces a tomar el gusto, porque de hoy en adelante serás mujer, hoy serás su mujer, su puta, es lo que querías ¿no?
Y me pegaba la concha a mi boca y no pude hacer nada sino lamerla, y el sabor y o lo que estaba en mi mente me excitaron, era delicioso el sabor, la textura de la vagina de mi mujer mezclado con el semen de su amante me gustó y la lamí hasta que la deje limpia.
Después mi esposa me dijo que de ahora en adelante nuestra relación seria muy diferente, que compartiríamos a su amante, que era mucho macho para una sola hembra, y que era mejor que tuviera a dos putas a su servicio.
Me dijo que se la mamara, y empecé a mamar esa verga sintiendo como empezaba a crecer en mi boca, y era deliciosa, sentir como va creciendo hasta que no cabía mas en mi boca, me dolían las mandíbulas, me provocaba arcadas, y mi esposa decía:
− Ya te acostumbraras a esta verga, hasta que la puedas mamar sin problemas yo te voy a enseñar a hacerlo.
Me dieron vuelta boca abajo, aun atado de las manos a la cabecera, me levantó el vestido y me bajó la tanga, me estuvo masajeando el culo con un dedo, hasta que entro y luego dos dedos, me puso lubricante, y el amante de mi mujer, me acerco la punta del pene a mi culo, hacía presión, pero no estaba del todo erecto, y me empezó a coger, y me decía:
− ¡Mirá qué culo el de esta puta, la voy a estrenar!
Mi mujer lo alentaba a seguir, le decía que si, que me cogiera que me hiciera suya, que me convirtiera en mujer, que sentía tener dos putas para el, y a me decía:
− ¡Relajate, hoy vas a ser una minita, con un verdadero hombre, serás su puta.
El amante de mi mujer me cogió durante mucho rato, sentí que me reventaba y no paraba, no hacia caso a mis suplicas, yo ahí, vestido de mujer y aullando como una perra, chillando como una puta y no paro hasta que descargo en mi su semen y sentí alivio cuando se empezó salir de mi.
Mi esposa me desato, y desde ahí me empezó a tratar con delicadeza, con dulzura, me decía:
− Pobrecita ese macho bruto te dejo hecha mierda, ese macho te llegó hasta el fondo.
Desde ahí todo ha cambiado, ya no me ha dejado tener sexo con ella, me ayuda a vestirme de mujer, me ha dicho que no pararía hasta convertirme en toda una mujer, me está adiestrando a caminar con tacos, a pensar como mujer, me ayuda elegir y combinar prendas, ya hemos salido las dos a comprar ropa, vestido yo de mujer, me ha llevado a un boliche a bailar y no se han dado cuenta. Pronto me llevara con un doctor para empezar con el proceso de feminización con hormonas.
Etiquetas:
cambio de roles,
CD,
dominación,
feminización,
homosexualidad,
infidelidad,
primera vez,
sexo anal,
sexo gay,
sissy,
sodomización,
sumision,
TG,
travesti,
travestismo,
trio,
TS,
TV
¿A los 45?
Debo decir que jamás en mis 45 años de vida me imagine podría llegar a tener relaciones con una mujer, de hecho soy mujer, me gustan los hombres, pero de un tiempo a la fecha deseé tener una experiencia diferente, hasta que se me hizo realidad.
Un fin de semana, un grupo del trabajo de mi esposo nos invitaron a una salida a bailar, uno de ellos también invitó a la mujer de él, una mujer más o menos de mi edad, la que me dejó cautivada desde que la vi, hasta rara me sentí, pero me di cuenta que algo le llamaba la atención de mí, porque ella insistía mucho con sus miradas sobre mí.
Nos presentaron, y nos caímos bien de una, y nos pusimos a charlar durante esa noche. Empezamos a tener confianza, y después de aquella noche pasamos a tener más comunicación por chat o por teléfono. Así pasaron diez meses.
Un día, me llamó porque se sentía mal moralmente, había tenido problemas en su trabajo, con un compañero, y tenía ganas de charlar, quedamos de vernos por la noche, a la salida del trabajo de ambas. Fuimos a tomar un café, donde ella me habló de lo sucedido, y para tranquilizarla un poco, le sugerí ir a tomar una cerveza a un boliche muy lindo que quedaba ahí cerca, es un lugar tranquilo, agradable, y fuimos, mientras charlábamos ¡nos tomamos seis cervezas cada una!
Empezamos a charlar otras cosas, olvidándose del altercado que había tenido en su trabajo, hablamos de cosas personales, familiares, y empezamos a conocernos más. Conforme fue avanzando la noche, las cervezas fueron cambiando nuestra temperatura, porque me di cuenta que ella me miraba más, me guiñaba el ojo, de repente rozaba mi mano o mi brazo.
Yo acostumbro a usar minifalda, sigo teniendo piernas espectaculares, y ella también estaba de minifaldas, pero llevaba unas botas preciosas, las cuales entallaban sus piernas.
Después de haber tomado las seis birras, decidimos salir de ese bar, y nos fuimos en su auto, ella enfilo hacia Avenida Figueroa Alcorta, hablábamos poco, nos mirábamos y nos reíamos, y así estuvimos por un buen rato.
Repentinamente ella me dijo que yo le gustaba, que si podía tocarme, yo me quede azorada porque nunca imagine me fuera a decir eso, entonces solo le pregunte cómo. Al hacerlo ella estiro una de sus manos a mis piernas, acariciándolas, y con voz suave me pidió abriera las piernas, yo enseguida accedí, y haciendo a un lado la tanga que traía yo, con su dedo acaricio mi concha, introdujo su dedo, y luego lo llevó a su boca, chupándolo, saboreando, y me dijo, “Mh! Sos rica!”
Eso empezó a calentarme, ya en Olivos vimos un kiosco y le pedí que parara, bajé a comprar unas Gatorade por el pedal, y volví al coche. Ella me dijo, que me veía muy rica con la ropa que traía, a lo que yo le conteste que ella también se veía hermosa, reímos y arrancó, dimos otra vuelta mientras bebíamos el Gatorade.
Enfilo el coche hacia el puerto de Olivos, no muy retirados de la orilla, había varios vehículos, y se podía ver claramente las parejas dentro de los vehículos, “agasajándose”.
Ella se recostó en mis piernas, dejando a mi merced sus senos, yo ya menos inhibida, empecé a tocar sus senos, sintiendo como sus pezones se iban endureciendo, ella cerraba los ojos, y yo sentí que ella gozaba. Me dijo que se sentía bien, que quería olvidarse de todo esa noche, y quería terminar pasándole súper conmigo. Entonces ella giro su cuerpo y quedo con posición boca abajo, y estirando con una mano, empezó nuevamente a acariciar mi concha, que ya chorreaba de deseo, porque por dentro me moría de ganas de sentir como sus labios recorrían mi sexo, yo abrí mis piernas, y ella se metió entre ellas, llegando al fin a mi raja, con sus labios empezó a besarla toda, y con la lengua empezó a acariciarla, de tal manera que empezó a volverme loca.
Ella se incorporo de inmediato, y se sentó junto a mi, y empezamos acariciarnos, ella mis senos y yo los suyo, sus senos eran grandes, y al verlos totalmente desnudos, me excito mas llevándonos el primero a mi boca, acariciándolo con mis labios, para hacer lo mismo con el otro, con mis manos los junte, para propinarles caricias a los dos, y empecé a morder sus pezones, suavemente, le daba chupetones y mordiditas, esto la enloqueció completamente. Yo ya no aguantaba más, y la coloqué recargada de espaldas al asiento con la puerta abierta, quedando ella con sus pompis hacia mi, agachadita, y mostrando su conchita que se chorreaba de deseo, yo me agache un poco, y empecé a darle con la lengua, le chupaba la concha y el culito, ella levanto la pierna para dejarme a la vista ese banquete, el cual yo devoraba con ternura, pasión y deseo, luego se invirtieron los papeles, haciendo lo mismo conmigo, sentía como su lengua recorría mi vagina, y remató metiéndome su lengua en el culo, luego me puso de frente, y empezó nuevamente a pegarme una mamada exquisita. Con sus labios beso mi clítoris, luego lo metió a boca para juguetear con el. Ya estábamos locas de placer, nos metimos al coche nuevamente, y empezamos a besarnos, a mamarnos las tetas, y nos acomodamos de tal manera para hacer un 69, nos mamamos las conchas, nos comimos el clítoris, el culito, con un deseo, con suavidad pero a la vez con salvajismo, hasta que nos vino el orgasmo al mismo tiempo, y volvimos sentarnos, acariciándonos los senos, y dándonos besos suaves en la boca.
Así quedamos unos minutos, después nos medio arreglamos y ella arranco el auto, me dijo que era su primera experiencia que había tenido con otra mujer, y que estaba segura que también a mi me había gustado, y no se equivoco.
Me llevo a mi casa, y al bajar y despedirme, quise darle solo un beso en la mejilla, pero ella alcanzo mis labios, y me dijo: “te llamo”. Yo solo le di las gracias y bajé.
Al cabo de media hora, yo no salía del asombro, no me había cambiado de ropa, estaba pensativa cuando oí que tocaron el timbre de mi casa. Mi marido todavía no había vuelto. Supuse que era él que se había olvidado las llaves, aun, cuando ¡oh sorpresa!, era ella, entró, y al cerrar la puerta, empezamos a hacer nuevamente locuras, nos besamos, nos acariciamos, calentándonos nuevamente, pero mi temor era que llegara mi marido, y tenia miedo, porque soy una mujer bien casada.
Ya estábamos bien metidas las dos, estábamos en acción, ella me daba una mamada brutal, cuando la puerta se abrió, y era… ¡Obvio mi marido! Se quedo duro, al igual que yo, entonces ella, me dijo, que no me preocupara, que ella arreglaba todo, y me mando por tres copas.
Yo fui a la cocina a prepararlas, cuando regrese, estaba cagada de miedo, y al entrar al living, vi como ella, estaba hincada en medio de las piernas de mi marido, dándole una tremenda mamamada, el tenia su pene bien parado, y ella lo sujetaba con ambas manos, metiéndolo y sacándolo de su boca, y el gemía, abrió el sus ojos y me vio, y me llamo, yo entendí lo que deseaba, me hinqué y las dos empezamos a mamarle el miembro, y él empezó a disfrutarlo como un loco.
Después de un rato, el nos hincó sobre el sofá, y nos tocaba con sus dedos las conchas, entonces le toco a el, empezó a acariciar con su lengua mi raja, y luego la de ella, empezó a ponerse loca, pues quería comerse las dos al mismo tiempo, luego no acostó una arriba de la otra, mientras ella y yo nos besábamos, nuestras partes quedaron juntas, de tal manera que el podía pasar su lengua por las dos vaginas, el empezó a volverse loco de placer, y empezó a cogernos, estaba muy excitado, primero me hizo el amor, de una manera desbocada, y cuando terminó conmigo, continuó con ella, yo era espectadora desde otro sillón, y no niego que me gusto terriblemente verlo como se cogía a mi amiga, me gusto ver como le empezó a mamar el clítoris y el culito, babeándolo y preparándolo para traspasarla por detrás. El se apoyaba en las grandes tetas de ella, y ella tuvo su enorme, descomunal orgasmo, aun así el tuvo fuerzas para tomarme a mí nuevamente, y vaciar sobre mi su semen.
Cuando terminamos nos bañamos.
Luego de eso noté que había un grado notable de confianza entre ellos dos, lo que no condecía entre personas que hasta hacía dos horas no se conocían por más que hubieran cogido los tres. A la segunda o tercera actitud, los encaré y les pregunté directamente si ellos no se conocían de antes. Mi amiga me confesó que ella había era la amante de mi marido. A la sazón, mi marido era el jefe del esposo de ella. Ella me había conocido por fotos y le había propuesto a mi marido que hiciéramos un trío. Mi marido no se animaba, entonces ella planificó todo. No me podía enojar porque la había pasado de maravillas, pero aquello me perturbaba y excitaba al mismo tiempo. Aunque parezca mentira nuestra amistad, lejos de resentirse se afianzó. Nuestra relación, a partir de funcionar como trío cambió notablemente. Ella es la amante de mi marido, pero conmigo propuso un juego: que yo tomara también el rol de amante como si ella fuera la esposa legal. Creí que ser amante en lugar de esposa me bajaría de lugar y fue todo lo contrario y eso es sensacional. A ella la adoro con toda mi alma, porque además de amante es ahora mi mejor amiga. Nos pusimos una regla que era que mi esposo no se la cogería a ella sino de a tres. Se suponía que era también para ella, pero la rompimos porque con ella cojo mejor que con mi esposo.
Un fin de semana, un grupo del trabajo de mi esposo nos invitaron a una salida a bailar, uno de ellos también invitó a la mujer de él, una mujer más o menos de mi edad, la que me dejó cautivada desde que la vi, hasta rara me sentí, pero me di cuenta que algo le llamaba la atención de mí, porque ella insistía mucho con sus miradas sobre mí.
Nos presentaron, y nos caímos bien de una, y nos pusimos a charlar durante esa noche. Empezamos a tener confianza, y después de aquella noche pasamos a tener más comunicación por chat o por teléfono. Así pasaron diez meses.
Un día, me llamó porque se sentía mal moralmente, había tenido problemas en su trabajo, con un compañero, y tenía ganas de charlar, quedamos de vernos por la noche, a la salida del trabajo de ambas. Fuimos a tomar un café, donde ella me habló de lo sucedido, y para tranquilizarla un poco, le sugerí ir a tomar una cerveza a un boliche muy lindo que quedaba ahí cerca, es un lugar tranquilo, agradable, y fuimos, mientras charlábamos ¡nos tomamos seis cervezas cada una!
Empezamos a charlar otras cosas, olvidándose del altercado que había tenido en su trabajo, hablamos de cosas personales, familiares, y empezamos a conocernos más. Conforme fue avanzando la noche, las cervezas fueron cambiando nuestra temperatura, porque me di cuenta que ella me miraba más, me guiñaba el ojo, de repente rozaba mi mano o mi brazo.
Yo acostumbro a usar minifalda, sigo teniendo piernas espectaculares, y ella también estaba de minifaldas, pero llevaba unas botas preciosas, las cuales entallaban sus piernas.
Después de haber tomado las seis birras, decidimos salir de ese bar, y nos fuimos en su auto, ella enfilo hacia Avenida Figueroa Alcorta, hablábamos poco, nos mirábamos y nos reíamos, y así estuvimos por un buen rato.
Repentinamente ella me dijo que yo le gustaba, que si podía tocarme, yo me quede azorada porque nunca imagine me fuera a decir eso, entonces solo le pregunte cómo. Al hacerlo ella estiro una de sus manos a mis piernas, acariciándolas, y con voz suave me pidió abriera las piernas, yo enseguida accedí, y haciendo a un lado la tanga que traía yo, con su dedo acaricio mi concha, introdujo su dedo, y luego lo llevó a su boca, chupándolo, saboreando, y me dijo, “Mh! Sos rica!”
Eso empezó a calentarme, ya en Olivos vimos un kiosco y le pedí que parara, bajé a comprar unas Gatorade por el pedal, y volví al coche. Ella me dijo, que me veía muy rica con la ropa que traía, a lo que yo le conteste que ella también se veía hermosa, reímos y arrancó, dimos otra vuelta mientras bebíamos el Gatorade.
Enfilo el coche hacia el puerto de Olivos, no muy retirados de la orilla, había varios vehículos, y se podía ver claramente las parejas dentro de los vehículos, “agasajándose”.
Ella se recostó en mis piernas, dejando a mi merced sus senos, yo ya menos inhibida, empecé a tocar sus senos, sintiendo como sus pezones se iban endureciendo, ella cerraba los ojos, y yo sentí que ella gozaba. Me dijo que se sentía bien, que quería olvidarse de todo esa noche, y quería terminar pasándole súper conmigo. Entonces ella giro su cuerpo y quedo con posición boca abajo, y estirando con una mano, empezó nuevamente a acariciar mi concha, que ya chorreaba de deseo, porque por dentro me moría de ganas de sentir como sus labios recorrían mi sexo, yo abrí mis piernas, y ella se metió entre ellas, llegando al fin a mi raja, con sus labios empezó a besarla toda, y con la lengua empezó a acariciarla, de tal manera que empezó a volverme loca.
Ella se incorporo de inmediato, y se sentó junto a mi, y empezamos acariciarnos, ella mis senos y yo los suyo, sus senos eran grandes, y al verlos totalmente desnudos, me excito mas llevándonos el primero a mi boca, acariciándolo con mis labios, para hacer lo mismo con el otro, con mis manos los junte, para propinarles caricias a los dos, y empecé a morder sus pezones, suavemente, le daba chupetones y mordiditas, esto la enloqueció completamente. Yo ya no aguantaba más, y la coloqué recargada de espaldas al asiento con la puerta abierta, quedando ella con sus pompis hacia mi, agachadita, y mostrando su conchita que se chorreaba de deseo, yo me agache un poco, y empecé a darle con la lengua, le chupaba la concha y el culito, ella levanto la pierna para dejarme a la vista ese banquete, el cual yo devoraba con ternura, pasión y deseo, luego se invirtieron los papeles, haciendo lo mismo conmigo, sentía como su lengua recorría mi vagina, y remató metiéndome su lengua en el culo, luego me puso de frente, y empezó nuevamente a pegarme una mamada exquisita. Con sus labios beso mi clítoris, luego lo metió a boca para juguetear con el. Ya estábamos locas de placer, nos metimos al coche nuevamente, y empezamos a besarnos, a mamarnos las tetas, y nos acomodamos de tal manera para hacer un 69, nos mamamos las conchas, nos comimos el clítoris, el culito, con un deseo, con suavidad pero a la vez con salvajismo, hasta que nos vino el orgasmo al mismo tiempo, y volvimos sentarnos, acariciándonos los senos, y dándonos besos suaves en la boca.
Así quedamos unos minutos, después nos medio arreglamos y ella arranco el auto, me dijo que era su primera experiencia que había tenido con otra mujer, y que estaba segura que también a mi me había gustado, y no se equivoco.
Me llevo a mi casa, y al bajar y despedirme, quise darle solo un beso en la mejilla, pero ella alcanzo mis labios, y me dijo: “te llamo”. Yo solo le di las gracias y bajé.
Al cabo de media hora, yo no salía del asombro, no me había cambiado de ropa, estaba pensativa cuando oí que tocaron el timbre de mi casa. Mi marido todavía no había vuelto. Supuse que era él que se había olvidado las llaves, aun, cuando ¡oh sorpresa!, era ella, entró, y al cerrar la puerta, empezamos a hacer nuevamente locuras, nos besamos, nos acariciamos, calentándonos nuevamente, pero mi temor era que llegara mi marido, y tenia miedo, porque soy una mujer bien casada.
Ya estábamos bien metidas las dos, estábamos en acción, ella me daba una mamada brutal, cuando la puerta se abrió, y era… ¡Obvio mi marido! Se quedo duro, al igual que yo, entonces ella, me dijo, que no me preocupara, que ella arreglaba todo, y me mando por tres copas.
Yo fui a la cocina a prepararlas, cuando regrese, estaba cagada de miedo, y al entrar al living, vi como ella, estaba hincada en medio de las piernas de mi marido, dándole una tremenda mamamada, el tenia su pene bien parado, y ella lo sujetaba con ambas manos, metiéndolo y sacándolo de su boca, y el gemía, abrió el sus ojos y me vio, y me llamo, yo entendí lo que deseaba, me hinqué y las dos empezamos a mamarle el miembro, y él empezó a disfrutarlo como un loco.
Después de un rato, el nos hincó sobre el sofá, y nos tocaba con sus dedos las conchas, entonces le toco a el, empezó a acariciar con su lengua mi raja, y luego la de ella, empezó a ponerse loca, pues quería comerse las dos al mismo tiempo, luego no acostó una arriba de la otra, mientras ella y yo nos besábamos, nuestras partes quedaron juntas, de tal manera que el podía pasar su lengua por las dos vaginas, el empezó a volverse loco de placer, y empezó a cogernos, estaba muy excitado, primero me hizo el amor, de una manera desbocada, y cuando terminó conmigo, continuó con ella, yo era espectadora desde otro sillón, y no niego que me gusto terriblemente verlo como se cogía a mi amiga, me gusto ver como le empezó a mamar el clítoris y el culito, babeándolo y preparándolo para traspasarla por detrás. El se apoyaba en las grandes tetas de ella, y ella tuvo su enorme, descomunal orgasmo, aun así el tuvo fuerzas para tomarme a mí nuevamente, y vaciar sobre mi su semen.
Cuando terminamos nos bañamos.
Luego de eso noté que había un grado notable de confianza entre ellos dos, lo que no condecía entre personas que hasta hacía dos horas no se conocían por más que hubieran cogido los tres. A la segunda o tercera actitud, los encaré y les pregunté directamente si ellos no se conocían de antes. Mi amiga me confesó que ella había era la amante de mi marido. A la sazón, mi marido era el jefe del esposo de ella. Ella me había conocido por fotos y le había propuesto a mi marido que hiciéramos un trío. Mi marido no se animaba, entonces ella planificó todo. No me podía enojar porque la había pasado de maravillas, pero aquello me perturbaba y excitaba al mismo tiempo. Aunque parezca mentira nuestra amistad, lejos de resentirse se afianzó. Nuestra relación, a partir de funcionar como trío cambió notablemente. Ella es la amante de mi marido, pero conmigo propuso un juego: que yo tomara también el rol de amante como si ella fuera la esposa legal. Creí que ser amante en lugar de esposa me bajaría de lugar y fue todo lo contrario y eso es sensacional. A ella la adoro con toda mi alma, porque además de amante es ahora mi mejor amiga. Nos pusimos una regla que era que mi esposo no se la cogería a ella sino de a tres. Se suponía que era también para ella, pero la rompimos porque con ella cojo mejor que con mi esposo.
Una forma distinta de empezar
Somos una pareja de seis años de casados, me llamo Anabella y tengo 32 años, mi esposo es Gabriel que tiene dos años menos que yo. Nos iniciamos en el mundo swinger hace un año y nos ha gustado mucho.
El sábado pasado fuimos por primera vez a una crucero swinger que sale en un viejo barco de la Flota Fluvial desde Tigre. Llegamos el viernes por la noche y todo fue muy agradable, las parejas eran simpáticas y había de todo un poco, éramos seis parejas. Esa primera noche, Gabriel y yo estábamos muy cansados y nos fuimos a dormir muy temprano. Al día siguiente, las otras parejas nos contaron que la orgía nocturna había estado sensacional y súper cachonda.
El sábado, las siete parejas pasamos la mañana en la cubierta, casi todas las chicas andábamos en topless. Dos se paseaban y nadaban completamente desnudas, todo era agradable y parecíamos estar reservándonos sexualmente para la noche. Cerca de las nueve y media de la noche, nos fuimos a arreglar, y a las once, ya estábamos las siete parejas juntas en una sala que estaba muy bien ambientada eróticamente. Comenzaron los juegos, los que a Gabriel y a mí casi siempre nos parecen aburridos. Ya ahí, una pareja nos coqueteaba abiertamente y no estaban nada mal, eran de Paraná.
Todo transcurría como lo imaginábamos hasta que ocurrió algo inesperado, pues cuando ya todos estábamos medio desnudos por los juegos, entró una pareja que hizo que todo se detuviera, los dos eran muy atractivos. El hombre era de unos 35 años, tenía un cuerpazo y un rostro duro, como el de los italianos, iba vestido con un traje blanco de lino y un sombrero como de artista de cine, un figurín de hombre; por su parte, imagínensela, ella iba vestida con un traje de noche de color rojo, escotado, con un prendedor y un collar de perlas chiquitas. Todos nos quedamos con las bocas abiertas, nunca en nuestros años swinger se había acercado una pareja así.
Ellos se sentaron al lado de nosotros. Yo ya estaba con las tetas al aire, enseguida el hombre me miró y me clavó la mirada, luego se reiniciaron los juegos pero yo sentí que ya nadie les ponía atención y todos estábamos pendientes y mirando de reojo o abiertamente, a esos dos que sonreían para todos partes. Al poco tiempo, acabaron los juegos y una pareja se puso a hacer el amor delante de todos mientras mi marido me sobaba los muslos, luego una chica le sacó el pene a su marido y lo masturbaba y por otro lado, una mujer medio gordita, de bonita cara, se acariciaba los pechos. Debo reconocer que resultaba raro ver eso entre todos absolutamente desconocidos.
De pronto, la beldad al lado de mí se acercó y me preguntó si me gustaba su marido, desde luego le respondí que sí, entonces luego ella agregó "¿y te gustan también las mujeres?", a lo que contesté dudando que "no". Enseguida, ellos se empezaron a besar y a darse como hacía todo mundo, mi marido me metía cada vez más su mano y yo estaba calentísima hasta que la chica me propuso "vamos los cuatro a un camarote". Yo casi saltaba de gusto y de calentura de imaginar todo lo que podría hacer con su marido, el hombre más guapo al que yo podía aspirar y obviamente aceptamos. No podía creer que me hubiera tocado a mí.
En cuanto entramos a nuestro camarote, ellos dos apagaron algunas luces y se situaron en el centro, luego mi marido y yo nos sentamos en una silla y él y ella, en un banco, donde se mataban, se tocaban y se decían cositas. Primero, él le tocaba las nalgas y luego, directamente, le sacó su vestido elegantísimo y le comenzó a chupar los pechos pues ella no traía corpiño; por su lado, la mujer primero le sacó el sombrero que me lo revoleó, luego la camisa, el pantalón y al final, él calzón, mostrándonos que tenía un pene grande y grueso, delicioso, al que ella masturbaba.
Mi marido y yo estábamos hipnotizados, viendo la escena, luego me comencé a desnudar y mi marido me imitó, viendo que ellos se subieron a la cama, se acostaron boca arriba y ella me pidió que me acercara, lo que hice dispuesta ya a lanzarme por aquel hombre de pene tan delicioso pero la mujer me detuvo, indicándome "tenés que elegir, vas a coger con uno solo de los dos, elegí, mirá bien". Me quedé petrificada frente a ellos mientras el hombre se masturbaba y movía su pene para que lo viera; por su parte, ella se había abierto de piernas y se pasaba los dedos por su vagina con una mano y con la otra, se tocaba un pezón.
Al instante tragué saliva y pensé que no tenía por qué dudar pero al ver aquel sexo peladito, bien arreglado, que estaba mojado porque ahora sus dedos entraban y salían de ahí, provocándole unas muecas maravillosas de placer, me hizo dudar. Veía el pene y veía la vagina, hasta me sentí mareada de placer y de indecisión hasta que finalmente, me decidí por ir hacia aquel miembro tan grande pero una fuerza interior de último momento me desvió y sin más, metí mi cara entre aquellas piernas bronceadas, para rápidamente sacar mi lengua y pasearla por su clítoris. Aclaro que era mi primera vez que me iba con una mujer abierta y directamente.
No sé cuánto duré ahí pero sí sé que ella acabó un par de veces y yo una, luego las dos chicas nos besamos, nos chupamos, nos acariciamos, nos mordimos y nos volvimos locas durante toda la noche y parte de la mañana siguiente. Por lo tanto, aunque yo lo negaba, aunque decía que no, tengo que reconocer que soy bisexual y qué, además, en la hora del sexo, prefiero a las mujeres sobre los hombres, entre un pene bien parado y una vagina mojadita, me voy por la segunda, así es la vida y así me gusta.
El sábado pasado fuimos por primera vez a una crucero swinger que sale en un viejo barco de la Flota Fluvial desde Tigre. Llegamos el viernes por la noche y todo fue muy agradable, las parejas eran simpáticas y había de todo un poco, éramos seis parejas. Esa primera noche, Gabriel y yo estábamos muy cansados y nos fuimos a dormir muy temprano. Al día siguiente, las otras parejas nos contaron que la orgía nocturna había estado sensacional y súper cachonda.
El sábado, las siete parejas pasamos la mañana en la cubierta, casi todas las chicas andábamos en topless. Dos se paseaban y nadaban completamente desnudas, todo era agradable y parecíamos estar reservándonos sexualmente para la noche. Cerca de las nueve y media de la noche, nos fuimos a arreglar, y a las once, ya estábamos las siete parejas juntas en una sala que estaba muy bien ambientada eróticamente. Comenzaron los juegos, los que a Gabriel y a mí casi siempre nos parecen aburridos. Ya ahí, una pareja nos coqueteaba abiertamente y no estaban nada mal, eran de Paraná.
Todo transcurría como lo imaginábamos hasta que ocurrió algo inesperado, pues cuando ya todos estábamos medio desnudos por los juegos, entró una pareja que hizo que todo se detuviera, los dos eran muy atractivos. El hombre era de unos 35 años, tenía un cuerpazo y un rostro duro, como el de los italianos, iba vestido con un traje blanco de lino y un sombrero como de artista de cine, un figurín de hombre; por su parte, imagínensela, ella iba vestida con un traje de noche de color rojo, escotado, con un prendedor y un collar de perlas chiquitas. Todos nos quedamos con las bocas abiertas, nunca en nuestros años swinger se había acercado una pareja así.
Ellos se sentaron al lado de nosotros. Yo ya estaba con las tetas al aire, enseguida el hombre me miró y me clavó la mirada, luego se reiniciaron los juegos pero yo sentí que ya nadie les ponía atención y todos estábamos pendientes y mirando de reojo o abiertamente, a esos dos que sonreían para todos partes. Al poco tiempo, acabaron los juegos y una pareja se puso a hacer el amor delante de todos mientras mi marido me sobaba los muslos, luego una chica le sacó el pene a su marido y lo masturbaba y por otro lado, una mujer medio gordita, de bonita cara, se acariciaba los pechos. Debo reconocer que resultaba raro ver eso entre todos absolutamente desconocidos.
De pronto, la beldad al lado de mí se acercó y me preguntó si me gustaba su marido, desde luego le respondí que sí, entonces luego ella agregó "¿y te gustan también las mujeres?", a lo que contesté dudando que "no". Enseguida, ellos se empezaron a besar y a darse como hacía todo mundo, mi marido me metía cada vez más su mano y yo estaba calentísima hasta que la chica me propuso "vamos los cuatro a un camarote". Yo casi saltaba de gusto y de calentura de imaginar todo lo que podría hacer con su marido, el hombre más guapo al que yo podía aspirar y obviamente aceptamos. No podía creer que me hubiera tocado a mí.
En cuanto entramos a nuestro camarote, ellos dos apagaron algunas luces y se situaron en el centro, luego mi marido y yo nos sentamos en una silla y él y ella, en un banco, donde se mataban, se tocaban y se decían cositas. Primero, él le tocaba las nalgas y luego, directamente, le sacó su vestido elegantísimo y le comenzó a chupar los pechos pues ella no traía corpiño; por su lado, la mujer primero le sacó el sombrero que me lo revoleó, luego la camisa, el pantalón y al final, él calzón, mostrándonos que tenía un pene grande y grueso, delicioso, al que ella masturbaba.
Mi marido y yo estábamos hipnotizados, viendo la escena, luego me comencé a desnudar y mi marido me imitó, viendo que ellos se subieron a la cama, se acostaron boca arriba y ella me pidió que me acercara, lo que hice dispuesta ya a lanzarme por aquel hombre de pene tan delicioso pero la mujer me detuvo, indicándome "tenés que elegir, vas a coger con uno solo de los dos, elegí, mirá bien". Me quedé petrificada frente a ellos mientras el hombre se masturbaba y movía su pene para que lo viera; por su parte, ella se había abierto de piernas y se pasaba los dedos por su vagina con una mano y con la otra, se tocaba un pezón.
Al instante tragué saliva y pensé que no tenía por qué dudar pero al ver aquel sexo peladito, bien arreglado, que estaba mojado porque ahora sus dedos entraban y salían de ahí, provocándole unas muecas maravillosas de placer, me hizo dudar. Veía el pene y veía la vagina, hasta me sentí mareada de placer y de indecisión hasta que finalmente, me decidí por ir hacia aquel miembro tan grande pero una fuerza interior de último momento me desvió y sin más, metí mi cara entre aquellas piernas bronceadas, para rápidamente sacar mi lengua y pasearla por su clítoris. Aclaro que era mi primera vez que me iba con una mujer abierta y directamente.
No sé cuánto duré ahí pero sí sé que ella acabó un par de veces y yo una, luego las dos chicas nos besamos, nos chupamos, nos acariciamos, nos mordimos y nos volvimos locas durante toda la noche y parte de la mañana siguiente. Por lo tanto, aunque yo lo negaba, aunque decía que no, tengo que reconocer que soy bisexual y qué, además, en la hora del sexo, prefiero a las mujeres sobre los hombres, entre un pene bien parado y una vagina mojadita, me voy por la segunda, así es la vida y así me gusta.
La casona familiar
Tendría aproximadamente 16 años cuando me ocurrió algo que marcaría mi vida: era época de vacaciones de verano y mi madre me llevo a San Pedro, a la casa de mis abuelos. A mi realmente me gustaba estar allá.
En la casa de mis abuelos, solo vivía ellos y mi tía, que era la menor de toda la familia, y entonces tendría 22 años. Para ese momento yo ya había descubierto lo que era masturbarme, pero nunca lo había hecho de la manera en que lo descubrí allá.
Un día que me duchaba, vi en el baño los pantys de mi tía y los agarre y los palpé, eran lo mas divino que yo alguna vez hubiese sentido. Me volvían loco y de una mi pija se paro, así me masturbe y continué haciéndolo a cada rato, hasta cuatro veces al día.
Ese fin de semana mis abuelos se fueron de viaje a Campana por asuntos de negocios y dejaron a mi tía que se encargara de su nieto favorito. A la tarde me fui al baño y nuevamente agarre las pantys y ese día decidí colocármelas y comencé a realizar la misma faena diaria, era tanta la emoción que no coloque el seguro de la puerta, cuando esta se abrió de par en par y era mi tía, que me miraba como con cara de furia y me dijo:
− ¿Con que mi sobrinito no sabe aun si ser hombre o mujer? Y de paso me deja los calzones llenos de leche… ¡Asqueroso de mierda!
La verdad no había pensado en esto. No los lavaba para que no sospecharan nada, y ahora me daba cuenta que mi tía lo hacia a propósito de dejarlos ahí.
Yo solo le dije:
− Tía por favor no me castigues, prometo no volverlo hacer.
Ella respondió:
− Esto no puede quedar así, yo te voy a ayudar a descubrir que queres ser en tu vida. Y me dio varios cinturonazos en el culo. Yo le dije llorando:
− Tía no lo voy a hacer más.
Por mi mente pasaron muchas cosas y el miedo me invadió de pensar cuando le contaran a mi abuelo. Luego de la cena, me dijo:
− Hoy vas a dormir en mi habitación para que nos acompañemos.
Cuando llego el momento de irnos a dormir me dijo:
− Mirá Guille debería castigarte mas, pero a los niños como vos lo que hay que hacer es ayudarlos a encontrar su propia identidad o a vivir de ambas, así que vamos a descubrir si tenés tu lado femenino. Y vas a empezar colocándote estas bombachitas − Me las puse y no fuimos a dormir.
Al otro día al irme a duchar, me dio una afeitadora y me dijo:
− Depílate todo completamente − y obedecí en todo, quede completamente sin un vello en mi cuerpo, al salir del baño se acerco a mi oído y me dijo:
− Vas a ser una buena chica. Te voy a vestir y maquillar como se debe.
− Mientras voy afuera un momento, revisá mi placard y ponete algo que te guste.
La verdad es que mi tía tenia ropa muy excitante y no sabia que elegir, al volver ella me dijo:
− Como no te decidís lo voy a hacer yo.
Tomo unas bombachitas estilo hilo dental y me las empezó a colocar y sentí hasta que se internaron en la raja de mi culito, luego me coloco un Soutine, le agregó relleno y unos aros con clips en mis orejas y un collar y me decía:
− Estas hermosa… Tenes un culito que todo hombre desearía.
Así continuo y me coloco una minifalda y una blusa que hacia resaltar mis pechos rellenados. Tomo un lápiz labial de un rojo intenso y me pinto la boca, solo de sentirlo, mi pito se puso erecto y se me salio de la bombacha, entonces dijo:
− ¡Ya sabés para que sirve una pija!
Por ultimo me pinto las uñas, y me hizo mirar ante un espejo. Me mire y realmente me gustaba, era toda una mujer, toda una bebecita, así me decía ella. Realmente yo tenía buen cuerpo para minita, casi su misma talla y mi culito era respingon, cuando termine de mirarme me dijo:
− Hoy vas a conocer lo que una mujer siente al ser seducida por un hombre.
Nos dirigimos al living en donde me enseño los modales de una señorita y las maneras de caminar, realmente me sentía feliz de ser una mujercita al igual que mi tía, y ella dijo:
− Ahora si vamos a ser muy buenas amigas.
Realmente en como me habían vestido, me veía espectacular, incluso creo que mejor que mi tía. Tenia una pollera muy corta, que hacia resaltar mis piernas y mi culo se me acentuaba mas. Se acerco y me abrazo y me dijo al oído:
− Voy hacerte el amor y quiero hacerte mujer por primera vez y a partir de ahora serás mi putita.
Me abrió la blusa y levanto el corpiño y comenzó a mamarme las tetillas, estas se colocaron en punta al sentir su lengua recorriéndolas, me sentía toda una mujer, así continuó y metió su mano por debajo de mi pollerita y acaricio mi culo. Mi verga estaba a millón y mi tía dijo:
− De tu pija nos vamos a olvidar, así que bajá la erección y espero que sigas todo como te lo estoy enseñando, porque de lo contrario te castigare de nuevo. Entonces me agarro y me coloco en cuatro patas y golpeo mis nalgas con fuerza y cuando vio que se me salían las lagrimas, me dio un beso en las nalgas y las abrió y sentí por primera vez un placer extraordinario al sentir su lengua caliente dentro de mi huequito (Quiero aclararles que era virgen por ambas partes), luego me penetro mi culito con un dedo y me lo masturbaba, pero no sabia porque yo le decía:
− Tía métemelo mas − simplemente sentía decirlo, pero si a ella le encantaba que lo dijese y decía:
− Al fin tu lado femenino saldrá a relucir y acostúmbrate porque pronto vas a saber lo que es recibir una pija en tu culo.
Luego me senté y ella comenzó a desvestirse y a enseñarme todo lo que una mujer hacia a cada momento de su vida, se acostó en la alfombra y me dijo:
− Nenita, chupa mi concha − y comencé a lamérsela y metía y sacaba mi lengua como loco, entonces me dijo:
− Así no se hace, con mas delicadeza, que las mujeres somos así
Y continuo diciéndome como debería masturbarla, hasta que llego a su orgasmo final y pude saborear sus flujos vaginales.
Ya estando mi tía tranquilia, me dijo:
− Ahora vas a relajarte, para lo que viene, así que mastúrbate por mi y chorréame tu semen encima de mi concha, al oír estas palabras mi mente se nublaba de excitación y empecé a pajearme como loco, al fin era real mi masturbación, hasta que derrame toda mi mazamorra encima de ella y me dijo:
− Ahora putita, límpiame con tu boca y comete la leche − así lo hice y me gustaba.
En mi poco saber de la sexualidad, me dije: “ya mi tía quedo feliz y no me acusara con mi abuelo, pero no fue así, me llevo hasta la habitación y me acostó en la cama boca abajo y comenzó a besarme el cuello y continuo bajando sobre mi columna vertebral y descanso sobre mi culo con un suave pasar de su, esto me ponía la piel
de gallina y mi tía decía:
− Vas a ser toda una mujercita.
Luego abrió mis nalguitas y se enamoro de mi huequito, sentía su pasión casi desenfrenada al sacar y meter su lengua al principio suavemente y luego con mucha rapidez, para mi era un gozo increíble y solo decia:
− Gracias tía.
Sin que la viera, se dirigió a su placard y saco un consolador y se lo agarro a su cuerpo con unas correas y me dijo:
− Date vuelta, llego el momento de hacerte mujer.
Ohh que sorpresa : llevaba un pene artificial color carne y mas o menos de unos 18 cms por 5 de ancho, nunca había visto una cosa como esta y me asuste, mi tía noto mi nerviosismo y me dijo:
− Tranquilízate, y chupame esta verga.
Efectivamente se lo lamí de arriba abajo y trate de meterlo todo en mi boca y ella me lo empujaba tan fuerte, que me daban ganas de arrojar. Así me tuvo varios minutos y podía ver su cara en algunos momentos y era cara de poder, mi tía sentía que ella era la que mandaba y así era.
Luego me hizo colocarme en cuatro patas y me sentía como una perrita que espera ser penetrada, entonces dijo:
− Llego el momento del cambio de niño boludo a mujer.
Me beso el agujerito suavemente y me metió un dedo dentro de el y así poco a poco hasta meter los cuatro dedos y dilatármelo completamente, y me pregunto:
− ¿Te gusta esta sensación?
Ante lo cual respondí:
− Si tía, me encanta, quiero ser una mujer, igual que vos… ¿si? ¡dale!
Al instante sentí que un liquido como un aceite se deslizaba por entre la raja de mi culito y ella se apoyo sobre mi y me acerco su pene y lo coloco sobre mi huequito, empujo un poco y sentí dolor, trate de sacarlo, entonces me golpeo las nalgas fuertemente y me dijo:
− La primera vez duele un poco.
No había acabado de pronunciar la frase completa, cuando me tomo con fuerza por la cintura y me lo metió todo de una, fue un dolor inmenso, que me hizo gritar y llorar y quería despegarme, pero era imposible, mi tía me dominaba en fuerza y aun con mis gritos, ella continuaba dándome embates bruscos y no se detenía, al rato como por arte de magia, el dolor fue disminuyendo y empecé a sentir alivio y una nueva sensación de placer sentía en mi culito, mi tía bajo su intensidad de penetración , pero así y todo no me lo sacaba, entonces dijo:
− Ya sos toda una mujercita, ya te desvirgué.
Volvió de nuevo a penetrarme, aunque aun me dolía, pero esta vez era menos doloroso, y me dijo:
− Vas a sentir un orgasmo, al igual que todas nosotras.
Comenzó a bombear mi culito rápidamente, era tanta me excitación, que sentí que me venia en leche y ella lo noto, entonces me saco el consolador y con sus manos atajo toda la mazamorra que salía de mi pene y se lo restregó a su consolador y dijo:
− Hagamos de cuenta, que yo estoy eyaculando dentro de tu culito − y volvió a penetrarme.
− Esto es un orgasmo femenino, ya sos toda una mujercita.
Era tanta la pasión que sentía en mi culo y mas por el hecho de sentirme mujer, que nuevamente me derrame, esto fue algo espectacular, entonces ella me lo saco e hizo que recogiera el semen con mi boca y me dio un beso, que nunca voy a olvidar.
Me abrazo y me sentía como una bebita protegida entre sus brazos. Durante todo el día me tuvo vestida de nenita. A partir de entonces nunca me perdí un verano en San Pedro. Desde hace unos doce años mi tía me sigue rompiendo el culo y me hace sentir una mujer en la vieja casa de mis abuelos.
En la casa de mis abuelos, solo vivía ellos y mi tía, que era la menor de toda la familia, y entonces tendría 22 años. Para ese momento yo ya había descubierto lo que era masturbarme, pero nunca lo había hecho de la manera en que lo descubrí allá.
Un día que me duchaba, vi en el baño los pantys de mi tía y los agarre y los palpé, eran lo mas divino que yo alguna vez hubiese sentido. Me volvían loco y de una mi pija se paro, así me masturbe y continué haciéndolo a cada rato, hasta cuatro veces al día.
Ese fin de semana mis abuelos se fueron de viaje a Campana por asuntos de negocios y dejaron a mi tía que se encargara de su nieto favorito. A la tarde me fui al baño y nuevamente agarre las pantys y ese día decidí colocármelas y comencé a realizar la misma faena diaria, era tanta la emoción que no coloque el seguro de la puerta, cuando esta se abrió de par en par y era mi tía, que me miraba como con cara de furia y me dijo:
− ¿Con que mi sobrinito no sabe aun si ser hombre o mujer? Y de paso me deja los calzones llenos de leche… ¡Asqueroso de mierda!
La verdad no había pensado en esto. No los lavaba para que no sospecharan nada, y ahora me daba cuenta que mi tía lo hacia a propósito de dejarlos ahí.
Yo solo le dije:
− Tía por favor no me castigues, prometo no volverlo hacer.
Ella respondió:
− Esto no puede quedar así, yo te voy a ayudar a descubrir que queres ser en tu vida. Y me dio varios cinturonazos en el culo. Yo le dije llorando:
− Tía no lo voy a hacer más.
Por mi mente pasaron muchas cosas y el miedo me invadió de pensar cuando le contaran a mi abuelo. Luego de la cena, me dijo:
− Hoy vas a dormir en mi habitación para que nos acompañemos.
Cuando llego el momento de irnos a dormir me dijo:
− Mirá Guille debería castigarte mas, pero a los niños como vos lo que hay que hacer es ayudarlos a encontrar su propia identidad o a vivir de ambas, así que vamos a descubrir si tenés tu lado femenino. Y vas a empezar colocándote estas bombachitas − Me las puse y no fuimos a dormir.
Al otro día al irme a duchar, me dio una afeitadora y me dijo:
− Depílate todo completamente − y obedecí en todo, quede completamente sin un vello en mi cuerpo, al salir del baño se acerco a mi oído y me dijo:
− Vas a ser una buena chica. Te voy a vestir y maquillar como se debe.
− Mientras voy afuera un momento, revisá mi placard y ponete algo que te guste.
La verdad es que mi tía tenia ropa muy excitante y no sabia que elegir, al volver ella me dijo:
− Como no te decidís lo voy a hacer yo.
Tomo unas bombachitas estilo hilo dental y me las empezó a colocar y sentí hasta que se internaron en la raja de mi culito, luego me coloco un Soutine, le agregó relleno y unos aros con clips en mis orejas y un collar y me decía:
− Estas hermosa… Tenes un culito que todo hombre desearía.
Así continuo y me coloco una minifalda y una blusa que hacia resaltar mis pechos rellenados. Tomo un lápiz labial de un rojo intenso y me pinto la boca, solo de sentirlo, mi pito se puso erecto y se me salio de la bombacha, entonces dijo:
− ¡Ya sabés para que sirve una pija!
Por ultimo me pinto las uñas, y me hizo mirar ante un espejo. Me mire y realmente me gustaba, era toda una mujer, toda una bebecita, así me decía ella. Realmente yo tenía buen cuerpo para minita, casi su misma talla y mi culito era respingon, cuando termine de mirarme me dijo:
− Hoy vas a conocer lo que una mujer siente al ser seducida por un hombre.
Nos dirigimos al living en donde me enseño los modales de una señorita y las maneras de caminar, realmente me sentía feliz de ser una mujercita al igual que mi tía, y ella dijo:
− Ahora si vamos a ser muy buenas amigas.
Realmente en como me habían vestido, me veía espectacular, incluso creo que mejor que mi tía. Tenia una pollera muy corta, que hacia resaltar mis piernas y mi culo se me acentuaba mas. Se acerco y me abrazo y me dijo al oído:
− Voy hacerte el amor y quiero hacerte mujer por primera vez y a partir de ahora serás mi putita.
Me abrió la blusa y levanto el corpiño y comenzó a mamarme las tetillas, estas se colocaron en punta al sentir su lengua recorriéndolas, me sentía toda una mujer, así continuó y metió su mano por debajo de mi pollerita y acaricio mi culo. Mi verga estaba a millón y mi tía dijo:
− De tu pija nos vamos a olvidar, así que bajá la erección y espero que sigas todo como te lo estoy enseñando, porque de lo contrario te castigare de nuevo. Entonces me agarro y me coloco en cuatro patas y golpeo mis nalgas con fuerza y cuando vio que se me salían las lagrimas, me dio un beso en las nalgas y las abrió y sentí por primera vez un placer extraordinario al sentir su lengua caliente dentro de mi huequito (Quiero aclararles que era virgen por ambas partes), luego me penetro mi culito con un dedo y me lo masturbaba, pero no sabia porque yo le decía:
− Tía métemelo mas − simplemente sentía decirlo, pero si a ella le encantaba que lo dijese y decía:
− Al fin tu lado femenino saldrá a relucir y acostúmbrate porque pronto vas a saber lo que es recibir una pija en tu culo.
Luego me senté y ella comenzó a desvestirse y a enseñarme todo lo que una mujer hacia a cada momento de su vida, se acostó en la alfombra y me dijo:
− Nenita, chupa mi concha − y comencé a lamérsela y metía y sacaba mi lengua como loco, entonces me dijo:
− Así no se hace, con mas delicadeza, que las mujeres somos así
Y continuo diciéndome como debería masturbarla, hasta que llego a su orgasmo final y pude saborear sus flujos vaginales.
Ya estando mi tía tranquilia, me dijo:
− Ahora vas a relajarte, para lo que viene, así que mastúrbate por mi y chorréame tu semen encima de mi concha, al oír estas palabras mi mente se nublaba de excitación y empecé a pajearme como loco, al fin era real mi masturbación, hasta que derrame toda mi mazamorra encima de ella y me dijo:
− Ahora putita, límpiame con tu boca y comete la leche − así lo hice y me gustaba.
En mi poco saber de la sexualidad, me dije: “ya mi tía quedo feliz y no me acusara con mi abuelo, pero no fue así, me llevo hasta la habitación y me acostó en la cama boca abajo y comenzó a besarme el cuello y continuo bajando sobre mi columna vertebral y descanso sobre mi culo con un suave pasar de su, esto me ponía la piel
de gallina y mi tía decía:
− Vas a ser toda una mujercita.
Luego abrió mis nalguitas y se enamoro de mi huequito, sentía su pasión casi desenfrenada al sacar y meter su lengua al principio suavemente y luego con mucha rapidez, para mi era un gozo increíble y solo decia:
− Gracias tía.
Sin que la viera, se dirigió a su placard y saco un consolador y se lo agarro a su cuerpo con unas correas y me dijo:
− Date vuelta, llego el momento de hacerte mujer.
Ohh que sorpresa : llevaba un pene artificial color carne y mas o menos de unos 18 cms por 5 de ancho, nunca había visto una cosa como esta y me asuste, mi tía noto mi nerviosismo y me dijo:
− Tranquilízate, y chupame esta verga.
Efectivamente se lo lamí de arriba abajo y trate de meterlo todo en mi boca y ella me lo empujaba tan fuerte, que me daban ganas de arrojar. Así me tuvo varios minutos y podía ver su cara en algunos momentos y era cara de poder, mi tía sentía que ella era la que mandaba y así era.
Luego me hizo colocarme en cuatro patas y me sentía como una perrita que espera ser penetrada, entonces dijo:
− Llego el momento del cambio de niño boludo a mujer.
Me beso el agujerito suavemente y me metió un dedo dentro de el y así poco a poco hasta meter los cuatro dedos y dilatármelo completamente, y me pregunto:
− ¿Te gusta esta sensación?
Ante lo cual respondí:
− Si tía, me encanta, quiero ser una mujer, igual que vos… ¿si? ¡dale!
Al instante sentí que un liquido como un aceite se deslizaba por entre la raja de mi culito y ella se apoyo sobre mi y me acerco su pene y lo coloco sobre mi huequito, empujo un poco y sentí dolor, trate de sacarlo, entonces me golpeo las nalgas fuertemente y me dijo:
− La primera vez duele un poco.
No había acabado de pronunciar la frase completa, cuando me tomo con fuerza por la cintura y me lo metió todo de una, fue un dolor inmenso, que me hizo gritar y llorar y quería despegarme, pero era imposible, mi tía me dominaba en fuerza y aun con mis gritos, ella continuaba dándome embates bruscos y no se detenía, al rato como por arte de magia, el dolor fue disminuyendo y empecé a sentir alivio y una nueva sensación de placer sentía en mi culito, mi tía bajo su intensidad de penetración , pero así y todo no me lo sacaba, entonces dijo:
− Ya sos toda una mujercita, ya te desvirgué.
Volvió de nuevo a penetrarme, aunque aun me dolía, pero esta vez era menos doloroso, y me dijo:
− Vas a sentir un orgasmo, al igual que todas nosotras.
Comenzó a bombear mi culito rápidamente, era tanta me excitación, que sentí que me venia en leche y ella lo noto, entonces me saco el consolador y con sus manos atajo toda la mazamorra que salía de mi pene y se lo restregó a su consolador y dijo:
− Hagamos de cuenta, que yo estoy eyaculando dentro de tu culito − y volvió a penetrarme.
− Esto es un orgasmo femenino, ya sos toda una mujercita.
Era tanta la pasión que sentía en mi culo y mas por el hecho de sentirme mujer, que nuevamente me derrame, esto fue algo espectacular, entonces ella me lo saco e hizo que recogiera el semen con mi boca y me dio un beso, que nunca voy a olvidar.
Me abrazo y me sentía como una bebita protegida entre sus brazos. Durante todo el día me tuvo vestida de nenita. A partir de entonces nunca me perdí un verano en San Pedro. Desde hace unos doce años mi tía me sigue rompiendo el culo y me hace sentir una mujer en la vieja casa de mis abuelos.
Etiquetas:
amor filial,
bisexual,
bisexualidad,
cambio de roles,
dominación,
feminización,
filial,
primera vez,
sexo anal,
sissy,
sodomización,
sumision,
travestismo
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)