Debo decir que jamás en mis 45 años de vida me imagine podría llegar a tener relaciones con una mujer, de hecho soy mujer, me gustan los hombres, pero de un tiempo a la fecha deseé tener una experiencia diferente, hasta que se me hizo realidad.
Un fin de semana, un grupo del trabajo de mi esposo nos invitaron a una salida a bailar, uno de ellos también invitó a la mujer de él, una mujer más o menos de mi edad, la que me dejó cautivada desde que la vi, hasta rara me sentí, pero me di cuenta que algo le llamaba la atención de mí, porque ella insistía mucho con sus miradas sobre mí.
Nos presentaron, y nos caímos bien de una, y nos pusimos a charlar durante esa noche. Empezamos a tener confianza, y después de aquella noche pasamos a tener más comunicación por chat o por teléfono. Así pasaron diez meses.
Un día, me llamó porque se sentía mal moralmente, había tenido problemas en su trabajo, con un compañero, y tenía ganas de charlar, quedamos de vernos por la noche, a la salida del trabajo de ambas. Fuimos a tomar un café, donde ella me habló de lo sucedido, y para tranquilizarla un poco, le sugerí ir a tomar una cerveza a un boliche muy lindo que quedaba ahí cerca, es un lugar tranquilo, agradable, y fuimos, mientras charlábamos ¡nos tomamos seis cervezas cada una!
Empezamos a charlar otras cosas, olvidándose del altercado que había tenido en su trabajo, hablamos de cosas personales, familiares, y empezamos a conocernos más. Conforme fue avanzando la noche, las cervezas fueron cambiando nuestra temperatura, porque me di cuenta que ella me miraba más, me guiñaba el ojo, de repente rozaba mi mano o mi brazo.
Yo acostumbro a usar minifalda, sigo teniendo piernas espectaculares, y ella también estaba de minifaldas, pero llevaba unas botas preciosas, las cuales entallaban sus piernas.
Después de haber tomado las seis birras, decidimos salir de ese bar, y nos fuimos en su auto, ella enfilo hacia Avenida Figueroa Alcorta, hablábamos poco, nos mirábamos y nos reíamos, y así estuvimos por un buen rato.
Repentinamente ella me dijo que yo le gustaba, que si podía tocarme, yo me quede azorada porque nunca imagine me fuera a decir eso, entonces solo le pregunte cómo. Al hacerlo ella estiro una de sus manos a mis piernas, acariciándolas, y con voz suave me pidió abriera las piernas, yo enseguida accedí, y haciendo a un lado la tanga que traía yo, con su dedo acaricio mi concha, introdujo su dedo, y luego lo llevó a su boca, chupándolo, saboreando, y me dijo, “Mh! Sos rica!”
Eso empezó a calentarme, ya en Olivos vimos un kiosco y le pedí que parara, bajé a comprar unas Gatorade por el pedal, y volví al coche. Ella me dijo, que me veía muy rica con la ropa que traía, a lo que yo le conteste que ella también se veía hermosa, reímos y arrancó, dimos otra vuelta mientras bebíamos el Gatorade.
Enfilo el coche hacia el puerto de Olivos, no muy retirados de la orilla, había varios vehículos, y se podía ver claramente las parejas dentro de los vehículos, “agasajándose”.
Ella se recostó en mis piernas, dejando a mi merced sus senos, yo ya menos inhibida, empecé a tocar sus senos, sintiendo como sus pezones se iban endureciendo, ella cerraba los ojos, y yo sentí que ella gozaba. Me dijo que se sentía bien, que quería olvidarse de todo esa noche, y quería terminar pasándole súper conmigo. Entonces ella giro su cuerpo y quedo con posición boca abajo, y estirando con una mano, empezó nuevamente a acariciar mi concha, que ya chorreaba de deseo, porque por dentro me moría de ganas de sentir como sus labios recorrían mi sexo, yo abrí mis piernas, y ella se metió entre ellas, llegando al fin a mi raja, con sus labios empezó a besarla toda, y con la lengua empezó a acariciarla, de tal manera que empezó a volverme loca.
Ella se incorporo de inmediato, y se sentó junto a mi, y empezamos acariciarnos, ella mis senos y yo los suyo, sus senos eran grandes, y al verlos totalmente desnudos, me excito mas llevándonos el primero a mi boca, acariciándolo con mis labios, para hacer lo mismo con el otro, con mis manos los junte, para propinarles caricias a los dos, y empecé a morder sus pezones, suavemente, le daba chupetones y mordiditas, esto la enloqueció completamente. Yo ya no aguantaba más, y la coloqué recargada de espaldas al asiento con la puerta abierta, quedando ella con sus pompis hacia mi, agachadita, y mostrando su conchita que se chorreaba de deseo, yo me agache un poco, y empecé a darle con la lengua, le chupaba la concha y el culito, ella levanto la pierna para dejarme a la vista ese banquete, el cual yo devoraba con ternura, pasión y deseo, luego se invirtieron los papeles, haciendo lo mismo conmigo, sentía como su lengua recorría mi vagina, y remató metiéndome su lengua en el culo, luego me puso de frente, y empezó nuevamente a pegarme una mamada exquisita. Con sus labios beso mi clítoris, luego lo metió a boca para juguetear con el. Ya estábamos locas de placer, nos metimos al coche nuevamente, y empezamos a besarnos, a mamarnos las tetas, y nos acomodamos de tal manera para hacer un 69, nos mamamos las conchas, nos comimos el clítoris, el culito, con un deseo, con suavidad pero a la vez con salvajismo, hasta que nos vino el orgasmo al mismo tiempo, y volvimos sentarnos, acariciándonos los senos, y dándonos besos suaves en la boca.
Así quedamos unos minutos, después nos medio arreglamos y ella arranco el auto, me dijo que era su primera experiencia que había tenido con otra mujer, y que estaba segura que también a mi me había gustado, y no se equivoco.
Me llevo a mi casa, y al bajar y despedirme, quise darle solo un beso en la mejilla, pero ella alcanzo mis labios, y me dijo: “te llamo”. Yo solo le di las gracias y bajé.
Al cabo de media hora, yo no salía del asombro, no me había cambiado de ropa, estaba pensativa cuando oí que tocaron el timbre de mi casa. Mi marido todavía no había vuelto. Supuse que era él que se había olvidado las llaves, aun, cuando ¡oh sorpresa!, era ella, entró, y al cerrar la puerta, empezamos a hacer nuevamente locuras, nos besamos, nos acariciamos, calentándonos nuevamente, pero mi temor era que llegara mi marido, y tenia miedo, porque soy una mujer bien casada.
Ya estábamos bien metidas las dos, estábamos en acción, ella me daba una mamada brutal, cuando la puerta se abrió, y era… ¡Obvio mi marido! Se quedo duro, al igual que yo, entonces ella, me dijo, que no me preocupara, que ella arreglaba todo, y me mando por tres copas.
Yo fui a la cocina a prepararlas, cuando regrese, estaba cagada de miedo, y al entrar al living, vi como ella, estaba hincada en medio de las piernas de mi marido, dándole una tremenda mamamada, el tenia su pene bien parado, y ella lo sujetaba con ambas manos, metiéndolo y sacándolo de su boca, y el gemía, abrió el sus ojos y me vio, y me llamo, yo entendí lo que deseaba, me hinqué y las dos empezamos a mamarle el miembro, y él empezó a disfrutarlo como un loco.
Después de un rato, el nos hincó sobre el sofá, y nos tocaba con sus dedos las conchas, entonces le toco a el, empezó a acariciar con su lengua mi raja, y luego la de ella, empezó a ponerse loca, pues quería comerse las dos al mismo tiempo, luego no acostó una arriba de la otra, mientras ella y yo nos besábamos, nuestras partes quedaron juntas, de tal manera que el podía pasar su lengua por las dos vaginas, el empezó a volverse loco de placer, y empezó a cogernos, estaba muy excitado, primero me hizo el amor, de una manera desbocada, y cuando terminó conmigo, continuó con ella, yo era espectadora desde otro sillón, y no niego que me gusto terriblemente verlo como se cogía a mi amiga, me gusto ver como le empezó a mamar el clítoris y el culito, babeándolo y preparándolo para traspasarla por detrás. El se apoyaba en las grandes tetas de ella, y ella tuvo su enorme, descomunal orgasmo, aun así el tuvo fuerzas para tomarme a mí nuevamente, y vaciar sobre mi su semen.
Cuando terminamos nos bañamos.
Luego de eso noté que había un grado notable de confianza entre ellos dos, lo que no condecía entre personas que hasta hacía dos horas no se conocían por más que hubieran cogido los tres. A la segunda o tercera actitud, los encaré y les pregunté directamente si ellos no se conocían de antes. Mi amiga me confesó que ella había era la amante de mi marido. A la sazón, mi marido era el jefe del esposo de ella. Ella me había conocido por fotos y le había propuesto a mi marido que hiciéramos un trío. Mi marido no se animaba, entonces ella planificó todo. No me podía enojar porque la había pasado de maravillas, pero aquello me perturbaba y excitaba al mismo tiempo. Aunque parezca mentira nuestra amistad, lejos de resentirse se afianzó. Nuestra relación, a partir de funcionar como trío cambió notablemente. Ella es la amante de mi marido, pero conmigo propuso un juego: que yo tomara también el rol de amante como si ella fuera la esposa legal. Creí que ser amante en lugar de esposa me bajaría de lugar y fue todo lo contrario y eso es sensacional. A ella la adoro con toda mi alma, porque además de amante es ahora mi mejor amiga. Nos pusimos una regla que era que mi esposo no se la cogería a ella sino de a tres. Se suponía que era también para ella, pero la rompimos porque con ella cojo mejor que con mi esposo.
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