domingo, 24 de octubre de 2010

Silvita

Tengo 35 años al igual que mi novia. Ella es muy jovial, buena onda, y es, más allá de muy buena persona un tanto agresiva, yo también suelo serlo un poco ya que ambos somos Leoninos y sin bien son Leo somos fieles somos también dominantes y entre nosotros dos chocamos y discutimos muchas veces. Ya llevamos cinco años de novios y ahora estamos en pareja.

Mi amor por ella me ha llevado por el cause de que empezaba a darle la razón, admitía mi error y ella nunca se dejaba ganar, por lo que con el tiempo, la balanza se inclinaba a su favor muchísmo más que al mio. Ella se ponía muy contenta cuando ganaba una discusión, luego de aquél clima de palabrerío y puterío, yo la veía muy angustiada y mal, por lo que me auto-culpaba y ella reía de felicidad…eso, con el pasar del tiempo, fue haciendo que tomara un papel más dominante en la pareja del que teníamos.

Yo no había tenido novia antes que ella, pero ella si había tenido dos novios, con los cuales pudo gozar del sexo plenamente. Conmigo fue otra historia, mi placer era complacerla a ella por lo que a ella pensar en sexo conmigo era su sueño, y siempre que disponíamos de un tiempo para nosotros, siempre hacíamos alguna fantasía morbosa pero un día…

Me sorprendió cómo llegó un día de la nada y me dijo:

− Estuve viendo unas páginas de Internet, una que tienen relatos pornos y me excité mucho con algo que leí.
− De que hablaban esos relatos − le pregunté, un poco excitado ella no me contestó, se tomó su tiempo para mirarme muy de cerca, me ojeó de arriba abajo, mientras me acariciaba el cuello, mientras me daba pequeños piquitos.
− Si vos te acostás con otro chico, yo me acuesto con una chica − me dijo muy tranquila.

Quedé shockeado. Titubeé al principio, pero pude formular mi pregunta:
−¿Queeé? − le pregunte yo − Te volviste completamente loca. Yo no soy puto.

Ella se río y hasta me suplicó, no de rodillas, pero no con esa autoridad que tiene para decidir las cosas en nuestra pareja, pero ahí estaba, rogándomelo lo que era totalmente fuera de lo común en nuestra relación.

Ni ella ni yo somos bisexuales y mucho menos homosexuales, sabía que ella haría un gran sacrificio por acostarse y tener relaciones sexuales con otra mujer, porque a ella le desagradaba rotundamente otra persona de su mismo sexo, pero parecía querer sacrificarse con tal de verme con otro chico. Pensar que ella pudiera estar con otra chica me volvía absolutamente loco.

Empezamos a discutir ese día y terminamos dos semanas después en que para no perder la costumbre yo terminé aceptando. Ella se puso muy contenta, hasta el extremo de lagrimear de alegría. Yo nuca supuse que fuera para tanto.

− Es que vos no sabés cómo es esto, − me dijo − ¡voy a ser la primera de mis amigas!
− ¿Cómo? − pregunté yo asombrado.
− ¿Vos querés que yo me acueste con otra chica? − me preguntó ella.
− Es mi fantasía número uno −contesté.
− ¿Cómo la de todo los varones? − me preguntó ella.
− Como de la gran mayoría − le dije.
− La mía es lo mismo, pero al revés. Quiero verte con un chico. Que le chupes la pija sería el máximo. Que te la chupe el a vos… y que te coja… Ayyyyy si que te coja ese culito divino que tenés que hasta yo te lo envidio, y vos no lo usas…
− ¡Ah no! ¡Eso no! − me negué yo.
− ¿Cómo que no? Hace dos minutos que me acabás de decir que sí.
− Pero no de que me rompan el orto.
− ¿Y cómo si no? Lo lamento, enojate con la naturaleza, no conmigo. Vos dijiste que si.
− ¿Qué placer te da ver como me hacen el culo?
− ¿Te parece poco? Eso es lo que quiero ver… Justamente eso. Quiero verte hace un 69, que te beses… Qué te bese… Cuando vea besándote con otro chico, creo que acabo allí mismo.
− Pero no es lo mismo…
− Es exactamente lo mismo. No hay diferencia y en cuanto al culo, vas a ver que te va a gustar.
− Pero no… ¡Cómo me va a gustar!
− ¿Vos qué me decías cuando querías hacerme el culo?
− Que era cuestión de empezar.
− ¿Y yo acepté?
− Si.
− Me gustó.
− Al principio no, pero ahora creo que sí.
− Eso es lo que te digo. Al principio no me gustó nada, lo hice por amor. Me dolía mucho, pero ahora que me acostumbré me encanta. A vos te vas te va a pasar lo mismo.
− Es distinto.
− No, como dice mi terapeuta, un culo es un culo.

Yo no quedé muy convencido de esa idea. Los nervios me volaban ya que yo sería la víctima. Lo único que pude negociar es que el debut lo haría con un travesti, pero ella sería quien elegiría a la traviesa que me doblegaría a su voluntad.

Llegó el día. Yo estaba durísimo de los nervios. Llamaron a la puerta muy temprano, era un viernes y no sería más de las seis de la tarde. Mi novia Noe le abrió la puerta. La trava entró y me di cuenta que Noe podría haber buscado a alguna menos machona, la verdad estaba muy mal por esa situación. El trava, si bien no era un camionero tenía aspecto masculino, sin tetas ni nada para parecer una mujer más que pelo largo negro y un flequillo.

Mi novia se sentó en una silloncito que había contra una pared de nuestro cuarto y el trava me dio un pico en la boca que duro un poco más de lo que yo esperaba. Para el que viera de afuera el beso pareció ser suave y delicioso, sin embargo eso no alcanzó para quitar mi nerviosismo.

Ella, la trava, se presentó:

−Hola chicos… Soy Carla y me especializo en despedidas de solteros, iniciaciones y en bajarle los humos a machitos creídos.
− ¿Que tal?, yo soy Maxi − le dije yo.
− No nene. Esta noche vos pasás a ser… ¿Cómo era? − cuando dijo eso, para mi terror la miró a Noe.
− Silvia… − dijo Noe − Silvia es el nombre que me encanta…

La miré a Noe y ella se reía con un dedo a la boca haciéndo la tontita…

Carla se bajó su jean ajustado que le marcaban una cola bien parada. Su camisa negra le ocultaba los rollitos. Tenía un pelo ondeado y su maquillaje era discreto. Se quitó la cartera que traía encima y buscó una venda.

− Ahora quiero que te desnudes, y me dejes ponerte esta venda − me dijo Carla.

Luego de unos instantes solo podía sentir y escuchar, y la verdad que me sentía más cómodo, dado que el rostro de la trava me daba un poco de miedo pero su voz era muy parecida a la de mi novia, que seguramente miraba tentada y excitada toda esta situación.

En una de esas siento un nudo en los tobillos. La trava que me da vuelta en la cama y me dio vuelta como un churrasco. De pronto sentí que me levantaba en el aire y que me sacaba de la habitación. Sentí que me apoyaba en la mesa del quincho. Lo adiviné por las maderas ásperas. Sin ver nada, sentí como me pasaban una cosa viscosa de un olor horrible por todo el cuerpo. La escuchaba a mi novia que se reía y charlaba con la trava que le decía que me iba a dejar hecha un pimpollo. Oí que se iban. Me desesperé. Quise desatarme y fue imposible. No quería gritar para que los vecinos no se enteraran del lio en el que estaba metido. Debe haber pasado como 40’ en el que me imaginé de todo, incluyendo que Noe estaba preparando esto para asesinarme. Las oí llegar de nuevo.

− Me parece que el lechón ya está para pelar − dijo la trava.

Sentí que me pasaban toallas por todo el cuerpo y la cara que para ese entonces me picaba y ardía. Me habían atado a la mesa. Luego sentí que me pasaban algo tibio por las bolas, la entrepierna y el culo. La trava me comenzó a rasurar.

− ¿Así o más? − le preguntó la trava a Noe.
− No, no − dijo mi novia − sacale todo. Quiero que quede como una nena de 9 años.

La trava me rasuró las bolas y el culo. Me limpiaron con una manguera y me desató y me volvió a levantar en vilo y me llevó al comedor donde me sentó en una silla. Sentí que me pasaba la mano por el pelo y que me lo cortaba de alguna forma. Finalmente, sin desatarme, me sacó la venda diciendo…

− ¡Aca taaaaaaaa…! − es una muñeca. Los ojazos azules que tiene. ¡Sabés como va a quedar!

Ante mi asombro me empezó a depilar las cejas. Luego me maquilló durante más de media hora. Cuando terminó me llevó al baño para que me viera en el espejo. ¡Casi me muero! Me había cortado el pelo con nuca descubierta y flequillo. Me había depilado todo el cuerpo y la cara… Me había cambiado la forma de las cejas y me había pintado como un cartel rutero. Yo era más mujer que la trava. Noe me miraba y me dijo:

− ¡Esperá que falta! Te tengo un regalito.

Yo ya me esperaba cualquier cosa y no estaba equivocado: era un conjunto de tanga y brassier de algodón que me cupo perfecto. Me puso un panty de ella. Una blusa blanca, una pollera tableada tipo colegiala y unos zapatos guillemina.

Yo era mucho más mina que el trava.

− Mirala Carlos − le dijo Noe al trava − ¿No está divina? ¡Sos un ídolo!

Yo no entendía nada. Pregunté y Noe me dijo:

− ¡Ay Silvia! Vos no entendés nada. Este es Carlos, mi coiffeur que me ayudó en esta sorpresita. Hace tiempo que lo venimos planeando y salio perfecto.
− Perdoname Silvi, si te asusté. No era la intención. Lo que pasa es que si Noe te pedía esto, dudo que hubieras aceptado… ¿o si?

Yo estaba tan shockeado que los miraba a ambos sin entender nada. Carla o Carlos se sacó la peluca negra que yo creía que era pelo natural, la camisa y los boxers de los que recién ahora me daba cuenta. Al ver mi cara de asombro me dijo:

− ¿Viste el efecto que hace el pelo? Una peluca o un cortecito como el que te hice yo.

Se me acercó y me plantó un tremendo chupón. Yo no reaccionaba. Noe se acercó y me dijo:

− No vas a arruinar ahora lo que convenimos. Vos ahora sos Silvia, así que reaccioná y actuá como Silvia.

En la toma dos, Carlos me dio otro terrible chuponazo y me metió la lengua. Yo aluciné con ser una mina y me dejé llevar y le devolví la pasión.

− ¡Así me gusta! − dijo Noe.

Carlos me desnudó de lo que me acababa de poner y comenzó a besarme el pecho, ahora totalmente lisito. Me daba besitos por todas partes mientras me bajaba la bombachita. Me besaba hasta que de pronto me dijo:

− ¡Chupámela Silvita! − mientras sacaba una poronga no muy ancha, pero larguísima.

Yo abrí la boca. No me entraba por lo larga, hice un gran esfuerzo y él se movía a un ritmo suave. Al rato, no digo que me gustara, pero ya no me molestaba. Carlos gemía y se movía cada vez más rápido. De pronto se echó para atrás y me la sacó y me acabó en el pecho.

− No pretendo que la primera vez te la tragues Silvita − me dijo.

Noe miraba pasándose una mano por la entrepierna y estaba bien arrebatada como cuando se calienta mucho.

Carlos se levantó y le dijo

− Parece que ya estás lista Noe… ahora llega la diversión perrita… Traé la jalea que esta en el bolso de mis cosas.

Noe trajo un inmenso frasco con un gel rojo. Carlos me dio vuelta sin piedad, me abrio el culo y con un palito como de helado me empezó a meter el gel ese en el culo.

− Es anestésico y lubricante. Te va a gustar. Quedate culo para arriba mientras nos fumamos un pucho.

Salieron y allí estaba yo de nuevo embadurnado y esperando. Cuando volvió, sin aviso me metió la cabeza de su pija. Fue y vino dos o tres veces. Empujó y para mi asombro me la metió toda de una. Entró facilísimo. De todas formas sentí que me desgarraban. Empezo a bombearme lentamente y el culo se me debe haber dilatado porque dejo de dolerme y me sentí una verdadera mina con una poronga adentro. A veces me dolía y gritaba. Carla me tapó la boca con algo, parecía otra verga pero más dura.

− Es un juguetito, comételo todo mi amor.

Carlos comenzó a bombear y no paró ni un momento, mis nalgas sentían el ardor y a medida que gemía, chupaba un poco de esa verga de goma, mientras pensaba que ese flaco podía ser mi propia novia. Reconozco que me divertía entre tanto dolor y sufrimiento. Al rato, en unos minutos, una eternidad con todo un martillo dentro de mi explotó como un volcán. El se salió rápido habiendo manchado media sábana y comenzó a tirarme toda su esperma en mi espalda y partes llegaron a mi cuello, retiré el juguete de mis labios para estremecerme en un gran gemido. Carlos me parecía lindo en lugar de como la veía antes. Ahora siento más cariño por esa persona que me dio todo de sí. Mire a mi novia y estaba desnuda de la cintura hacia abajo, chorreándose de sus jugos.

− No es lo que arreglamos − le dije − No es un travesti.
− Pero ahora vos sí. Sos mi novia. Mi novia con pija, pero quiero que seas mi novia.
− Yo no puedo quedarme así, yo el lunes trabajo en la Municipalidad.
− No mi amor. Desde el martes trabajás en la nueva peluquería de Carlos en el centro, como recepcionista. Con más del doble de sueldo de la miseria que te pagan en la Municipalidad. Carlos te presta la ropa.

Carlos se levantó, y se fue al baño, yo me quedé tendido sobre la cama, muerto, exhausto, dolorido. Noe se acercó, estaba contentísima:

− Me hiciste super feliz mi amor. Y lo de Silvi te queda muy bien.
− Sí, pero de ahí a vivir como una mina…
− Es de mañana. De 8 a 14, con el doble de sueldo. Él sabe como sos vos atendiendo público. Las minas somos muy hinchapelotas. Es mucha guita, pensalo desde ese lado.

Carlos salió del baño fumando un cigarrillo, e inmediatamente Noe se acercó a el. Hablaban en voz baja…no alcancé a escuchar mucho, dado que trataba de descansar y pensar en lo sucedido.

− Te espero el martes Silvia. Si hacés bien el laburo te quedás de encargada. El sueldo de ncargada es de cinco lucas y comisiones. Vos ganás dos lucas cien. Despues e voy a coger unas veces más así se te abre bien y podés recibir lo que venga. Como mina vas a tener éxito. Sos flaca, estás buena y sos blanquita.

Noe no cumplió con su palabra, pero me he cogido doce minas distintas en los últimos diez meses. La vida de peluquería es un mundo aparte. Las mujeres se dan cuenta que soy un tipo, se acercan, las chamuyo y me las termino volteando. Hacer de mina o de travesti no está tan mal después de todo.

Ya vivo exclusivamente como mujer. Pasé de ser un tipo del montón a ser una mina bastante linda, deseada y apreciada. Me gusta, me parece piola y me divierto mucho más que de varón.

He estado con varias señoras y los maridos que me la han dado. En estos momentos soy un perfecto bisexual y Noe pasó a un segundo plano. Ella se corrió el riesgo, no cumplió y perdió.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Así qué me querías coger?

Estoy casada con un hombre que me complace en todo y tengo 26. En el día del bautismo de nuestra bebé, toda la familia se reunió, sus padres, sus hermanos y hermanas en fin todos. Nos divertimos en nuestra casa después de la ceremonia, el se reunió con unos amigos que invito, yo conversaba con una hermana mucho menor, Bárbara, que estaba en el colegio todavía, era la única con la que podía hablar sin tener que hacerme la que escuchaba: mi suegra y sus consejos, mi suegro que me veía como un pedazo de carne y mi marido borracho con sus amigos. Así que nos hicimos mucho más amigas, podría decirse.

Un sábado yo salía del supermercado con mi carrito y un motón de cosas, manejé hasta casa y a unas cuadras esta el colegio de Bárbara, así que nos encontramos, nos dimos un beso en la mejilla con de costumbre, me pregunto:

-¿Te ayudo?

Yo acepte por que había comprado cosas para dos semanas y cosas para la bebe. Así que entramos y dejamos las compras en la cocina, le pregunte:

-¿Que haces por acá con uniforme?
− Es que teníamos la actuación por el día del colegio!...

Ya eran como las 12:30 y me dijo que todos habían salido y que no había nadie en su casa y que tendría que regresar a cocinar, le dije:

-¿Por que no te quedas y me ayudas a preparar algo!, tu hermano - mi esposo- está de viaje. Estoy solita.

Me puse un delantal, estaba con camiseta negra pegada, y unos jeans y ella con la blusa blanca y la pollera escocesa tableada del uniforme, fui al baño un momento y regrese a la cocina mientras ella hizo caer unas cosas al suelo, se agacho a recogerlas y la faldita se le levanto dejando ver su minúscula ropa interior, no se si lo hizo a propósito, mentiría si dijera que no le di importancia, ya que se me calentó un poco la entrepierna. Tuve solamente dos experiencias con chicas en el colegio y ambas fueron muy satisfactorias aunque demasiado fugaces y siempre me quedó picando el tema.

Bueno le dije que lavara las verduras, ella fue a la bacha y al lavarlas se le salpicó un poco la blusa- para que tenia unos lindos senos medianos-, pero se seco enseguida, después yo estaba picando las verduras haciendo una ensalada y ella se me acerca por detrás colocando sus senos con sus pezones parados en mi espalda, los sentí y un hormigueo recorrió mi cuerpo, me estremecí, mas que cuando mi esposo se para detrás mío con su pija por mi culo, me tomo por la cintura, deje lo que estaba haciendo, y le dije:
− ¿Que se supone que hacés?
− Hacerte mimos.
− Por qué?
− Porque sos la más sexy de mis cuñadas y me calienta.
− Te calientan las mujeres en lugar de los varones?
− No! Me calientan los varones y me calentás vos. Otras mujeres no. Vos.
− Me parezco a un varón, entonces?
− No, pero sos mi cuñada.
− Y eso que tiene que ver?
− Me calentás… No me pidas explicaciones.
− Ya estuviste con otras chicas.
− Noooooo… ¡que te pensás!
− Yo sí, con compañeras en el colegio.
− Siiii? Y que tal?
− Genial!
− Me enseñarías?
− Yo no soy lesbiana.
− Bisexual?
− Tampoco.
− Entonces?
− Es lo que te pregunto yo a vos? Qué hacemos así siendo cuñadas!!!

Yo estaba asustada y me consideraba únicamente heterosexual,

− Mira que estamos solas, nadie tiene por qué enterarse!
− Y si alguien se entera es porque vos se lo contaste − le dije yo.

Yo no sabia que hacer, por un lado tenia que echarle flit, pero por otro necesitaba tener sexo, sentir un cuerpo como el mío entre mis brazos y tacto. Recordaba mi adolescencia en el baño de colegio con mis compañeras y me mojaba.

− Yo sé que el forro de mi hermano no es bueno en la cama, que tiene un pitito que es una porquería y que no le dura mucho! Aparte de vos le conocí varias novias. No sé como pudiste casarte con un tipo así que encima es alcohólico social.

Todo lo que dijo era cierto, no sé de donde saque fuerzas y le dije:

− Barbie, dejémoslo así. Sería mejor que te vayas!

No acabé de decirlo y ella me calló con un beso en la boca, traté de alejarla pero no pude y me entregué al placer...

Bárbara me tomó entre sus brazos y yo le correspondí los besos que me daba, hizo a un lado las cosas de la mesa y me recostó, me bajo los jeans hizo a un lado mi ropa interior y me beso la conha como había besado mis labios, cerré los ojos y empecé a sentir su lengua entrando y saliendo, metió un dedo, luego otro y otro, de pronto le dije:

− No, esperá…!

Mi beba lloraba. Se había despertado, me vestí rápidamente y fui a verla, me subí la remera, me baje el corpiño y le di de mamar, en eso Bárbara entró a la habitación con la mamadera con leche tibia, le dije que ya no era necesario.

Mi cuerpo que seguía muy caliente, esperé que mi hija se durmiera y salimos de la habitación, ella se empezó a acariciar la concha con una mano y con la otra me amasaba las tetas. La llevé a mi cuarto y la besé, la besé y la besé con toda la pasión que tenia. Ella me empujó y caí sobre la cama de espaldas, me quito las zapatillas, medias, jeans, mi tanga y me beso las piernas.
Le pedí que buscara en el placard el consolador que utilizaba para masturbarme ya que con lo de mi marido no bastaba,

− Con que con estas! Sos una boluda. No querés que le diga a mi novio que te coja? Es un pendejo pero es un macho hecho y derecho. Yo no tengo problemas.

Mientras tanto Bárbara se levantó la pollera, se sacó la bombachita y con la pija de goma me penetro primero suave y luego me cogió más fuerte, me quejaba, gemía y gritaba. Ella dejó el consolador y me dejo tendida muy cansada en la cama con las piernas abiertas y con un orgasmo cercano,

− Tenés razón. Esto es de locos! Yo me voy!
− Qué decís? − le pregunté yo azorada.

Me pare, la agarré de la mano la di vuelta y metí mis manos bajo la pollerita kilt, acaricie su culito, la puse en cuatro sobre la cama y le di palmadas. Ella respondía con gemidos, le saqué el calzón y le metí mi lengua en su ano todo lo que mas pude. Ella gemía como loca, luego le metí mis dedos previamente encremados, ella se desesperaba se movía, le di una lamida desde la vagina hasta el ano. Tenía el ano evidentemente muy dilatado.

− Lo usás bastante, guacha.
− Obviamente. Me caben dos…

No podía creer lo que decía la pendeja. Me sentí tan boluda!

− Dejame! Me quiero ir −me pedía Bárbara jadeando − Esto está mal… Muy mal. El es un forro, pero es mi hermano.
− No pendeja, vos empezaste, ahora te quedas!

Ella se acercó a la puerta y la tomé de los senos por detrás. Mi vagina empapada le mojo el culo, y le desabotone su blusa que encerraba unas tetas medianas, pero hermosas. Le metí mis dedos en su vagina y le salio un gemido que me excitó muchísimo, yo detrás de ella con mis manos en sus senos, masajeando sus pezones de piedra y punteándola, la tire a la cama me desnudé y me recosté sobre su cuerpo sudado. Le mordí y lamí los pezones y sus gemidos y quejas eran extremos. La bese en los labios aunque negaba con la cabeza, le metí la lengua, fui bajando por su vientre hasta su vagina empapada, le agarre los dos pechos con una sola mano muy fuerte, mientras con a otra le sacaba el jugo por abajo...

− Con que querías cogerme?! − le dije − ¡date la vuelta!

Me mostró el ano que palpitaba, me la cogí como se me dio la gana con el consolador. Fuerte, despacio, con giros, luego la di vuelta, me senté y ella encima mío de frente. Le mordí los pezones otra vez, le arañe el culo.

De pronto la pendeja empezó con su orgasmo a los gritos:

− No podés! No podés!
− Fijate como puedo!
− No, boluda, no podés coger tan bien… Que orgasmo! Ahora me toca a mi.

Bárbara no se tuvo que empeñar mucho porque yo estaba a punto de caramelo y también acabé mejor que aquella vez en el Cole.

Semanas después, mi marido me preguntó por qué venía tan seguido su hermanita menor cuando él no estaba. Yo le dije que venía a ayudarme.

− Qué yo no me entere − continuó él − que Brabarita viene a revolcarse acá con el idiota ese de novio que tiene.
− ¿Pero vos que te pensás? − Me indigné yo como si fuera una primera actriz − ¿Cómo va a venir a usar esta casa de telo con el novio?

En realidad no mentí. La usamos para nosotras dos. Su novio y su amigo que se arreglen para encularla de a dos en otra parte.

La confabulación

Mi llamo Marcelo, tengo 36 años. El suceso ocurrió hace alrededor de un año, en mi casa, una noche de verano. El nombre de ella es Roxana, está casada con Horacio de 43, tiene 33 años, dos críos, y dos fabulosas tetas que siempre fueron de mi admiración, un culo bien parado y duro, en una palabra un hermoso cuerpo a pesar de los pendejos.

A esta chica la conozco desde hace aproximadamente 6 ó 7 años. A Mariel, mi esposa algunos años más. Estudiaron juntas en la Facultad de Derecho de la UBA. Sin dudas puedo decir que es su mejor amiga por lo que tenemos una relación de extrema confianza entre los cuatro, pero siempre como amigos, por lo que jamás pensé en tener una aventura con ella. Horacio, a la vez es el superior de mi mujer en Tribunales.

Desde hacía un tiempo lago empecé a notar que ella, muy sutilmente, cada vez que nos veíamos me buscaba mucho con su mirada cuando manteníamos una conversación entre los cuatro, pero yo trataba de disimular para no armar ningún quilombo ya que tanto mi esposa como su marido son enfermos de celos, además siempre estaban presente sus hijos y los nuestros por lo que hubiese sido muy desubicado de mi parte cualquier intento fuera de lugar.

Una noche fue todo muy distinto. Los invitamos a nuestros amigos a cenar a casa y mi primera sorpresa fue el verlos llegar solos, sin sus hijos, y la segunda sorpresa y más grata para mí fue que Roxana vino con una blusa negra totalmente transparente y sin corpiño, pero con un delgado saco de hilo por encima, ya que nos estábamos en verano y la temperatura era elevada y no me pareció demasiado extraño.

Al ver en particular esos hermosos montes prácticamente desnudos me provocó una involuntaria erección que intenté disimular a toda costa, cosa que por la mirada de Roxana no logré, ya que me sonrió muy cómplice. En el ascensor como íbamos hablando los cuatro en tono de broma un poco fuerte, aproveché un segundo de distracción y le susurré al oído lo hermosa que estaba, lo cual le debe haber gustado mucho porque me lo agradeció apretándome disimuladamente la mano. Yo no terminaba de entender su actitud, ya que a pesar de nuestra confianza nunca había actuado de esa manera. La cena se desarrolló de una manera normal, con charlas sobre temas comunes, pero hubieron algunas miradas cómplices entre ambos acompañadas con algunas erecciones mías al ver las tetas de mi amiga al servirse agua, o la comida, ya que se le abría su saco y dejaba toda su belleza a mi vista.

Yo intentaba por todos los medios disimular mi calentura, pero cada vez se me hacía mas difícil ocultar mis erecciones. Lo interesante ocurrió cuando Mariel, mi esposa, propuso ir a comprar helados. Yo dije que no tenía ganas de salir con tanto calor, pero como ella insistió tanto, Horacio (el esposo de Roxana) dijo que no se hiciera problema, que él la llevaba en el auto, a lo que Roxana dijo que aprovecharía para llamar a su casa para ver como estaban sus hijos, por lo que Mariel y Horacio se fueron. Yo sabía que a partir de ese momento disponía de aproximadamente de 40 o 50 minutos para llevar a cabo cualquier locura, pues la heladería se encuentra un tanto lejos de casa. Mientras hablaba por teléfono no dejé de mirarla, a esa altura ya con descaro no sacaba los ojos de ese hermoso par de tetas, miradas que eran correspondidas lo cual me estaba poniendo más caliente aún. Cuando terminó de hablar por teléfono, me hizo el comentario de que tenía mucho calor y salió rápidamente al balcón, yo me acerqué por detrás de ella y le dije que eso era muy fácil de solucionar, que se quitara el saco. Ella respondió que no podía porque iba a quedarse prácticamente desnuda ante mis ojos y ya había visto como la miraba durante la cena por lo que eso podía llegar a ser muy peligroso. “Lo que pasa es que hoy estas terriblemente sexy”, le dije, “Y si usás esas transparencias no tenes hacerlo a medias tintas”, a lo que respondió que tenía razón, que se lo sacaría hasta que llegaran nuestras parejas. Cuando tuve ante mí semejante bellas tetas no pude evitar decírselo, a lo que respondió: “Te dije que era peligroso”. “Es que desde hace tiempo le tengo ganas a esas tetas, Roxana”, le respondí.
En ese momento ella dudó un poco de su actitud e intentó entrar nuevamente al living, entonces la tomé de la cintura y acercándola a mi pene que se encontraba totalmente duro le dije: “Roxana voy a besarte toda y te voy a coger en este mismo lugar”, ella intentó soltarse, entonces tomé con mis manos ambas tetas y comencé a besarla en el cuello, su resistencia poco a poco empezó a ser cada vez menor, le desabroché la camisa mientras seguía besándola en el cuello, para ese momento Roxana ya estaba ardiendo y me decía que hacía tiempo que estaba caliente conmigo. Luego ella se dio vuelta y mientras yo le besaba una de sus tetas y acariciaba la otra con mi mano, bajó el cierre de mi jean y sacó a la luz a mi pobre pene que a esa altura estaba que explotaba y empezó a pajearme. Luego me sentó en un sillón y me hizo una mamada espectacular, con la cual terminé en su boca. Roxana se tragó toda mi leche para no dejar rastros y me siguió mamando a pesar de mi corrida. Después levantó su pollera, se quitó su biquini y me colocó su clítoris en mi boca, besé esa concha como si fuese la última vez en mi vida, cosa que Roxana agradeció ya que acabó a los gritos en uno o dos minutos. Mi pija ya estaba otra vez en guardia, le pedí que se colocara en cuatro patas y la penetré desde atrás, logrando así un par de orgasmos más de mi amiga, uno de ellos tan gritado como el primero. Mientras tanto con mis dedos le acariciaba el agujerito de su culo y comencé a meterle mi dedo índice mientras la estaba cogiendo, luego de las corridas y cuando pensé que su culo estaba listo le dije: “Ahora te voy a encular perra”, ella primero se negó, pero su calentura era tal que luego me pidió que lo hiciera despacio ya que su marido no la cogía por el culo aunque confesó que no sería su primera vez y que la volvía loca. Le dije que si, y le empecé a penetrar su hermoso culo despacio como ella me pidió, una vez que entró la cabeza se la clavé hasta que mis huevos chocaron con sus nalgas, con lo que le arranqué unos gritos de placer y montones de guarangadas dignas de un barrabrava, que me excitaron aún más. Acabó a los gritos y con espasmos como con los anteriores. Luego nos besamos de manera muy dulce y nos fuimos a lavar y a acomodarnos la ropa. Yo le presté mi cepillo de dientes, porque después de lo que habíamos hecho…
En ese momento me comentó que hacía tiempo que no gozaba de esa manera, a lo que le pregunté por qué. Me dijo que su marido salía con otras mujeres y medi me dejó entrever que una de ellas era Mariel, y que no le daba bola. Le pregunté si esto era venganza y me dijo que no. Que yo le había gustado mucho desde el momento en que me conoció. Que ya no sabía qué hacer para llamarme la atención.
Unos poquísimos minutos después llegaron Mariel y Horacio con los helados y nosotros como si nada. Los esperamos escuchando música, conversando y frapeando un champagne. Yo soy muy colgado, lo reconozco, y me di cuenta que Mariel había salido con los labios pintados y volvió sin rastro de rouge, ya que el rastro estaba en la comisura izquierda de la boca de Horacio. Me excitó y me dio tremenda bronca al mismo tiempo.
Comimos el helado, seguimos charlando de pavadas, nuestras miradas siguieron cruzándose, lo cual me ponía como loco, eso hizo que permaneciera con una erección terrible durante el resto de la noche.
En algún momento nos cruzamos con Roxana en la cocina y ella me indicó con un gesto que viera la comisura de Horacio. Puesto a observar, noté que entre Mariel y Horacio también había una notable tensión sexual. Por otro lado el hecho que ni Mariel ni Horacio se dieran cuenta de la situación alimentaba de sobremanera mi morbo.
Cuando se fueron nuestros amigos, como yo seguía muy caliente, le regalé a mi esposa una hermosa noche de ardiente sexo. Cuando ella estaba próxima a tener su primer orgasmo le pregunté qué le parecía Horacio. Ella entre jadeos me contestó que le parecía muy buen mozo y varonil. Después del orgasmo me preguntó la razón de mi pregunta. Yo le dije que me parecía que Horacio la miraba mucho y que solo le faltaba babearse. Mariel me contestó “Como a vos con Roxana… ¿o te creés que soy boluda?” Por si acaso negué todo. Mariel me apestilló: “¿Te la cogiste no?” Yo lo negué: “No mientas − continuó − tenías olor a Roxana… Viste qué pata que fui con lo de los helados pudiendo llamar al delivery…” Volví a negar todo.
Mariel continuó: “¿Me lo vas a seguir negando? ¿No te llamó la atención que yo mandara a los chicos a la casa de mamá y que Roxana viniera sin los de ella? ¿Quiénes te creés que arreglaron para que fuera de esa forma?”
Me quedé de piedra. Tardé en reaccionar. “¿Y vos con Horacio?” Mariel me miró, se sonrió y me dijo… “Uuuuuh! Pero con Horacio, amigas y amigos de Horacio… ¡Hace años! ¡Pero lo único que me faltaba es que yo te agarrara la pija y te la pusiera en el culo de Roxana! Si vos no le hacías pata, se iba a armar en cualquier momento.” Yo no podía creer que hubieran armado semejante confabulación.
Mariel me miró sonriente y me dijo: “Antes de irse Mariel me dijo que sos buenísimo haciendo sexo anal y que cuando quieras nos juntemos los tres…”

Mi primera vez como nena.

Hola a todos, tengo 19 años y soy de Olivos al norte de Buenos Aires. Me imagino que los psicólogos estarán cansados de escuchar la misma cantinela que tenemos todas las travestis de vestirnos con las prendas de mama y de las hermanas, pero es que lo necesitamos contar, para tomar confianza. En mi caso fue así: yo tenía 13 años mi y no sé por qué un día cuando salía de bañarme mi vieja me dijo: “mirá que lindas tetitas tenés”, “un día de estos, te voy a comprar un corpiñito”. La frase me dejó trastornado. ¿A qué se habría referido mi madre? No me lo podía quitar de la cabeza. Unos días después cuando fui al lavadero a llevar la ropa sucia, vi que había un soutien de mi madre, lo toque y me encantó su tacto, me lo probé, y fue una deliciosa sensación.

Mi madre era lo suficientemente tonta como para no darse cuenta que si a los 13 años yo seguía más lampiño, que ella y me crecían las tetitas y el culo, me tenía que llevar al médico y no hacerme semejante oferta. Yo supongo, que a mamá le hubiera encantado que yo hubiera sido una nena en lugar de varón.
Un finde largo mis padres se iban al Tigre. Yo pusé una excusa del cole y me quedé solo en casa, supuestamente estudiando. En cuanto se fueron, fui al placard de mi vieja para volver a tener la sensación del soutien, pero cuando lo abrí vi todo un mundo de posibilidades, así que decidí vestirme entero.
Por cuestiones hereditarias u hormonales, era más lampiño que mi madre y mis primas. Me puse un conjunto interior blanco con calzas verdes (que no pegaban ni con cola), una blusa rosa ajustada con una pollera negra larga muy bonita y unos zapatos (que me quedaban un poco apretados). Después me maquillé con tonos rosas y morados y me pinté hasta las uñas. No sé si sabía, intuía o qué sobre cómo hacerlo, pero yo me veía precioso. ¡Qué tremenda excitación!
A partir de ese momento nació Maica, y ya no pude parar de producirme. Tenía muchas dudas ya que a mi me seguían gustando mucho las chicas y no solo no encontraba atractivos a los chicos, sino que el solo pensarlo me asqueaba. Por el otro lado fantaseaba con ser una mujer, me encantaría ser mujer pero no los hombres. Lo intenté dejar miles de veces pero luego siempre volvía y cada vez más perfeccionado. Daba igual si tuviese novia que no. Es más, cuando tenía novias, todas sin excepción ponderaban mi “belleza” y también mis amigas. No hubo una sola chica que conociera que no me haya dicho “que lástima que no seas mujer”.
Me dejé el pelo largo. Es rubio y ondeado así que era la envidia de mis amigas, y aunque parezca mentira también el de mi vieja.

Poco a poco fui descubriendo más cosas de mi sexualidad en Internet. Una que descubrí fue que yo también tenía un agujero común con las mujeres. Cuando pasó el tiempo siempre que me vestía terminaba con algo con forma de pene (zanahorias, rotuladores gordos…) dentro de mi ano hasta que llegaba a un orgasmo.
En Internet conocí a muchas amigos y amigas que me ayudaban, me daban seguridad al ver que había más gente como yo. Y también empecé conocer a chicos con los que catear y hablar por teléfono. He de reconocer que me encantaba a veces calentarles y sentir que alguien me deseaba tal como era.
Luego decidí que ya estaba harto del closet, de fantasías y boludeces y quería probar qué se siente siendo un día realmente una mujer.
Un verano agarré toda mi ropa, mis botas y me fui a Mar del Plata. Allí compré algunos accesorios más y maquillaje y me fui a un hotelito del centro. Después de comer me empecé a arreglar, primero me puse un conjunto de soutien y tanguita negros y las medias (sin la sensación de las medias en mis piernas no es lo mismo) las botas. Me veía precioso con las piernas tan sexys. Comencé a maquillarme con tonos azules y grises y labios bien granate. Me quedó muy bien, y me vestí con una blusa semitransparente negra y una mini muy hippie del mismo color. Modestia aparte la verdad es que estaba muy bien, porque soy bajo para varón y muy delgado, y aunque se notaba algo de corpulencia porque era muy deportista, estaba fenomenal, muy moderna, femenina y sexy.
Una vez producida quería salir a dar una vuelta y probarme. Allí no me conocía nadie, así que podría hacerlo sin problema. El recepcionista me miró con cara rara, como diciendo que quién era esta, pero no dijo nada.
Salí y al principio es una sensación extraña, porque te creés que todo el mundo te está mirándo, pero no es cierto, la gente va en sus cosas. La verdad es que sentir el viento en las piernas rozando con las medias, mientras andás con los tacos por la calle es genial.
Entré a un ciber para que me viesen mis amigos cibernéticos por la cam. La verdad es que con pelo largo tuyo y sin sombra de barba, nadie se da cuenta que sos un travesti y si lo notan son muy discretos, la verdad es que me sentía muy cómoda.
Con voz lo más suave que pude le pedí una compu al encargado y me puse a chatear. Puse la cam con varios amigos y había dos de Olivos, con uno de ellos que había hablado varias veces de salir, pero al final ninguno de los dos podía o siempre surgía algo, estaba en Mardel. Cuando le dije que estaba en Mar del Plata y me vio por la cam me dijo que podía arreglar. Quedamos en la puerta principal del Casino Central. Enfrente hay estacionamientos. Quedamos en una hora. Seguí chateando y me dieron confianza los piropos y halagos que recibí por Internet. Llegada la hora me fui acercando al Casino, estaba excitadísima.
Llegué diez minutos antes. Me comían los nervios. Qué pasaba si era un friqui o un raro o un peligroso? Él llegó 15 minutos tarde, ya pensé que me daba algo. Estaba bastante bien, un poco relenito de cara bastante fachero, me conoció y me dio un beso medialuna, me piropeó diciendo que estaba divina y empezamos a hablar (él también parecía nervioso) eso me tranquilizaba. Charlamos un rato sobre los trabajos y cosas en general y parecía un tipo normal, dimos una vuelta y me empecé a sentir cómoda, me agarró de la cintura y me gustó mucho, le dije de tomar algo en un bar, entramos y él pidió ds cervezas. Seguimos hablando y en un momento se acerco y me besó de lleno en la boca, eso me encantó, besaba muy bien y me encantaba el roce de su barba de dos días sobre mi cara. Seguimos besándonos en la calle y me preguntó donde podíamos hacerlo, yo le dije de la habitación del hotel y nos fuimos hacia allí besándonos y metiéndome mano. Cuando entramos en el hotel el recepcionista se flipó. Se lo hice pasr con doscientos pesos. Fue entrar en la habitación donde seguimos besándonos y metiéndonos mano, yo le tocaba el aparato por encima del pantalón y se sentía hermosa.
Se la saqué y comencé a acariciar, él me bajó la blusa y los tirantes del Soutine y comenzó a chuparme los pezones. Se sorprendió que tuviera tetitas naturales, lo que lo volvió loco. Me metí su pija en mi boca. Me encantó! Después de unas chupaditas se la comencé a mamar despacito, me encantó, cada vez con más ritmo la metía y sacaba de mi boca y con mi lengua le acariciaba el glande. Cuando ya llevábamos un rato, me dijo que le tocaba a él, me bajó la pollerita, las medias y la tanga y se agachó para mamármela a mi y lo hizo tan bien que acabé corriendo.
Me agaché y seguí mamándosela, la verdad es que le excitaba mucho porque no se le bajó en ningún momento. Me dijo que quería culearme y yo estaba loquita por sentirla dentro. Le dije que se tirara en la cama, que al principio quería ir yo arriba. Me terminé de sacar la pollera y la blusa y me quede en sujetador, medias y tacos, me senté encima de él y comencé poco a poco a introducirme su hermoso instrumento de unos 18 centímetros, que gusssstoooo!!!
Al principio me dolió muchísimo y eso que me había puesto kilos de vaselina mientras me vestía por si acaso llegaba este momento, pero poco a poco mi ano fue cediendo y entraba más y más, una vez entera adentro yo creí que me moría, comencé a sacarla, ya dolía menos, y volvía meterla y a sacarla, cada vez más y más rápido y ya empezaba a gustarme, seguí un rato más, hasta que él me dijo de cambiar.
Me puse en cuatro y me la metió hasta dentro, no me dolió mucho porque el agujero ya se había hecho a la medida y empezó a bombear para dentro y fuera, creí que me moría, no se si de gusto o de dolor, pero me encantaba.

Hasta que acabó adentro. Le quité el condón y se la acaricié, me había encantado, se la limpié con la boca, me sentía una puta y la verdad es que mi culo pedía más a gritos, pero el ya no podía mas, nos dimos unos cuantos besos más y se vistió y se marchó. Yo me quedé tirada con el culo dolorido pero con una sonrisa de gusto que no la recuerdo en mi vida. Me volví a vestir y salí a dar una vuelta por la calle Güemes, necesitaba pensar, pensar en que esto es lo que quería en mi vida.
Un día mi vieja volvió a casa temprano y me pesco producida. La boca era un precipicio. Yo creí que allí vendría una lluvia de cachetazos. En cambio me dijo: “¡Que divina quedás! Me hizo dar una vuelta y me comentó que ya no era necesario que ella me comprara un Soutine porque lo había hecho yo. Desde aquella primera conversación habían pasado seis años. Su mayor preocupación era cómo se lo tomaban mis sucesivas novias. Le dije que a todas les encantaba y me confirmó que a ella también, pero que no e dijera nada a mi viejo porque lo iba a matar de un disgusto. Le dije que tenía novio además de novia y ella me dijo: “Mientras sea un chico bueno y sanito…” Luego me preguntó si iba a seguir con ciencias económicas, a lo que le dije que sí, y ella comentó “Con lo lindo que sos, en una de esas podrías ser una Florencia de la V, joven…”
Es la historia de mi vida.

lunes, 18 de octubre de 2010

La primera vez en el 2002

La oscuridad de aquella noche de 2002, se negaba a entrar por la ventana de la habitación, sino solo algunos destellos de luz de la luna. Ya llevábamos dos semanas de verano en Villa General Belgrano a dos horas de Córdoba, mi prima Carolina y Yo, Verónica.

Teníamos con 18 años, éramos primas hermanas por parte de papá, quien estaba de viaje con mamá en su dos0° aniversario de casados. Me dieron la oportunidad de pasar el verano con Carolina en la casa de nuestros abuelos, unos viejos divinos y algo sordos, pero siempre muy queridos. En esas dos semanas ocurrió de todo; yo salí bastante bien del 5º de bachillerato y entré en la universidad, estaba muy feliz y desde mi primer día, la pase súper.

En nuestro segundo día fuimos a la Villa, en donde ya llegaban los primeros turistas. En una esquina nos topamos con dos chicos que me miraban descaradamente, no sé pero esto me calentó un poco, vestía con short de lycra, sin ropa interior y una camisetita blanca, pegadita al cuerpo y con buen escote lo que hizo que mis tetas redonditas y paradas se hicieran notar bastante sensualmente. Se lo comenté a Carolina y ella se rió a carcajadas. Ella siempre recatada vestía con jeans negros pegaditos y blusa verde jade, a mí me pareció que lucia espectacularmente sexy, su trasero paradito se veía perfectamente por lo ajustado que traía el pantalón, sus senos se movían sensualmente al caminar y eso me parecía muy sexy.

Miré con lujuria a los chicos y metí un dedo entre mis labios a través de mi lycra como si me la acomodara para que me quedara incrustada en la vagina. Carolina me vio, se asustó y me dijo:

- ¿Qué hacés?
- Nada, los provoco- respondí- nada más− si vamos a tener que estar en esta Villa refugio de nazis, por lo menos que tengamos un poco de diversión.
− ¿Los abuelos son nazis?
− ¡No boluda! ¡No entendés nada!

Ya en casa a la tardecita, cuando subí a mi habitación estaba demasiado caliente por lo ocurrido, además mi prima estaba demasiado sexy ese día, yo era curiosa desde que mi novio me dejó después de hacerme un cunnilingus que por poco lo tuve que amenazar para que lo hiciera. Después de eso salió huyendo y nunca más supe de él. No había tenido sexo con una mujer todavía y eso me cohibía mucho.

En mi habitación me desnudé, el calor era insoportable y me acosté en mi cama. La habitación de Carolina estaba a la derecha de la mía, pero sé que no estaba allí sino en la cocina, o eso suponía. Yo me tocaba los senos para masturbarme, apretaba mis pezones y estos se endurecían de inmediato. Bajé a mi abdomen entre caricias estaba extasiada al llegar a mi sexo, mi monte de Venus estaba bien limpio ya que me depilaba con regularidad semanalmente y lo rozaba con las yemas de mis dedos. Comencé a meterme los dedos entre mis labios, las sensaciones eran buenísimas, al principio eran gemidos los que retumbaban en habitación, ahora eran gritos de placer.

En realidad había tenido un despertar tardío de mi sexualidad y viví las calenturas que deberían haber ocurrido a los 14 ó 15, a mis 18.
Conseguí un orgasmo, lo que asustó a Carolina que me escuchaba por la puerta entre abierta, ya que oí sus pasos perderse en el pasillo:

Quedé empapada de sudor, fluidos y lágrimas. Quedé completamente exhausta y creo que dormité. Carolina me despertó bruscamente para avisarme que estaba lista la cena:

−¡Despertate pajera de mierda! ¡Sos una inmadura! ¡Mirá si los viejos te veían!

Ahí caí en la cuenta de lo que podría haber pasado.

− ¿Dónde están? − le pregunté.

− Desde hace rato los abuelos habían comido y se fueron a dormir.

Al entrar en el comedor comprobé que era cierto que los abuelos se habían ido a dormir, Carolina estaba sola en la mesa; al entrar se levantó para servirme de cenar diciendo:

− Debes tener hambre… − mientras me servía un plato de pollo con papas- después de semejante entrada cualquiera tendría hambre. No podés ser más inmadura.
− ¿Me estaba espiando?-le dije, no como reproche sino lujuriosamente, pues ya sabía bien que ella me había estado mirando, pero quería ver su reacción.
- No, yo no te espiaba- dijo pero con rubor en sus mejillas- Me asustaron tus gritos y subí, menos mal que los abuelos no oyeron, ni se dieron cuenta de nada.
- Sí claro -balbucee.
- ¿Cómo es la cosa?- me preguntó enojada.
- Nada, lo que pasa es que cuando llegamos del pueblo- le expliqué mientras tragaba la comida rápidamente- estaba caliente y no pude aguantar, además a vos te encantó ¿no?
- ¡No! ¡Yo no soy pajera como vos! ¡Sabés perfectamente que eso es pecado mortal!
- ¡Pará! Eso para el colegio de monjas iba, pero ahora ya vamos a entrar en la facultad. No lo repitas porque vas a quedar como una pobre pelotuda.

Terminé de comer y limpiar la cocina y el comedor y me fui a la cama, pero al llegar a la entrada de mi cuarto oí que ella se estaba masturbando. Fui a curiosear. Que la boluda de mi prima, la mojigata santulona se pajeara, me daba mucho morbo.

La verdad es que Carolina me parecía terriblemente sexy y quería verla en acción. Ella no tenía la más remota idea de lo que producía en la gente. Digo gente porque era tanto en varones como en mujeres. Tenía una cara angelical además de un muy buen físico. Varias de mis compañeras de división me decían que le hubieran dado con mucho gusto.

La puerta de su habitación estaba entre abierta. Me di cuenta que la muy turrita quería que yo la viera o por lo menos la oyera. Era tan caída de la palmera: con eso seguro me quería demostrar que no era tan santulona como yo le decía.

Carolina estaba acostada en la cama pajeándose ferozmente. Me asombró ver que también estaba completamente depilada, cosa que o me esperaba de su personalidad mojigata. Eso, según la mamá de ella, no era para chicas decentes…

Carolina se daba con demasiada violencia e indudablemente el orgasmo no llegaba. La veía sufrir y esforzarse en vano. Yo me empezaba a enojar de verla tan boluda, por lo que intervine:

− ¡Pará Caro! ¡Así no!
− Vero, vos no te metas.
− Si no quisieras que me metiera, hubieras cerrado la puerta con llave en lugar de dejarla entreabierta. Pará un poquito y relajate.
− ¿Qué? ¿Me vas a enseñar? No te necesito.
− ¿Ah no? ¿Entonces que te pasa?
− ¡No sé! ¡Me puse nerviosa!
− Caro... ¿Cuántas veces te pajeaste en tu vida?
− Pocas… dos o tres…
− ¿Y cómo te fue?
− No sé… mal…
− Entonces dejame a mi.

La hice poner boca arriba y abrir las piernas. Fui a mi habitación y traje crema Hind’s. Me unté los dedos y comencé a acariciarla lentamente. Muy despacio y con morosidad. La hice poner panza abajo y le frote el ano con la crema metiendo el dedo. Caro tenía pequeñas reacciones. Luego le hice poner el culo para arriba y seguí acariciándola, metiéndole los dedos en la concha.

Lo extraño de todo aquello era que no me producía ninguna aversión ni repugnancia. Lo estaba haciendo con mi prima, y era como si me lo hiciera a mí misma. Sabía que tenía que tocar y cómo, porque estaba segura que ella iba a reaccionar igual que yo. Metía mis dedos en su concha, en el culo y con el pulgar le masajeaba de arriba abajo el clítoris. Veía que ella empezaba a chorrear. Le pasé una toallita para sacarle la crema, la hice poner boca arriba y me abalancé sobre ella y le hice un cunnilingus lento y caliente. Lo demoraba a propósito porque notaba que Caro era de calentarse mucho, pero de a poco.

− ¡Ay! ¡Ay! − gritaba Caro − ¡No se lo que me pasa! ¡Me siento mareada! ¡Tengo algo acá! ¡Tengo nauseas! ¡Ay! ¡Me pasa algo en el estómago!

Sentí que su cuerpo se tensaba como una manguera a presión. Me sentí orgullosa de ser yo la que tuviera la capacidad de producir aquello. Seguí lamiéndola y ella gritó:

− ¡Hacelo más rápido y más fuerte!

Sadicamente seguí haciéndolo despacio hasta que no pudo más me agarró de los pelos y comenzó a gritar como una poseída. Gritaba y se revolvía. Los “ayes” y los “más” era lo único que se oía. Me retiré un poco. Ella bajo la mano y continuó mi obra. Seguía y se revolvía como un pez fuera del agua. Por el despertador de la mesa de luz estuvo tres minutos. Yo le pegué otra lamida y agarró viaje otra vez. Terminó extenuada, transpirando y llorando. Me pasó el brazo por el cuello y nos quedamos apretadas como diez minutos más dándonos besos pequeños y húmedos.



Los días siguientes la pasamos súper bien en la casa de Villa Gral. Belgrano. Tenía sesiones deliciosas masturbándome todos los días, recordando lo ocurrido con Carolina.

Supongo que Caro había aprendido cómo hacerlo porque no requería más “de mis servicios” lo que me daba bastante fastidio.

Una noche nuestros abuelos se fueron a la casa de unos amigos a jugar al truco. Es casi imposible describir lo que era jugar al truco con ellos dos que son sordos como una piedra. Era desopilante, porque no oían lo que les cantaban y siembre terminaban en discusiones inacabables acusándose mutuamente de hacer trampas.

Estaba preparando un arroz en la cocina después cuanto ya se habían ido los viejos. Para no perder el tiempo agarré la zanahoria más gorda que había, la pelé con un pelapapas, la lavé, le pasé manteca y la usé de improvisado consolador tirada boca arriba en la mesa de la cocina. De pronto entró Carolina en la cocina, lo que no me importó, mas bien me excitó aún más.

Me miraba cruzada de brazos, con expresión boquiabierta. Al verla me deschavé, me puse en cuatro sobre la mesa con el culo en dirección a ella. Agarré manteca con los dedos y me la metí en el orto. Luego me clavé la zanahoria lentamente hasta el fondo. Me dolí, pero era más la excitación que el dolor. Al parecer a Carolina le gustaba aquello porque se sonreía y los ojos le brillaban. Yo pasando mi mano derecha por entre las piernas me saque la zanahoria del culo y me la metí en la vagina vagina, haciendo círculos en mis labios y clítoris. Llegué a un orgasmo perfecto no por la caricia que era sumamente tosca sino que el rgasmo me vino al verla a Carolina que se le chorreaba un pequeñísima gota de saliva en la comisura del labio. ¡Cómo me calentó eso!

− ¡No podés ser tan puta! − me dijo Caro.
− El otro día no pensaste lo mismo − le retruqué yo.

Cenamos un simple arroz blanco con salchichas. Ella se fue a dormir, porque esa noche me tocaba a mi limpiar la cocina. Por un arroz y seis salchichas aquello era un verdadero desastre. Cuando terminé subí a mi cuarto y me encontre con Carolina en bolas en mi cama con una sonrisita perversa. No hablamos. La besé. Estuvimos muchísimo tiempo besándonos como nunca había logrado que un tipo hiciera. No entienden que los besos a las mujeres nos calientan más que cualquier otra cosa. Luego le tocó a las caricias. Entre esas caricias llegué a su sexo y comencé a masajear sus labios y clítoris, ella solo abrió sus piernas y desfloró su vagina para mí. Incursioné en su ano, gracias a mi cremita Hind’s de cabecera. Se acomodaba incómoda pero cuando osé sacar el dedo pensando que le molestaba, me dijo que ni me atreviera. Finalmente su ano se abrió para que mi dedo lo penetrase y no habiendo dado muchos movimientos, Caro se vació sobre mí en orgasmos escandalosos, interminables y respiraciones entrecortadas…

La penumbra de la noche se negaba a entrar por la ventana con algunos destellos de luz plateada de la luna, donde descansábamos, ya llevábamos diez días de verano en Villa General Belgrano, a dos horas de la ciudad de Córdoba. Mi prima y yo tomábamos muy típico Fernando y conversábamos animadamente (más animadas que de lo normal):

− ¿Te gusta alguien en particular?- me preguntó.
- Después de lo de Germán? − dije mientras hacía un fondo blanco- no quiero saber más nada de tipos por un buen tiempo, es un forro, una mierda en la cama.
- Vero… No te creo que fuera tan malo en la cama- me dijo Carolina.
- ¿Malo? ¡No! ¡Es malísimo y eso que se pavoneaba de hacer gritar a sus novias en la cama! Bueno a mí no, yo fingí. Lo único que quería era penetrarme por el culo y listo, otra para la estadística, ni siquiera me chupó la cuca- repliqué- no, ahora lo que quiero es alguien que me coja bien ¿no te parece?- dije esto con atrevimiento ya que me estaban pegando los tragos.
- Las mujeres somos mejores amantes que los hombres ¿Me enseñarías?

No esperé dos pedidos y me lancé sobre ella, nos besamos largamente, sentí su lengua en mi garganta, nadie en toda mi vida me había besado así, mis manos temblaban.

Carolina me dijo:
- Quiero que me cojas como una buena amante. ¿Está claro?

Yo por mi parte me tomé todo mi tiempo explorando cada centímetro de su piel, mi placer iba en aumento, besando su vientre, ella gritaba:

- Sí Vero, más abajo, sí más abajo en la concha mi vida, sí…

Seguí con mi procesión erótica, llegando a su monte de Venus. Carolina agarró mi cabeza y la enterró en su sexo diciendo entre gemidos:

- Ahí, mi amor chupame ahí hasta que me gastes.

Sumisa abrí sus labios y me comí su conchita, rosadita y húmeda, muy húmeda, estimulé su clítoris, ella dejó de gritar y me dijo:

- Vero meteme tus dedos en el culito, sí, mastúrbame… -llegó a tro orgasmo increíble que descargó sobre mi rostro, por primera vez en pocos segundos, lo que demuestra que el seso es todo.

Le metí los dedos por el ano nuevamente, mis movimientos eran rápidos, pero eso era el cielo para ella, pues lo gozaba entre gritos y gemidos de placer:
- Me duele, sí, más duro, nena, sí duele, más duro, cogeme fuerte- Con todos estos gritos y gemidos, su respiración era muy entre cortada, su sexo y ano se abrían y cerraban al compás de su respiración; llegó a un orgasmo superior, yo entre sus piernas recibí todos sus fluidos y ella me dijo:

− Ahora te cojo yo a vos, mi amor.

Yo estaba limpiando su conchita y culo que estaban muy mojados. Me besó, metiendome la lengua hasta la garganta, mientras me masajeaba mis tetas. Seguidamente me tiró sobre la cama y se me echó encima; comenzó a lamerme todo el cuerpo.

Mis sorpresas no se terminaban allí. Se ubicó haciendo tijerita conmigo.

− ¡Lo vi en Internet! − fue toda su explicación.
Lo hizo como si tuviera una tremenda experiencia. Acabamos las dos juntas cuando notábamos que la otra se estaba viniendo. Nos agarramos y nos clavamos las uñas mutuamente.

Luego, como si nada hubiera pasado, chupó mis senos con su lengua, haciendo círculos alrededor de los pezones que para ese entonces ya me ardían. Mientras llevaba su mano a mi sexo. Siguió bajando con su lengua a mi abdomen, donde me daba lengüetazos certeros, que sentí extraordinariamente. A cada chupada sentía que mis entrañas se derretían y el clásico vacío en él estomago. Terminó por llegar a mi concha, allí fue un poco brusca pero yo estaba tan excitada, que me gustó. Abrió mis labios y empezó a chupar mi clítoris, yo arqueé la espalda y gemía continuamente.

Ella me penetró con tres dedos, después con cuatro, hasta meterme la mano completa en mi concha, donde sentí una mezcla de dolor y placer y acabé con otro orgasmo.

Ella al verme empapada en sudor y fluidos me dijo:

- Te voy a romper el culo, sí mi amor.
- ¿Qué? − Pregunte yo − ¿Cómo?

Me dio la vuelta, me chupó el culo; primero las nalgas que lamió, y abriéndome el culo dejó al descubierto mi ano, que penetró con su lengua y lubricó con Hind’s. En todo ese tiempo no dejé de gritar, esto me gustaba mucho:

- Ay, Carito, cogeme, sí, quiero que me cojas el culo.
- No te preocupes mi vida porque te lo voy a desvirgar yo - me dijo sin dejar de masturbarme. Ella tenía las piernas empapadas en fluidos y de cuando en cuando daba gemidos excitados.

Después de lubricar todo mi culo sacó una zanahoria metida en un forro y me la ensartó completamente muy despacio. Era ideal porque iba desde lo más finito a lo más grueso, aparte de mi calentura y lo resbaloso del forro. La zanahoria debía tener varios días por lo que no estaba dura y parecía la consistencia de una pija: delicioso. Yo di un gemido de placer estremecedor, sentí el temblor que dio Carolina y su orgasmo por el hecho de hacerme eso. Ya impregnadas de nuestros fluidos, la zanahoria entraba solita y de a poco completita. Grité porque sentía mi culito partirse en dos, pero me gustaba. Sacaba y metía, primero suave para acostumbrar mi ano a su tamaño, después con mayor y asombrosa velocidad. Totalmente extasiada perdí la cuenta de mis orgasmos. ¿Me parecía a mi o Carolina lo sabía usar?

− ¿Caro, me pareció a mi o vos tenés una cancha bárbara con esto?
− Experiencia amor, esto es mejor que un consolador y mas barato. Los pibes ahora les gusta que les hagas el culito. Y si no se lo hacés vos, van a ir a buscar a un amigo que se los haga con una pija de verdad. Prefiero hacérselo yo.
− ¿Se lo hiciste a alguno de tus novios?
− ¿Cómo que alguno? ¡A todos! ¡Me vuelve loca! ¡Y a ellos ni te cuento!

Después de un rato ella dejó de encularme, cambio el forro de la zanahoria y reanudó el movimiento de cogerme por mi vagina, desde que Carolina me mostró su culo siempre imaginé y soñé con ese momento, ser penetrada por una pendeja sexy y sensual que no fuera tan bruta como los pibes.

Hicimos otra tijerita que terminó en otro orgasmo agotadoramente largo, desparramando gran cantidad de fluidos en las sábanas. Yo quedé exhausta y caí rendida entre las sábanas. A la mañana siguiente no me podía levantarme, mi concha y el culo me dolían muchísimo. Carolina me preguntó:

- ¿Como amaneciste?
- Bien, me encantó la violación anal de anoche.
− ¿Violación?, pero si sos una ninfómana calentona- Yo le respondí:
− Bueno vos no sos precisamente una frígida que digamos.

Fue un mes de dos cogidas por día. Siempre perdimos la cuenta de los orgasmos. Cuando volvimos a Córdoba, cada una en lo suyo, nos encontrábamos un par de veces en la semana. Papá y mi tía no podían creerlo, ya que nunca en la vida nos habíamos llevado bien para nada. Caro seguí haciéndose la santa delante de la madre. Hemos compartido machos varias veces y hemos disfrutado infinidad de tríos con varones que muy pocas veces se iban sin probar nuestra famosa zanahoria achucharrada. Hicimos tríos con otras chicas, algunas amigas e iniciamos a chicos menores que nosotras y pendejas también. Interrumpimos solamente cuando nos casamos una y otra. Nuestros actuales maridos nos probaron a ambas y la famosísima zanahoria. Cuando nuestros abuelos fallecieron nosotras nos hicimos cargo de la casa de Villa General Belgrano donde nos encontramos no menos de dos veces por mes, solas o con nuestros maridos.

sábado, 16 de octubre de 2010

La salteña

Ocurrió el último verano. Mi prima Natalia y yo, cansadas de la ciudad y dado que nuestros maridos no podían tomarse vacaciones de verano, decidimos irnos a la casa del pueblo. En las cercanías de Salta, nuestra abuela tenía una casona en el campo, muy coqueta, con el piso de lozas antiguas pintadas a mano y las paredes blancas pintadas con cal, como muchas de las casas que hay aun en el Norte.

La casa no la usaba nadie. Un muchacho nos la cuidaba y nos la mantenía, había unos cuantos árboles frutales, una pileta de natación donde solíamos bañarnos de niñas y también de mas mujercitas, porque era bastante grande y un gran área de césped verde, donde respirar aire puro y tomar sol.

Este chico se encarga de que todo esté como cuando nuestra abuelita aun vivía.
Al llegar a la casa Natalia y yo comentamos, como aquella casa nos recordaba a los bizcochuelos de la abuela que aun parecían oler por los pasillos, a las tardes de verano y en general a nuestra infancia, nos traía hermosos recuerdos a las dos.

Cada una se instaló en una habitación, ambas con ventanas altísimas, aunque lo cierto es que por esa época del año el calor es insoportable en Salta, así que le dijimos a Manuel, el hombre del mantenimiento, que nos llenase la pileta de natación para el día siguiente podernos refrescarnos, y así lo hizo.

Natalia y yo nos fuimos a descansar hasta el día siguiente. Las dos lo necesitábamos mucho, siempre estamos muy ocupadas con nuestros trabajos, los niños etc. Para ser dos chicas de 30 y tantos años, estamos muy estresadas, ya tenemos responsabilidades de profesión, familia, trabajo… En eso nos parecemos muchísimo, nos machacamos trabajando, no podemos evitarlo.

En el momento, que nos pusimos a preparar el desayuno llegó Manuel por la cocina, le pregunté si conocía a alguien que nos hiciera la comida y la limpieza por estos días que íbamos a estar allí, así estaríamos mas tranquilas. Manuel nos dijo que sin problemas Eliana, su mujer, pasaría por la casona durantes esos días a ocuparse de todo, lo cual nos pareció toda una maravilla porque era alguien de confianza y que conocíamos hace muchos años.
Manuel debe tener unos 36 años, su esposa Eliana, calculo que unos 35, son una gente estupenda, muy cariñosos y amables, ellos siempre han trabajado con la abuela y algunos de sus hermanos, pero cuando la abuelita falleció, solo Manuel se quedó a cargo del mantenimiento por orden de mi viejo.

Durante el almuerzo que nos preparó Eliana, por cierto exquisito, Natalia y yo estuvimos comentando, como cuando teníamos unos 15 años, cómo nos ponía Manuel, entonces el era el chico más grande fuerte, bronceado del sol, con los ojos negros y la piel muy morena, lo cual hacía sus dientes mas blancos… A esa edad nos tenía locas, dos niñas en plena edad de la calentura, observando todo el día a aquel muchacho tan macizo… Mi prima y yo recordamos lo calientes que éramos a esa edad, entre risas y carcajadas. A las dos nos dio mucho fastidio cuando Manuel se apareció con Eliana del brazo. Entre verano y verano se habían casado, se ve que la dejó embarazada y ya saben como son esas cosas por acá. Eliana también era una chica un poco mayor que nosotras muy hermosa, morena también, una larga melena lacia, muy delgadita, pero muy pechugona, con los ojos verdes y muy grandes que daban un aspecto salvaje a su rostro. Natalia y yo, coincidíamos aun estaban buenísimos ambos. Entre risas no sabíamos si era la calentura de estar sin nuestros maridos, o Manuel nos ponía re calientes a las dos.

Le pedimos a Manuel y a Eliana, que usaran alguna de las muchas habitaciones vacías que había en la casa, pues ir y venir al pueblo todos los días se les iba ha hacer un poco pesado y caro. Aceptaron porque lógicamente el viajecito era una paliza cada día.

Aquel día Natalia y yo, nos tomamos hasta el último rayo de sol, cada una en una reposera y alternando baños en la pileta para no achicharrarnos, aprovechamos para broncearnos. Yo llevaba una malla enteriza azul ya que quise ser discreta para no asustar a esa gente, pero mi prima llevaba una tanga blanca y negra. Lo cierto es que cuando se ponía culo para arriba o se untaba crema, noté que a Manuel los ojos se le iluminaban con la piel bronceada de mi prima. Esa tanguita la favorecía, con el pelo rubio, y además ella no tiene demasiado de pecho, pero si tiene un trasero bien macizorro y aquel chicose notaba que se estaba poniendo calentón con la Nati.

Se lo comente a Natalia con algo de picardía, ella, que es muy descarada, cuando se percataba de sus miradas, le abría las piernas para darle mejor visión, incluso se acariciaba de modo provocativo sus nalgas al darse vuelta.

− No seas calientapijas, Nati. Lo que se empieza se lleva adelante. Al pedo… ¡no!
− ¿Y que creés? Yo estoy esperando!– me dijo y nos reímos las dos.

Por la noche nos duchamos y nos pusimos nuestros piyamitas para ir a cenar. Después de cenar tomamos unas copas en el salón, incluso invitamos a Manuel y a Eliana a acompañarnos, pero Manuel no quiso pues se tenía que levantar muy temprano, a Eliana conseguimos animarla, no pasaba nada si se levantaba mas tarde. Nosotras no íbamos a madrugar tampoco y la casa estaba bien. Lo cierto es que a mi prima le dio fastidio que Manuel no se quedara, le dije que estaba loca, ¿Acaso ella iba ha hacer algo con él? Y menos con su mujer adelante. Era una caprichosa.

Fue noche de intimidades compartidas, en las que tanto Nati como yo nos confesamos mutuamente que nos había invadido la rutina con nuestros respectivos maridos, que eran machistas y poco compañeros.

Con los whiskys y el calor, Nati empezó a preguntar a Eliana por cosas de su intimidad, y la otra todo roja le iba contestando con la timidez del norteño.

− ¿Y tu marido la tiene muy gruesa Eli? − preguntó Natalia.
− Normal Natalia!! No sé…
− ¿Sí o no? ¿Es muy grande? − insistía Nati burlándose.
− Bueno, no me quejo ja,ja,ja – Contestó Eli entre risas, con la voz tomada ya por el alcohol.
− Debe darte los gustos ¿No?
− Je,je,je Sí… Es buen amante, me tiene muy contenta…para que engañarte.
− Debe ser todo un macho en la cama!!!
− Basta Natalia – le dije yo. – Dejá a Eliana en Paz, ella no tiene porqué contestarte a eso.
− OK, no te chives Anita…
− OK, no me chivo, pero vamos a dormir ya… - dije yo y nos fuimos todas a la cama.

No quería que al día siguiente se generara tensión entre ellas.

Cada una nos fuimos a nuestros cuartos, nos cruzamos con Manuel en el pasillo, era tarde para dormir, pero el se ya se estaba levantando, serían como las 5 de la mañana. Nos miró con cara de enojado a las tres, como un padre regañando, y sobre todo a Eliana, que se fue cabizbaja a la cama.

Yo ya no conseguía conciliar el sueño y me levanté mas o menos a la media hora para ir al baño, cuando por la puerta entreabierta del cuarto de mi Nati, pude ver algo que se movía, pensé que era ella despierta aún y me asomé con cuidado, cuando ante mi asombro, mi prima estaba desnuda y Manuel le estaba chupando toda la rajita, con gran ímpetu, lamía y lamía con desesperación, ella con cara de excitación se mordía los nudillos para no gritar. En unos instantes Manuel se incorporó mostrando su pijota, bien armada y en toda su plenitud. Su pija era gruesa y bastante grande, con el capullo rosado, no pude evitar excitarme al verla, pero mi prima no tardó ni un segundo en metérsela en la boca y comenzó a chupársela, él gozaba, agarró a Nati por el pelo, marcando el ritmo de su mamada, y ella se la tragaba entera muy encantada, debía darle en la garganta, pero se deleitaba la muy calentona, como seguro no se la mamaba al marido por lo que me había contado. Cuando él estuvo muy excitado, colocó a mi prima sobre la cama, y le frotó el clítoris con la mano un poco, colocó su pija a la entrada de la vagina de ella, y de una gran embestida se la metió entera, en ese momento Natalia dio un enorme gemido, y él le sujetó las tetas, la penetraba con ímpetu, en ese momento mi concha estaba palpitando, mojada, estaba re caliente , viendo como mi prima estaba siendo cogida por Manuel.

Mi prima le cedió su culo a su amante, el lo amasó, y estando mi prima en 4, colocó un dedo en su culo metiéndolo al máximo, luego lo sacó despacio y fue metiendo su gran pija en el culito de Natalia, ella sin problema alguno, permitió que aquello entrase entero en su culo sin mas. Esa misma noche me había dicho que su marido lo pretendía y ella se lo negaba terminantemente. Sin embargo no parecía una primeriza para nada.

Yo a veces hago anal con mi marido, pero no creo que me cupiese tal miembro por detrás. A Manuel, le gustó el culito de Natalia, porque aceleró el ritmo de su cogida del tal manera que en unos minutos, sacó la pija de ese gran culo, y acabó en las nalgas de Natalia, soltando gran cantidad de semen sobre mi prima, que se colocó el pijama y abrazó fuerte a Manuel, que dándole un beso en la frente, no tardo en empezar a vestirse también.

Asombrada salí corriendo de allí y me encerré con pestillo en el baño, y puse a llenar la bañera, disimulando. De repente di un salto, en el baño estaba Eliana, sentada en la tapa del inodoro, llorando, no la había visto ni si quiera. Había entrado por la otra puerta. Debía haberse dado cuenta del "affair" de Nati con su marido. Yo estaba metida en un buen lío, y mi prima que era la protagonista de aquel lío, se había metido en la cama, sin limpiarse ni si quiera los fluidos de Manu.

− ¿Qué te pasa Eliana? – Pregunté sin querer dar indicios de nada.
− ¿Has visto u oído lo mismo que yo? − era evidente que lo sabía
− ¿A que te referís? – dije haciéndome la tonta
− A Natalia con Manuel, en su cama, cogiendo − dijo, entre sollozos

Yo ya no podía disimular más

− Bueno Negrita, te entiendo, aunque eso se le puede perdonar a un hombre, es solo sexo.
− El me lo dijo, que se iba a voltear a la Natalia, para que viese de lo que era capaz una mujer borracha, para que ya no beba más…
− Que machista!! Que hijo de puta! − comenté riéndome en mi interior por la inocencia de Eliana.
−Él es así… cuando vos te fuiste a la cama se fue para el cuarto de tu prima, y me hizo ir detrás, dejó adrede la puerta entre abierta, se la empezó a chupar todo a la Natalia.

A Eliana le caían las lagrimas por la cara y yo no sabía que decir, porque yo me moría de risa, pero me daba lástima que fuera TAN tonta.

− Bueno Eli, lo primero es tranquilizarte, ya pensaremos en la venganza − Le dije, para ese momento la bañera estaba medio llena de agua tibia. – Ahora te das un bañito cuando se llene del todo, y te relajás…
− Que buena sos Anita, gracias de verdad,…
− Nada Negrita, somos amigas desde chicas– Bueno me voy para mi cuarto si quieres algo estoy allí …
− No, por favor, no me dejes sola Ana, que ahora me siento muy mal, acompañame un ratito ¿si?
− OK, no te pongas mas triste, no me cuesta nada…

Eliana, se quitó el camisón blanco que llevaba, era de un corte muy antiguo. Fue descubriendo su potente cuerpo de mujer, se quito el brassier y sus pechos morenos, cayeron apenas para que sus pezones aun mirasen al frente, tiesos del cambio de temperatura, con unas aureolas bien dibujadas. Se soltó su largo cabello negro, y se quitó la bikini. Su concha sin depilar, mostraba muy poco vello rizado, bastante ralo y muy femenino.

Se metió lentamente en la bañera, al levantar su pierna me dejó ver su concha rosada, preciosa, no se si era yo o la calentura, pero aquella mujer era muy hermosa, tenía un cuerpo espléndido. Se sentó en la bañera aun llorando, no reaccionaba, sumergió su cuerpo en el agua metiendo la cabeza, pero tus grandes tetas asomaban por el agua, salió como una sirena y siguió sentada.

Sin mediar palabra me puse champú en la mano y empecé a lavar su pelo, masajeando su cabeza lentamente como me encanta que me hagan a mí. Pocas cosas me ponen tan cachonda como eso. Ella agradecía, con gestos de tranquilidad en su cara, se iba calmando, ya no lloraba, cuando terminé con su pelo, alcancé el gel de baño y me eché un poco en la mano, empecé a frotarle la espalda, los hombros, el cuello. Era suave, resbalosa, sentía que mis manos se adaptaban a su piel. Me pregunté que me estaba pasando, pero no quería parar. Tomé coraje y le pase gel por sus senos, su vientre hermoso, sus muslos, y con miedo, temor y sumo cuidado metí mi mano en su sexo, y le lavé por los vellitos. No quería tocarle su intimidad, pero me moría por hacerlo. Yo chorreaba. Ella misma con los ojos aun cerrados, me abrió las piernas, me agarró la mano y me la llevó a su concha. Así que suavemente seguí la forma de sus labios, colé mis dedos en su rajita y llegué a su clítoris con suavidad, se estremeció como para recular, pero era demasiado tarde para retroceder, comencé a masajear su botoncito, con mi dedo, como si me estuviese tocando yo misma, Eliana daba pequeños grititos, la estaba masturbando casi sin pensarlo, no quise seguirla porque me desconocía a mí misma.

Nunca había estado en esas ni en mis más locas fantasías. Me dio una terrible vergüenza. Quería que la tierra me tragara. Entonces saqué despacio mis dedos de su conchita, ella abrió los ojos y me miró sonriendo.

− Lista Eliana ¿Estás mejor?
− Si, gracias Ana. Muchisimo mejor... − Dijo y se levantó para enjuagarse con la ducha.

Yo mientras pude observarla, tocando su cuerpo, me mostró de nuevo su raja, y me puse a 200, se terminó de enjuagar, se envolvió en una toalla que le acerqué y se vino conmigo a mi cuarto, para ponerse algo de ropa. Manuel estaba en el suyo y ella no quería verlo.

No quiso ropa interior ni nada, por no molestar, la muy tonta. Así que solo le dejé un camisoncito mío blanco de raso que le quedaba como a una reina. Tan morena le lucía, se le marcaban los pezones un montón. La dejé que se metiese en mi cama e incluso la arropé.

− Tranquila Eliana, hoy no hace falta que te levantes en todo el día.

Eran ya como las 8 de la mañana, pero no habíamos dormido aun, así que cerré las persianas y la puerta para que quedase todo oscuro y me senté en el otro lado de la cama, para no molestarla.

− Acostate a mi lado Ana, que a mi no me molesta, al contrario, no me acostumbro a dormir sola.

No dije ni media palabra, y me acosté a su lado. Pasó una hora más o menos y yo aun sin dormir, creo que era de mi propia excitación, vergüenza y miedo. ¿Qué pensaría mi marido de mí si lo supiera? ¡Qué horror! ¡Yo lesbiana! ¡Homosexual! ¿Cómo se lo diría a mi anciano confesor de 87 años?

De repente a Eliana, al darse una vueltas, se le bajó un tirante de mi camisón dejando una de sus tetas al descubierto, pude observarla bien, era preciosa, y la tenía justo delante. ¡Pero! ¿Qué estaba pensando? ¿Y si rezara?

Me entraron muchas ganas de probarla, pero no quise molestarla. Aunque estaba profundamente dormida, estaba rendida, así que acerqué mi lengua a aquel pezón, y lo lamí tímidamente. Al notar que Eliana no se percató, lo metí entero en mi boca y comencé a succionarlo al principio suavemente, luego con ímpetu, con ganas. No creo que fuera pecado. Aquella teta nutricia me alimentaba, alimentaba mi calentura atrasada, mi deseo y muchísimas eyaculaciones precoces de mi marido. Teta nutricia, pecado o no, pronto mis fluidos corrieron por mis muslos, metí mi mano en mi conchita, y mamé de aquella gran teta, mientras me hacía una tremenda paja, gozando extasiada. Debió ser la excitación, que ya me daba igual todo, mordía su pezón, lo apretaba con mis labios. No me importaba despertar a Eliana, ni que diría mi marido, ni el confesor que me retaba por todo. Estaba caliente. No con un tipo sino con una mina conocida mía de la infancia. No sé que me carcomía más si la culpa o la calentura.

Fue inevitable, mi compañera abrió los ojos, la miré tímidamente con su teta en mi boquita, y ella se sonrió.

− Seguí Anita y no vuelvas a pararte como hoy, por favor! – Me dijo y me agarró la cabeza como si fuese su bebé y se sacó el otro pecho ofreciéndomelo con cariño.
Me lancé a ella, me olvidé de mis pruritos, de rezar y de mi paja, mis manos eran para ella.

Me coloqué encima de Eliana, ella me quitó la blusa dejando mis pechos también al aire, se desprendió de mi parte de abajo, quedando desnuda para ella. A ella no le hizo falta, con los tirantes bajados, le asomaban las tetas por el escote, y el camisón arremangado me dejó su concha a mi disposición. ¡Que buena estaba! ¿Puede una mujer reconocer que otra está buenísima?

Mi piel contra su piel se fundían con tacto suave, ella mamaba mis pechos, yo los suyos, una hilera de saliva dibujada con mi lengua hasta llegar a su concha, sus flujos me sabían a arrope, ella gemía sin piedad, y yo mordisqueaba su clítoris para darle placer, pronto mis dedos penetraron aquella cálida concha que era diferente a la mía y que tampoco había parido. Suave y caliente también, ella arqueaba la espalda y se estremecía, yo la cogia con mis dedos, mientras le mamaba su botoncito, no tardé en chuparle el culo, sus gemidos cada vez eran mayores, decidí ofrecerle mi concha depilada, y me puse ha hacer un feroz 69 con ella. Me senté sobre su cara, ella delicadamente besaba mis labios vaginales, y los abría con los dedos para comerse mi concha.

Se disculpó por su impericia y me dijo que nunca había estado con una mujer. Eliana estaba gozando por primera vez del sexo en femenino, y yo también. Al principio tímidamente, luego cuando otra vez le chupé el culito, se atrevió mas y metió su lengüita dentro de mi concha.

Yo tenía toda la cara llena de su flujo, ella debía estar igual, le penetré el culito con mis dedos, y ella me ofreció los suyos para que los cabalgase en su cara, comencé a moverme encima de sus dedos como si saltara en la pija de mi marido, sin sacar los míos de su culo hundí mi lengua en su concha, chupándolo con grandes lametazos, hasta que Eliana acabó a chorros en mi boca. No terminaba nunca. Fue larguísimo. Me clavaba las uñas en mi piel. Gemía y se contenía. Al contenerse creo que era peor porque se realimentaba y allá iba de nuevo. Cuando se tranquilizaba tenía un espasmo y venía otra oleada. Aquellos fluidos me inundaron a boca, los tragué gustosa, sin dejar de cabalgar sus dedos, ella gemía cada vez mas alto, así le ofrecí otra vez mi rajita para mantener su boquita ocupada y mientras me succionaba el clítoris, yo limpiaba bien su concha, y de repente yo acabé también en su boca.

Estuvimos en esa como cuatro o cinco minutos. Creí que le había dado un ataque como de epilepsia.

− No boluda! − me dijo Eliana − Otra que epilepsia. Fueron como 20 ó 30 orgasmos al hilo. Fue terrible. Verdaderamente terrible. No fue en el clítoris. Venía de adentro y del culo. ¡Tan distinto! ¡Tan placentero! ¡Mortal y único! ¡Jamás en la vida!

Intenté levantarme para no inundarla pero, me agarró fuerte del culo, terminándose también todos mis jugos, hasta la última gota. Una vez hubo terminado su trabajo, me coloqué a su lado, y con la misma sábana le limpié un poco la carita.
Ella me besó con fuerzas, metiendo bien su lengua dentro de mi boca, yo me agarré de nuevo a su teta, me acunó contra ella y no recuerdo como pero así nos quedamos dormidas. Recuerdo que cuando me desperté aun con su teta en la boca, ella se ve que ya llevaba un rato despierta:

− Perdoná estabas despierta y yo…
− Nada Anita no te preocupes, estabas preciosa así. Me has ayudado mucho…
− Aun no he hecho nada por vos, pero me alegro que sientas que te has vengado. Eso sí perdoná mi descaro. Hace mucho que no estaba con una mujer, pero mi calentura…
− Primero, sí hiciste mucho por mi. Segundo, yo aun no me he vengado de nadie, por que no he hecho nada por despecho. Y tercero, me has hecho gozar de una manera increíble que me ha encantado, y nunca los hubiese descubierto si no es por vos.

Me dió un beso de nuevo, y yo otra vez me enganché a su pecho.

Al cabo de un rato, nos fuimos a la cocina a comer algo. Natalia, estaba tomando sol en el jardín y Manuel llegó del trabajo. Tampoco sospechaba nada. Besó a su esposa, y se sentó esperando la comida. Eliana me miró y sin que el nos viese me guiñó el ojo.

Menudos 15 días de sexo nos pegamos las dos. Me hice cargo de la casa para felicidad de mi viejo. Le doy días libres a mi marido y que no me rompa las que no tengo. Ahora, de vez en cuando me escapo unos días al campo, le doy unos días libres a Manuel, y le digo que me la mande para las comidas, para las buenas comidas que nos damos las dos.

viernes, 15 de octubre de 2010

Lucianito

Me llamo Susana. Siempre se me había hecho imposible de entender cómo había parejas que quisieran integrar a un tercero a sus actividades sexuales. Sabía que hay matrimonios que acostumbraba a hacer eso, no solo por los clasificados que eventualmente leía en los diarios y en las revistas eróticas que me divertía ojear de vez en cuando, sino también por historias que tienen como protagonistas a gente que conozco. Claro que eso último eran comentarios que escuchaba de otros y siempre quedaba la posibilidad de que se tratara de meros mitos urbanos. Pero estaba lejos de sospechar siquiera que un día me excitara frente a la situación de ver a mi marido con otra persona en la cama, y menos aún que esa persona fuera del mismo sexo que Augusto.

El había sido un verdadero pornógrafo antes de casarse, y si bien yo conocí la parte “sana” de su Augusto, con el correr del tiempo fui descubriendo las facetas oscuras de su pasado. Entre ellas la que más se destacaba era la fantasía que tuenía Augusto por cogerse a travestis y homosexuales afeminados.

Me enteré cuando en el nueva depto de ambos acomodé algunas cajas de mi marido, hallando, en una de ellas, cientos de DVDs con ese tipo de sexo. La sorpresa y el miedo me invadieron pues me pregunté con quién me había juntado. Debo reconocer que él ya me había confesado, algunos años atrás, que había fantaseado con culearse a chicos afeminados y a travestis, ya que se excitaba con la exageración de los modales femeninos, además de ser un obsesionado del sexo anal.

De hecho tuve parejas anteriores, pero dejé que fuera la pija de Augusto la primera que ingresara en mi trasero, descubriendo un nuevo mundo de placer. Así fui testigo de cuánto le fascinaba a mi marido prenderse a mamarme la cola, penetrándome con la lengua y hasta haciéndome tener orgasmos de esa forma.

Él me dijo que en una oportunidad se levantó a un travesti y se lo llevó a un hotel alojamiento, pero que una vez a solas con él le repugnó la idea de abotonarse a otro hombre, por lo que desde esa ocasión sus fantasías habían desaparecido.

Quizás otra mujer hubiera abandonado a Augusto por semejante perversión, pero yo estaba orgullosa de mi hombre en el rol de macho, por lo que pronto descubrí que me excitaba comprobar lo calentón que era y sumé la revelación a mis juegos: me masturbaba imaginando a mi hombre culeandose afeminados y transexuales, y cuando él me estaba cogiendo le pedía que me contara una y otra vez, y en detalle, las fantasías que había tenido en esa época.

- No quiero hablar más del tema, Susana − me dijo Augusto una noche de charla marital-. No puedo aceptar que mi mujer pretenda que me acueste con nadie y menos con un marica.
- Es que esto es diferente, no estoy pidiéndote que te acuestes con otra mujer, no tengo el morbo de quienes disfrutan viendo a su cónyuge teniendo sexo con otra persona, sino que siento que siempre va a estar el fantasma de tu fantasía conviviendo con nosotros, a menos que concretes algo que siempre te calentó.
- ¡Pero eso ya lo hice! −dijo ofuscado-. Te conté que una vez me llevé al telo al travesti más sensual que hubiera visto, pero finalmente me cayó la ficha y ni siquiera dejé que me palpara el bulto.
- Eso fue así porque se prostituía, no fue con vos por calentura sino por dinero. Muy distinto es si te llevás a la cama a un putito, pendejo, lindo deseoso de comerse tu pija.
- ¡No puedo creer que me estés diciendo estas cosas!
- Creeme, te vas a sentirte liberado si finalmente te sacás la leche cogiéndote a un mariquita, y yo me sentiría más tranquila, pues terminada la fantasía sé que solo vas a querer estar conmigo, y no bombeándome por el orto mientras pensás que te estás trincando a un travesti.
- ¡Carajo! ¡Jamás he pensado en algo así mientras te cojo!
- ¡Si, pero a veces me asalta el temor! Además te confieso - dije bajando la voz y poniéndome en gata seductora- me re calienta la idea de que le calmes la calentura a un putito clavándolo con esa pija divina que tenés.
- ¡Ufff! ¡No puedo seguir hablando esto! No te preocupa mi fantasía sino que te da morbo a vos. Me voy a trabajar, realmente me asustás.

Tras ese tipo de conversaciones debo admitir que mis temores pasaban a segundo plano, mientras que en realidad mi obsesión se centraba en ver a Augusto montándose a un mariquita hambriento de pija y sacudirlo hasta sacarse la leche. Si a ellos les gusta ver a dos minas matándose, por que a nosotras no nos puede gustar ver a dos tipos haciendo lo mismo…

Dicen que el ocio es la madre de todos los vicios: me metí en Internet y aprendí sobre los placeres de los homosexuales pasivos. No tardé en reconocer que estaba buscando al putito más afeminado, para entregárselo a mi marido servido en bandeja de plata.
Visité foros, salones de chat, blogs, páginas de contactos y otros portales similares, trabando conversaciones con homosexuales que fomentaban más mi morbo. ¿Acaso estaba alimentando una fantasía, al igual a lo hecho por mi marido tiempo atrás?

¿Terminaría condenándome y arrepintiéndome de por vida en caso de que lograra convencer a Augusto? Todo podía ser, pero yo estaba dispuesta a llevar hasta las últimas consecuencias aquello, aunque significara un divorcio lleno de traumas.

Una mañana en la que despuntaba mi nuevo hobby en internet, me encontré con un clasificado que me provocó un deja vu:

“Me llamo Luciano, pero siento que soy Luciana, porque siempre me gustaron los hombres bien masculinos. Tengo 18 años, soy pasivo y afeminado, y quiero conocer hombres que me traten como a una hembrita caliente. Soy delgado, bajito, lampito, de piel muy suave, colita redonda y parada, bien de nena. Tengo rasgos femeninos, labios carnosos y hasta voz de chica. Me gusta usar lencería y ropita que destaque mis atributos traseros. Tengo muy poca experiencia por la colita y me gustaría que algún macho me enseñe”.

De inmediato tuve la sensación de que Luciano era lo que buscaba y le envié un mail:

“Hola Luciano, perdón, Luciana. Me llamo Susana y soy mujer, pero igual te escribo pues desde hace algún tiempo tengo el morbo de ver a mi marido con una personita como vos para que nos saquemos las ganas, ya que tenemos muchas fantasías con travestis y chicos afeminados. Mi marido es un experto culeador. Te cuento que nunca quise tener sexo anal hasta que él empezó a chuparme la cola, cosa que le encanta hacer. Bueno, espero me respondas. Un beso”.

La respuesta no tardó en llegar:

“Hola Su!: Gracias por escribirme! Me ha gustado muchísimo lo que me contaste y te envidio! Qué gusto debe ser tener a un macho así que se desviva por hacerte la cola todo el tiempo! Me calienta mucho la idea de ser el putito (no me ofendo, me encanta que me digan así) que le lleves a tu marido. Quiero ser la nena muy sumisa de un macho calentón que se quiera dar el gusto con mi culo. Te adelanto que no tengo mucha experiencia por atrás porque las veces que me han intentado coger me ha dolido y he pedido que me la sacaran, así que solo lo me han puerteado, pero sí he chupado varias pijas y te juro que me muero por sentir una en mi cola. Te mando unas fotos para que veas lo linda que soy, besos!”

Cuando vi las fotos no tuve dudas de que había encontrado al putito ideal. Luciano era delgadito, rubieito, con una cara que delataba su homosexualidad por los rasgos femeninos. Constaté que no había exagerado ni mentido sobre su cuerpo, pues era delgadito, menudo y su cola, no muy grande, era redonda y pulposa. No tenía vellos, por lo que estimé que consumía hormonas femeninas y que se depilaba. En una de las fotos se lo veía arrodillado y con las manos apoyadas en el suelo, levantando su cola, que apenas cubría con una bombachita. No pudo dejar de imaginar a Augusto atr�ás de ese mariquita, bajándole la tanga para hundirle la verga hasta los testículos. Mientras pensaba eso me mojé y sin pensarlo fui al baño de la gerencia de la oficina, donde me masturbé sintiendo el agua tibia del bidet acariciándome la vagina.

Del intercambio de mails pasé a chatear con Luciano, manteniendo largas charlas en las que elogiaba la sexualidad de Augusto, especialmente cuando de sexo anal se trataba, como también describí la forma y sabor de la pija de mi esposo. Luciano, por su parte me pidió las fotos de Augusto. Entre los archivos que le mandé a Luciano había muchas fotos de la pija de Augusto.

Una noche en la que Augusto salió para comer un asado con sus amigos, lo llamé a Luciano. El putito se emocionó al escucharme por primera vez. Las charlas se sucedieron en otras ocasiones y cada una de ellas nos sumaba calenturas a Luciano y a mi. Augusto seguí sin saber nada.

Un día decidí pasar al siguiente nivel para no dejar que otro desvirgara a la marica. Así que tras algunas averiguaciones, lo llamé:
- ¿Conocés Rio Escondido? Ahí cerca de Luján…
- Sí, he ido con amigos varias veces. Queda cerca.
- Hay unas cabañas metidas en un campo, se llaman El Remanso, ¿te suena?
- Sí, pero nunca fuimos.
- ¿Te gustaría pasar el próximo fin de semana allí con nosotros?
- ¡Uh, sí! ¿Por qué me preguntás?
- Porque vamos a ir el viernes con Augusto y volvemos el domingo. Te invito a que vayas para hacer lo que hemos estado fantaseando.
- ¿Este fin de semana?
- Sí, quiero verte ya mismo con mi macho.
- Pero no tengo plata y…
- Vos hacete cargo del viaje que no es mucho. En la terminal de Luján va a haber un remisse esperándote para llevarte a las cabañaas. Yo voy a dejar una paga para vos el viernes y el sábado. El domingo quiero tener a Augusto para mí sola.
Esa misma tarde, recibí un SMS de Luciano:
Hola, Su! Ya tengo mi pasaje a Luján. Llego el viernes a las 11.

Mi respuesta fue inmediata.
“ Acabo de alquilar las cabañas. La nuestra es la 6 y la tuya la 7, están al lado. Apenas llegues a la terminal habrá un remisero esperándote. Apenas llegues vení a la 6.

El Remanso no nos era desconocido, ya que en varias ocasiones nos habíamos alojado allí. La favorita era la 6 ya que estaba más alejada que las demás y eso nos permitía sentirnos absolutamente solos, practicar el nudismo y coger al aire libre.

Llegamos a la 1 de la tarde. Estimé que Luciano ya estaría en la cabaña 7, lo que confirmé sutilmente al conversar con Ofelia, la casera: “Tenemos todo completo, ayer llegaron dos matrimonios con sus hijos y esta mañana un chico jovencito solo. Re mariquita, primero pensé que era una nena. El alquiler lo pagué por Internet, por lo que Ofelia nunca se enteraró que yo había llevado al nene-nena.

Pasé por la cabaña 7 y vi a Luciano tomando sol boca abajo. Era más lindo que en fotos, delgado, menudo, delicado. Al acercarme me asombré por la cola. Tenía una zunga roja que realzaba su culito divino.

- Hola, Lu − le dije.
- ¡Hola! − Me respondió el pendejo, feliz de verme- Al fin nos conocemos.
- ¡Qué cuerpito que tenés! ¡realmente sos una princesita! − le dije.
- ¿Sabe tu marido que estoy aquí? − preguntó él.
- No, querida! ¿te puedo decir así? Augusto no sabe nada, pero no te preocupes que todo va a ir bien. Disfrutá de todo, bañate y relajate. Luego, a eso de las 4 de la tarde, pasá por nuestra cabaña como si dieras un paseo, entonces lo vas a conocer.
- Pero va a querer? − me preguntó algo desilusionado.
- Lucianita, hoy no va a pasar nada, pero puedo asegurarte que mañana vas a tener a mi esposo muy metido en tu colita.

Augusto hacía un asado en la parrilla, mientras yo preparaba la ensalada y almorzamos a la una. Lavamos los platos y nos recostamos en la cama un rato, dormimos mientras disfrutábamos de una suave brisa sur que se colaba por la ventana. Yo en realidad no pegué un ojo. Mi mente estaba fija en otro asunto. A las cuatro lo desperté a Augusto para ir a la pileta.
Nos tiramos al agua y nadamos algunos minutos. Cuando subí por la escalerita le pregunté:

- Amor, te sigue gustando mi cola?
- Claro, siempre me has gustado. ¿A qué viene la pregunta?
- A nada… es que a veces pienso que estoy gorda. ¿Cómo me ves la cola?

Yo sabía que Augusto no podría resistirse mi indirecta, y lo confirmé al oír el ruido del agua, anunciándome su acercamiento. Un segundo después sentí sus manos agarrándome el culo.

- Amor! Tenés el mejor culo del mundo y nunca voy a dejar de celebrar que haya sido yo el que te lo abrió.
Acto seguido, le apreté la cara entre las cachas y sentí la lengua de Augusto en mi ano. Me relajé para permitirle la entrada de la lengua en mi orto. Vi que mi marido tenía la pija dura, como le sucedía cada vez que me chupaba el culo.

- Ponémela, amor.
- ¿Vamos a la cama?
- No, acá, culeame.
- ¿No querés por la conchita primero?
- No, tengo ganas de que me tapones el ojete ahora.
- Bajate entonces.

Me llevó a un costado de la pileta. Sentí como me iba entrando aquel pedazo de carne dura y caliente. Me dolió un poco, por lo que se moví para sacarme un poco la verga, para luego volver a recular y lograr así que se me metiera más. Repetí dos o tres veces el movimiento, hasta sentir los testículos de Augusto apretados en mi cola.

Estábamos en esa cuando se apareció Luciano puntualmente. Vestía un short de jean muy cortito y apretado y una pupera negra también ajustada, cubriéndose del sol con un sombrerito rojo. Calzado en ojotas avanzó decidido y aparentando estar distraído.
- ¿Y ese bicho raro? − Me dijo Augusto, sorprendido.
- Un mariquita que está en la cabaña de al lado, hoy lo conocí cuando fui a pagar.
- Salgamos, estamos en bolas y abotonados.
- Quedate adentro mío, no nos ver!.
- ¿Qué no? ¡Si ahí viene!
- Quedate, por favor, no me la saqués! me excita que nos vea!

Le apreté la pija con los esfínteres y Augusto se resignó para no ponerse en evidencia.
- Hola! −saludó Luciano, acercándose-. A usted ya la conocí esta mañana, señora.
- Hola, querida… perdón, querido! ¿cómo estás? Soy Susana y él es mi marido, Augusto, y vos te llamabas…
- Luciano.
- Hola! − lo saludó Augusto, parco.
- Estoy solo y salí a dar un paseo. Esto es bonito, pero estaba un poco aburrido y… Disculpen… Veo que los estoy interrumpiendo! Después los veo.

Sonrojado, Luciano regresó a la cabaña 6.
- ¡Se dio cuenta! −exclamó Augusto.
- Sí, y me hizo calentar mucho, pobrecito, seguro que fue a meterse los dedos en la cola por la envidia que me tuvo. Imaginate, a una mariquita así… le encantaría que un macho como vos lo tuviera enculado como me tenés ahora a mí.
- ¡Sos una perversa!
- Sí, decime que ahora te molesta! A vos también te calienta! Te siento tu pija más hinchada que recién? Decime… ¿No le harías el favor a un putito tan rico como Luciano?
- Ya empezaste de nuevo! me prometiste que te ibas a dejar de joder con eso… No soy soplanucas…
- No te hagas el santurrón que bien que te pajeabas con la fantasía de culearte a un trolito − le corté yo, moviéndome para incitarlo.
- Fue en una época de confusión, ahora solo me calentás vos.
- ¿Viste que lindo culito tenía el pendejo? Cola de nena, de minita calentona. Y vino solito! ¿no te dan ganas de llevártelo adentro para llenarle el culito de leche?
- ¡Que puta pervertida! −me gritó Augusto, llevándome con la pija adentro del orto hasta los escalones, saliendo del agua hasta la altura de las rodillas y haciendo que buscara apoyo con las manos en el borde. Seguidamente me empezó a bombear con saña.

- ¡Mirá, putita, entendé de una buena vez que el único culo que quiero es el tuyo… Zorritaa degenerada… comete esta pija!
− ¡Quiero verte cogerlo! ¡muero por verte cogerlo! − terminé la discusión.

Augusto se fue a bañar y yo empecé un diálogo con Luciano por SMS:

Yo: Viste cómo me hacía la cola?
Lu: Si.
Yo: Te gustó?
Lu: Muchísimo.
SYo: A las 9 de la noche puntual vení a la cabaña. Vestite lo más nenita que puedas.

Inventé una repentina jaqueca para evitar el polvo de la merienda, ya que quería que Augusto estuviera bien alzado para la noche. Pasadas las 20 le dije que me sentía mejor y que tenía ganas de jugar. Le preparé un jugo de naranja en el que le eché un viagra pulverizado, y le pidi que abriera una botella de champán mientras encendía un porro para fumar a medias. Con la bebida espumante, la hierba y las ganas, ambos comenzamos a transar en la cama. Yo lo comencé a pajear a Augusto mientras nos chupabamos las bocas, cuando escuchamos pasos de ojotas en la entrada.

- Vino alguien −dijo Augus, preocupado.
- Sí, me olvidé de decirte que tendríamos visitas. Esperame.
- ¡Susana! ¡Estás desnuda carajo! − me gritó, tratando de detenerme.
- ¡Shhh! ¡Loco! ¡No te preocupes!

Fui a la puerta a recibir a Lu:

− Hola, princesita, pasá, vamos a tomar champaña con mi marido.

Por suerte Augusto estaba lo bastante fumado como para reaccionar rápido, por lo que lo encontramos tendido en la cama y con la verga dura.

- Amor, ¿te acordás de Luciana? La invité a tomar algo con nosotros ya que está muy solita.
- Pero… Susana! qué es esto? − me preguntó.
- Mirá, princesita − le dije a Luo ignorándolo a Augusto- ¿Habías visto una cosa tan caliente como esta alguna vez?

Le agarré la pija a Augusto y continué con la masturbación que interrumpiera momentos antes.

- ¿Estás loca? − me decía él.

Como respuesta, lo miré maliciosamente y me metí su pija en mia boca, chupándosela.
- No finjas, amor, si hoy me diste como nunca por la calentura que te agarraste al ver a esta hermosura… ¿Viste qué bonita es? Parece una muñequita y además es virgen! Tiene el culito cerrado y yo te la regalo para que se lo abras, como lo hiciste conmigo. Acercate, Luly… enseñale la colita al Tío Augusto...
- Pero… pero… -protestaba Augusto.

Le volví a chupar la verga, mientras el putito me miraba alucinado, con los ojos brillantes de lujuria. Me obedeció y se colocó junto a él, mostrándole la cola que cubría con unas calzas de mujer cortas de color blanco, que marcaban la bombachita que tenía abajo.

Sin dejar de chuparlo, le tomé la mano a mi marido y se la coloqué en el trasero del putito.

- Tocá, amor, ¿viste que culito más durito? ¿te gusta la mariquita que te trajo mami?

Mientras volví a las mamadas. Para mi alegría Augusto comenzó tímidamente a manosear el culo del putito, que se regocijó con la aceptación de mi hombre y se olvidó sus temores de haber viajado en vano.

- A ver, Lucianita… −le dije al putín− mostrame cómo la chupás así aprendo.

El trolito se inclinó, me miró buscando aprobación, y ante mi sonrisa perversa comenzó a lamerle el tronco duro de la pija de la que había estado soñando durante semanas.
Augusto me miraba atónito con los ojos desorbitados. El mariquita se la estaba engullendo chupaba muy bien. Yo noté que me estaba mojando.

Avancé de rodillas hasta ubicar mi entrepierna sobre la cara de Augusto, corriéndome la tanga roja.

- Esto no es un 69 pero es muy parecido, ¿no crees, vida?

Me bajé hasta colocarle la concha en la boca. No pasó un segundo cuando él ya estaba succionando y lamiendo mi vagina mientras Lu le pegaba una lamida que no sé si lo calentaba más a él o a mi.

- ¿Te gusta la putita que te traje, amor? − le pregunté, bajándole las calzas a Luciano y dejándole al desnudo las redondas nalgas rosadas entre las cuales se perdía una bombachita blanca. −¡Pero mirá qué culito que vas a desvirgar, mi vida! Le vas a cambiar la vida a este putito, que se va a volver con el orto lleno de tu leche.

Al oír eso, Luciano se excitó aún más y aceleró la velocidad de su succión, mientras que Augusto me chupaba con más ganas la concha. Yo no pude aguantar mucho y acabé como una yegua.

- Basta, princesita! –ordené yo-. Desnudate y subite a la cama que el Tío Augusto te va a dar besos en el huequito.

Mientras el mariquita obedecía sin decir palabra, y sin retirar los ojos de la hinchada verga, me recosté junto a mi esposo, besándolo en la boca.
- ¿Te la chupa bien, papi?
- Sí, casi tan bien como vos, mi vida.
- Mentiroso −me reí-, este mariquita te la debe mamar mejor que cualquier mujer! y ahora vos le vas a chupar la cola para dilatársela y lubricársela! vos de aquí no te vas con el ortito sano, Lucianita.

El mariquita gimió como con un sollozo. Tal era la calentura de aquella situación. Luciano estaba como drogado, como si también hubiera fumado marihuana. Lo perdía y dominaba el hecho de que una mujer dejara que su esposo lo cogiera, y lo volvía loco de deseo comprobar que el hombre estaba dispuesto a culearselo.

- No te podés quejar de nada, Papi − le susurré yo-, este putito tiene un culo más meneado que el de una quinceañera! saborealo, papi, chupáselo, quiero verte porque me caliento de nuevo.

Luciano, totalmente desnudo, se arrodilló en la cama, abriéndose de piernas y levantando su trasero mientras recostaba su cara sobre una almohada. Augusto le separó las cachas, descubriendo el agujerito rosado sin pelos y cerrado. Parecía el culo de una adolescente. Todo Luciano parecía una nena, si no fuera por el pequeño pene que le colgaba adelante. Augusto ni se lo miró, sus ojos estaban hipnotizados por el agujerito.

Aplicó sobre sus labios, iniciando una suave succión mientras la lengua se paseaba como un pincel por el aro de aquella belleza. Luciano suspiró profundo con esa caricia. Instantes después se estremeció al sentir la lengua metiéndose en el hoyo.

Yo, en tanto, me coloqué debajo de Augusto y le busqué pija. Estaba por acabar de nuevo. El putito gemía. De pronto me salí y le dije a Augusto:

- Culeátelo, amor.
Él me miró. Estaba caliente, mambeado, perdido, ya no era un hombre, sino un animal alzado, alborotado.
- Sí, culeátelo, rompele el orto, hacelo gozar!
− Alcanzame un forro − me pidió él.
− ¡No! Culeátelo así nomás, él quiere tu leche adentro! Está sanito.
− Qué???????? Cómo sabes????????????????

Augusto dudó unos segundos mientras me miraba algo incrédulo. Luego se volvió al putito, que abría más las piernas. Augusto se tomó la pija, se sentó en el borde de la cama. Lo hizo levantar y se lo puso a upa. Le apoyó la cabeza en el ano. La frotó, hundió la punta, volvió a frotarla y apoyó otra vez más la cabeza en la entrada.

- Aflojate − le dijo Augusto− no hagas nada de fuerza! dejala entrar y no te va a doler nada de nada, ¿sí?
- Sí −musitó Luciano casi en un ruego.

Augusto empujó, y con trabajo el glande comenzó a metersela en el culito, que intentó cerrar por instinto, pero Augusto aumentó la fuerza y entonces la cabeza traspasó el aro. Luciano gritó.

- ¡Ay! Ay! me la enterraste toda! − dijo Lu.
- Toda no, solo la cabeza, pero te la va a meter hasta los huevos − lo corregí.
− Me duele! me duele! Ay! Ay! es muy gruesa!
− Shhhh − le dijo Augusto-, te dije que no hagas fuerza, relajá el culo.

Le sacó la pija con cuidado, pero antes que Luciano dijera nada, se la metió de nuevo, haciéndolo gemir. Repitió la acción un par de veces más, logrando así que los esfínteres fueran relajándose. Cuando volvió a meterle la cabeza de la chota empujó un poco más hasta introducir la mitad del tronco. El trolito volvió a gemir como una nena.

- Mmmmm! Papi! qué caliente estás! desde ahora mami te va a buscar mariquitas como Lucianita para que le abrás la colita! y esta mariquita nos mandar a todos sus amiguitos putitos para que prueben la verga de Augusto, ¿verdad, princesita?

Yo me frotaba fuerte el clítoris buscando mi séptimo orgasmo. Tanta calentura me daba ver a mi hombre culeándose a un trolito afeminado, que no necesitaba tocarse para volcar.

Augusto, había avanzado más, al punto de lograr meterle toda su pija en el culo del trolito. Augusto pegó su pecho a la espalda del chico, hizo que su boca llegara al oído.

- Ya dejaste de ser virgen, bebé ahora tenés el culitoo abierto y seguro que te vas a comer millones de vergas! pero jamás vas a olvidar mi guasca, como yo jamás me voy a olvidar de tu culito virgo…

- ¡Ay! sí me gusta! amo tu guasca… dame… dame… quiero guasca!
- ¡Así! − lo animé yo-, ¡así, princesita, gozá a este macho que te esta abriendo bien el culito…

Augusto estaba bañado en sudor y su rostro estaba transfigurado hasta convertirse en una máscara de calentura más pura y terrible. Le di un beso intenso, desesperado, y violento.

- ¡Me hago pis! me hago pis! me hago pis! − gimió Luciano.
- Meate acá − le ordené.

En realidad me imaginé que la pija de Augusto le estaría presionando la próstata y que por eso decía que se hacía pis. Dicho y hecho. Primero le salió líquido preseminal y después acabó como una fuente. No terminaba nunca de eyacular. Cuando vi eso, yo tuve otro orgasmo. Augusto también le acabó al putito.

− Lo siento! Lo siento adentro! Lo estoy sintiendo!

Indudablemente Augusto le estaba acabando adentro. Lu no se sacó la pija de Augusto sino que empezó a bajar y subir de nuevo. Se le paró la pija. Augusto se la agarró y se la masajeaba entera. De pronto Lu, volvió a gemir y acabó otra vez…. ¡Lo qué es la edad!




- ¿Acbaste fuerte, papi? No se la saques! quedate así, bien abotonado, porque tenés ganas de seguir dándole, ¿verdad?
- Si… creo que aunque quisiera no se la podría sacar. Lo tengo abrochado.

Al decir esto y saber que tenía mi aval, Augusto recobró la iniciativa y empezó a bombear otra vez a Luciano, que balbuceaba ya sin fuerzas, pero no por ello sin ganas de seguir sacándole leche a ese hombre alborotado.

Por un momento temí que fuera cierto el mito de que los humanos también se quedan abotonados cuando practican el sexo anal, pero su morbo aumentó y empezó a masajearle la chota al pendejo que se le paró de nevo. A los dos o tres minutos acabó por tercera vez. Augusto cumplió el sueño de todo hombre ya que acabó dentro del chico otra vez sin sacarla.

Augusto se relajó y dejó que el putito se liberara de su pija.

- Paso al baño −dijo el chico, con las piernas temblorosas.
- Mmmmmh! Muñequita… ahora ya sos una verdadera mariquita… Sos nuestra mariquita − le dije yo.
- Sos una perversa −respondió Augusto sonriendo.
- Vos me hiciste así, ¿querés cogertelo otra vez?
- No, ahora quiero tu conchita y tu culo.
- Princesita… ahora descansá porque Tío Augusto la va a culear a ella. Observá!

Luciano nos dijo.
- Me encantó muchas gracias!

Augusto me copio por el culo. Lu observaba y se tocaba.

Durante el fin de semana, Augusto se lo cogió cuatro veces. Cada vez más fácil que la anterior. Yo me sumaba pajeándolo a Lu, que respondía siempre con chorros espectaculares. Por cada cogida de Augusto a Lu, yo acabé tres o cuatro veces.

El Domingo lo llevamos a la casa porque le dolía todo. Un par de semanas después lo trajimos una semana a casa y nos divertimos transformándolo en una nena hecha y derecha. Ha traído a sus amigos y amigas y la verdad es que nuestra vida sexual se ha vuelto diez veces más intensa y excitante. El próximo nivel es que uno de los pendejos se lo culee a Augusto. Sé que lo voy a lograr. El goza y yo tengo orgasmos solamente viendolos. Que calentura! (Escribiendo esto acabé dos veces).