viernes, 24 de septiembre de 2010

Cambio de roles

Antes de relatar esta experiencia, me voy a describir un poco. Vivo en Rosario, soy rubio, 1,70, 62 kg., 33 años, soy licenciado en administración de empresas y me desempeño en un hospital.
Esta historia comenzó hace algunos años cuando conocí a una chica muy bonita llamada Sandra, con la que rápidamente congeniamos, de hecho congeniamos tanto que al poco tiempo nos fuimos a vivir juntos. Las cosas nos iban bien y teniamos una variada y placentera vida sexual. Una noche antes de dormir me preguntó si estaba dispuesto a llevar adelante una experiencia nueva. Conociendo su gran liberalidad sexual me esperé cualquier cosa, pero igualmente, me sorprendió.
Me propuso un "cambio total de roles", por lo menos una vez en la vida, ella haría el papel de varón y yo el de mujer. Lo que quería era penetrarme con un arnés, que por mi experiencia, es una de las fantasías favoritas de las mujeres. Quedé en responder lo antes posible. Consultando discretamente con amigos de confianza me di cuenta que no era una idea descabellada, a todos, tarde o temprano les habían pedido algo así o similar con un consolador o dedo curioso.
Al fin y al cabo era mi pareja y la idea comenzó a excitarme. Esa noche al llegar le dije que su propuesta me excitaba mucho y que estaba dispuesto a hacerlo. Rápidamente planeó todo.
Ese sábado me depiló todo el cuerpo, no me dejó un solo pelo. Al día siguiente me pidió que le prepare ropa mía para que ella utilice al vestirse de varón. Ella por su parte me daría un juego de ropa femenina de mi talle, que aunque soy petiso y flaco es mayor que lo que usa ella. Yo dejé las prendas en una habitación y ella en otra para vestirnos por separado y sorprendernos mutuamente. Cuando entre en la habitación que me correspondía encontré un justo y apretado vestido negro, medias al muslo y tanga haciendo juego, junto a la ropa había un pecho artificial femenino con dos grandes tetas acabadas en enormes pezones rojos, que debía colocarme sujetándolo por los hombros. Me coloqué ese pecho con cuidado, las tetas parecian reales y se me veian muy bien. Las medias mejoraron mi aspecto femenino, la tanga era tan diminuta que apenas me cubría la verga que ya tenía super dura de calentura. Me puse el vestido que me quedaba un poco amatambrado y bajo las ropas encontré unas extensiones rubias de mi color que me coloqué lo mejor que pude con unas hebillas con las instrucciones. Como no tenía idea de cómo maquillarme solo me pinte los labios y me puse rimmel. Me miré al espejo y me encontré bastante sexy y femenina. Salí de la habitación y encontré a Sandra que tenía una peluca de varón, muy corta y sus grandes tetas parecian haber desaparecido. La ropa que le dejé le quedaba un poco grande, pero pasaba. Me tomó de la mano me llevó al baño y me maquilló correctamente, para lo que tardó una eternidad. Cuando me vi!!!!! Ahora sí era una mujer y hasta linda!
Tras mirarnos larga y detenidamente, para ver como habíamos cambiado, fuimos al dormitorio. Coloqué detenidamente mis manos sobre sus nalgas sobándole descaradamente el culo, me miró sorprendida...
−¿Qué hacés putita?, tus manos van acá...
Puso mi mano derecha sobre su entrepierna y palpé un bulto enorme y duro. Puso sus manos sobre mis nalgas acariciándome suavemente el culo...
−¿Te olvidaste quien es tu macho? El culo te lo manoseo yo. Para eso sos mi hembra...
No olvidé más que yo era la mujer y empecé a comportarme como tal. Me empujó sobre la cama y me besó con ganas mientras me acariciaba todo el cuerpo. Se notaba que estaba muy caliente y yo estaba más que ella...
−Ahora soy tu macho y voy a hacerte mi mujer ¿Querés que tu hombre te rompa el culo puta?
− Si papi soy tu hembra y quiero que me des verga todo el día. Haceme tu puta
Eso la puso más caliente todavía. Me sacó el vestido y se prendió con la boca a mis pezones artificiales...
−¡Que buenas tetas tenés yegua!
−Si papi son tuyas chupalas que me vuelve loca...
Se paró junto a la cama y se quitó la camisa que llevaba. Se había colocado un corsé alrededor de sus grandes tetas y su pecho aparecía tan plano como el de un varón. Se quitó los pantalones, el calzoncillo que le dí le daba un aspecto imponente. Me ordenó que sea yo quien le saque ese calzoncillo. Apenas lo deslicé hacia abajo por sus piernas saltó, libre de su encierro una verga artificial, mucho más grande que la mía, sostenida a su cintura por un arnés de cuero. La verga, perfecta imitación de una real se mantenía totalmente erecta entre sus piernas. Así sin tetas, con peluca de varón y con esa enorme verga en su entrepierna, Sandra realmente parecía un macho dispuesto a poseer a su hembra. Se tiró sobre mí. Me besó y acarició apasionadamente, fue bajando dándome pequeños besos por mi pecho y estómago hasta llegar a la tanga. Me miró con malicia y me la arrancó con los dientes. Me hizo dar vuelta en la cama, en la posición del perrito y me susurró al oído...
−Voy a culearte, te voy a poseer como un macho se posee a la hembra que desea
Sus dedos comenzaron a recorrer mi canal, e intentaban introducirse en mi orificio virgen. Tras no lograrlo a los primeros intentos sentí como desparramaba un líquido frío y lubricante para abrirlo.
−¡Que estrecha que sos nena, voy a partirte al medio!
−Con cuidado papi, no me hagas daño...
Me aplicó una dura palmada en las nalgas, al mismo tiempo empujó con tal ímpetu que me hizo tragar las palabras. Mi cerrado agujerito cedió y colocó dos dedos en mi interior
−Silencio puta, esperé mucho este momento y voy a hacerte mía aunque te rompa en pedazos...
Estas palabras me dieron un poco de temor, pensé que se estaba vengando por todas las veces que le rompí el culo a ella. Lentamente me fue dilatando hasta que logró meter cuatro dedos en mi culo. Los retiró con delicadeza y entonces sentí la gran cabeza de su verga de latex presionando mi culito.
− Sentí a tu hombre entrar en vos putita...
Ya totalmente entregado y asustado pero al mismo tiempo muy excitado le respondí...
− Si papi dámela toda
Apoyándose en mis caderas empujó con fuerza y sentí la cabeza abriendo mi esfínter. Un dolor agudo me recorrió, tan agudo que casi se me escapan algunas lágrimas. Quise escaparme. Me sujetó por las caderas y con otro fuerte empujón mi culito desgarrado cedió y la cabeza entró toda.
−Ya pasó lo peor nenita, ahora se va ir deslizando solita hasta los huevos, el dolor va a ir pasando.
Mientras me decía esto me empujó por los hombros hacia abajo, con este movimiento mi culo quedó empinado y a su entera disposición. Tal como dijo sentía la verga deslizarse lentamente hacia mi interior. Cuando le pareció apropiado avanzó con sus caderas con fuerza y sentí sus huevos golpeando la entrada de mi ya roto culo.
− De ahora en más sos mi mujer...
Tras aguardar unos minutos comenzó a sacar y meter la verga. No lo hacía bruscamente sino muy despacio. Sacaba una pequeña parte y la metía. En cada embestida iba alargando la porción que salía de forma que siempre cada vez más centímetros recorrian mi interior. Esta delicada forma de actuar hizo que el dolor desapareciera rápido y lo comenzara a disfrutar. El movimiento de vaivén en mi culo me hacía ver las estrellas de placer.
− Me gusta mucho tu verga papi, quiero más...
− Yo sabía que te iba a gustar mi putita. Ahora sos mía para siempre...
Tras unos minutos de verdadero placer sentí como una corriente eléctrica que me recorrió la columna vertebral hasta la cabeza, caí como desmayado de tanto placer. Sandra me retiró la verga y me hizo dar vuelta.
−Me alegro que hayas gozado tanto, ahora dejame metértela de frente para verte la cara mientras te culeo.
Colocó mis piernas sobre sus hombros. En esta posición la penetración era mucho más profunda. Más centímetros me penetraban y encontraba especial placer cuando su verga chocaba con el fondo de mi culo. Tras unos minutos, no pudiendo contenerme eyaculé como nunca en mi vida. La cantidad de semen superaba mucho la que comúnmente eyaculaba. Nunca había gozado tanto. Me sentía ampliamente satisfecho, lleno de placer, como si no fuera a necesitar sexo en mucho tiempo. Sandra en la necesidad de descargarse, olvidó su papel de macho, se quitó el arnés y se sentó sobre mi cara, dejando su concha empapada sobre mi boca. Me tragué todo su flujo y con unos pocos lengüetazos acabó de tal forma que sentí su cuerpo vibrar sobre mi cara.
Es claro que después de esto lo repetimos muchas veces, pero, en este momento por cuestiones que nada tienen que ver con lo sexual, estamos separados.

Mi prima Elizabeth

En pleno despelote del 2001, mi prima Elizabeth que tenía 17 años y alquilaba un departamento sola para estudiar medicina en La Plata, no pudo pagar más el alquiler. Como papá y mamá se habían separado, le ofreció que se venga a vivir con nosotros a cambio de que nos cuidara cuando ella se iba a trabajar. Yo para ese entonces tenía 11 años y mi hermana Azul 12.
Ella era muy buena con nosotros al ayudarnos con las tareas del colegio por las noches, por lo que cuando necesitaba ayuda, yo colaboraba en los quehaceres de la casa. Un día dijo que no quería que me ensuciara la ropa, así que me puso un delantal sobre, era de mamá de color rojo con florcitas blancas y unos encajes. Cuando la ayudaba a cocinar usaba eso.
Una semana no pudo lavar la ropa por que se había roto el lavarropas, así que en la semana siguiente la boluda lavó toda nuestra ropa de golpe. Oh no! ni mi hermana ni yo teníamos que ponernos hasta que secaran.
- Miren aqui hay ropa mía que no uso.
- ¿Que tal si jugamos con esta ropa? dijo.
- Juguemos a que llevamos a las hija a la escuela − dijo Elizabeth.
Obviamente me negué.
- Si, yo quiero jugar− dijo Azul que era muy caprichosa.
Elizabeth me señalo y dijo
- Vos vas a ser la hija y te vas a llamar Alicia.
Protesté por protestar porque todo lo que viniera de Elizabeth me parecía bien, y no me parecia que hiciera nada malo. Ya habia usado su delantal de mamá, su piyamas de dormir, una vez una camisa de ella con botones al revés, vestir mas de sus ropas no me parecía tan raro.
- Y hoy vamos a llevar a Alicia a la escuela.
En realidad, yo no me daba cuenta de la perversidad de mi prima. Así empezó todo, con unas bombachas de encaje blanco y una blusa blanca de Eli y un pollerita corta escocesa de Azul. Zapatos y medias blancas. Todo muy natural. Me arreglo el cabello con dos colitas. Parecia la hermana en lugar del hermano de Azul. Me impresionó lo parecidos que éramos cuando estaba vestido así. La impresión es porque todos los chicos del cole están muertos con ella. ¿Si me vieran así? ¿Qué pensarían?
Mi hermana tambien se puso su uniforme escolar. Elizabeth seria la maestra y de esa forma nos hacía hacer la tarea del colegio como juego. Reconozco que era muy viva. Cuando terminamos dijo:
- Recreo! Vamos al patio a jugar rayuela.
Dibujo con una tiza sobre el patio y unos números.
- El que se equivoca recibe un castigo.
Al saltar se me levantaba la pollerita escocesa, tanto que me veian la bombacha como le ocurría a Azul en el Cole. Sentía un airecito suave por abajo.
Como perdió mi hermana, esa noche iba a tener que dormir sola. Sin mi ropa seca, me quedé así todo el día hasta la noche. Una vieja de enfrente nos trajo un sobre. Yo la recibí y me dijo:
−¡Ay Azul, cada día estás más linda!
Yo me moría de risa y se lo conté a Azul para que se pusiera envidiosa.
Esa noche Elizabeth me preguntó:
- ¿Querés dormir en mi cama esta noche?
Yo ya habia dormido con mi mama varias veces, así que le dije que si, sin ningún problema para dormir en su habitación. Esa noche me prestó un camisón de ella con borados y puntillas que me quedaba algo corto y unas bombachas como de dormir. Eran como las 10 de la noche.
A Elizabeth la solia visitar a esa hora Santiago, un vecino nuestro de 16 años, a quien se lo chapaba como para sacarse la calentura porque era lo que le quedaba más a mano.
Yo estaba en su cama, esperándola, pero nunca llegaba. Así que de metido pelotudo, decidi ir a buscarla. Oía algunos ruidos extraños en la habitación de mama y Elizabeth gimiendo y casi gritando decía
- Ah, ah, me gusta, me gusta, me gusta... ah....
Me asusté y me fui otra vez a la cama hasta que volviera Elizabeth. Al dia siguiente me dispuse a espiar y vi todo desde el inicio.
A la mañana siguiente le pregunte a Elizabeth, que le había hecho Santi esa noche en la habitación de mamá que ella se quejaba.
- Sos muy curiosa Alicia, pero a tu edad eso siempre pasa. No te lo puedo explicar con detalle.
- No soy Alicia. Y yo quiero estar allí para ver que te hace.
- ¿Ah si? ¿Y si te gusta?
− Yo también quiero que me lo haga…
− ¿Segura?
− ¿Segurísima?
− Pero mirá que tenés que ir de Alicia y no de Pablo.
− ¡Ufa, no!
− ¡Es una cosa para chicas, no para varones! Va Alicia o Pablo se va a dormir temprano con Azul.
− Bueno, está bien, pero ¿Qué te hace?
Mi prima me contó esa mañana cómo los chicos y las chicas se conocen y como luego comparten momentos muy tiernos y muy apasionados.
- Le voy a pedir a Santiago que venga esta tarde para que te enseñe.
Tenía tanta intriga que le pregunté.
- Y si me gusta, ¿yo puedo seguir siendo Alicia?
- Mmmmmh. Si, tendrías que serlo, pero hay que prepararte. Primero un baño.
− ¿Y Azul?
− Se va a lo de la Conejo a pasar la noche en un piyama party.
Elizabeth me entro al baño para mi horror. Lo que siguió empezó siendo de miedo y terminó en placer. Vió que tenía mi primeros pelos púbicos y me los afeitó. Sentí que la pijita se me ponía dura y me gustaba. Salí del baño, y encontré sobre la cama, la ropa que Elizabeth me había preparado: Un juego de corpiño y bombacha de encajes de Azul. Medias con porta ligas blanco de ella que llegan hasta el muslo, una mini blanca con vuelo de Azul, que junto con la blusa negra semi trasparente, hacia traslucir mis inexistente pechos. Los zapatos con taquito era de ella y me quedaban perfectos.
− ¡Me parezco mucho a vos!
− Debo reconocer que de Alicia, sos más linda que Azul
Les confieso que me moría de miedo, pero la excitación era terrible, no dejaba de mirarme en el espejo y comparar a ver si era mas “linda” que Azul.
Cuando llego Santiago a la casa, ya serían las siete y media de la tarde, pero parecía la media noche, Elizabeth directamente me presento como su primita Alicia.
- Sos muy linda Alicia, yo te voy a enseñar como ser toda una mujercita, aunque me hacés acordar a un vecinito que tengo por acá.
Me moría de vergüenza, excitación y ganas. Empezamos a charlar, riéndonos y bailando. Hasta que él puso una música muy romántica y me abrazó, lo abrace y empezamos con una serie de mimos, caricias y besos, me deje llevar por el hasta que terminé en su entrepierna, se bajo el cierre y sacó un pito enorme que instintivamente no dude en tragármela hasta el fondo, quizás imitando a mi prima Elizabeth. Me llevo al dormitorio y estando él casi desnudo y yo con la pollera arriba y el calzon por las rodillas. Elizabeth nos miraba sentada sin si bombacha y sin pollera.
- Santiago, acordate que es virgen. No lo lastimes que la tía nos mata a los tres.
Santiago me hizo inclinar sobre la cama y me empezó a lamerme el trasero y mi huequito, lengua, y deditos, me fueron dilatando hasta que sentí la chorreada de alguna crema que me pasaba mi prima y me la metía con el dedo. Me gustó mucho. Luego sentí la puntita de su pene y como muy despacio, iba entrando en mi, y goce mucho, mucho, ya que fue muy delicado conmigo
- Seguí asi Santi, entrámelo todo.
Era instintivo, hasta que de repente, me la saco y me hizo dar vuelta, me puso su pene por la boca e inmediatamente acabo como un animal, haciéndome tragar toda la espesa leche calentita, no lo dude, pese al sabor salado la trague y le limpie la cabecita con la lengua.
Luego mi prima me dejó que yo la cogiera como varoncito. También me volvió loco. Eli vivió seis años con nosotros. Mamá siguió trabajando en una telefónica de noche. Santiago me cogió cientos de veces y otras tantas yo a Eli. Cuando mi prima se recibió se casó con Santiago. Hoy los voy a visitar los sabados a la tarde y me transformo para ellos. Mi novia se lo sospecha y tiene intriga por el tema, pero no sé si confesarle la verdad e implicarla. Ella lo ha dicho claramente varias veces que me gustaría verme haciendo el amor con otro chico, pero ¿Vestido de Alicia?

2 neuronas

El chico bisex con el que me acuesto, mi vecino Pablo, es además un chico encantador y muy sensible con el que tengo grandes charlas mientras Fernando, mi marido, está trabajando…. o no trabajando.

Como él se había enterado ya de casi todo, le conté los detalles de como había agarrado a Fernando con un travesti en casa y la supercogida que nos pegamos, perdonándolo, que tuvimos días después.

Siento que estoy evolucionando en un sentido que a veces creo que no voy a poder controlar. Mi vida está empezando a girar en torno al sexo más de lo que es habitual –creo- e incluso me estoy convirtiendo en exhibicionista. De hecho tiendo a desarrollar ideas y actuaciones sexuales como si el fin fuera poder hacer un relato con ellas y ponerlo al alcance de mucha gente. Es como si pensara en película, con planos y guión, para luego volver a excitarme cuando compruebo la cantidad de gente que lo lee e imaginarme las reacciones que puedo provocar.

Así que decidí prepararle una buena movida sexual a Fernando para satisfacer sus fantasías y, por qué negarlo, también las mías y luego poder escribirlo. A Pablo, mi amiguete, le gustan mucho las travestis y me ha enseñado algunas páginas de Internet sobre esos temas.

Pablo ha tenido varias relaciones puntuales con travestis y me ha contado cosas muy excitantes aunque dice que ahora sólo coge conmigo; somos “cogemigos”.

Entonces se me ocurrió una idea genial; como Pablo tiene buen cuerpo, está muy depilado y es barbi lampiño ¡¡lo voy vestir de chica y vamos a hacer un trío!!. No me costó nada convencerle aunque dice que estoy loca como una cabra.

….

Todo esto se propició un domingo por la mañana. Fernando y yo, después de desayunar en la cama habíamos echado un polvo mañanero más o menos bueno.

A mí me gusta estirarme satisfecha perezosamente tras un desayuno camero-dominguero cuando él me lo trae y siempre se cree, por ese gesto lascivo y gatuno, que estoy excitada y que quiero sexo.

También es verdad que me siento un poco obligada a dejarle que me coja por haberme regalado ese detalle de café y tostada en la cama.

El polvo que siguió fue de esos sosos y tranquilos, por lo menos para mí, en que las mujeres mientras te la están metiendo y sacando nos fijamos en que al techo le hace falta una mano de pintura o en qué película queremos ver y que, en cuanto él eyacula, salimos disparadas de la cama con cualquier pretexto.

Pero ese día yo no salí corriendo, me quedé con él, abrazándole y acariciándole le solté susurrantemente lo siguiente:

-Fernan… el otro día estabas más excitado que hoy, te pusiste como loco cuando te contaba las cositas que hago con otros y que, como te dije, voy a seguir haciendo– aproveché para marcar el territorio en terreno ya conquistado.

-Sí- respondió como con un poquito de vergüenza -estaba tan excitado que me habría dejado hacer cualquier cosa, pero vos también estabas descontrolada; varios días me dolieron los pezones y los huevos de tus pellizcos.

-Me alegro porque así te acordaste de mí cuando no estaba a tu lado- continué yo haciendo un mohín y, mordisqueándole la misma tetita que le estaba contorneando con una uña, me arriesgué -, ……podíamos hacer algo diferente y muy excitante…

-¿Qué se te está ocurriendo…. putita?-

-Pues que como parece que a ti no te desagrada la idea de compartirme con alguien… ¿vos…..qué preferirías tipoo o mina?- e hice que mi mano sobrevolara su pene sin llegar a tocarlo con lo que éste, como magnéticamente, se enderezó y ascendió hacia ella -….¡Y creo que no ha sido mala idea! ¡Tu pija resucita!-

-Bueno…. yo preferiría una mina; una tortita es ”la fantasía confesada” de todo hombre −dijo él.

-Mirá vos! Yo en cambio he leído por ahí que LA FANTASÍA INCONFESADA de todo hombre es contemplar como su mujer se acuesta con otro tipo y vos te vas a perder ese espectáculo; tampoco verías….- y remedé con voz grave algunas de sus frases del otro día -“…como se ruboriza mi niña y, mientras otro se la mete, me mira en ese momento próximo al orgasmo y yo me hago una paja”.

-¡Yo no dije eso… así!. Además era en un momento de excitación y se dicen cosas que…. ¡Mirá… yo que sé!- balbuceó -¡Dame una sorpresa! Confío en tu gusto para elegir la situación pero hay que tener prudencia para elegir a alguien. Me dan algo de miedo estas cosas que pueden traer consecuencias…. raras.

Días después anuncié pícaramente a Fernando que el sábado teníamos en casa una invitada a cenar y, cuando se me quedó mirando fijamente, le pasé la mano por la pija por encima del pantalón y añadí -…preparate bien que esa noche vas a tener un examen de reválida….¡potro!….-

….

Al primer timbrazo me levanté apresuradamente a abrir la puerta mientras Fernando, que aparentaba tranquilidad, al incorporarse dejó caer al suelo el libro que parecía estar leyendo y tropezó con el borde de la alfombra. Antes me había ayudado eficazmente a poner la mesa, preparar el ambiente con una suave música Chill Out y se ocupó de seleccionar los vinos y enfriar los champagnes que son siempre tareas de él.

Pablo estaba monísima. Lo más trabajoso, pero muy divertido, había sido arreglarlo esa tarde. Le depilé las cejas y le afeité muy bien la cara, me esmeré pintándole los ojos y resolví el pelo con unas extensiones. Le había conseguido bombachita de su talle, un sujetador a juego que son un encanto y lo arreglé con un rellenito de silicona como el que yo uso pero triple; con una pollerita y una blusa quedó muy bien. El calzado fue algo más complicado porque mis zapatos no le van pero habíamos comprado unas remeritas que le quedaban estupendamente. Quedó preciosa y desde ese momento empecé a llamarlo Pau.

-Mira Fernando, te presento a Pau que es una antigua amiga del gimnasio, le he hablado de nuestro problema…. de….nuestro tema…… y verás que es encantadora.

Fernando se quedó mirándole con media sonrisa pero no hizo ningún comentario tras los besitos de rigor. Al toque se dio cuenta que se trataba de algo raro, pero no dijo nada.

La cena fue muy amena, los tres somos excelentes conversadores y sabemos enlazar una anécdota trás otra aunque Pau no habló demasiado para no delatarse con su voz. Todo había transcurrido cruzando multitud de miradas cargadas de sensualidad y de segundas intenciones. Para mí que Fernando estaba más al tanto de lo que aparentaba y seguía el juego con cierta elegancia.

Estábamos ya algo cargadillos de alcohol y nos acomodamos en los sofás con unas copas de champagne.

Como era verano yo me había puesto un vestidito vaporoso de talle alto y falda evassé de esos que, cuando sabemos movernos con él, parece que no llevamos nada debajo e incluso damos más saltitos y vueltas de lo normal. Pau estaba, como ya he dicho antes, encantadora con una mini y una piernas envidiables. Obervé que Fernando la miraba escrutadoramente de cuando en cuando.

Yo estaba sentada junto a Pau y, con mi cháchara le puse una mano sobre su muslo descuidadamente. Me la cubrió con una suya impidiendo que la quitara y suavemente la deslizó levemente hacia arriba por la cara interna de su muslo.

Fernando abría unos ojos como platos y no perdía detalle; acomodó su virilidad en ese gesto masculino que muchas veces aborrecemos pero que, en esta ocasión, me excitó. Levantándose con la copa en la mano, se colocó delante de nosotras y nos dijo:

-Han estado toda la noche poniéndome al palo y veo que hay mucha química entre ustedes ¿por qué no se pone más cómodas en el dormitorio y nos dejamos de joder de una vez?

Ni cortas ni perezosas fuimos al dormitorio a preparar el siguiente acto. Fernando, desde el living, no perdía de vista el movimiento de nuestros culos por el pasillo hacia el dormitorio. Era la primera vez que metería a un tipo en mi propia cama pero la sensación, llevando a Pau –Pablo- de la mano, para mí era triunfal y me tiré de espaldas en la cama. Hice volar mi vestido porque ansiaba verme desnuda en el amplio espejo de las puertas corredizas del placard y mi amante reptó por la cama, hasta mi lado. Estaba caliente y la pija escapaba de su cárcel pero la mini todavía ocultaba su misterio. Besó mi boca jugando con mis labios y con mi lengua mientras comenzó a acariciar mi sexo con toda la palma de la mano. Abrí mis piernas exageradamente en M y busqué con mi culito la punta de sus dedos.

Mi marido nos miraba desde el quicio de la puerta todavía vestido e indeciso. Su excitación era evidente.

-Vení para aquí, boludo- le ordené cariñosamente y, cuando se acercó, tironeé de la hebilla de su cinturón para incitar su desnudez que fue casi inmediata. Su pene erecto se acercó a mi boca y, pasando una pierna por encima de mí, comenzó a cogerme por la boca despacio y dulcemente mirándome a los ojos.

Pau, que había apartado ligeramente su boca de la mía, quiso participar en el banquete y empezó a lamer los bordes de la pija que salía y entraba. Pellizcó levemente los testículos de Fernando, lo que noté por una cierta brusquedad en las embestidas de éste que la sacó de mi boca y fue bajando su pelvis hasta la mía empitonando mi sexo enardecido.

-Estoy muy excitado- me dijo a mi oído -decile que me chupe los huevos.

-Pau mámale los huevos y el culito- transmití el ruego sin vergüenza ninguna y, a Fernando: -Tenes la pija más dura que nunca, estás muy, pero que muy excitado….

-Seguí hablando y decime que te gustaría que te hicieran… y qué harías conmigo - continuó mientras empujaba como un gorila contra mi sexo.

-Me gustaría que me lamieran el culo- respondí bajito junto a su oreja -y que me metieran otra pija y que vos la sintieras y sintieras la otra pija junto a la tuya y que vieras como me acabo.

-¿Y qué más? ¿….qué más?- insistía Fernando que no se hartaba de empalarme.

-Pues…. si estuvieras muy, muy excitado me gustaría que te la metieran a vos por el culito…. ¿te dejarías meter una pija por el culito?- le pregunté con apariencia inocente.

-Estoy muy excitado…. ahora…. me dejaría meter algo en el culo…… me dejaría hacer lo que vos quisieras…. me gustaría que me ataran y me la chuparan las dos…. Fernando estaba entregadísimo.

-De verdad, si tuviera un consolador o si hubiera aquí un hombre ¿dejarías que ta la metiera? ¿Te gustaría que te cogieran?- insistí una vez más.

-Si, por favor…. por favor… quiero que me metan una pija…. mi culo está muy excitado- y Fernando mientras continuaba empujando metiéndomela hasta el gollete, movía sus caderas y abría sus nalgas a la lengua de Pau que, además, le acariciaba y pellizcaba las bolas de forma que yo sentía su mano rozando mis genitales en cada embolada.

Me dí la vuelta y me situé sobre Fernando; él tendría que esperar. Ensartada por mi vagina alcancé a acariciar mi culito con los dedos señalándole así a Pau la dirección de la urgencia de mi deseo.

Pau lo interpretó enseguida y satisfizó mi pedido. Introdujo lentamente su pija en mi ano y me hizo ver las estrellas del placer. La sensación es inenarrable. Ningún hombre podrá jamás entenderla. La doble penetración, suave, erótica, lubricada, deseada, te hace sentirte la hembra más plena. Se van a la mierda tus vergüenzas y se entrega toda tu sexualidad. Ellos parecían notarlo y se esmeraban en mi placer y en mi emoción que todavía iban a llegar más allá.

Despacito, despacito…… Pau sacó su verga y dejándo caer la puntita, la hizo bajar al encuentro del tronco de Fernando que pugnaba en su empeño de adentro y afuera. Por un momento sentí el agobio de lo que quería entrar donde estaba ya ocupado y procuré relajar la entrada de mi concha para procurar el éxito de un dúo tan deseado.

Pau no lo consiguió del todo. No entró hasta el fondo, pero para los tres era ya suficiente. Uno, el de encima sobre mi espalda, gemía guturalmente; el otro, mudo, apoyándose sólo en sus omóplatos y en sus talones, y yo pellizcaba los pezones de Fernando que sé que le gusta muchísimo cuando está por acabar. La palpitación de sus pijas se confundió con la de todo mi sexo.

Descansamos un buen rato. Ellos se quedaron dormidos enseguida, al fin y al cabo son machos y ya se sabe, echan polvo y les produce sueño.

Me fui al baño y los dejé dormidos abrazados el uno al otro. Fernando en pelotas, boca arriba, satisfecho, con los brazos y piernas en aspa, ocupando media cama. Pablo, muy atractivo en su semidesnudez, de costado, dejando todavía un espacio entre los dos que yo, a mi vuelta, ocupé.

A la mañana siguiente les llevé el desayuno a la cama. Sus pijas ya estaban en pie de guerra. Su neurona siempre está pensando en lo mismo. Me fui al living a ver la tele un rato; en uno de los canales daba Ghost de Patrick Swayze y Demi Moorey que ellos no lo creerían pero me erotiza más que una porno. No quería perdérmela.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Lo que se consigue en el gym

Marta se estaba atrasando algo más de lo normal de su clase de aerobic y yo estaba leyendo, ya en la cama, cuando la oí entrar. Apagué la luz y me hice el dormido cuando entreabrió la puerta del dormitorio cerrándola después con cuidado. Oí la ducha y hasta me pareció oírla cantar o reírse; como eso era un buen síntoma me saqué la poca ropa que llevaba encima y esperé con cierta excitación su llegada. Casi estaba realmente dormido cuando noté su cuerpo desnudo y fresco, recién lavado, acurrucarse en mi costado derecho; mordiendo mi tetilla puso suavemente su mano sobre mi sexo que se enderezó como un resorte.
-¿Me estabas esperando?- preguntó.
-Hoy has tardado un poco más, ¿qué tal todo?- contesté.
-Muy bien. Estoy muy excitada- replicó ella mientras su mano pellizcaba suavemente mis testículos.
-Contame algo turrita- susurré a su oído.
-¿Cómo a vos te gusta?– esta era la contraseña para poner en marcha su fantasía. Jugamos a menudo a excitarnos con relatos de fantasías eróticas que, en el fondo, nos hubieran gustado que fueran ciertas pero que no han pasado nunca de nuestra imaginación.
-Me dijiste tantas veces que te gustaría ver como otro me penetra que casi me cojo a Javier hoy– se refería a su profesor de aerobic y ya en diversas ocasiones me había hecho mención de que era un excelente ejemplar; la imaginación de Marta también esta vez presentaba una espléndida perspectiva.
-Cuando acabó la clase– continuó -acepté su ofrecimiento de traerme desde el Centro Comercial, pero antes él tenía que pasar por su departamento para cambiarse. No quise quedarme en el coche y subí un momento con él porque me dijo que sería rápido.
-Puta madre con Javier- repliqué.
-Y eso que no le has visto desnudo- jadeó eróticamente Marta junto a mi oído tras un breve silencio –el tipo dejó entreabierta la puerta de la ducha y me agarró cuando no pude resistir espiarlo.
-¿Estás segura de que esto es una fantasía?- le pregunté a Marta ya un poco mosqueado.
Ella no contestó, pero su mano izquierda subió arriba y abajo de mi pene con exquisita suavidad mientras me clavaba con fuerza las uñas de los dedos de la mano derecha en el perinéo. Todo yo estaba concentrado en mis genitales y en su relato.
-Seguí- murmuré apenas.
-Solo lo haré si dejas que te ate y que te tape los ojos- y sin esperar mi respuesta anudó mis muñecas a la cabecera de la cama y me colocó su antifaz de dormir.
En este punto mi excitación era tan grande que solo deseaba que continuase. Situó su cuerpo sobre el mío y mordisqueándome el labio inferior dejó resbalar su vientre hasta que situó su conchita justo sobre mi glande. Descendió de golpe y en mis ingles se encendió una punzada de placer que estalló en mi cerebro.
-Estoy tan excitada que necesito algo en mi culo- dijo Marta tras unos momentos de maravilloso sube y baja− algo gordo.
Siempre tenemos a mano algún pequeño consolador anal que usamos para ambos y que, casi siempre, acabamos utilizando para los dos. Sin abandonar la penetración, cegado y atado como yo estaba, ella se inclinó hacia el cajón de la mesita y cogió el pene de látex mientras el colchón acusaba de forma inusual el desplazamiento de su cuerpo. Ella misma empezó a introducirlo por su culito y enseguida lo sentí casi pegado a mi propio sexo.
-Tengo dentro dos pijas- me susurró Marta al oído. Esta es una frase que siempre le ha gustado, repite muchas veces y siempre he creído que es su gran deseo.
El consolador era demasiado grande…. y suave, inicialmente pensé que habría conseguido uno nuevo, pero empecé a notar, con cierta alarma, que aquello parecía tener vida propia porque golpeaba su grupa con contundencia. Era, sin embargo, tan maravilloso y mi excitación, sintiendo la de Marta, tan desmesurada que me entregué mentalmente y me abandoné sólo a las sensaciones.
-Es Javier quien me la está metiendo por detrás- continúo susurrándome al oído y, después de recorrer con la puntita de la lengua toda la oreja, me dijo– sabes que estaba deseándolo, me encanta y te quiero porque vos me bancás estas locuras.
Nuestro salto de la fantasía a la realidad se había producido sin aviso y resultaba inmejorable. Durante unos minutos Marta movió las caderas hasta emitir su característico gritito de que había alcanzado un orgasmo.
-Y ahora voy a sentarme en vos para sentirte en mi culito- y me quedé huérfano de compañía por un momento.
Yo seguía boca arriba, antifaz inamovible y los brazos sujetos por las muñecas a los barrotes del cabecero de la cama. Sobre mi pene enhiesto y sujeto por una mano muy diestra descendió su culito hasta ensartarse; noté por sus rodillas junto a mi cintura que estaba cara a mí e imaginar su excitación no me impidió pensar que es lo que haría ahora el tipo que estaba con nosotros.
Pronto lo supe, tras notar que una pierna pasaba sobre mi cabeza sentí algo que se situaba levemente sobre mi boca. La idea de que sería una pija o unos testículos me hizo inicialmente intentar evitarlos pero me abandoné a la excitación.
Pero me equivocaba, por el momento no tendría que mamar una poronga. Era Marta la que había puesto su coñito sobre mi boca y dejaba acariciar su clítoris por la puntita de mi lengua mientras movía las caderas con fruición. Estaba claro que donde yo me había metido era en el culo de Javier y sentí como, agachándose ella, empezaba a mamar su empinada picha.
Allí estaba yo, atado, cegado y tumbado boca arriba metiéndosela por el culo al quia de mi mujer mientras ella se sentaba sobre mi boca y le chupaba a él la pija con entusiasmo.
El calor que sentía en mis ingles y la tremenda fuerza de la situación me confirmaban que no era un sueño pero aquello superaba la mejor de nuestras fantasías y, en el fondo, no aparecía el miedo que siempre había temido si alguna vez las llevábamos a la realidad.
Marta llevaba la iniciativa. Me desató, me hizo dar la vuelta y deslizándose por debajo de mí, abriendo al máximo el ángulo de sus ingles para una mayor penetración, me abrazó con las piernas por la cintura exigiéndome que la penetrara.
Su vagina estaba chorreando, deliciosa y enormemente grande. Allí podrían caber fácilmente dos porongas como la mía y creí que esa era su intención. Su excitación era tan enorme que cuando me arrancó el antifaz pude ver sus ojos casi en blanco, un maravilloso rubor en sus mejillas y un jadeo alborotado que muy pocas veces había podido conseguir de ella.
-Te quiero- me repitió, y a continuación, casi gritando, mientras un segundo orgasmo le invadía:
-Javier, por favor, métesela por el culo-
Intenté débilmente evitarlo pero me tenía bien sujeto con las piernas atenazando mi cintura y, además, mi sexo se endurecía con ese supuesto favorable. Javier la obedeció de inmediato y, untándome antes de gel en abundancia, me penetró rápidamente. Tengo el culo dilatado por los consoladores de Marta.
Era indescriptible. Yo estaba tan excitado que culeaba como un loco empujando hacia atrás para sentir los huevos de Javier golpeando en los míos, las uñas de Marta pellizcando, rayando en el dolor, mis pezones y mi pija entrando y saliendo, como con vida propia, en el más bonito, querido y excitado chochito que yo nunca podría haber deseado.
Todavía no hemos repetido algo parecido, no habíamos hablado de ello desde aquel día hasta que Marta, mientras desayunábamos, me ha dicho esta mañana.
-¿Sabés una cosita? A Javier lo rajaron, ahora han puesto a una profesora de aerobic que es maravillosa. Te aclaro que me mojo de sólo mirarla. Me ha pedido que la acompañe esta tarde para arreglar su departamento. No voy a llegar tarde. Esperame.
Ya por la noche, apago la luz y me hago el dormido cuando oigo su vuelta. Con los ojos mínimamente entreabiertos veo cómo, al entornarse la puerta del dormitorio, se asoman dos preciosas cabecitas y me miran entre risas contenidas. Luego corretean por el pasillo hacia el cuarto de baño. Volverán, sin duda.
Me siento amado.

Pablo y Alicia, matrimonio con un toque bisexual

No sabía realmente lo que era placer hasta que los encontré a Pablo y Amalia. Esta pareja me introdujo en un sexo morboso, salvaje y delicioso.

Es una pareja muy poco convencional. Les conocí de forma casual, pero muy placentera, con motivo de uno de mis viajes de negocios. Soy argentin, vivo en Bilbao y estaba en Barcelona por negocios, después de un día de bastante trabajo, había tenido una reunión que se prolongó toda la tarde y llegué al hotel, cansado y con un dolor de cabeza que no presagiaba nada bueno. Me di un baño y más relajado, bajé al restaurante del hotel a tomar una cena ligera. Me encontraba bastante mejor y me apetecía tomar un güisqui y oír un poco de música.

Entre en el piano-bar del mismo hotel y allí estaban, al principio no reparé en ellos, pero mientras, apoyado en la barra, saboreaba mi güisqui, llamaron mi atención. Sentados a la barra en sendos taburetes, a no mas de un metro de distancia, ella le reprochaba no sabría decir qué. Eran jóvenes, no más de treinta y muy pocos años, muy atractivos, especialmente ella. Vestía de una forma llamativa, casi se podría decir provocadora, con un vestido blanco que transparentaba casi todos sus encantos, por supuesto se notaba que no llevaba sujetador y se adivinaba un tanga, muy breve, también blanco. Tenía una cara angelical, con unos ojos preciosos y una boquita sensual, pequeña, con una sonrisa encantadora, todo obligaba a mirarla. Su acompañante era también un buen mozo, miraba a su pareja con admiración, y parecía pedirle disculpas por algo que le habría hecho y que la tenía muy enojada.

El pianista tocaba una balada, con cara de aburrimiento. En el local no habría más allá de diez personas y no parecía que le hicieran mucho caso, yo, que había bajado a oír un poco de música, en aquellos momentos, prestaba más atención a la pareja que discutía, que al pianista. Otra pareja de más edad, que estaba situada en una mesa del fondo, hablaba de sus cosas, muy amarteladitos. Otro grupo de tres personas estaba terminando sus copas y se disponían a salir, por todo ello no extrañaba que el pianista se pudiera sentir un poco frustrado.

Llevé mi vaso a los labios y una voz que se dirigía a mi me sobresaltó.

- Perdona, me llamo Amalia, ¿puedo hacerte una pregunta?

Sin esperar mi respuesta y sin apenas tiempo para reponerme, me soltó.

- ¿Tu crees que este sitio tiene mucho ambiente?

Resaltó el "mucho", con sarcasmo. Sin dejarme responder, prosiguió con su monologo.

- Aquí mi querido esposo, dice que este es un sitio muy cachondo, con mucho ambiente.

El marido quiso protestar, su voz sonó quejumbrosa con tono de disculpa.

-Yo le he preguntado al portero de nuestro hotel por un sitio agradable y con ambiente y nos ha dirigido aquí. Yo no conocía el sitio.

- ¡¡¡¡Si quiero un sitio agradable me voy al salón parroquial!!!!. No sabes hacer nada. Tenías que haber preguntado por un sitio con marcha, con mucha marcha, donde se pueda ligar y otras cosas. ¿No te parece? Sobre todo para evitar malos entendidos.

Se había dirigido nuevamente hacía mi y yo no sabía que contestar. En un alarde de ingenio, no se me ocurrió otra cosa que preguntar.

- ¿No eres de Barcelona?

La chica me miró como quien mira a un extraterrestre, me di cuenta inmediatamente de la tontería que había preguntado. Rectifiqué sobre la marcha.

- Yo tampoco soy de aquí, vivo en Bilbao, pero soy argentino, he venido por trabajo, pero supongo que tiene que haber sitios con mucha marcha, Barcelona es famosa por su ambiente liberal. Seguro que en este mismo barrio habrá alguna discoteca.

Nuevamente la chica volvió a hablar como para ella misma.

- El caso es que ya son más de las doce y para cuando queramos salir, encontrar el sitio y hacernos con el ambiente, nos dan las tantas. Vosotros los argentinos, siempre os acordais tarde de las cosas.

Se volvió hacia mí y como una ametralladora, empezó a hacerme preguntas.

- ¿Estás en este hotel?, ¿estás solo?, ¿cómo es tu habitación?, ¿te gusto?, ¿para qué perder tiempo? ¿te gustaría acostarte conmigo?

Yo estaba atónito, iba asintiendo a todo con la cabeza, pero ella no me daba tiempo para contestar. Se dirigió a su marido con tono autoritario.

- Ven, paga y vámonos con este argentino tan marchoso.

Me habían dicho muchas cosas en mi vida pero lo de marchoso era la primera vez. Mi mujer siempre dice que soy un soso.

- Dejame a mi, lo cargo a la habitación.

Llamé al camarero, le pedí la cuenta, firmé y precedidos por Amalia, nos dirigimos al ascensor y subimos a la habitación. Era una suite júnior, con dos estancias, una era un pequeño salón con un cómodo sofá y dos butacas, un mueble con el bar, una gran televisión plana, a su lado una cadena musical con una selección de cd´s, de música variada y una mesita de despacho para trabajar. En la otra, una gran cama "King size" y otro mueble con una TV algo más pequeña. El baño completaba la estancia. Unos grandes ventanales daban sobre las nuevas playas de la zona del Forum, al fondo el mar.

Amalia revisó la estancia en un momento, se la veía encantada, se puso a revisar los cd´s y rápidamente colocó uno de ellos en la cadena. Era música de salsa, pidió a su marido que le ayudase a apartar un poco la mesa de centro y dejó un sitio adecuado para bailar.

- ¿Cómo te llamas?, Pablo, ayúdale…, esperó que le dijese mi nombre, Carlos, y prosiguió, a Carlitos, como Gardel, a quitarse la chaqueta y cuélgala en el armario.

Tomó mi mano y sin mediar palabra se pegó literalmente a mí y empezamos a bailar. Entrelazó sus manos a mi cuello y su pelvis, siguiendo el ritmo de la música, se frotaba contra la parte baja de mi vientre, mientras que sus tetas estaban clavadas en mi pecho. A pesar de que seguía sus pasos como un autómata, aquellos movimientos estaban despertando mi dormida libido y algo empezaba a moverse entre mis piernas.

- Uhmm, así me gusta cielito, ya sabía yo que tú y yo teníamos química y lo vamos a pasar de miedo. Pablo, prepara unas bebidas, a mi lo de siempre, y un güisqui para Carlitos. Ya has visto abajo, con dos piedras de hielo y un poco de agua. ¡¡¡Rápido!!!

Aquella mujer era un terremoto, seguimos bailando muy apretados y con un movimiento tan insinuante que mi verga ya estaba a tope. Sus labios se apoderaron de los míos y se fundieron en un beso con nuestras lenguas luchando a brazo partido. Amalia era una fiera, su vestido se había enrollado en su cintura y yo olvidándome de Pablo, estaba entregado a acariciarle las nalgas con ambas manos. Mientras seguía el ritmo de la salsa, sus manos, prácticamente arrancó los botones de mi camisa, con un gesto me la quitó y salió volando por los aires. Sus manos se dirigieron a su vestido y con un rápido movimiento igualmente salió volando y sus tetas se clavaron en mi desnudo pecho. Pablo, como en un susurro dijo.

- Las bebidas están preparadas, ¿quieres que haga alguna otra cosa?

Amalia tomó mi mano y nos dejamos caer en el sofá, le conminó a Pablo.

- Ayuda a Carlos a quitarse el pantalón, los zapatos y todo lo demás. Sabes que no me gusta verte sin la cofia y el delantal, deberías haberlas traído, esto te va a costar carísimo.

Pablo, obediente y sumiso, me ayudó a desnudarme, mientras Amalia me hacía brindar y bebimos de nuestras copas. Nuevamente se dirigió a Pablo.

- Pablo, como muestra de respeto y consideración, arrodíllate ante Carlos y muéstrale tu admiración y agradecimiento por hacer feliz a tu mujer; dedícale una mamada de campeonato para que se sienta feliz y vaya y lo cuente en Buenos Aires. Espero que te esmeres y quede plenamente satisfecho y con una erección de caballo, lo necesito.

Yo realmente estaba alucinando, jamás me había encontrado en una situación similar, creía que era un hombre de mundo y que había visto de todo, lo que no podía comprender era esta actitud de total aceptación de la situación por parte de Pablo, no obstante, en el momento que se arrodilló entre mis piernas y sujetando mi pene con sus manos se lo llevó a la boca, toda mi sorpresa y pensamientos se desvanecieron. ¡¡Que maestría, que dulzura, que morbazo!! realmente aquel hombre era una maravilla. No me atrevo a decir que era la mejor mamada de mi vida, pero sino la mejor era una de las mejores. Ni mi cansancio, después de un día de duro trabajo, ni mi dolor de cabeza, nada, en un instante se me pasó todo y solo pensaba en disfrutar de aquella mamada que me estaba transportando al séptimo cielo.

Bruscamente, como casi todo lo que hacía aquella mujer, apartó a Pablo, nos dirigimos a la cama y me tumbó boca arriba, sentándose a horcajadas sobre mí, se clavó mi polla y empezó a cabalgarme, al principio suavemente, mientras sus labios recorrían todo mi cuerpo, mi boca, mi cuello, mis pezones. Realmente era un torbellino, pero un torbellino maravilloso. Aquella mujer sabía como hacer feliz a un hombre y sacar lo mejor de él para su propia satisfacción.

No soy un eyaculador precoz, más bien todo lo contrario, pero aquella mujer sabía dosificar los tiempos, era capaz de llevarte hasta el límite, luego reducía la intensidad de las caricias y de la cabalgaba y cuando uno estaba más relajado, volvía frenéticamente hasta llevarte al paroxismo, así una y otra vez, hasta acabar en un orgasmo conjunto, realmente increíble. Sin duda uno de los mejores polvos de mi vida. Caímos exhaustos sobre la cama, pero aun le quedaron fuerzas para ordenarle a Pablo que limpiase mi pene con su boca y después hiciese lo mismo con su jugoso conejito.

El día había sido muy largo, tanto para ellos como para mi y tal como estábamos sobre la cama nos quedamos dormidos, no reparé en la hora que era, pero probablemente había sido el polvo más largo y placentero de mi vida. Desperté hacia las seis de la mañana, con las primeras luces de la mañana, Amalia seguía en el mismo sitio, profundamente dormida, su rostro reflejaba una dulzura infinita, realmente era un bellezón, con una cara angelical y un cuerpo de diosa. Pensé en lo que había pasado la noche anterior y todavía no salía de mi asombro. ¡¡Que pareja tan peculiar!!

Inmediatamente me acordé de Pablo, me incorporé buscándole y lo vi hecho una bola, durmiendo sobre la moqueta a los pies de la cama, ni tan siquiera se había atrevido a utilizar el sofá de la salita. La sumisión de aquel hombre y el inmenso amor que demostraba por su mujer, aun a pesar del trato que recibía, me impacto fuertemente.

Pensando en todas estas cosas me levanté silenciosamente de la cama y me dirigí al baño, me lavé la cara y salí nuevamente a la sala, había despertado a Carlos y allí estaba, sentado en el sillón esperándome. Nos dimos los buenos días y se interesó por saber como estaba, sorprendido le dije que muy bien, pero que mejor me lo decía él, que había dormido sobre la moqueta, - Al menos podías haber dormido en el sofá. Su contestación me dejó totalmente desmarcado

- No, he dormido muy bien, además quería estar cerca de vosotros por si necesitabais alguna cosa.

Tenía ganas de hablar con aquel hombre, lo miraba y lo veía realmente varonil, su aspecto no cuadraba con aquella persona sumisa y obediente, me desconcertaba y quería saber como se podía llegar a esta situación. Me levanté y traté de cerrar la puerta corredera que daba a la habitación para no molestar a Amalia, pero suavemente me paró y me dijo que quería estar atento por si ella se despertaba y lo necesitaba para algo.

Seguimos hablando en voz baja y me explico que él solamente era feliz cuando su mujer gozaba plenamente de la situación en la que se encontraba. Me decía que él se consideraba un mal amante, que creía tener eyaculación precoz, y dado que ambos se querían con todo el amor del mundo, le propuso tener experiencias con otros hombres para que fuera feliz y a su vez, para que él se sintiera profundamente satisfecho.

En un principio ella se negó en rotundo a hacer lo que le proponía, pero después de insistir y volver muchas veces sobre el tema, ella fue cediendo y poco a poco, fue sintiendo más interés por la propuesta, hasta que un día, finalmente le dio la sorpresa.

Habían ido a la fiesta de cumpleaños de un buen amigo de Pablo, que este celebraba en su casa, allí estuvieron hablando y participando de todas las actividades hasta que los invitados se fueron marchando. Amalia insistió en quedarse un poco más, hasta que se quedaron solos con el anfitrión. Cuando estaban solos los tres en el salón, Amalia se acercó al amigo y tal como estaba sentado en el sofá, se arrodilló a sus pies y decidida le abrió la bragueta, sacando su pene, al tiempo que le decía:

- Tu amigo Pablo quiere que te haga este regalo, un poco especial, tu dirás si te gusta o debo parar.

Dicho esto, comenzó a hacerle una mamada de campeonato. El bueno de Pablo se quedó tan paralizado como su amigo, y a partir de aquí, ella empezó su nueva vida, poniéndole los cuernos y haciéndole el hombre más feliz de la tierra, sobre todo cuando vio que ella disfrutaba de la situación y que, cada vez con más interés, ella preparaba los encuentros y se volvía más dominante con el pobre, más bien diré, afortunado Pablo.

Mientras me explicaba esto, miraba su cara y veía que lo contaba feliz, que estaba contento de que le estuviera pasando, así, desnudo como estaba, notaba que se iba animando a medida que me contaba las aventuras de su mujercita, ahora dormida en la habitación contigua, su pene, ya de un buen tamaño, denotaba bien a las claras que eso le gustaba. Me contó que una vez su mujer quiso saber que se siente follando por dinero y vistiéndose de una forma muy provocativa, hizo que la llevara a la Casa de Campo para ver si tenía éxito. Completamente empalmado me decía que había parado un coche a su lado, hablaron y se fue en él. Habían pasado 40 minutos y nuevamente la trajeron a su lado, había sacado 15.000 Pesetas y según le comentó, un señor polvazo, el tío tenía una polla enorme y se la había metido por todos los agujeros, vamos que había sido un éxito su prueba de puta.

Aquel pene, con un pequeño liquido preseminal y aquella historia, me estaban animando. Nunca, hasta ahora, había pasado por mi cabeza que pudiera hacer una cosa así, pero sin pensarlo me vi acariciando su pene con mis dos manos, sin darme cuenta, había empezado a masturbarle lenta y delicadamente. Aquello debió sorprender igualmente a Pablo que instintivamente se colocó de forma que fuese más fácil mi maniobra, al tiempo que comenzó a acariciar mi pene, igualmente muy animado. El caso es que me vi, sin tener en cuenta ninguna consideración, con su pene en mi boca, en un delicioso 69. Jamás hubiese pensado que eso podría sucederme a mí, pero en aquellos momentos no podía pensar en nada, solo en obtener y dar el mayor placer del que fuéramos capaces.

Me encantaba el contacto de aquella polla en mi boca, la notaba caliente, jugosa, nunca lo había hecho, pero trataba de hacer lo que a mi me gustaba que me hiciesen y al parecer con buenos resultados. Pablo seguía con su mamada, pero me gustaba cuando sacaba mi verga de su boca y me decía que era maravilloso, en verdad no se si me gustaba más sus caricias o sus comentarios.

- ¿Te gustaría que te folle yo o prefieres hacérmelo tu? Este comentario, dicho tan dulcemente, me descolocó por un momento, pero asombrosamente le conteste que lo hiciera él, tenía ganas de seguir probando esta nueva faceta del sexo que tanto me estaba gustando.

Sin dejar de chupármela, ensalivó uno de sus dedos y lo fue introduciendo en mi ano, suavemente, comenzado unos movimientos para dilatar mi esfínter, alternativamente, pasaba su lengua por el arrugado ojete, tratando de meterla. Aquel juego, unido a la superior mamada y a mis encontrados pensamientos, me estaban llevando al éxtasis. Después fueron dos dedos y finalmente, cuando entendió que estaba suficientemente dilatado, se colocó a mi espalda y apoyó su glande en mi orificio, lubricó adecuadamente su pene y con una enorme suavidad comenzó a introducirlo. Sentí que entraba el glande y una mezcla de dolor y gusto me invadieron, esperó un momento y suavemente siguió metiéndola hasta hundírmela totalmente. Sentí chocar sus testículos en mi culo, aguantó otro momento y suavemente empezó a bombear, una sensación extraña y placentera se apoderó de mi, cuando salía era como si mi alma se fuera tras ella, sentía un placer intenso a cada embestida.

En la puerta de la sala, una espectadora de excepción había contemplado toda la escena, Amalia se acercó y colocándose a mi lado me soltó:

- No sabía que te gustaban estas cosas. – Yo tampoco, pero es buenísimo.

Sin decir nada más se colocó debajo de mí y tomando mi polla se la metió hasta la garganta, comenzando una mamada espectacular. Yo no sabía que hacer, no sabía donde estaba, era un placer inenarrable. Creo que Pablo me preguntó si quería que se corriese dentro, la verdad es que no se si contesté, cuando sentí que se derramaba en mis entrañas, empecé a soltar leche en la boca de Amalia que la engullía con frenesí. Mis últimos espasmos coincidieron con la salida del pene de Pablo. Quedé absolutamente descolado, supongo que fue uno de los orgasmos más intensos e inexplicables de mi vida.

Sorprendiendo a Glazo

En el verano del 2007 fui a Buenos Aires, como siempre para pasar unos días con mi hermana, el marido y mis sobrinos.
Mi sobrina estaba de novia con un joven de unos 26 años llamado Glazo, nieto de croatas, hecho que no es la sorpresa porque ya me había comentado por teléfono que había conocido a un chico pero lo que jamás me había imaginado era el buen gusto que tenía mi sobrina para elegir pareja.
Al conocer a Glazo me impactó su aspecto tan enorme, tipo oso o como se dice por estos lares "parecía un ropero", en el momento que mi sobrina me lo presentó quedé sin habla al ver a semejante ejemplar rubio, como de 1.90 el cual me extendía muy afablemente su enorme mano cubierta de una pelusita dorada. El chico era encantador, muy locuaz, muy masculino y por suerte para mi sobrina el romance se concretó en boda, a la cual asistí en el invierno del 2008.
Esa Navidad, como tantas otras, la iba a pasar en Punta Ballena en la casa de mi hermano Leo, pero como mi sobrina tuvo un bebé viajé a la capital porteña para conocerlo, y por que no para deleitarme con Glazo el cual a pesar de sus 30 años sigue conservando su aspecto de mastodonte igual al día en que lo conocí.
Deleitarme con verlo porque él no podía imaginar los pensamientos incestuosos que recorrían mi mente cada vez que viajaba para allá y al verlo me excitaba tanto que terminaba pajeándome imaginando que era él el que tenía mi verga entre sus manos o que yo saboreaba su pija con mi lengua.
Nunca lo había visto con poca ropa por eso mi mente vagaba imaginando que semejante tipo tendría que tener una verga fabulosa la cual haría gozar y sufrir a mí sobrina que es de complexión normal.
Cenamos en Nochebuena todos muy felices de encontrarnos nuevamente en familia y con un nuevo integrante, al llegar la medianoche nos abrazamos como siempre, al estar un poco bebidos nadie se dio cuenta de que al abrazar a Glazo le palmeé la espalda felicitándolo por el bebé, luego nos dimos un ósculo con el cual nuestros labios casi se tocaron porque ese beso que nos dimos en las mejillas estuvo a escasos centímetros de nuestras bocas pero ninguno de los dos se dio por aludido aunque yo sentí que mi verga se movía dentro de mis pantalones.
El día de Navidad no nos vimos porque ellos viajaron a La Plata de donde es oriundo Glazo y pasaron todo el día con los padres de él.
Ese beso familiar me dejó todo el resto de la noche excitado y como se pueden imaginar terminé con una abundante lechada en mis manos la cual fue lamida por mi lengua imaginando que era la culminación de la excitación de Glazo.
Por suerte iban a ser pocos los días de esa tortura teniendo al objeto de mi deseo tan cerca y tan lejos al mismo tiempo.
Dije que esa tortura no iba a durar muchos días porque la fiesta Fin de Año la pasaría en Uruguay con mi hermano y su familia, por eso trataría de verlo lo menos posible para que no se diese cuanto de cuanto lo deseaba.
Pero como dice el dicho italiano "Lo que ha de ser será", aunque no me lo imaginaba en mi cama o por lo menos viéndolo desnudo, todo eso sucedió de la forma que menos lo hubiese imaginado.
El 26 de Diciembre después de almorzar me fui a caminar por los bosques de Palermo y allí estacionado vi un auto, el cual reconocí de inmediato como el de Glazo porque era de un color dorado con unas estrambóticas rayas verdes idéntico al suyo por eso no dudé ni un instante en que podía tratarse del coche de otra persona.
Me intrigó sobremanera que ese coche estuviese allí en horas de oficina por eso me acerqué para ver si había alguien dentro y cual fue mi sorpresa!!
Efectivamente mi sobrino político estaba dentro metiéndole la mano a una mujer por su escasa pollera, mientras ella muy audazmente tenía su mano dentro de la bragueta de Glazo.
Seguramente hice algún ruido porque él miró hacia afuera y al verme muy despavorido gritó:
-Tío!! ¿Qué hacés acá?
-Pasaba por acá reconocí tu auto y me acerqué para ver si era el tuyo...
Inmediatamente se bajó y comenzó darme explicaciones que no le había pedido.
-Por favor no le digas a Sunny, sabés que como está con la cuarentena... ando caliente y acá me encontré a este travestí que me la iba a chupar por unos pocos mangos...
Pensé: "así que la mujer que estaba con Glazo no era mujer y para hacérsela chupar tenía que meter su mano entre sus piernas tratando de agarrarle la verga al travestí?!"
En esos pocos segundos imaginé muchas cosas, algunas como que Glazo me estaba mintiendo que le gustaban las vergas y lo ocultaba, por qué no se buscó a una mujer para sacarse la calentura provocada por la cuarentena de su mujer.
Aunque su mujer era mi sobrina esa acción en la cual lo había sorprendido no era un hecho de mi incumbencia para que yo le pidiese explicaciones por eso le dije:
-Un travestí?
-No pensarás que me gustan los tipos... La levanté porque me cobraba poco por una mamada...
Como nuestra conversación demoraba mucho la tipa se asomó por la ventanilla y le gritó
-Apúrate que me esperan otros...
-Esperá que le digo que se vaya y te llevo para casa.
-No voy para casa, salí a pasear... Sabés nunca estuve con un travestí, vos estás caliente y yo te interrumpí... decile que vamos a un telo y nos la chupa a los dos...
-Pero tío!!! Como vamos a hacer eso delante tuyo...
-Que tiene nunca hiciste un trío?
Como titubeaba mucho lo amenacé con decirle a todos que él era un gay encubierto.
Ante esa situación no tuvo otra alternativa que aceptar mi propuesta, quedando muy contrariado mientras yo me quedaba muy feliz de que por lo menos iba a ver al macho de mis desvelos en acción.
Fue hasta el coche donde conversó un rato con su ocupante hasta que al cabo de unos minutos de discusión volvió hasta donde yo estaba para decirme que el travestí quería $500 argentinos porque éramos dos y ya había perdido mucho tiempo.
-A mí me cobraba solo 50 por una chupada al paso, pero para ir hasta el hotel quiere esa cantidad, yo solamente tengo $200... porque ya le di los $50.
No iba a perder mi oportunidad por unos pesos más o menos por eso le dije que le ofreciese $350 y los $50 que ya había cobrado porque además teníamos que pagare el hotel.
La travestí aceptaba $400 porque ella no tenía la culpa de no haber terminado su trabajo en el auto, su tiempo lo había perdido.
-Decile que sí, total el hotel lo pagás con tarjeta y listo.
-NOOO!!! Qué querés que mi mujer vea la cuenta de un telo en el estado de cuenta!!
Tenía razón por eso acepté pagar yo el telo con la tarjeta y como la travestí ya se había bajado del auto para irse le dijimos que yo pagaría el hotel porque Glazo no tenía más dinero.
Tuvimos que ir hasta la Panamericana, dobló en el camino de unos de esos telos que hay sobre la ruta, pidió una habitación y luego guardó el coche en el garaje.
Glazo estaba apesadumbrado quería irse sin concretar nada de lo planeado pero temía que yo dijese que él era puto y se armase la de San Quintín por eso al entrar a la habitación muy contrariado se fue desnudando hasta que quedó solamente con el bóxer.
La travestí dijo que yo hiciese lo mismo mientras ella nos hacia un "bailecito para ir caldeando el ambiente.
En el coche no había percibido que era un minón con todos los atributos en su lugar, grandes tetas y cola muy parada todo eso lo fue exhibiendo lascivamente mientras Glazo y yo estábamos recostados en la cama solamente cubiertos por nuestras prendas intimas.
Aunque deseba enormemente ver el falo de Glazo no dije nada que pudiese violentarlo, me aguanté porque sabía que en cualquier momento tenía que extraer su "mercadería " para que la travestí se la mamase.
A pesar de su rabia parecía disfrutar de ese bailecito y cuando la travestí comenzó a pellizcarse los pezones él no pudo contener su mano y comenzó a deslizarla suavemente sobre su verga la cual comenzó a despertarse marcándole una gran montaña dentro de su bóxer.
Mi pija también despertó porque de reojo lo miraba a él excitándome con su cuerpo níveo cubierto de una pelusilla dorada la cual le hacía muy atractivo, pero no creo que él se haya percatado de eso porque muy absorto miraba los contoneos de Sabina que así dijo llamarse la bailarina.
No pude ver el "armamento" de la bailarina porque estaba cubierto con una diminuta tanga la cual solamente le dejaba al aire las redondas nalgas y cuando se agachaba exhibía su hoyito muy lampiño y aterciopelado.
Cuando nos mostró su hoyito, de reojo miré a Glazo y vi como su mano ya estaba dentro de su bóxer moviéndose agitadamente allí dentro al mismo tiempo que con su lengua relamía sus labios por el placer que le estaría dando pensar que en cualquier momento iba a penetrar ese agujerito.
Además de excitado yo estaba muy contenido porque con todas las gana que le tenía a Glazo, al ver como se estaba excitando le hubiese arrancado el bóxer para inmediatamente después tragarme su verga hasta la raíz sin importarme nada más porque podía ahogarme por lo grande que aparentaba ser debajo de la tela de algodón que la cubría.
Terminado su baile ella se arrastró por la cama como una gata y al llegar al bulto de Glazo tiró del bóxer de una manera muy brusca dejándome ver como saltaba esa vara enhiesta golpeando contra el ombligo de mi sobrino político.
Me ahogué con mi propia saliva al ver cuan grande era y para calmar mi ahogo me puse a toser ante la mirada de placer que emitían los ojos de Glazo al sentir esa lengua traviesa que envolvía su glande.
Esa primera impresión me hizo calcular que el trozo de enhiesta carne que se estaba tragando la travestí no medía menos de 23 cm con un grosor considerable ya que ésta tenía que abrir la boca de una manera extraordinaria.
Mi mano apretaba mi verga la cual aun permanecía oculta de las miradas, no sé de cuales miradas porque Glazo ni de reojo se ocupaba de mí porque con sus párpados entrecerrados se dejaba chupar dando leves gemidos cada vez que Sabina se tragaba algún milímetro más de su esplendorosa verga.
Sabina comenzó a pajearlo con una mano mientras con su lengua envolvía el glande tratando de abrirle la uretra para introducir su órgano sin hueso por allí, lo hizo hasta que los gemidos de Glazo se acentuaron tanto que fueron acompañados por convulsiones de su tórax y su saliva cada vez mojaba más sus labios deslizándose por su barbilla.
Mi excitación también fue en aumento por lo que no pude contener más mi deseo reprimido y me abalancé sobre esa boca húmeda justo en el momento que él entre gemidos decía:
-Seguí puta! Estoy por acabaaaaaaaaaaaaaaaar.....
Le chupé la lengua percibiendo dentro de mi boca todo el temblequeo que le estaba produciendo la eyaculacción dentro de la boca de Sabina y sin que se diese cuenta por lo extasiado que estaba en su propio placer correspondió a mi beso apretándome la cara contra la suya para que mi lengua succionase toda la saliva que a torrentes fluía de sus glándulas salivales al unísono con la tremenda acabada que le empapó la cara a la travestí.
Cuando me soltó pude ver el viscoso liquido que fluía de la boca de la travestí mojándole la cara para finalizar su descendente caída sobre la cama.
-¡¡¡ La puta!!! ¡Como me hicieron gozar! Hacía más de un mes que no cogía con nadie...
A lo que la travestí más calmada preguntó
-¿Realmente es tu tío? O es una joda...
Antes de que Glazo le contestase la besé con la intención de que el semen de ese nieto de croatas pasase a mi boca para poder disfrutar yo también del sabor que ella estaba percibiendo a través de sus papilas gustativas.
Mientras me pasaba el semen a mi boca tomó mi verga y comenzó a pajearme violentamente, pero como tenía todo el pecho mojado por la abundante lechada de Glazo se lo lamí íntegramente tragándome todos los vestigios del néctar de mi sobrino político.
Ni me puse a mirar los ojos que seguramente estarían desorbitados sin poder creer lo que estaba sucediendo.
Supongo que los ruidos de mi lengua lamiendo los pechos de la travestí fueron los que despertaron a Glazo de su estado de estupefacción porque cuando el pecho de Sabina quedó libre de todos de los restos de su descarga y mientras ella seguía pajeándome con sus tetas Glazo me dijo:
-¿Te gusta tanto mi leche?
Entre relamidas le hice un gutural sonido parecido a un:
-Uhhhhhhhhhhhhmmmmmmmmmmmmmm!!!
Por mi afirmativo sonido le di a entender a mi sobrino político que estaba en la gloria, por eso antes de que pudiese imaginar que pensamientos pasaban por su mente vi que tenía su pija dentro de su puño ofreciéndomela a la vez que me decía:
-Si te gusta tanto, vení a la fuente y bebé todo el resto que quedó...
Nunca me hubiese imaginado que esa verga tan enorme iba a estar un día a mi disposición para prodigarme todo el placer que necesita para culminar el año 2008.
Parecía que Glazo no hubiese acabado hacia unos minutos toda esa cantidad de leche hirviente porque su verga morcillona comenzó a crecer nuevamente al contacto con mi lengua y con cada lamida se endurecía cada vez más, mientras mi pija estaba por reventar porque la travestí además de estrujarla entre sus tetas me había metido un dedo en el culo haciéndome delirar de placer.
Exploté dentro de sus tetas mojándole todo el cuello a la vez que Glazo le decía:
-Metéle el dedo más adentro! Parece que al tío le gusta!
Cuando todo hubo finalizado y la travestí se puso de pie pude verle el bulto bajo su minúscula tanga, pero como se fue al baño para limpiarse las dos lechadas miré a Glazo a la cara y sacando su verga de mi boca le dije:
-Cómo gozamos con este travestí!!!!!
-Me parece que nos podíamos haber ahorrado los $500 porque vos gozaste más con mi verga que con lo que te hizo ella. Seguí chupando que lo hacés muy bien....
Sabina demoró un poco y al volver nos dijo:
-Generalmente no acabo con los clientes pero ustedes dos me calentaron lo suficiente como para que mi pija se haya puesto muy dura, como no me cogieron quiero que lo hagan... pero que lo haga el tío porque el sobrino la tiene muy grande y me va a doler.
Se puso a lo perrito sobre la cama, luego me dio una crema y un condón y ante la atenta mirada de Glazo se la clavé sin ninguna dificultad aunque ella dio algunos grititos de dolor fingido, supongo que lo hico para excitarnos más.
Mientras mi verga iba y venía dentro del canal de Sabina tomé la mano de Glazo y la llevé a la pija de ella para que la pajease cosa que hizo muy tímidamente como avergonzándose de tener entre sus manos una verga que no fuese la suya.
Podía sentir bajo mis dedos la mano de Glazo jugueteando con la verga de ella, pero ese deleite fue interrumpido por la música de su celular, por eso tuvo que interrumpir la paja que le estaba haciendo a Sabina, luego se levantó y fue hasta donde estaba el teléfono.
Justo en esos momentos a mi sobrina se le ocurrió llamar para pedirle a su marido que le comprase unas cosas cuando volviese para su casa, Glazo le dio que me había encontrado en la Av. Del Libertador y ella le contestó que fuésemos los dos para allá.
Mientras hablaba con ella Glazo no dejó de acariciarse la verga la cual estaba nuevamente en una hermosísima posición de ataque, luego de dejar el celular entre sus vestimentas se dirigió hacia la cama para terminar lo que habíamos interrumpido, pero al verme sobre Sabina con mi verga aun enterrada en el culo de ella y con mis nalgas separadas comentó:
-Que lindo hoyito tenés!! Me dejás visitarlo.
Excitado como estaba le respondí que sí, aunque pensé en las consecuencias del daño que podía hacerme semejante herramienta por no tener el ano preparado, pero mi deseo pudo más que el temor a las consecuencias.
Glazo tomó la crema de Sabina, metió dos dedos allí dentro, después me los metió con toda su rudeza haciéndome gemir por el gozo que me hizo sentir al dilatar mi ano con esa fría crema y luego de untarse su balano con ella me lo aplicó en la puerta hasta que con algo de presión lo fue deslizando hacia dentro venciendo algo de la resistencia que puso mi esfínter al sentirse invadido por un elemento extraño.
El desliz de su verga en mi recto fue delicioso pero al golpear fuertemente mi próstata me causó un poco de dolor y como consecuencia se me bajó la pija la cual casi se salió de dentro de Sabina pero por suerte ella ya había acabado entre sus manos abandonándose a su éxtasis muy cómodamente debajo de nuestros cuerpos.
Después de un tiempo en los cuales las molestias cesaron porque mis tejidos se fueron adaptando al tamaño de la pija de Glazo comencé a gozar con sus empellones, por eso mi verga se levantó nuevamente y como no se había salido del cuerpo de Sabina la cual aún permanecía debajo de nosotros expectante pero sin más deseos de ser penetrada.
Ante sus protestas tuve que moverme para que pudiese salir, de esa forma quedé de costado dándole lugar a Glazo el cual comenzó con su vaivén cada vez más frenético hasta que con sus manos extrajo toda la leche que aun quedaba guardada en lo más recóndito de mis vesículas seminales no comenzó su eyaculacción haciéndome gritar por el goce infinito que me produjo cuando se estrellaba pegándome en la próstata desde adentro de mis entrañas.
Culminadas nuestras eyaculaciones Glazo me beso de una manera increíble haciéndome sentir en mi lengua todo el delicioso sabor de su saliva y cuado la excitación hubo pasado notamos la ausencia de Sabina la cual se había ido a duchar.
Nos fuimos a bañar inmediatamente porque se había hecho tarde y en el baño la encontramos vistiéndose para que la llevásemos hasta el lugar donde Glazo la había encontrado.
Allí en la ducha no perdí la oportunidad de tener la pija de Glazo nuevamente entre mis manos porque la enjaboné muy cuidadosamente para que no le quedasen rastros de los olores espermáticos, luego la chupé un poquito aprovechando que estaba mustia y no tenía el tamaño descomunal que me había hecho sentir a través de mis terminales intestinales.
Tuve que detenerme ante las protestas de Sabina que quería irse porque ya había terminado su trabajo y no quería empezar todo de nuevo.
Después que pagué con la tarjeta, fuimos hasta Palermo donde dejamos a la travestí para finalizar comprando lo que mi sobrina le había pedido.
En el viaje hasta su casa Glazo me dijo que nunca había estado con otro hombre, que solamente con travestís pero luego que le veían la pija bien dura casi ninguna se dejaba coger por temor a ser lastimadas.
Antes de bajar del coche le di las gracias por haberme hecho gozar tanto, luego entramos a la cochera donde guardó su auto y allí en la semipenumbra aproveché para darle un beso de despedida palmeándole la cola y apretando su verga contra al mía.
Cenamos los tres mientras el bebé dormía plácidamente en su cuna, mientras comíamos comencé a tener dolores muy intensos en la zona dilatada por eso fui al baño a descargar el semen que ya se había licuado y vi entre los desperdicios algunas gotas de sangre.
No dije nada y cuando me fui los abracé a los dos, aprovechando el abrazo le toqué las nalgas a Glazo sin que mi sobrina lo notase.
Cuando llegué a la casa de mi hermana inmediatamente me puse una crema desinflamatoria porque cada vez que los dilatados tejidos iban volviendo a su tamaño normal me venían muchas molestias dentro de mi recto pero el placer recibido bien valía la pena soportar lo que estaba sucediendo en mis paredes intestinales.

Mi primer trio

Estoy casado desde hace unos 25 años. Mi mujer Ana y yo estamos casi en los 50 y tenemos una relación sexual normal. Hacía tiempo que cuando hacíamos el amor, mi mujer para excitarse, me pedía algunas cosas un tanto extravagantes...decía que la excitaba, y es cierto que se ponía tremenda y teníamos un sexo fantástico.
Un buen día después de cogérmela intenté penetrarla por detrás, cosa que algunas veces accedía, pero esta vez me puso una condición:
Quería que me pusiera su ropa interior y sus medias y liguero, a lo que con algo de resistencia accedí, para a continuación, tener ella unos terribles orgasmos. Esto me animó a pedirle más jueguitos y vaya si los tuve.
El siguiente sábado volvió a pedirme lo mismo y accedí. A continuación ella sacó una caja del armario y me dijo ¡sorpresa! hoy primero te voy a coger yo a vos... y sacó un arnés con un consolador y sin mediar palabra (con poca resistencia por mi parte) me estuvo culeando un buen rato, mientras yo, que tenía mis reparos y dolores, empecé a disfrutar del tema, posteriormente hice con ella lo que quise, me la garché y le introduje el consolador por detrás a la vez para después darsela por el culo mientras ella se introducía el dildo.
A medida que pasaban los días la veía más contenta y animada.
Finalmente el día de mi cumpleaños me dijo: "tengo una sorpresa para vos". Fuimos a cenar y después a un telo. Cuando llegamos a la habitación me pidió que me desnudara y sacó de una bolsa unas esposas con las que me ató a la cama y se desnudó quedando con su ropa interior sexy y sus medias. Pensé: "de nuevo me va a culear antes de que yo la empome..."
Para nada, ante mi sorpresa llamó por el celu y en 2 minutos tocaron a la puerta. Abrió y entró un pendejo de unos 25 años muy educado. Alberto, me dijo, esté es José Antonio y es mi sorpresa, bueno más bien lo que te va a pasar ahora...
Me quedé de piedra mientras mi mujer se calentaba más y más mientras se besaba con el pendejo. Inmediatamente lo desnudó y comenzó a chuparle la pija (era ciertamente grande, unos 18 cm) y venía completamente depilado como le gusta a mi mujer. "Ana, pero te lo vas a coger así...?" "tranqui cielo" y empezó a chuparme mi poronga mientras José comenzaba a chuparle las. Mi mujer estaba excitadísima de hecho soltó mi verga y cerró los ojos mientras este hijo de puta le comía la concha a fondo. !Pero Ana!, dije yo, sorprendido ...ella me tapó la boca con su mano mientras se corría ante las embestidas de la lengua de José Antonio.
A continuación a 4 patas comenzó a comerme de nuevo la pija y él comenzó a penetrarla desde atrás. Debo confesar que en ese momento me excité sobre manera y solo pude dejarme llevar y ver como se corría de nuevo la turra de mi mujer sin piedad. Después de este orgasmo, comenzó a besarme y masturbarme haciéndole una indicación a José para que comenzara a chuparme mi pija, cosa que hizo sin chistar mientras me decía al oído, “ahora amigo, te vas a relajar y todos la vamos a pasar bárbaro”. Una vez me la mamó bien mamada, Ana le agarro su pija y me la colocó en la boca obligándome a chupársela mientras me soltaba las esposas. Allí estaba yo chupando una pija a un desconocido, en compañía de mujer y no me disgustaba. Ya perdí el control y mi mujer cogía la poronga de José y me la llevó directamente a mi culo, para decirme: “tranquilo es mejor que cuando te cogí yo”, y era así... Me estaban culeando y mi mujer me puso la concha en la boca y empecé de inmediato a comérsela. José acabó dentro de mi en el forro, pero gritó como un poseído. Estaba excitadísimo y mi mujer lo notó. Me colocó boca arriba y se sentó encima. De inmediato se inserto mi pija en su concha mientras le dijo a José que la penetrara por detrás. Se movía como una serpiente la muy puta, mientras ambos la teníamos bien ensartada.
Acabamos los 3 casi a la vez y quedamos exhaustos encima de la cama. José muy profesional se levantó, se vistió y pregunto si nos había gustado, a lo que contestamos que sí. Mi mujer se levantó y le pagó 400 pesos mientras le besaba en la boca antes de despedirse. Finalmente se acurrucó en mis brazos y nos dormimos juntos. Me ha prometido que el próximo cumpleaños será mejor...

La sobrina politica

El evento que les voy a describir sucedió hace poco tiempo, yo con 39 años, no soy mal parecido, mido 1.80 y Mariela mi sobrina política, de 15 años, es delgada, buen culo, de 1.75, linda, cabellos negros y unos lindos pechos chicos muy parados.

Yo vivo en Capital, junto a mi esposa, que es una hermosura de mujer.

Por motivos de la firma de unos documentos bancarios tuvo que viajar a su pueblo natal para firmarlos y presentarlos. Tenía que regresar en una fecha determinada para reintegrarse al trabajo. En el pueblo todavía vive su hermana mayor con su hija Mariela sobrina carnal de mi esposa. Todos dicen que mi mujer cuando era chica era idéntica a Mariela. Estando en el pueblo, Mariela le preguntó a mi mujer si podía venir de vuelta a Capial con ella a pasar una temporada con nosotros. Mi mujer me consultó, yo le dije que no, de ninguna manera, porque no me iba a hacer cargo de una adolescente pajera en Buenos Aires. Terminada la discusión y mi negativa, mi mujer le dijo a su sobrina que no había problemas y que yo estaba encantado.

Compraron los pasajes, pero cuando se llegó la fecha del viaje los trámites que estaba realizando mi esposa no estaban listos y le dijeron que demoraría otra semana más por lo decidió quedarse, pero como ya habían comprado los pasajes y para no perderlos no tuvo mejor ocurrencia que decirle a la sobrina que se adelantara para aprovechar antes de la Navidad, ya que ella esperaría unos días mas.

Es así que cuando yo esperaba a mi esposa de regreso, llegó mi sobrina, justo cuando ya me iba a ir a mi trabajo, me saluda dándome un beso en la mejilla a la vez que me decía que mi esposa se va a demorar unos días mas por motivo de los trámites que se iban a retrasar.

En mi trabajo yo no me sentía tranquilo de tener a la pendeja sola en casa y al retornar a casa no se por qué, pero presumía que me iba a meter en quilombos. Yo hacía tres años que no la veía y la verdad es que fue una agradable sorpresa ver a semejante muchacha.

Al ingresar a casa me pude percatar de que mi sobrina se encontraba viendo TV, y al escuchar que yo llegaba salió a mi encuentro y me volvió a saludar con un beso que me sonó a DEMASIADO cariñoso, cosa que me erizó la piel.

Me dijo, “Tío te hice una cenita, está caliente y te la voy a servir yo”. A lo que yo le respondí que si, además le dije, eres una chica maravillosa que ni mi esposa hacía eso, porque por lo general cocino yo cuando vuelvo.

Luego de cenar me fui a mi cuarto y le indique a ella que si quería hiciera lo mismo, ya que como el viaje es agotador, posiblemente se encontraba cansada y que tratara de dormir, a lo que ella me indicó que sí, se iba a dormir. Luego de esto y pasado una hora, yo no podía dormir por el calor, por lo que pensé mejor era ir al baño y darme una ducha de agua fría. Al pasar por delante de su cuarto me percaté que la puerta estaba totalmente abierta, al igual que la ventana, por lo que entré para cerrarla un poco. Ella descansaba, me quede mirándola por unos minutos y a través del resplandor de las luces pude notar lo linda que era, por lo que, por mi mente pasaron muchas ideas chotas.

Luego me percaté que ella se encontraba profundamente dormida por lo que aproveche para continuar con mi exploración en ese cuerpo de niña-mujer. Tenía una linda bombacha de color blanco. Al tratar de cerrar la ventana la rocé y ella se acomodaba quizás entre sus sueños. Le acomodé el camisón para que no quedara tan expuesta y allí se despertó. Supuse que en el averno me esperaba el diablo para castigarme eternamente. Sin embargo, solo sentí que ella me agarró de la cabeza y en lugar de retirarme, me apretó contra su pecho. Me di cuenta que ella estaba en esos momentos en que no le importaba más que entregarse por completo a las caricias de su querido tío, el mismo que le estaba dando unas lecciones incontroladas de sexualidad ya que de su sexo fluían líquidos que le hacían sentirse en otro mundo, el mundo de la felicidad y la lujuria.

Luego y sin decir ambos palabra alguna, los dos nos despojamos de nuestras ropas y a besarnos por todos lados y entre sollozos me decía “por favor tío ya no aguanto más, haceme tu mujer como a la tía, porque ya no resisto mas, es demasiado lindo lo que le hacés”, entonces obedeciendo lo que me pedía me coloqué sobre de ella y le puse la cabeza de mi pene en la entrada de sus labios vaginales y comienzo a frotarlo de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba una y otra vez hasta que de tanto suplicar que la haga mía, comienzo a meter mis 17 cm. en esa raja rosada que se encontraba bien lubricada por sus propios jugos y de un solo empujón se lo metí todo hasta el fondo de sus entrañas, ella solo lanzó un leve gemido y me abrazó con mas fuerzas que nunca y me dijo “tío esto es lo mas lindo que me ha sucedido y te agradezco por ser vos quien me de la felicidad que necesito y calmar esta ansiedad que tengo aquí entre mis piernas”.

Felicidad que no duro mucho tiempo porque llego mi esposa y nunca se enteró de lo nuestro, al contrario estuvo feliz de tener a su sobrina en casa y que la ayudara en los quehaceres domésticos, hasta que mi adorada sobrinita viajó de vuelta a su pueblo para pasar las fiestas. Prometimos una visita para febrero.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Los antojos de ella.

Andrea y yo hace cinco años que estamos casados. Ambos estamos empleados en la misma empresa. Yo soy gerente de administración y Andrea es la secretaria del presidente. Mi mujer es muy bonita, fina y de excelente presencia. Tenemos dos hijos varones.

Los jueves sale con las amigas. Uno de esos jueves volvió con unas copas de més y me dijo algo al oído:

– ¿Un qué? – Dije incorporándome en la cama
- Un travestí – Me dijo Andrea con total desparpajo
- Para? – Fue mi contestación medio tonta
- Decime si no te gustaría?? – Me dijo dándome besitos en la oreja
- Pero me va a querer coger a mi!!!!
- Si a mi me gusta que vos me hagas la colita, a lo mejor a vos también que te la haga un travesti, - Me decía en la oreja, con una voz que derretiría a cualquiera - por allí le encontras el gustito, que te preocupa??? Yo quiero verte porque me calienta muuuuuuuuuuuuucho.
- Es que es mi colita....
– Tu colita es MI colita.

Obviamente no le di importancia ya que me pareció que era otra más de las fantasías que solíamos jugar en la cama. Teníamos varias de esas como, que nos veían y que algún extraño se nos unía, a veces era una mujer, otras un hombre o varios.

Paso el tiempo y un fin de semana largo que nos quedamos en casa, Andrea me dijo que salía con unas amigas y que muy probablemente llegara tarde. Lo tome como lo más normal del mundo, me quedé con los chicos, ella salió antes de la cena así que me pedí una pizza y unas cervezas, me acomode en el sillón y prendí la tele, me quede viendo una película hasta tarde, acosté a los pibes y después me fui a dormir.

Como a las cuatro de la mañana escucho la puerta que se abre, la voz de Andrea y algunas risitas. No llegue a escuchar nada más y me quede en la cama esperándola. Al rato escucho que deja la cartera, se saca los zapatos, siento el ruido del cierre de la ropa y que venia para el dormitorio. Se acostó totalmente desnuda en la cama y pude sentir su cuerpo frío contra el mío, me estremecí un poco.

- Qué tal fue la reunión?
- Linda, nos divertimos mucho, ¡hasta bailamos….!
- Quiénes fueron?
- Maria, Celina y el resto de las chicas.
- Concurrido…
- Estas dormido? - Me pregunto de la manera más "inocente" del mundo, mientras me acariciaba la cola y me lamía la oreja.
- Depende
- ¿Del amiguito? - Me dijo, llevando su mano hasta mi pija y comenzando a acariciarla.
- El siempre te espera y tiene ganas…

Allí me di vuelta, la tome entre mis brazos y comencé a besarla en los labios. Le di un profundo beso de lengua y pude sentir el olor a alcohol, el humo en su pelo, la transpiración en su piel.
En sus tetas me detuve un largo rato, luego le acaricie el culo. Le toque la concha con mis dedos y pude sentir que estaba muy mojada.

- Epa, que mojadita que estamos hoy - Le dije.
- Es que te tengo una sorpresa - Me contesto.
- Sorpresa, cual?? No estoy muy seguro si quiero una ahora….
- Relájate - me contesto mientras me ponía de espaldas y se sentaba arriba mío.

Esta posición me encantaba ya que podía verle las tetas balanceándose, las podía pellizcar, besar, su pelo caía sobre mi cara y tenía la libertad de darle pellizcos o cachetearle la cola.

Se quedo un rato así, comenzó con besitos por mi pecho, tomo mis pezones en sus labios y los beso y mordió apasionadamente. Luego siguió bajando hasta mi ombligo, lo beso, metió su lengua, me saco el calzoncillo lentamente, tomo mi pija con sus manos y comenzó a chupármela. No hizo falta mucho para que estuviera totalmente al palo y con todas las ganas de cogérmela.

- Parece que la fiesta nos dejo muy calientes- Le dije - Que anduvieron haciendo?
- Traje a una amiga - Me contesto levantando la cabeza Eso me sorprendió e instintivamente quise levantarme y taparme.
- Una amiga tuya, aquí?? Y nosotros así??
- Le hable de vos y a ella le va a encantar conocerte….
- Cómo se llama, la conozco???
- Se llama Karen, no la conoces y es muy tímida, no esta acostumbrada a estas cosas
- Y entonces qué hace acá??? - Le dije tomándola de la cintura y trayéndola hacia mí.
- Nunca estuvimos a solas, si esa era tu pregunta…
- Ok, - dije excitadísimo, si era una amiga y ella estaba de acuerdo, que más podía querer - Me la vas a presentar o no?

- Te dije que era muy tímida así que a vos te toca cerrar los ojos.

Era rídículo, pero agarró una tira de seda que teníamos en el cajón para estos juegos y me vendo los ojos. Entre la penumbra de la habitación y la venda, no podía ver nada, solo escuche los pasos de Andrea por el pasillo, como hablaba con alguien, zapatos que caían al piso, mas ropa que caía al piso, y las pisadas que venían hacia la habitación.

Luego pude sentir una boca por mis piernas. No me lo esperaba así que me sobresalte, y me moví.

- Tranquilo, te va a gustar - Me dijo Andrea, cerca mío. Entonces esa boca, no era la de ella.

Deje que, la amiga de Andrea, Karen me siguiera mimando y debo decir que era muy buena. Empezó a hacerme caricias en los tobillos y fue subiendo lentamente por la rodilla primero y luego por la entrepierna hasta mi pija que estaba a full. Allí, apenas me dio un besito en el capullo y siguió bajando por la otra pierna. Mientras tanto Andrea me daba besos en los pezones, me acariciaba, me besaba la oreja, me estaba volviendo loco.

Karen seguía muy entretenida con los besos y mimos pero ahora ya más concentrados en mi pija, primero me beso y chupo los huevos, luego tomo mi pija con sus manos y me la lamió toda desde la base hasta el capullo. Esta chica, no era ninguna novata, sabía muy bien lo que hacia.

Trate de estirar las manos para tocarla pero solo llegue a su pelo, se lo acaricie ya que Andrea no me dio tiempo a mucho mas, me empujo para que me acostara y puso su conchita en mi boca.

Obviamente no iba a desperdiciar semejante placer, y se la chupe con todas las ganas, jugué con sus labios, le tome los cachetes del culo con las manos y se los pellizque bien fuerte.

Al rato sentí que me ponían un profiláctico con los labios, esto me estaba volviendo loco, le chupe el clítoris a Andrea con todas las ganas y le apreté un cachete hasta hundirle los dedos.

Luego sentí como tomaban mi pija con las manos y la iban guiando hasta que entro en lo que parecía la cola de Karen, ya que se sentía bastante apretada y no muy lubricada. Me quede quieto y deje que Karen fuera guiando el paso, Andrea aprovecho para levantarse de mí y comenzó a besarme.

- Te gusta - Me pregunto suavemente.
- Me encanta - Le dije mientras le metía la lengua profundamente en su boca.

Karen ya se había metido toda mi pija en su culo y comenzaba a moverse muy suavemente apretando y aflojando los esfínteres cosa que me volvía loco, podía escuchar sus gemidos y su respiración agitada.

Andrea me tomo las manos y las llevo hasta las tetas de Karen. Se sentían grandes, duras, parecían operadas, no eran naturales, pero no me molestaba para nada, es más, revelaba que en parte era medio putita y le gustaba mostrarse. Se las acaricie durante un rato hasta que Andrea me tomo las manos y me las fue bajando por el pecho, y la pancita de Karen, sentí su ombligo y los pelitos del pubis bien depilado y….

Allí me lleve la gran sorpresa…. Donde esperaba encontrar una hermosa concha sentí la pija que tenia Karen…. Era la primera vez que me pasaba esto y me quede duro con la mano en su pija, mientras ella se movía lentamente.

Con la mano que me quedaba me saque la venda y pude ver a Karen… Tenia el pelo castaño, con reflejos rubios, los ojos y la boca muy pintadas, su cara era muy agradable con esos ojos castaños y tenía un cuerpo espectacular, delgada, las tetas le quedaban estupendas, redonditas, duritas, y la pija que tenia me daba envidia ya que era más grande que la mía.

Andrea ni lenta ni perezosa se agacho y le comenzó a hacer una mamada a Karen mientras ella se quedaba quieta disfrutando de mi pija en su culo. Karen estaba en el cielo, gemía y le acariciaba la cabeza y la espalda a Andrea. Después de un par de mamadas Andrea dijo

- Creo que ahora me toca a mí Lentamente Karen saco mi pija de su culo, Andrea que ya había conseguido otro profiláctico, me saco el que tenia, me puso el nuevo y se subió arriba mío.

Me encanto tenerla arriba, sentir su concha toda mojada, ver sus tetas bamboleándose frente a mí, se las tome con las manos y comencé a chupárselas.

- Vení Karen - Dijo Andrea, separándose de mi, y le tomo la pija con la mano y se la siguió chupando. - Ponemela vos también - Le dijo con vos melosa.

Era obvio que Andrea estaba muy excitada por la situación y quería más, esta era la primera vez que íbamos a probar una doble penetración. Karen ni lenta ni perezosa se puso detrás de Andrea que apoyo todo su cuerpo sobre mí, yo deje de moverme y me quede quieto esperando….

No tuve que esperar mucho y pude ir sintiendo como la pija de Karen comenzaba a empujar contra el culito de Andrea. Era una sensación muy rara, la de sentir algo más estaba allí, me seguí quedando quiero mientras Karen muy suavemente le seguía poniendo toda la pija por el culo. Andrea gemía, se mordía los labios, trataba de ir acomodándose, abría la boca, estaba gozando muchísimo. Luego Karen le dio un último empujón que arranco un grito de placer de Andrea, yo le tome la cara y le comencé a dar un profundo beso que fue ahogando sus gritos. De a poco me fui moviendo, despacio al principio tratando de acomodar mis movimientos a los de Karen y después cada vez más rápido.

Andrea seguía gritando y gimiendo, estaba en el cielo, sacudía la cabeza, sus hermosas tetas se balanceaban frente a mí y cada tanto se las mordía, se las chupaba, era un placer ver como gozaba.

- Me están matando!!!! -Gritaba mientras no dejaba de moverse.

Con un grito, que hacía mucho no le escuchaba, con arqueos de la espalda y mientras me mordía los labios Andrea acabo extasiada.

Lentamente fui bajando el ritmo y sentí como Karen le sacaba la pija del culo. Andrea se salió de mi pija y rodó sobre la cama a mi lado, seguía suspirando y se tomaba la cabeza. Con la voz entrecortada me miro y me dijo - Ahora te toca a vos. - Y le saco el profiláctico a Karen y le puso uno nuevo, aprovechando la oportunidad para darle un par de mamadas. Luego hizo lo mismo conmigo, me cambio el profiláctico, me tomo mi pija y también me dio un par de mamadas. Andrea se acostó de espaldas como para hacer un 69 y yo no pude menos que seguirla. Karen atrás mío comenzó a jugar con mi cola, primero dándome besitos, luego con la lengua que pasaba por mis nalgas y jugueteaba traviesa con mi ano. Al principio me dieron entre cosquillas y cierto "no sé qué" que hicieron que quisiera acabar…

- No seas tonto - Me dijo Andrea - te va a gustar.

Karen siguió con sus besos mientras Andrea me besaba las pelotas, las tomaba en su boca, se las pasaba por la lengua, y yo trataba de disfrutar de su concha. En un momento sentí como Karen me lubricaba el ano con algún gel y luego me ponía un dedo.

- Te gusta dulce? - Me preguntó.

No sabía que contestar, era una catarata de sensaciones, los mimos de Andrea, mi culito que era penetrado con un dedo por primera vez, el ser tres en la cama.

No espero a mi respuesta, y sin demasiados miramientos, me apoyo su pija en mi culo y comenzó a empujar. Me sorprendió lo fácil que entro, al principio me dolió un poco y tuve que salirme, luego probó nuevamente, esta vez más despacio y con un poco de cuidado, logro metérmela toda.

- Que linda colita que tenés papito, como me gusta hacértela.

Me quede quieto mientras me lubricaba con algo suave y frio. Luego me apoyó la puntita y me quedé quieto y relajado esperando adaptarme, era una sensación rara, eran demasiadas sensaciones todas juntas, no podía seguir chupándole la concha a Andrea… Karen comenzó a moverse, despacio al principio pero luego cada vez más fuerte, tomándome de la cintura.

- Te está gustando? - Dijo Karen - Te gusta mi pija en tu culo?

Andrea tenía razón, dolía, pero esto me estaba gustando, me sentí raro pensando así…. Entre los mimos de Andrea y el bombeo de Karen, no iba a durar mucho más y Andrea se daba cuenta. Se tocaba apenas el clítoris y acabó viéndome enculado como jamás la había oído gritar tanto en su vida.

- Nunca en mi vida acabé tan fuerte - Decía Andrea entre jadeos – Nunca me calenté tanto.

Karen parecía una locomotora, seguía empujando con todas sus fuerzas y yo le ayudaba un poco mas haciendo fuerza con mi cola hasta que acabe como nunca, grite y sentí un escalofrío que me recorría toda la espalda, que me llegaba hasta la punta del pelo, ni siquiera me di cuenta cuando Karen termino. Nos quedamos los tres tirados en la cama, yo en el medio con dos hermosos pares de tetas a mi lado, pero con una con una pija y la otra con una concha…

- Te gusto mi sorpresa - Me pregunto Andrea
- Es como mínimo diferente y debo decir que la verdad, no estuvo mal - Le conteste mientras le besaba las tetas a Karen.

Le pagamos a Karen y se fue. Andrea seguía caliente y yo también. Cuando yo estaba previo a un nuevo orgasmo y ella parecía que también, me dijo:

– Si te cuento otra cosa caliente, ¿te vas a enojar?
– No dije – yo en el medio del fragor.
– ¿Seguro?
– Si.
– Bueno, pero ¿seguro?
– Siiiii, dale.
– Bueno, estoy de amante con Javier, el hijo menor del dueño de la empresa desde hace varios meses…
– ¿Queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeé?
– Es un pendejito divino, tiene 22 nada más. ¡Me dijiste que no te ibas a calentar! Porque no termina ahí…

Al pendejo lo conocía de sobra, era un lacra bárbaro, simpatiquísimo y muy divertido, pero que se divirtiera con mi mujer me hacía poca gracia, pero mucho no podía zapatear, porque yo me había divertido varias veces con la hermana de él que es mi jefa, casada, madre de tres, está buenísima y es más puta que las chicas de Tinelli. Por miedo a enterrarme como la almeja, slí por la tangente:

– ¿¿¿Estás embarazada del pendejo????
– No. El tiene novia, pero también coge con los amigos.
– No entiendo – y esos sí que era sorpresa total para mí.
– Se coge a los amigos y los amigos se lo cogen a él. Quiero que nos coja a los dos y el también quiere.
– ¿A qué dos?
– A vos y a mí.
– Si vos cogés con él, yo qué tengo que ver.
– El travesti me lo consiguió él porque estaba seguro que te iba a gustar.
– ¿Y?
– Está en el living… ¡Javier! ¡Pasá! Ya estamos listos.