Soy Luciana, ex jugadora de hockey sobre césped y arquitecta de la zona norte de Buenos Aires. Tengo 37 años. Al decir de mi terapeuta soy una predadora.
Las chicas que jugábamos al hockey en los ’90 estábamos endiosadas casi como símbolos sexuales. Recién empezaban los gimnasios y el real cuidado del cuerpo. Soy alta, morocha, de ojos muy oscuros, buen lomo, excelentes patas y culo.
Mi eterno problema fue siempre el mismo, me gusta el sexo más que el helado de frutilla y no puedo ser fiel. De chica nunca tuve un novio, pareja o salidita al que no lo haya hecho cornudo.
Después del 2000 las mujeres tomamos la iniciativa en lo sexual y no la largamos más. Yo no puedo estar con un solo hombre y mi actual pareja lo sabe por experiencia propia.
Yo tenía un noviecito serio, de buena familia y que iban a misa los domingos y venía con pulóveres Polo o Lacoste a verme jugar los domingos a la tarde. Por supuesto para él y su familia, ni pensar en tener sexo, lo que era una hipocresía absoluta porque nos agarrábamos semejantes calenturas que terminaba yo pajeándolo a él, y luego él a mi. Luego iba al día siguiente a misa y se lo contaba a su confesor, que se haría sus buenas pajotas también, en nuestro honor. Resumiendo que yo se la agarrara y que nos chupáramos estaba ok, si no había penetración. ¡Qué loco no!
Un día se apareció con el primo con el que jugaba al rugby. El primo me echó el ojo y yo a él, que también era de familia distinguida y religiosa y tenía una novia monísima y de similares características a nosotros.
Ese mismo domingo a la noche me llamó al celular y me invitó a salir, cosa que acepté. El primo rugbier me hizo debutar cuando ya era una boluda importante: 19. El debut no fue tan bueno como mi expectativa, pero la calentura y la curiosidad me estaban matando. Salía los viernes y domingos con el primo y los sábados con mi novio. Eso ocurrió durante casi un año. Los domingos a la tarde éramos los reyes de la hipocresía porque yo estaba con mi novio, con el primo y su novia. Un domingo de diciembre fuimos a la pileta de la casa de la novia de… digamos mi amante. Allí conocí a un primo de la novia de mi amante. Como la vez anterior, intercambiamos miradas y ya sabíamos lo que queríamos. Me volvió loca porque era un carilindo baby face como a mi me gustan. Inclusive Alejandro era más bajo que yo, morocho de ojos celestes increibles.
Me habló por teléfono y le expliqué como era mi situación. No se hizo muchos problemas en ser no ya el segundo, sino el tercero. Nos veíamos de lunes a jueves y nos íbamos al centro. Este pibe me enseñó lo que era sexo y me dio vuelta como bolsa de aspiradora. Cogía muy bien y la chupaba celestialmente. No estaba demasiado dotado, pero no era un problema.
Con mi novio oficial, la cosa se fue extinguiendo como una vela porque un día lo obligué a que me penetrara y me dijo días después que de esa forma se había arruinado la “esperanza de la noche de bodas”. Le dije que se quedara tranquilo, que la esperanza seguiría porque conmigo no se iba a casar. ¡Qué quilombo se armó en las dos familias! Mis viejos eran íntimos amigos de los padres de él y hasta habían dispuesto donde íbamos a vivir sin consultármelo nunca. Mis viejos le dieron la razón a él. Quise hablar con mi vieja, pero me decía que el chico tenía razón y que yo debía hablar con el padre Paulino.
Hasta mi hermana se me había puesto en contra, así que lo hablé con mi abuela que me dijo que lo mejor que podía hacer era no casarme. Me donó (pasándola por encima a mi vieja) la casa donde vivo ahora para que me fuera a vivir sola. Ella lo encaró a mi viejo para que me pasara plata por mes para que pudiera terminar la facu.
Yo creía que vivir sola me iba a facilitar las cosas, pero no. Mi “amante” no pensaba en pasar al papel de novio oficial, por lo que seguíamos por inercia y porque me encantaba hacerla cornuda a la novia de él. Yo no contaba que el que se iba a quedar más tiempo conmigo era Alejandro. Un día llegó y no se fue más. Yo le aclaré que no me pensaba casar y que no iba a darle exclusividad a nadie. Él, entonces aceptó las reglas del juego sintiéndose ganador porque yo terminé cortándola con su futuro cuñado. No se sintió tan ganador cuando llegó y encontró la puerta cerrada con llave y traba por dentro porque yo estaba con otro chongo.
De cualquier forma reconozco que me ganó el corazón y armamos una pareja casi formal. ¿Por qué casi? Porque yo tenía mis escapadas, ya no en casa y Ale se las tenía que comer. La mejor prueba es que mi hija no sé si es hija de él. Un jueves salí con un compañero de la facultad y al boludo se le rompió el profiláctico. El viernes fuimos a una fiesta y nos emborrachamos a morir y se que estuve con dos tipos o más. Él por suerte no se acordaba de nada. Como estaba por entrar en días peligrosos el sábado me lo recontracogí. Obviamente a los 10 días el evatest me dio positivo. Por suerto Carito salió morocha de ojos oscuros. Se parece a la madre y punto.
Desde que Caro nació hasta sus 10 años me porté bien. A partir de esa edad de la nena empezamos a tener problemas porque coger con Ale, que al principio era tan barbaro, me resultaba monótono. No es necesario aclarar que salí nuevamente a escena y durante estos cuatro años me he levantado uno o dos machos por mes. Nunca estoy con ellos más de dos veces. Por mi profesión de arquitecta, eso es facilísimo. Si alguno coge muy bien le doy más chances.
Un día salí con un colega que se partía de bueno. Cogimos a matarnos y cuando creí que se cerraba el telón me trajo una impresionante colección de vibradores y me pidió que lo empalara, que era la forma que más le gustaba de acabar. Él se volvió loco y yo descubrí “el” fetiche de mi vida. Fui a reuniones de Tupper sex y me enteré que casi todas las que iban compraban vibradores para ellas y consoladores o butt plugs para los maridos, novios o amantes.
Alejandro se enteró de un par de salidas mías con un amigo de él. ¡No puedo tener tanta mala leche! Así que estuvimos por separarnos durante dos meses. La verdad es que más allá de mi sexualidad sobreactuada lo adoro e hice una jugada para volver a amigarnos. Fui a otra reunión de Tuppersex, pero más heavy y sincera: tenían strapsons con porongas de gel de distintos tamaños. La vendedora decía que alguna que otra la compraba para darse con una amiga, pero que la absoluta mayoría quería encularse a su pareja. Me compre un strap que va en el muslo, para que Ale se me sentara encima. Al principio él estaba terriblemente reluctante, pero yo le dije que era una forma de renovarnos y que así de paso me entrenaba por si se me daba hacerlo con una mina. Eso parece que lo animó y de allí en adelante, la que era pijuda en nuestra pareja fui yo. También descubrí que, la minas argentinas que tienen un buen trabajo, o son ejecutivas o profesionales de éxito, es porque son fálicas. Yo no era la excepción. Y descubrí el por qué de mi fetiche: me gustaba más culear a mi pareja que que él me cogiera. Para que me cogieran encontraba machos a cagarme, pero uno que se dejara garchar, valía oro y era mío.
Se dio por casualidad que un colega me rogó por favor que fuera a ver a una clienta “un poco especial” que quería que le cambiaran la decoración de la casa. Que pagaba muy bien, peo que él no la podía atender. Cuando llegué a la casa me di cuenta por qué. Era una transexual verdaderamente hermosa que trabajaba de prostituta de muy alto nivel. Si ella no me lo decía difícilmente me hubiera dado cuenta que era un tipo. Nos matábamos de risa porque las dos teníamos la misma altura y medidas parecidas. Le hice el trabajo y una propuesta: le canjeaba mitad del trabajo por tener noches de sexo con Ale y conmigo. Le conté las características y estuvo más que feliz. Se hace llamar de varias formas, pero es conocida como Erika. Era un chico bueno, tucumano al que lo violaron unos parientes del padre reiteradamente. Ni bien pudo se vino a Buenos Aires y vendió su culo para sobrevivir. Una trava vieja le enseñó los secretos del oficio, con tanto éxito que hoy tiene un muy buen pasar, pero lo que más llama la atención es el nivel, aunque es una marica empalagosa.
La coloqué a Carito en la casa de mi abuela y traje a Erika. Al principio, sin oírla hablar, Ale compró que era una mujer y se subió a la moto. Cuando se avivó que era un trava, era demasiado tarde y lo llevábamos entre las dos al matadero. Erika con mucha cancha primero me cogió a mí. Fue una sorpresa porque lo hizo excelentemente bien me hizo soltar la bandada de pájaros que tenía al respecto. Ale se calentó y le daba, mientras yo lo empalaba con los consoladores. En un acomodamiento pasamos de las porongas de plástico al tubo de carne de Erika en el culo de Ale, que ahora puede decir que la probó y le gustó.
Aquella noche nos cambiaron muchas cosas. Erika vino varias veces y cada vez que venía lo feminizaba a Ale con una maestría que me volvía loca. Eso lubricó el paso a la fase dos del plan. Me traje a un pibito de 19, hijo de una cliente, que me traía de los pelos, pero con la condición que nos cogía a los dos. El pibe cumplio y tuvo su bonus extra. Alejandro lo disfrutó, pero la que se calentó como si hubiera sido un macho fui yo. Me enloqueció verlo chupar y masajearle las bolas afeitadas y lisitas al pendejito. No hubo forma que Ale se lo cogiera a él porque se le cerraba el culo mal. Lo feló y todo, pero no le pudo dar por el culo.
Conseguí que el pendejo me diera la referencia de otro que no solo era activo sino también pasivo que nos cogió a los dos, se dejo empalar por mí y coger por Alejandro que la pasó bomba. A su vez ese nos presentó a otro, más chico que se dejó travestir y yo casi muero de exceso de orgasmos.
A Ale lo feminizo en casa y solo para mí, porque tiene el phisic du rôl para eso. Lo empomo, más de lo que el me coge y también pasamos a la fase tres de dominación que me sale genial y es lo lógico para una mina fálica como yo. Vivimos como cuando éramos amantes. Estamos calientes todo el día y planeando la cagada del próximo fin de semana. También lo alenté a Ale para que tenga sus amantes, mujeres o varones, a mí no me interesa. Con eso aprendí que las mujeres somos menos prejuiciosas porque cuando me propuso hacer un trío con una chica, le dije que sí, sin siquiera pensarlo. La chica no había calculado que el trío era con la esposa de su “novio”, pero se la bancó y nos dimos a morir. Ahora Paula es la amante indistinta de nosotros dos.
Me asombra con que facilidad aceptan los chicos de menos de 20 a 22 años hacer un culo, que se lo hagan a ellos, o entre ellos y eso me enloquece. Para la mujeres del ámbito en que yo me muevo, estar con otra mujer es algo que no asusta a nadie y es lo más común del mundo.
Si con todo esto estamos bien, salvamos la pareja, estamos mejor que de más jóvenes, ¿por qué tengo que ser calificada como una depredadora porque el sexo sea lo más importante de mi vida?
Relatos y testimonios reales de sexo y erotismo especialmente recopilados y resumidos de sesiones de psicoanalisis, terapia y sexología. Los nombres, lugares y circunstancias han sido cambiados para proteger la intimidad de los protagonistas. los hechos exuales no.
domingo, 29 de agosto de 2010
sábado, 28 de agosto de 2010
Mi primer trava.
Esto me ocurrio en Bariloche, en el sur de Argentina.
Como de costumbre cuando salía de trabajar a las 12 de la noche, me daba una vuelta por donde se podían ver a las putas y travestis que rondaban ofreciendo su servicios, alguna que otra vez transaba con alguno, pero por lo general solo iba a mirar.
Una noche en particular me encontré con una travesti joven, no mas de 25 años, a la cual le propuse tener algo de sexo, me dijo que no porque ya estaba cansada y se estaba yendo a su casa .Le propuse llevarla sin compromiso, acepto y subió a mi automovil. La chica en cuestión media aproximadamente 165,piel trigueña, pelo largo castaño, buenas tetase y una minifalda exquisita que mostraba unas piernas hermosas, mas el regio culo que yo le había visto cuando estaba de pie, me indico como llegar a su casa, en 10 minutos arribamos a su departamento, el cual me había comentado en el viaje compartía con otra travesti. Al llegar me pregunto si quería bajar, por supuesto le dije que si, entramos, prendió la estufa,(era invierno) y se me arrimo mimosa diciéndome que me iba a agradecer el viaje. Me beso y me empezó a agarrar la pija que a estas alturas ya estaba redura, se agacho y comazo a chuparmela. Luego de unos momentos me dijo papi espera que pongo una colcha en el piso axial no despertamos a mi amiga y estamos mas comodos.
Hecho esto nos desnudamos y frente al fuego comenzamos a besarnos y chuparnos mutuamente, cuando le baje su tanga me encontré con una hermosa pija de buen tamaño, bastante gruesa y muy durazno pude resistirme, y mientras ella me la chupaba a mi, me introduje todo ese pedazo en la boca para disfrutarlo. Ella mientras tanto me chupaba la pija y comenzaba a acariciarme el culo con total suavidad, poco a poco me metió un dedo mientras me seguía mamando y me hacia gozar como loco, en un momento dado me pidió que me pusiera boca abajo que me quería chupar el culo. Automáticamente accedí a su pedido, me puse en cuatro patas y ella me abrió las nalgas y comenzó a mamarme el orto mientras con una mano me masturbaba. Me llevaba al limbo, de pronto dejo de masturbarme y de chuparme el culo, se puso un condón y me dijo relajate papito, me hiciste calentar mucho y te voy a coger. Acto seguido me la puso en la puerta de mi ya dilatado culo y con mucha delicadeza pero firmemente me la metió toda, me hizo delirar de placer. Lentamente me agarro de la cintura y empezó a gozar de mi culo y yo de su pija. Me miraba en un espejo y veía como sus tetas se balanceaban sobre mi espalda mientras su verga me taladraba deliciosamente. Poco tiempo después acabo en mi culo y yo regué copiosamente la manta sobre la que estábamos. Fue una noche esplendida.
Como de costumbre cuando salía de trabajar a las 12 de la noche, me daba una vuelta por donde se podían ver a las putas y travestis que rondaban ofreciendo su servicios, alguna que otra vez transaba con alguno, pero por lo general solo iba a mirar.
Una noche en particular me encontré con una travesti joven, no mas de 25 años, a la cual le propuse tener algo de sexo, me dijo que no porque ya estaba cansada y se estaba yendo a su casa .Le propuse llevarla sin compromiso, acepto y subió a mi automovil. La chica en cuestión media aproximadamente 165,piel trigueña, pelo largo castaño, buenas tetase y una minifalda exquisita que mostraba unas piernas hermosas, mas el regio culo que yo le había visto cuando estaba de pie, me indico como llegar a su casa, en 10 minutos arribamos a su departamento, el cual me había comentado en el viaje compartía con otra travesti. Al llegar me pregunto si quería bajar, por supuesto le dije que si, entramos, prendió la estufa,(era invierno) y se me arrimo mimosa diciéndome que me iba a agradecer el viaje. Me beso y me empezó a agarrar la pija que a estas alturas ya estaba redura, se agacho y comazo a chuparmela. Luego de unos momentos me dijo papi espera que pongo una colcha en el piso axial no despertamos a mi amiga y estamos mas comodos.
Hecho esto nos desnudamos y frente al fuego comenzamos a besarnos y chuparnos mutuamente, cuando le baje su tanga me encontré con una hermosa pija de buen tamaño, bastante gruesa y muy durazno pude resistirme, y mientras ella me la chupaba a mi, me introduje todo ese pedazo en la boca para disfrutarlo. Ella mientras tanto me chupaba la pija y comenzaba a acariciarme el culo con total suavidad, poco a poco me metió un dedo mientras me seguía mamando y me hacia gozar como loco, en un momento dado me pidió que me pusiera boca abajo que me quería chupar el culo. Automáticamente accedí a su pedido, me puse en cuatro patas y ella me abrió las nalgas y comenzó a mamarme el orto mientras con una mano me masturbaba. Me llevaba al limbo, de pronto dejo de masturbarme y de chuparme el culo, se puso un condón y me dijo relajate papito, me hiciste calentar mucho y te voy a coger. Acto seguido me la puso en la puerta de mi ya dilatado culo y con mucha delicadeza pero firmemente me la metió toda, me hizo delirar de placer. Lentamente me agarro de la cintura y empezó a gozar de mi culo y yo de su pija. Me miraba en un espejo y veía como sus tetas se balanceaban sobre mi espalda mientras su verga me taladraba deliciosamente. Poco tiempo después acabo en mi culo y yo regué copiosamente la manta sobre la que estábamos. Fue una noche esplendida.
Mi primera infidelidad.
Hace unos días viví una experiencia inolvidable. Las cosas no estaban bien con mi marido, y nos la pasabamos en discusiones y peleas constante. Una mañana rumbo a nuestros respectivos trabajos, tuvimos una discusion, y yo muy molesta me bajé del auto, y me fui en taxi hasta la oficina. Como se comprenderá no tenia ganas de hablarle y mucho menos de verlo.
Por razones de trabajo en algunas ocasiones se requeria que saliera más tarde del trabajo, motivo que aproveché para serle infiel a mi marido con un compañero que me traia de vuelta y media, por la enorme pinga que tenía.
Yo ya tenía una relacion de confianza con Marcos, este compañero, pero la verdad que cada vez que estaba cerca de él se me cruzaban unos pensamientos muy lujuriosos, donde me imagina lo grande y dura que debia tener esa pinga, que se veia marcada en los pantalones jeans tan ajustados que usaba.
Ese día Marcos, para consolarme me invito a almorzar y aprovechó para decirme las ganas locas que tenia de estar conmigo, que si yo queria, él me podia llevar a mi casa, y le dije que sí Al llegar la hora de la salida, me fui con él en su auto. Él me empezó a pasar sus manos entre mis piernas y eso me encendio, así que también empecé a tocarle su tremenda pija y estaba tan dura que solo me provocó a tenerla en mi boca y mamarlo hasta enloquecerlo.
Yo le sugerí que fueramos al parque donde iban algunas parejas a toquetearse y besuquarse un rato. Cuando llegamos alli, rapidamente le bajé el cierre y cuando vi esa enorme pija, grande y gruesa empecé a mamarla a lo bestia mientras él me agarraba la cabeza para que no parara de mamarlo. Marcos se puso tan caliente que queria meterme su pijaa en mi cachucha grande y pelada. Nos pasamos al asiento de atrás y alli me le senté encima.
Cuando sentí esa verga grande y gruesa dentro de mi no me importaba el tiempo, ni mi marido, la cana, ni nada. Lo cabalgué sobre él.
Cuando me dijo que se venia me metí su pija en la boca y acabó dentro de ella, experiencia que no la podré olvidar jamás.
Me dejó cerca de casa, y al llegar estaba mi marido preocupado esperandome. Claro que le dije que me había tocado quedarme mas tiempo en el trabajo, pero el no me creyó y me lo dijo.
Empezó a acariciarme, me dijo que iba al baño y que lo esperara desnuda. Yo me asusté porque acababa de mamar a Marcos hacía menos de 15 minutos y rapidamente saqué una pastilla de menta para que no me sintiera el aliento.
Mi marido me pregunto, “¿Por qué tenés una menta en la boca?¿ estabas con otro verdad?” Yo lo neguè rotundamente. Nunca me imagine que eso desataria en mi marido tanta pasion, el imaginarse que yo venia de estar con otro hombre, esa noche me hizo el amor como nunca, en realidad me cogió.
Después de tanta insistencia de él le confesé todo lo que había hecho en esa noche inolvidable con Marcos. Mi marido descubrió lo mucho que lo excitaba imaginarme con otros hombres.
Nuestras peleas se acabaron, y cuando hacemos el amor solo tengo que relatarle mis salidas con algún otro macho. Ahora quiero que estemos los tres en una misma cama. De solo pensarlo me mojo.
Por razones de trabajo en algunas ocasiones se requeria que saliera más tarde del trabajo, motivo que aproveché para serle infiel a mi marido con un compañero que me traia de vuelta y media, por la enorme pinga que tenía.
Yo ya tenía una relacion de confianza con Marcos, este compañero, pero la verdad que cada vez que estaba cerca de él se me cruzaban unos pensamientos muy lujuriosos, donde me imagina lo grande y dura que debia tener esa pinga, que se veia marcada en los pantalones jeans tan ajustados que usaba.
Ese día Marcos, para consolarme me invito a almorzar y aprovechó para decirme las ganas locas que tenia de estar conmigo, que si yo queria, él me podia llevar a mi casa, y le dije que sí Al llegar la hora de la salida, me fui con él en su auto. Él me empezó a pasar sus manos entre mis piernas y eso me encendio, así que también empecé a tocarle su tremenda pija y estaba tan dura que solo me provocó a tenerla en mi boca y mamarlo hasta enloquecerlo.
Yo le sugerí que fueramos al parque donde iban algunas parejas a toquetearse y besuquarse un rato. Cuando llegamos alli, rapidamente le bajé el cierre y cuando vi esa enorme pija, grande y gruesa empecé a mamarla a lo bestia mientras él me agarraba la cabeza para que no parara de mamarlo. Marcos se puso tan caliente que queria meterme su pijaa en mi cachucha grande y pelada. Nos pasamos al asiento de atrás y alli me le senté encima.
Cuando sentí esa verga grande y gruesa dentro de mi no me importaba el tiempo, ni mi marido, la cana, ni nada. Lo cabalgué sobre él.
Cuando me dijo que se venia me metí su pija en la boca y acabó dentro de ella, experiencia que no la podré olvidar jamás.
Me dejó cerca de casa, y al llegar estaba mi marido preocupado esperandome. Claro que le dije que me había tocado quedarme mas tiempo en el trabajo, pero el no me creyó y me lo dijo.
Empezó a acariciarme, me dijo que iba al baño y que lo esperara desnuda. Yo me asusté porque acababa de mamar a Marcos hacía menos de 15 minutos y rapidamente saqué una pastilla de menta para que no me sintiera el aliento.
Mi marido me pregunto, “¿Por qué tenés una menta en la boca?¿ estabas con otro verdad?” Yo lo neguè rotundamente. Nunca me imagine que eso desataria en mi marido tanta pasion, el imaginarse que yo venia de estar con otro hombre, esa noche me hizo el amor como nunca, en realidad me cogió.
Después de tanta insistencia de él le confesé todo lo que había hecho en esa noche inolvidable con Marcos. Mi marido descubrió lo mucho que lo excitaba imaginarme con otros hombres.
Nuestras peleas se acabaron, y cuando hacemos el amor solo tengo que relatarle mis salidas con algún otro macho. Ahora quiero que estemos los tres en una misma cama. De solo pensarlo me mojo.
Del otro lado de la Cordillera
Antes que nada, quiero decirles que soy chilena. Vivo en Santiago, pero hago terapia en Mendoza por lo que viajo al país trasandino una vez cada quince días.
No soy como el promedio de las chilenas ya que siendo de clase alta, soy rubia con bastantes tetas naturales, buena cintura y no muchas nalgas. Por lo que más me destaco no es por mi cuerpo, sino mi cara. Soy muy bonita y de ojos celestes claro.
Hasta mayo del 2009, yo era totalmente heterosexual, únicamente los hombres me encantaban. Era un sábado, mas o menos a las 6 de la tarde, y yo había estado haciendo un trabajo para la U, cuando Helena, hermana menor de mi mejor amiga, me llamó y me preguntó qué iba a hacer esa noche. Yo le respondí que nada, ya que mi novio estaba en Iquique.
Ella me pidió que la invitara a casa y yo le dije que no había ningun problema. Continué haciendo mi trabajo, y ella llegó mas o menos a la media hora, con una blusa blanca y unos pantalones pegados negros. Cuando entró a casa me dijo que estaba muy incomoda con esa ropa. Le sugerí que se pusiera cómoda. Se quitó la blusa y se desabotonó los pantalones que la estaban dejando amoratada.
La guasa se quedo casi en bolas, en corpiño y bikini. En ese momento yo sentí algo raro por mi cuerpo y decidí ir y ponerme una pijama.
Nos sentamos lado a lado en un sofá, empezamos a hablar mal de todas nuestras amigas en común cuandos ella puso su piernas sobre mi regazo y me agarró la cara y me dijo:
− ¡Te lo tengo que decir o reviento! ¡Paula, me gustas mucho!
Yo estaba asombrada. No podía creer que me estuviera diciendo eso y cuando me empezó a besar no reaccioné. Después me empezó a gustar. Nos besamos como cinco minutos, luego me quitó la parte de arriba de la pijama y me chupó las tetas, mordisqueando los pezones hasta que quedaron bien parados. Yo le desabroché el sostén e hice lo mismo luego bajé mi mano y le bajé las bragas hasta la rodilla ella se paró y pasó una pierna por encima mio y la apoyó en el espalda del sofá dejando su concha pelada totalmente al descubierto.
Yo me sentía para el carajo, pero sentí la obligación de hacer algo y le mandé mi cara y le chupé su vagina, primero los labios bien mojaditos luego el clítoris y luego le metí dos dedos hasta los nudillos y ella gritó del orgasmo.
Estaba loca porque hacía como dos meses que no cogía con mi pololo. No me daba cuenta lo que estaba haciendo y le pedí me hiciera lo mismo.
Me paré me quité el resto de la pijama y puse mi pierna en su hombro. Abrió mi vagina con dos dedos y me chupó la parte interna, yo me mojé y ella me empezó a succionar el clitoris y a lenguetearme la vulva. Ella me chupó hasta adentro la chucha, y luego me metió un dedo en el culo lo que me volvió absolutamente loca y me hizo que explotara del orgasmo.
Yo le hice dos tremebundas pajas y acabó tremendamente. Nos besamos y nos acostamos juntas. A la mañana siguiente, nos levanatamos y en la bañera hicimos el 69.
Yo me di cuenta que cogía mejor con la Helena que con mi pololo que era bastante fregado haciendo el amor. Se lo reclamé varias veces y dijo que de otra forma no sabía hacerlo. Como tuve otros encuentros con Helena y una chica que es conductora de TV, me di cuenta que era muchisimo mejor.
Me empecé a preocupar. Me tomé unos días y me fui a Córdoba. Allí cogí con chicos maavillosos y con chicas que eran todavía mejores que Helena. Lo de la terapia en Mendoza fue un buen pretexto. Las mendocinas son guarras y escondedoras como las chilenas. Los chicos son más abiertos. Hoy me considero felizmente bisexual, pero en mi círculo, en Santiago, no puedo contarlo, excepto a Helena.
No soy como el promedio de las chilenas ya que siendo de clase alta, soy rubia con bastantes tetas naturales, buena cintura y no muchas nalgas. Por lo que más me destaco no es por mi cuerpo, sino mi cara. Soy muy bonita y de ojos celestes claro.
Hasta mayo del 2009, yo era totalmente heterosexual, únicamente los hombres me encantaban. Era un sábado, mas o menos a las 6 de la tarde, y yo había estado haciendo un trabajo para la U, cuando Helena, hermana menor de mi mejor amiga, me llamó y me preguntó qué iba a hacer esa noche. Yo le respondí que nada, ya que mi novio estaba en Iquique.
Ella me pidió que la invitara a casa y yo le dije que no había ningun problema. Continué haciendo mi trabajo, y ella llegó mas o menos a la media hora, con una blusa blanca y unos pantalones pegados negros. Cuando entró a casa me dijo que estaba muy incomoda con esa ropa. Le sugerí que se pusiera cómoda. Se quitó la blusa y se desabotonó los pantalones que la estaban dejando amoratada.
La guasa se quedo casi en bolas, en corpiño y bikini. En ese momento yo sentí algo raro por mi cuerpo y decidí ir y ponerme una pijama.
Nos sentamos lado a lado en un sofá, empezamos a hablar mal de todas nuestras amigas en común cuandos ella puso su piernas sobre mi regazo y me agarró la cara y me dijo:
− ¡Te lo tengo que decir o reviento! ¡Paula, me gustas mucho!
Yo estaba asombrada. No podía creer que me estuviera diciendo eso y cuando me empezó a besar no reaccioné. Después me empezó a gustar. Nos besamos como cinco minutos, luego me quitó la parte de arriba de la pijama y me chupó las tetas, mordisqueando los pezones hasta que quedaron bien parados. Yo le desabroché el sostén e hice lo mismo luego bajé mi mano y le bajé las bragas hasta la rodilla ella se paró y pasó una pierna por encima mio y la apoyó en el espalda del sofá dejando su concha pelada totalmente al descubierto.
Yo me sentía para el carajo, pero sentí la obligación de hacer algo y le mandé mi cara y le chupé su vagina, primero los labios bien mojaditos luego el clítoris y luego le metí dos dedos hasta los nudillos y ella gritó del orgasmo.
Estaba loca porque hacía como dos meses que no cogía con mi pololo. No me daba cuenta lo que estaba haciendo y le pedí me hiciera lo mismo.
Me paré me quité el resto de la pijama y puse mi pierna en su hombro. Abrió mi vagina con dos dedos y me chupó la parte interna, yo me mojé y ella me empezó a succionar el clitoris y a lenguetearme la vulva. Ella me chupó hasta adentro la chucha, y luego me metió un dedo en el culo lo que me volvió absolutamente loca y me hizo que explotara del orgasmo.
Yo le hice dos tremebundas pajas y acabó tremendamente. Nos besamos y nos acostamos juntas. A la mañana siguiente, nos levanatamos y en la bañera hicimos el 69.
Yo me di cuenta que cogía mejor con la Helena que con mi pololo que era bastante fregado haciendo el amor. Se lo reclamé varias veces y dijo que de otra forma no sabía hacerlo. Como tuve otros encuentros con Helena y una chica que es conductora de TV, me di cuenta que era muchisimo mejor.
Me empecé a preocupar. Me tomé unos días y me fui a Córdoba. Allí cogí con chicos maavillosos y con chicas que eran todavía mejores que Helena. Lo de la terapia en Mendoza fue un buen pretexto. Las mendocinas son guarras y escondedoras como las chilenas. Los chicos son más abiertos. Hoy me considero felizmente bisexual, pero en mi círculo, en Santiago, no puedo contarlo, excepto a Helena.
Laura
Me llamo Marina, tengo 22 años, soy rubia, ojos verdes y lindo cuerpo. De hecho soy un imán para los hombres y ellos me encantan. Sin embargo hace unos días termine con mi novio con el que levaba dos años. Lo encontré besandose apasionadamente con una morocha con pinta de puta en un boliche al que no solíamos ir jamás. ¡Hay que tener mala suerte!
Estaba totalmente enamorada de el y eso me dolio mucho, después de pasar frente a el y saludarlo como si nada, me fuí a un lugar apartado y comencé a llorar desconsoladamente. Mientras lloraba una chica muy hermosa que estaba en una mesa del bar se me acerco y me pregunto si estaba bien, penso que me había ocurrido algo. Le conté lo que pasaba y ella me invitó a sentarme con ella para consolarme. Después de un largo rato hablando, me invito a seguir los tragos en su casa. Acepte y fui con ella. Al llegar a su departamento me pidio que la esperara un momento, pues quería darse una ducha para sacarse el olor a pucho del pelo. Me invitó a pasar a su habitación. Allí se desnudo totalmente, sin ningún pudor y pude ver que no solo tenía un bello cuerpo, sino unos pechos preciosos, un culo natural que parecía de acero y su pubis estaba totalmente depilado.
Mientras se bañába me puse a mirar unas fotos suyas y vi que se la veía siempre con ropa deportiva. Laura, que así se llamaba salió de la ducha con una bata de baño y me contó que era profesora de aerobics y spinning, además tenía un titulo de masajista terapeutico. Hablamos sobre masajes y ella se ofrecio a darme uno.
− Creo que te haría bien para drenar las energías negativas que acumulaste hoy −me dijo.
Yo acepte y ella me indico que me desvistiera. Su manera de mirarme mientras descubría mi cuerpo me intimidó bastante, pero yo proseguí quedando en ropa interior. Me pareció que me había metido solita en la boca del lobo. Laura me dijo:
− No seas tímida, quitate todo, no quiero manchar con aceite tu ropa interior.
Lo hice y ella me indico que me acostara en su cama. Vi por un espejo que cubría la pared, que ella se sacaba su bata de baño. Solita me había metido en un terrible kilombo. Lau comenzó a darme el masaje. La miré por el espejo, pero no vi nada raro, me hacía un masaje delicioso y yo me fui relajando, al girarme me turbó un poco ver aquella mujer totalmente desnuda tocando mi cuerpo, pero pense a que se debia a que nunca me habían hecho un masaje así.
Mientras me masajeaba los pies, comencé a excitarme, y cerré los ojos para evitar pensamientos raros. Luego Laura tomo mi mano derecha y se la llevó a su boca, y comenzó a chuparme los dedos uno por uno de una manera deliciosa. Gemí de placer y miedo, y trate de negarme, pero ella me dijo:
− Relajate, es solo la mano. Te estoy drenando las energías negativas, que se acumulan en tus extremidades. Si te da asco, decime.
− No, − contesté sinceramente − asco ninguno, es que me da cosita.
Deje de oponerme y disfrute de aquello, pero mi excitación era tan intensa que involuntariamente levanté mi pelvis eroticamente.
− ¿Eso también es “cosita”? − me preguntó riéndose.
− No. − Le contesté − Eso ya es “cosa” directamente. ¡Qué vergüenza!
− Quedate tranquila es normal.
Laura bajó sus manos por mis piernas y la parte interior de mis muslos, y sin aviso ni preámbulos comenzó a masturbarme suavemente con sus dedos. Acabé como una perra en menos de un minuto por la calentura que tenía.
Al verme acabar se acosto junto a mi y comenzo a besarme con una suavidad increible. Aquella mujer con sus mimos me estaba haciendo delirar de pasión. Después de besarme largo tiempo tocando todo mi cuerpo, su lengua enpezó a recorrerme entera. Al llegar a mi vagina comenzo a mamarmela de la manera más deliciosa que había sentido, y al ver que iba a acabar otra vez, abrió el cajón de la mesa de luz y saco un enorme vibrador con luces y cosas que deslizó en mi vagina, mientras me venía el segundo orgasmo que fue hasta esa noche el más intenso que hubieraa sentido. Mientras me recuperaba me beso tiernamente, diciendome lo hermosa que era. Miro su reloj y me dijo que tenía que hacer una llamada.
− Esperame en la ducha, −me dijo.
Pense que tenía que volver al bar. Mientras me duchaba me dijo que quería depilarme los genitales para saborearlos sin que ningún bello de mi pubis se le metiera en su boca. Mientras me depilaba, extrañamente me sentí su mujer y eso me excitó mucho. Al terminar me llevo nuevamente a la cama y comenzamos a acariciarnos sin apuro.
Estábamos por tener otro polvazo cuando oí un ruido y vi que la puerta de la habitación se abría. Sentí pánico. Allí estaban las dos chicas que la acompañaban en el bar. Me costó reconocerlas porque las tres estaban a contraluz.
Me sentí totalmente turbada y avergonzada, pero Laura me dijo:
− Liz, te presento a mis amigas y socias. Ella, la morena es Susana, la de pelo rubio es Maria Clara. Las llamé porque las dejé colgadas y para que te conozcan. Que estés con cualquiera de ellas es como si estuvieras conmigo.
Las chicas se acercaron a la cama y comenzaron a preguntarme qué me había pasado en el bar, y cómo lo había pasado con Laura, si era mi primera experiencia y cosas por el estilo. Yo miré a Laura y ella me dijo:
− Disfrutá Liz, olvidate del mundo.
Poco a poco me fui animando. Les pregunté, me enseñaron y me confesaron que las tres tenían sus novios, pero que les gustaba salir solas y no tenían problemas en conocer chicos o chicas. Que entre ellas y otras que ya me presentarían, tenían relaciones de sexo, sin rollos de enamoramiento, celos o parejas.
Mi vergüenza se volvió lujuria e hice el amor con María Clara que me pareció casi más bella que Laura e igual de encantadora.
Ver a Susana haciendo el amor con Laura, parecía que lo hacían dos estatuas de art deco.
Bese por primera vez los senos de una mujer en María Clara. Me reservé el 69 con Laura que me dio otro orgasmo tremendo. Yo me di cuenta que no le había sacado ningún orgasmo a ella, pero María Clara y Susana lo hicieron por mi.
Esa noche y a la mañana siguiente me mimaron besaron, acariciaron y amaron muchas veces y terminé pasando el resto del día con Laura. Después supe que Laura me “entrego” a sus amigas porque no quería que yo me involucrara sentimentalmente con ella ya que no es lesbiana y tiene una muy buena pareja heterosexual.
Ahora sigo disfrutando con los hombres, pero de otra manera, sin tanto involucramiento sentimental. Ya aprendí. Con mucha frecuencia salgo con una o más de mis nuevas amigas y pasamos una tarde o una noche hermosa.
Estaba totalmente enamorada de el y eso me dolio mucho, después de pasar frente a el y saludarlo como si nada, me fuí a un lugar apartado y comencé a llorar desconsoladamente. Mientras lloraba una chica muy hermosa que estaba en una mesa del bar se me acerco y me pregunto si estaba bien, penso que me había ocurrido algo. Le conté lo que pasaba y ella me invitó a sentarme con ella para consolarme. Después de un largo rato hablando, me invito a seguir los tragos en su casa. Acepte y fui con ella. Al llegar a su departamento me pidio que la esperara un momento, pues quería darse una ducha para sacarse el olor a pucho del pelo. Me invitó a pasar a su habitación. Allí se desnudo totalmente, sin ningún pudor y pude ver que no solo tenía un bello cuerpo, sino unos pechos preciosos, un culo natural que parecía de acero y su pubis estaba totalmente depilado.
Mientras se bañába me puse a mirar unas fotos suyas y vi que se la veía siempre con ropa deportiva. Laura, que así se llamaba salió de la ducha con una bata de baño y me contó que era profesora de aerobics y spinning, además tenía un titulo de masajista terapeutico. Hablamos sobre masajes y ella se ofrecio a darme uno.
− Creo que te haría bien para drenar las energías negativas que acumulaste hoy −me dijo.
Yo acepte y ella me indico que me desvistiera. Su manera de mirarme mientras descubría mi cuerpo me intimidó bastante, pero yo proseguí quedando en ropa interior. Me pareció que me había metido solita en la boca del lobo. Laura me dijo:
− No seas tímida, quitate todo, no quiero manchar con aceite tu ropa interior.
Lo hice y ella me indico que me acostara en su cama. Vi por un espejo que cubría la pared, que ella se sacaba su bata de baño. Solita me había metido en un terrible kilombo. Lau comenzó a darme el masaje. La miré por el espejo, pero no vi nada raro, me hacía un masaje delicioso y yo me fui relajando, al girarme me turbó un poco ver aquella mujer totalmente desnuda tocando mi cuerpo, pero pense a que se debia a que nunca me habían hecho un masaje así.
Mientras me masajeaba los pies, comencé a excitarme, y cerré los ojos para evitar pensamientos raros. Luego Laura tomo mi mano derecha y se la llevó a su boca, y comenzó a chuparme los dedos uno por uno de una manera deliciosa. Gemí de placer y miedo, y trate de negarme, pero ella me dijo:
− Relajate, es solo la mano. Te estoy drenando las energías negativas, que se acumulan en tus extremidades. Si te da asco, decime.
− No, − contesté sinceramente − asco ninguno, es que me da cosita.
Deje de oponerme y disfrute de aquello, pero mi excitación era tan intensa que involuntariamente levanté mi pelvis eroticamente.
− ¿Eso también es “cosita”? − me preguntó riéndose.
− No. − Le contesté − Eso ya es “cosa” directamente. ¡Qué vergüenza!
− Quedate tranquila es normal.
Laura bajó sus manos por mis piernas y la parte interior de mis muslos, y sin aviso ni preámbulos comenzó a masturbarme suavemente con sus dedos. Acabé como una perra en menos de un minuto por la calentura que tenía.
Al verme acabar se acosto junto a mi y comenzo a besarme con una suavidad increible. Aquella mujer con sus mimos me estaba haciendo delirar de pasión. Después de besarme largo tiempo tocando todo mi cuerpo, su lengua enpezó a recorrerme entera. Al llegar a mi vagina comenzo a mamarmela de la manera más deliciosa que había sentido, y al ver que iba a acabar otra vez, abrió el cajón de la mesa de luz y saco un enorme vibrador con luces y cosas que deslizó en mi vagina, mientras me venía el segundo orgasmo que fue hasta esa noche el más intenso que hubieraa sentido. Mientras me recuperaba me beso tiernamente, diciendome lo hermosa que era. Miro su reloj y me dijo que tenía que hacer una llamada.
− Esperame en la ducha, −me dijo.
Pense que tenía que volver al bar. Mientras me duchaba me dijo que quería depilarme los genitales para saborearlos sin que ningún bello de mi pubis se le metiera en su boca. Mientras me depilaba, extrañamente me sentí su mujer y eso me excitó mucho. Al terminar me llevo nuevamente a la cama y comenzamos a acariciarnos sin apuro.
Estábamos por tener otro polvazo cuando oí un ruido y vi que la puerta de la habitación se abría. Sentí pánico. Allí estaban las dos chicas que la acompañaban en el bar. Me costó reconocerlas porque las tres estaban a contraluz.
Me sentí totalmente turbada y avergonzada, pero Laura me dijo:
− Liz, te presento a mis amigas y socias. Ella, la morena es Susana, la de pelo rubio es Maria Clara. Las llamé porque las dejé colgadas y para que te conozcan. Que estés con cualquiera de ellas es como si estuvieras conmigo.
Las chicas se acercaron a la cama y comenzaron a preguntarme qué me había pasado en el bar, y cómo lo había pasado con Laura, si era mi primera experiencia y cosas por el estilo. Yo miré a Laura y ella me dijo:
− Disfrutá Liz, olvidate del mundo.
Poco a poco me fui animando. Les pregunté, me enseñaron y me confesaron que las tres tenían sus novios, pero que les gustaba salir solas y no tenían problemas en conocer chicos o chicas. Que entre ellas y otras que ya me presentarían, tenían relaciones de sexo, sin rollos de enamoramiento, celos o parejas.
Mi vergüenza se volvió lujuria e hice el amor con María Clara que me pareció casi más bella que Laura e igual de encantadora.
Ver a Susana haciendo el amor con Laura, parecía que lo hacían dos estatuas de art deco.
Bese por primera vez los senos de una mujer en María Clara. Me reservé el 69 con Laura que me dio otro orgasmo tremendo. Yo me di cuenta que no le había sacado ningún orgasmo a ella, pero María Clara y Susana lo hicieron por mi.
Esa noche y a la mañana siguiente me mimaron besaron, acariciaron y amaron muchas veces y terminé pasando el resto del día con Laura. Después supe que Laura me “entrego” a sus amigas porque no quería que yo me involucrara sentimentalmente con ella ya que no es lesbiana y tiene una muy buena pareja heterosexual.
Ahora sigo disfrutando con los hombres, pero de otra manera, sin tanto involucramiento sentimental. Ya aprendí. Con mucha frecuencia salgo con una o más de mis nuevas amigas y pasamos una tarde o una noche hermosa.
Yo mujer?
Trabajo en una empresa muy importante de la Patagonia, donde vivo, al cumplir cinco años de servicio me dieron unas vacaciones y además me regalaron unos días de estadía en Mar del Plata, para que fuera en compañía de mi mujer.
Llegó el día del viaje y no habíamos preparado las valijas. Yo le pedí a Elisa que por favor las preparara mientras yo hacía las gestiones del transporte al aeropuerto, que no fuera a olvidar que íbamos para tierras menos frías.
Llegó la hora de irnos y cuando llegué a la casa. Elisa se estaba acabando de organizar, saqué las dos valijas y salimos. Llegamos al hotel al mediodía. Almorzamos allí mismo ya que es un hotel sindical y nos fuimos a hacer una siesta para luego irnos a la playa. Salimos a eso de las tres de la tarde, regresamos a las siete de la noche, todo iba muy bien hasta que salí del baño y al buscar en mi valija no encontré mi ropa interior. Le pregunté a mi mujer a ver si la tenía en la suya. Ella buscó y me dijo “no aquí no hay nada”. Yo empecé a protestar y ella me dijo que la valija me la tendría que haber hecho yo.
Me dijo con la mayor naturalidad del mundo:"te vas a tener que poner mis tanguitas". Yo le dije que aceptaba una, provisoriamente hasta que fuéramos a Carrefour a comprarme boxers. Salimos del hotel para el súper y de paso comprábamos whisky y café. En el súper a medida que iba caminando sentía muy erótica la suavidad resbalosa de esa tanga, y el ajuste que le daban a mis huevos. Me sentía requetebién. Mi mujer se debe haber dado cuenta porque me preguntó cómo me sentía , yo le dije lo bien que la sentia.
Elisa me respondió “¿si te sentís bien y te gustan, boludo, para que te vas comprar calzoncillos ahora?” La respuesta me hizo divertir y excitar al mismo tiempo.
Cuando volvimos al centro pasamos por el famoso sexshop de la calle Entre Ríos. Me dijo que quería conocerlo y que entraramos; estuvimos viendo varias cosas, pero Elisa se empecinó en comprar un vibrador. Me dijo que era para cuando yo no estuviera. Lo compramos y le dije “vamos a comer que tengo hambre”.
Cuando regresamos al hotel, me enteré que no me había llevado el piyama. Yo pensé para mi: también es cierto si veníamos para esta parte de calor para qué piyama. Elisa me preguntó y “que te vas a poner para dormir?” le dije que nada. A lo que repondió: no importa colocate uno de mis camisonsitos, le repondí: no quedaste contenta con hacerme colocar tanguita que ahora quieres que me ponga tu camisón? No me repondió nada, se limitó a sacar de su valija un camisón rosa de tela sedosa me dijo “ponételo que te debe de quedar muy bien además es muy fresco, seguro que te vas a sentir bien”, me lo coloqué y verdad que tenía razón, Elisa silbó y dijo: “te queda muy bien y además estás muy sexy”, yo me reí. Me invitó al balcón de la habitación, nos sentamos, desde ahí se podía apreciar gran parte de la ciudad, era un espectáculo muy hermoso, yo serví dos copas con whisky, le llevé a Elisa, cuando la recibió dijo: “brindemos por tu nuevo look mas soft”, reimos y nos confundimos en un abrazo, nos sentamos.
Elisa me preguntó que como me sentía yo le dije bien, ahí fue cuando me confesó que hacía mucho tiempo tenía la fantasía de verme vestido de mujer, pero que en casa nunca se había animado, por lo que lo del "OLVIDO" era algo intencional… No podía admitir que esa pilcha me re calentaba.
Durante el tiempo que estuvimos en Mar del Plata siempre usé sus panties, un día me tocó ponerme una tanga que se me incrustaba por todas partes, pero bueno superé la dificultad.
Una noche fuimos a bailar a Constitución. Nos tomamos unos tragos, regresamos muy tarde al hotel, ibamos en pedo, casi ni cerramos la puerta de la habitación para desnudarnos. Nos fuimos a la cama y nos unimos en un apasionado beso, le empecé a mamar las tetas y acariciarle la concha. De pronto se apartó de mi, se levantó. fue a la valija y sacó un un corpiño, una tanga roja, un liguero y un baby-doll muy transparente y dirigiéndose a mi dijo: “mi amor ponte esto, hace mucho rato quiero verte vestido de mina”. Como el fernet había hecho un poco de efecto en mi acepté.
Cuando Elisa me vió así, buscó su bolsa de maquillaje y me pintó y maquilló durante casi una hora. Yo tengo pelo rubio largo que uso en un rodete. Soy de origen galés, por lo que tengo ojos claros, nariz chica y soy bastante menudo y absolutamente lampiño. No tengo pelos en el cuerpo ni jamás me afeité en mi vida. De allí su fantasía. Cuando terminó me dejó verme en el espejo. Ni mi madre me hubiera reconocida. Creo que como mujer quedaba más interesante que como varón.
Luego sacó el consolador que habíamos comprado, y como ya tenía la chocha mojada se le fue todo adentro, lo metía y lo sacaba como una loca, me pidió que me masturbara, yo me bajé los panties y empecé a sobarme el pene, de pronto se sacó el vibrador de la concha y se dirigió a mi diciéndome “te molestaría si te lo meto por el culo? de pronto puede ser mejor que mis dedos” Muchas veces cuando hacemos el 69 mientras nos mamamos nos metemos hasta dos dedos por el culo. Yo le paré el culo y como lo tenía lubricado con sus jugos fue entrando muy suave, cuando ya me lo había metido todo, lo puso a vibrar; eso me puso como loco y le pedí que no me lo fuera sacar que me lo metiera y lo sacara como cuando yo le meto la verga por el culo. Nunca en mi vida había sentido una emoción tan grande, mientras ella me metía y me sacaba el aparato yo la masturbaba. Elisa me hacía lo mismo con una mano, así estuvimos hasta que nos vinimos en gran cantidad.
Al día siguiente para ir a la playa me hizo poner una malla enteriza que me había comprado. Me pintó un poco. Con ateojos negros ojotas y camisa clara pasaba por mujer. Me divertí porque hasta me dijeron un piropo. Antes de irnos me produjo a fondo para ir a bailar. Con la poca luz del boliche pasaba por una linda mujer. Salí a bailar con un tipo que a toda costa me quería apretar. Elisa estaba con un amigo de ese y se mataba de risa de mis situación.
Fuimos al baño de mujeres, que fue toda una experiencia religiosa para mi, y me rogó que me dejara toquetear un poco y que me dejara besar, que ella iba a sacar unas fotos. Acepté solamente porque estaba muy borracho. El tipo me decía mil boludeces y me chuponeaba. De pronto vi dos flashes. Eli me habia sacado un par de fotos.
Cuando volvimos y las mostramos, nadie, absolutamente nadie me reconoció. Despues de aquellas vacaciones todo cambió. Los fines de semana llevamos los chicos a la casa de mi vieja y yo soy una señorita. Nos vamos a bailar, o salimos a cenar. Lo más gracioso fue un comentario de una mujer que la detesta a Eli por cuestiones políticas, que dijo que se había vuelto torta porque la habían visto besando a otra mina, o sea yo.
Lo que ahora me pide es más difícil: quiere ver a un tercero que me coja. Me tienta, pero es un paso largo y difícil.
Llegó el día del viaje y no habíamos preparado las valijas. Yo le pedí a Elisa que por favor las preparara mientras yo hacía las gestiones del transporte al aeropuerto, que no fuera a olvidar que íbamos para tierras menos frías.
Llegó la hora de irnos y cuando llegué a la casa. Elisa se estaba acabando de organizar, saqué las dos valijas y salimos. Llegamos al hotel al mediodía. Almorzamos allí mismo ya que es un hotel sindical y nos fuimos a hacer una siesta para luego irnos a la playa. Salimos a eso de las tres de la tarde, regresamos a las siete de la noche, todo iba muy bien hasta que salí del baño y al buscar en mi valija no encontré mi ropa interior. Le pregunté a mi mujer a ver si la tenía en la suya. Ella buscó y me dijo “no aquí no hay nada”. Yo empecé a protestar y ella me dijo que la valija me la tendría que haber hecho yo.
Me dijo con la mayor naturalidad del mundo:"te vas a tener que poner mis tanguitas". Yo le dije que aceptaba una, provisoriamente hasta que fuéramos a Carrefour a comprarme boxers. Salimos del hotel para el súper y de paso comprábamos whisky y café. En el súper a medida que iba caminando sentía muy erótica la suavidad resbalosa de esa tanga, y el ajuste que le daban a mis huevos. Me sentía requetebién. Mi mujer se debe haber dado cuenta porque me preguntó cómo me sentía , yo le dije lo bien que la sentia.
Elisa me respondió “¿si te sentís bien y te gustan, boludo, para que te vas comprar calzoncillos ahora?” La respuesta me hizo divertir y excitar al mismo tiempo.
Cuando volvimos al centro pasamos por el famoso sexshop de la calle Entre Ríos. Me dijo que quería conocerlo y que entraramos; estuvimos viendo varias cosas, pero Elisa se empecinó en comprar un vibrador. Me dijo que era para cuando yo no estuviera. Lo compramos y le dije “vamos a comer que tengo hambre”.
Cuando regresamos al hotel, me enteré que no me había llevado el piyama. Yo pensé para mi: también es cierto si veníamos para esta parte de calor para qué piyama. Elisa me preguntó y “que te vas a poner para dormir?” le dije que nada. A lo que repondió: no importa colocate uno de mis camisonsitos, le repondí: no quedaste contenta con hacerme colocar tanguita que ahora quieres que me ponga tu camisón? No me repondió nada, se limitó a sacar de su valija un camisón rosa de tela sedosa me dijo “ponételo que te debe de quedar muy bien además es muy fresco, seguro que te vas a sentir bien”, me lo coloqué y verdad que tenía razón, Elisa silbó y dijo: “te queda muy bien y además estás muy sexy”, yo me reí. Me invitó al balcón de la habitación, nos sentamos, desde ahí se podía apreciar gran parte de la ciudad, era un espectáculo muy hermoso, yo serví dos copas con whisky, le llevé a Elisa, cuando la recibió dijo: “brindemos por tu nuevo look mas soft”, reimos y nos confundimos en un abrazo, nos sentamos.
Elisa me preguntó que como me sentía yo le dije bien, ahí fue cuando me confesó que hacía mucho tiempo tenía la fantasía de verme vestido de mujer, pero que en casa nunca se había animado, por lo que lo del "OLVIDO" era algo intencional… No podía admitir que esa pilcha me re calentaba.
Durante el tiempo que estuvimos en Mar del Plata siempre usé sus panties, un día me tocó ponerme una tanga que se me incrustaba por todas partes, pero bueno superé la dificultad.
Una noche fuimos a bailar a Constitución. Nos tomamos unos tragos, regresamos muy tarde al hotel, ibamos en pedo, casi ni cerramos la puerta de la habitación para desnudarnos. Nos fuimos a la cama y nos unimos en un apasionado beso, le empecé a mamar las tetas y acariciarle la concha. De pronto se apartó de mi, se levantó. fue a la valija y sacó un un corpiño, una tanga roja, un liguero y un baby-doll muy transparente y dirigiéndose a mi dijo: “mi amor ponte esto, hace mucho rato quiero verte vestido de mina”. Como el fernet había hecho un poco de efecto en mi acepté.
Cuando Elisa me vió así, buscó su bolsa de maquillaje y me pintó y maquilló durante casi una hora. Yo tengo pelo rubio largo que uso en un rodete. Soy de origen galés, por lo que tengo ojos claros, nariz chica y soy bastante menudo y absolutamente lampiño. No tengo pelos en el cuerpo ni jamás me afeité en mi vida. De allí su fantasía. Cuando terminó me dejó verme en el espejo. Ni mi madre me hubiera reconocida. Creo que como mujer quedaba más interesante que como varón.
Luego sacó el consolador que habíamos comprado, y como ya tenía la chocha mojada se le fue todo adentro, lo metía y lo sacaba como una loca, me pidió que me masturbara, yo me bajé los panties y empecé a sobarme el pene, de pronto se sacó el vibrador de la concha y se dirigió a mi diciéndome “te molestaría si te lo meto por el culo? de pronto puede ser mejor que mis dedos” Muchas veces cuando hacemos el 69 mientras nos mamamos nos metemos hasta dos dedos por el culo. Yo le paré el culo y como lo tenía lubricado con sus jugos fue entrando muy suave, cuando ya me lo había metido todo, lo puso a vibrar; eso me puso como loco y le pedí que no me lo fuera sacar que me lo metiera y lo sacara como cuando yo le meto la verga por el culo. Nunca en mi vida había sentido una emoción tan grande, mientras ella me metía y me sacaba el aparato yo la masturbaba. Elisa me hacía lo mismo con una mano, así estuvimos hasta que nos vinimos en gran cantidad.
Al día siguiente para ir a la playa me hizo poner una malla enteriza que me había comprado. Me pintó un poco. Con ateojos negros ojotas y camisa clara pasaba por mujer. Me divertí porque hasta me dijeron un piropo. Antes de irnos me produjo a fondo para ir a bailar. Con la poca luz del boliche pasaba por una linda mujer. Salí a bailar con un tipo que a toda costa me quería apretar. Elisa estaba con un amigo de ese y se mataba de risa de mis situación.
Fuimos al baño de mujeres, que fue toda una experiencia religiosa para mi, y me rogó que me dejara toquetear un poco y que me dejara besar, que ella iba a sacar unas fotos. Acepté solamente porque estaba muy borracho. El tipo me decía mil boludeces y me chuponeaba. De pronto vi dos flashes. Eli me habia sacado un par de fotos.
Cuando volvimos y las mostramos, nadie, absolutamente nadie me reconoció. Despues de aquellas vacaciones todo cambió. Los fines de semana llevamos los chicos a la casa de mi vieja y yo soy una señorita. Nos vamos a bailar, o salimos a cenar. Lo más gracioso fue un comentario de una mujer que la detesta a Eli por cuestiones políticas, que dijo que se había vuelto torta porque la habían visto besando a otra mina, o sea yo.
Lo que ahora me pide es más difícil: quiere ver a un tercero que me coja. Me tienta, pero es un paso largo y difícil.
El impotente
Tengo 37 años, soy soltero por una única razón: soy un impotente perdido. No se me para. He probado todos los tratamientos y remedios habidos incluyendo el Cialis y Viagra, y lo único que he conseguido es una pija amorcillada que a duras penas podía introducir en la conchita de la chica con la que estuviera.
El mito de que los impotentes la tenemos muerta, que no nos gusta nada, etc.. es sólo un mito. Claro que nos gustaría cogernos a una jovencita, de esas que en verano van con un top y el ombligo al aire, con una minifalda cortita.... Claro que si, pero cuando se da la oportunidad nuestras pijas, (lo impotentes no tenemos vergas, tenemos pito o pitito... esto me lo dijo una adorable chica de 21 años hace dos veranos en Villa Gesell... matándose de risa delante de la cosita que me cuelga entre las piernas) se quedan reducidas a la mínima expresión. Porque es que encima de ser flácidas, cuando tienes delante a una mujer abierta de piernas u ofreciendote el culo....las turras de las pijas van y encojen aún más... con la consiguiente cargada de la chica....
Hace unos meses pedí por teléfono un servicio a una prostituta. Me calentaba una Dómina, (tambíen aclaro que la mayoría de los impotentes con el tiempo nos va que nos dominen y humillen, por eso lo de el cornudo-impotente−consentidor, etc....) El caso es que apareció por casa una chica de unos 34 o 35 años, creo que era rusa o algo así, porque hablaba raro. Rubia, ojos claros , algo rasgados, con las piernas muy largas y estaba buenísima. Nunca supuse que fuera la de la foto, peo sí. Hablaba bastante bien el castellano, con marcado acento porteño, así que nos entendimos bien.
Lo primero fue pagarle 800 pesos. Me pregunto los límites de la sesión y yo se los dije, humillación, feminización, sodomización, algo de pinzas, pero no dolor... y acabar con masturbación. Ella me ordenó que me desnudara y me pusiera una tanguita blanca de algodón y unas medias de mujer. Lo hice, pero ya ella miraba con asco mi pitito.
Mientras yo obedecía Tania, (así se hace llamar), con un movimiento rápido me agarró los huevitos y la pija
-¿Que le pasa a esto? − me preguntó.
Yo me puso rojo como un tomate como siempre que se llega a ese momento y le confesé que era impotente...
-¿ Y para que quieres una mujer si no podés nada? − me contestó con esa sonrisa tan humillante que suelen poner las mujeres jovenes o maduras, da igual, cuando se encuentran con un hombrecito impotente.
Hay otro mito, la "comprensión de las mujeres ante el problema de la impotencia”... una mierda, todas, absolutamente todas las minas con las que he estado se han cagado de risa delante de mí.
Le expliqué que me gustaba ser dominado, y que en algunos momentos, cuando la chica se ponia un vibrador de cintura y adoptaba el papel de hombre, conseguía una pequeña erección y mientras me daban por el culo acababa. Y claro, no le faltó tiempo para ordenarme que me pusiera a cuatro patas y le pidiera el culo. Yo ya sabía lo que iba a pasar, me lo han hecho muchas veces, tanto putas como chicas normales.
La gente se sorprendería al saber el número de mujeres cuya fantasía es darle por el culo a un hombre. Si no fuera así no se venderían 5000 arneses para mujeres por mes, promedio, en Buenos Aires y alrededores. Aclaro que soy dueños de un pornoshop virtual así que sé de lo que hablo.
La cosa es que obedecí... Cuando estaba en el suelo a cuatro patas ella se puso detrás mío, llevaba un buen vibrador, no excesivamente grande, pero si de aspecto muy real, me aparto el cordoncito del tanga y me dejó expuesto el orto. En otras ocasiones las chicas o me han metido un dedo, o han jugado con el vibrador y mi ojete, pero esta chica no, lo que hizo fue agarrarme con una mano el pito y las bolas, lo que mucho no le costó, y apretármelos fuertemente...
-Ahhh, grite ¿Que pasa? ¿Que me haces? ¡te dije que dolor no!
En frente tengo un gran espejo de pared, suelo tener ahí las sesiones porque me gusta verme, como me sodomizan, me humillan, mi cara de impotente, etc.. Lo que vi fue la cara de una mujer triunfante, poderosa, dueña. Ya había visto esa cara otras veces en chicas que me sodomizaban, pero esta mujer la tenía sólo por haberme atrapado mis cositas colgantes. Entonces me dijo.
-Yo se lo que de verdad querés, a vos te gustaría que yo te cortara los huevos, porque no te sirven para nada y podrías ser mejor esclavo. Yo lo aprendí a hacer de chica. En Omsk castrábamos a los adolescentes kazajastanos para que no tuvieran hijos en nuestra tierra. Yo sola castré más de mil. Los militares moscovitas me pagaban cincuenta rublos por cada pija que no estuviera pegada a su primer dueño. Con ese dinero viaje a España y después acá. Lo hago muy bien.
Dicho eso sacó una navaja automática y me la puso al lado de mis testículos. Me quedé paralizado.
-No por favor eso no, no me cortes los huevos, no me castres...por favor....te lo ruego- lloriquee, mientras sentía la fria hoja en la piel del escroto.
-Claro que si, te los voy a cortar y me luego te los freiré con ajo y cebolla para que vos mismo te los comas.
− ¡Si me lastimás llamo al 911!
− Si me decís si, son dos minutos anudo las venas y no sangra.
Tuve un ataque de pánico. Una loca de la guerra me quería castrar. Aunque la chica tenía razón, y a mi me sirven de poco y nada, sentí un miedo horrible, estaba tan asustado que entre lloriqueos y ruegos, me oriné un poquito en la mano de ella...
Allí fue que me sentí patético por primera vez en mi vida. Basta imaginar a un hombre en tanguita, en cuatro patas, impotente, a punto de ser sodomizado o mucho peor: ¡capado como un chancho! y va y se mea... Por un momento temí que ella definitivamente me los fuera a cortar. Afortunadamente no fue así, en vez de eso, con un solo movimiento de cadera me metió el vibrador hasta la empuñadura....
Menos mal que le había dicho que no quería dolor: no estaba lubricado, pero entre eso y que me capen... Lo increíble es que tarde menos de un minuto en acabar como nunca me había pasado-. Fue de placer, de miedo, de morbo por lo que había pasado...no sé. Pero me fui. Ella me estuvo garchando un buen rato, en varias posturas, cuando me lo hizo boca arriba, mientras yo me sujetaba las piernas, volvió a agarrarme la pija y los huevos clavándome las uñas, ahora le veía la cara de frente, y volvió otra vez con lo de la castración...
− ¡Quiero castrarte! − me dijo − ¡Deberíamos castrar a todos los impotentes, a los que la tienen demasiado chica, a los eyaculadores precoces, a los que dejan insatisfechas a las chicas...! ¡Sólo quedarían unos pocos hombres...que son los que valen para cogerselos...!
Volvi a acabar. Poquito, pero acabé.
Cuando terminó, ella se vistió. Yo la miraba y la rusa era un monumento a la mina. Agarró las 8 gambas que estaban sobre la mesa y se fue hacia la puerta para irse.
Yo la seguí como pude, me costaba andar, entre mi culo que estaba abierto como un volcán y el dolor de huevos... pero la alcancé en la puerta... quería decirle algo, pero ella se me adelanto:
− Tengo tu celular, algún día te llamaré. Por favor, no te los cortes vos. Lo quiero hacer yo y de verdad que quedan buenos al shashlik o como stroganov. Si me convidás uno no te cobro el servicio…
Y se fue. Si me animo a volverla a ver le propongo matrimonio.
El mito de que los impotentes la tenemos muerta, que no nos gusta nada, etc.. es sólo un mito. Claro que nos gustaría cogernos a una jovencita, de esas que en verano van con un top y el ombligo al aire, con una minifalda cortita.... Claro que si, pero cuando se da la oportunidad nuestras pijas, (lo impotentes no tenemos vergas, tenemos pito o pitito... esto me lo dijo una adorable chica de 21 años hace dos veranos en Villa Gesell... matándose de risa delante de la cosita que me cuelga entre las piernas) se quedan reducidas a la mínima expresión. Porque es que encima de ser flácidas, cuando tienes delante a una mujer abierta de piernas u ofreciendote el culo....las turras de las pijas van y encojen aún más... con la consiguiente cargada de la chica....
Hace unos meses pedí por teléfono un servicio a una prostituta. Me calentaba una Dómina, (tambíen aclaro que la mayoría de los impotentes con el tiempo nos va que nos dominen y humillen, por eso lo de el cornudo-impotente−consentidor, etc....) El caso es que apareció por casa una chica de unos 34 o 35 años, creo que era rusa o algo así, porque hablaba raro. Rubia, ojos claros , algo rasgados, con las piernas muy largas y estaba buenísima. Nunca supuse que fuera la de la foto, peo sí. Hablaba bastante bien el castellano, con marcado acento porteño, así que nos entendimos bien.
Lo primero fue pagarle 800 pesos. Me pregunto los límites de la sesión y yo se los dije, humillación, feminización, sodomización, algo de pinzas, pero no dolor... y acabar con masturbación. Ella me ordenó que me desnudara y me pusiera una tanguita blanca de algodón y unas medias de mujer. Lo hice, pero ya ella miraba con asco mi pitito.
Mientras yo obedecía Tania, (así se hace llamar), con un movimiento rápido me agarró los huevitos y la pija
-¿Que le pasa a esto? − me preguntó.
Yo me puso rojo como un tomate como siempre que se llega a ese momento y le confesé que era impotente...
-¿ Y para que quieres una mujer si no podés nada? − me contestó con esa sonrisa tan humillante que suelen poner las mujeres jovenes o maduras, da igual, cuando se encuentran con un hombrecito impotente.
Hay otro mito, la "comprensión de las mujeres ante el problema de la impotencia”... una mierda, todas, absolutamente todas las minas con las que he estado se han cagado de risa delante de mí.
Le expliqué que me gustaba ser dominado, y que en algunos momentos, cuando la chica se ponia un vibrador de cintura y adoptaba el papel de hombre, conseguía una pequeña erección y mientras me daban por el culo acababa. Y claro, no le faltó tiempo para ordenarme que me pusiera a cuatro patas y le pidiera el culo. Yo ya sabía lo que iba a pasar, me lo han hecho muchas veces, tanto putas como chicas normales.
La gente se sorprendería al saber el número de mujeres cuya fantasía es darle por el culo a un hombre. Si no fuera así no se venderían 5000 arneses para mujeres por mes, promedio, en Buenos Aires y alrededores. Aclaro que soy dueños de un pornoshop virtual así que sé de lo que hablo.
La cosa es que obedecí... Cuando estaba en el suelo a cuatro patas ella se puso detrás mío, llevaba un buen vibrador, no excesivamente grande, pero si de aspecto muy real, me aparto el cordoncito del tanga y me dejó expuesto el orto. En otras ocasiones las chicas o me han metido un dedo, o han jugado con el vibrador y mi ojete, pero esta chica no, lo que hizo fue agarrarme con una mano el pito y las bolas, lo que mucho no le costó, y apretármelos fuertemente...
-Ahhh, grite ¿Que pasa? ¿Que me haces? ¡te dije que dolor no!
En frente tengo un gran espejo de pared, suelo tener ahí las sesiones porque me gusta verme, como me sodomizan, me humillan, mi cara de impotente, etc.. Lo que vi fue la cara de una mujer triunfante, poderosa, dueña. Ya había visto esa cara otras veces en chicas que me sodomizaban, pero esta mujer la tenía sólo por haberme atrapado mis cositas colgantes. Entonces me dijo.
-Yo se lo que de verdad querés, a vos te gustaría que yo te cortara los huevos, porque no te sirven para nada y podrías ser mejor esclavo. Yo lo aprendí a hacer de chica. En Omsk castrábamos a los adolescentes kazajastanos para que no tuvieran hijos en nuestra tierra. Yo sola castré más de mil. Los militares moscovitas me pagaban cincuenta rublos por cada pija que no estuviera pegada a su primer dueño. Con ese dinero viaje a España y después acá. Lo hago muy bien.
Dicho eso sacó una navaja automática y me la puso al lado de mis testículos. Me quedé paralizado.
-No por favor eso no, no me cortes los huevos, no me castres...por favor....te lo ruego- lloriquee, mientras sentía la fria hoja en la piel del escroto.
-Claro que si, te los voy a cortar y me luego te los freiré con ajo y cebolla para que vos mismo te los comas.
− ¡Si me lastimás llamo al 911!
− Si me decís si, son dos minutos anudo las venas y no sangra.
Tuve un ataque de pánico. Una loca de la guerra me quería castrar. Aunque la chica tenía razón, y a mi me sirven de poco y nada, sentí un miedo horrible, estaba tan asustado que entre lloriqueos y ruegos, me oriné un poquito en la mano de ella...
Allí fue que me sentí patético por primera vez en mi vida. Basta imaginar a un hombre en tanguita, en cuatro patas, impotente, a punto de ser sodomizado o mucho peor: ¡capado como un chancho! y va y se mea... Por un momento temí que ella definitivamente me los fuera a cortar. Afortunadamente no fue así, en vez de eso, con un solo movimiento de cadera me metió el vibrador hasta la empuñadura....
Menos mal que le había dicho que no quería dolor: no estaba lubricado, pero entre eso y que me capen... Lo increíble es que tarde menos de un minuto en acabar como nunca me había pasado-. Fue de placer, de miedo, de morbo por lo que había pasado...no sé. Pero me fui. Ella me estuvo garchando un buen rato, en varias posturas, cuando me lo hizo boca arriba, mientras yo me sujetaba las piernas, volvió a agarrarme la pija y los huevos clavándome las uñas, ahora le veía la cara de frente, y volvió otra vez con lo de la castración...
− ¡Quiero castrarte! − me dijo − ¡Deberíamos castrar a todos los impotentes, a los que la tienen demasiado chica, a los eyaculadores precoces, a los que dejan insatisfechas a las chicas...! ¡Sólo quedarían unos pocos hombres...que son los que valen para cogerselos...!
Volvi a acabar. Poquito, pero acabé.
Cuando terminó, ella se vistió. Yo la miraba y la rusa era un monumento a la mina. Agarró las 8 gambas que estaban sobre la mesa y se fue hacia la puerta para irse.
Yo la seguí como pude, me costaba andar, entre mi culo que estaba abierto como un volcán y el dolor de huevos... pero la alcancé en la puerta... quería decirle algo, pero ella se me adelanto:
− Tengo tu celular, algún día te llamaré. Por favor, no te los cortes vos. Lo quiero hacer yo y de verdad que quedan buenos al shashlik o como stroganov. Si me convidás uno no te cobro el servicio…
Y se fue. Si me animo a volverla a ver le propongo matrimonio.
Personal doméstico
Soy contador y tengo el estudio en casa, en un barrio residencial de Resistencia, Chaco. Katy es una chica de 19 años que trabaja en casa como empleada doméstica. Realizar labores livianas como cocinar y lavar los platos. El resto lo hace nuestra otra empleada de toda la vida. Eso lo hace por las tardes, y durante la mañana la mandamos al colegio para que termine la secundaria. Por las tardes, luego de que ha realizado sus labores se sienta a estudiar o a ver los programas de chusmeríos de la televisión, lo que ocurre durante el resto de la tarde hasta la noche. Para únicamente para merendar.
Es misionera, muy bonita, rubia de ojos celestes, bien alemanita severa. La trajimos a los 17 años porque el padre la molía a golpes y la madre nos rogó que nos la lleváramos.
Por lo general es bastante retraída, sólo sonrí¬e cuando algo le gusta mucho y habla sólo lo necesario.
Por el calor y las costumbres de su lugar de origen, en la casa suele estar en pantaloncitos cortos y alpargatas. Mi mujer le ha comprado ropa preciosa que usa únicamente los domingos.
Cierto dí¬a ella se encontraba en la cocina lavando los pocos platos del mediodía y por curiosidad le pregunté cómo se entretení¬a ella en su pueblo donde no había luz, ni mucho menos televisión.
Con muy pocas palabras me dijo que jugaba a la pelota con sus hermanos, salía a caminar, a la payana o al "piedra, papel y tijera", un juego en donde, con
sí¬mbolos hechos con la mano uno representa alguno de estos tres elementos en los
cuales la piedra gana a la tijera, la tijera gana al papel y el papel gana a la
piedra. Ambas personas deben mostrar el sí¬mbolo escogido simultáneamente, y gana
quien eligió el sí¬mbolo que derrota al otro.
Ella agregó que tení¬a mucha cancha para jugarlo y le propuse una partidita. Me ganó 13 veces consecutivas. Yo le dije que en verdad parecía que tení¬a más culo que cancha. Ella solo se sonrió. Seguimos jugando y me ganó 8 veces más.
Ya no me estaba gustando perder tanto, sobre todo porque no entendía si me hacía trampa y cómo. Posteriormente me ganó otros 6 juegos adicionales. Ya me habí¬a ganado increí¬blemente 27 veces consecutivas, parecí¬a magia. Indignado le dije que si me ganaba la que seguí¬a yo le besaba los pies y fregaba todos los platos y ella se podí¬a ir a ver la televisión.
− Los pies, no − dijo ella para mi temenda sorpresa − el culo…
Acepté. Jamás pensé que ella tendrí¬a tanta suerte, pero me ganó nuevamente. Yo me lamenté de que tuviera tanta suerte o fuera tan hábil, o tramposa, pero ella se quedó
allí¬ donde estaba como esperando algo. Yo no pensé que ella quisiera que yo lo
hiciera, y aunque no habí¬a emitido palabra durante todo lo que jugamos me dijo:
−Tenés que besarme el culo, che.
¡La criada de la casa me querí¬a humillar! Así¬ que yo le pregunté
− ¿Y que pasa si no lo hago?
− Te perdés mi culo y no jugamos más...
Se dio vuelta, y se bajó el pantaloncito. Casi me infarto. Cómo había crecido esa chica. Me tuve que agachar, puse las rodillas en el piso, y besé ligeramente su culo redondo. Allí¬ estaba yo arrodillado ante la criada besándole el culo.
− Falta el otro cachete − me dijo − Con más ganas o te da asco. Vos lo elegiste, che…
Le tuve que besar el otro cachete.
Cuando me estaba levantando, ella se dio media vuelta y se fue a su habitación, puso su silla como de costumbre y se sentó a ver la tele. Supuse que también le tení¬a que lavar los platos, así¬ que empecé con mi penitencia. Estuve como unos veinte minutos en eso, y cuando ya estaba lavando el último de los platos ella entró a la cocina nuevamente.
Yo la miré con cara seria y ella se rió. Sabí¬a que yo estaba enojado porque me habí¬a ganado y porque me había hecho trampa de alguna forma. Pero las penitencias las tuve que pagar sin embargo que querí¬a la revancha. Pensé yo que por las leyes de la probabilidad era imposible que ella me volviera a ganar varias veces de manera consecutiva, así¬ que decidí¬ arriesgarme:
− Mirá Katy, vamos a jugar 5 juegos más, el que gane la mayorí¬a es el vencedor. Es imposible que me vuelvas a ganar varios juegos nuevamente, así¬ que esta vez, si yo gano, no verás televisión durante esta tarde, y si vos ganás…
− ¡Elijo yo! − dijo ella − ¡Vos te desnudás y te sentás conmigo a ver Intrusos hasta que termine.
Como no podía perder, acepté. Empezamos y ella me ganó el primero de los juegos. Me extrañó, pero faltaban más juegos, así¬ que jugamos el segundo y volvió a ganar. El tercero lo gané yo y ella se rió de nuevo…
Jugamos el cuarto de los juegos y saqué "tijeras" y ella sacó "piedra". Ya no habí¬a caso,
me habí¬a ganado 3 de 5.
La chica no dijo nada, sólo dio media vuelta y fue hasta la habitación. Yo me quedé esperando pero no dijo nada, así¬ que me fui también hasta la habitación y allí¬ me estaba aguardándome de pie.
−Dale, ¿que estás esperando? ¿Qué vuelva la señora y nos cague a pedos a los dos?
Otra vez iba a ser humillado por la criada debido a mi terquedad, pero es que me resultaba imposible, lo que estaba sucediendo desafiaba lo que yo habí¬a aprendido inclusive en la facultad. Tuve que desnudarme si es que querí¬a la oportunidad de poder
volver a competir. Me desnudé dándole la espalda y me dejé el boxer puesto.
−¡No te hagás el vivo! ¡Desnudo es desnudo! Sacate el calzoncillo.
Me senté desnudo en el piso. Me sentí muy pelotudo, pero algo empezaba excitarme, porque aquel jueguito de la pendeja tenía connotaciones muy eróticas que yo jamás había notado.
Yo la miré, y ella, aunque no me miró a los ojos, sonreí¬a de oreja a oreja mientras avanzaba hacia mí¬. Se sacó alpargatas y procedió a sentarse en su silla, pero quizá por el respeto que me tení¬a antes por ser ella la empleada doméstica de la casa, se sentó intentando no tocarme. Noté que me miraba de reojo que mi pija se agrandaba.
Al tiempo miraba directamente hacia la televisión, pero su sonrisa continuaba, lo estaba disfrutando.
Así¬ estuve yo, desnudo como un perro a la vista de nuestra empleada doméstica.
Por un momento pareció como retractarse, miró hacia abajo y me vio la cara, y así¬, viéndome la cara, creo que reevaluó la situación y recordó que para eso estaba yo allí¬, así¬ que volvió a dirigir su pie hacia mi entrepierna. Lo dirigió lentamente hasta quedar
arriba entre mis piernas y con la misma lentitud (tal vez para ir viendo mi reacción) lo fue bajando.
Lo fue acercando lentamente hasta que su pie toco mi pija. La liberó ya que estaba oculta y vio que se paraba enhiesta.
−¡Mirá vos che! Así que estos juegos te excitan… ¿Sabés una cosa? ¡A mi también! Cuando la mama me regaló a ustedes para que mi viejo no me fajara, me gustó. Yo no sabía que una persona podía ser de otra. Yo soy de ustedes, pero ahora, por un rato vos sos mío.
Ella miraba apacible la televisión mientras me masajeaba la entrepierna con el pie y muy cruzada de brazos. Eventualmente sentí¬a cómo su pie se moví¬a un poco estando en su misma posición, es decir, a veces sentí¬a que me presionaba un poco duro la pija, otras veces sentí¬a presión de su talón en mis huevos, frecuentemente sentí¬a movimientos involuntarios de sus deditos que me volvían loco.
Posteriormente ella, aún arrellanada en la silla, se recostó un poco hacia su lado derecho, por lo que le resultó más cómodo ahora poner su pie derecho entre mi pecho y mi hombro y estirar su pierna izquierda colocando ahora este otro pie en mi ingle
Lo puso y lo levantó un poco como para acomodarlo y lo volvió a poner sobre mi pija, aún moviéndolo un poco hasta tenerlo cómodo.
Estando en estas circunstancias no podí¬a dejar de pensar en mi humillante situación.
En ese momento estaba siendo utilizado como una mascota por una chica. Durante todos esos minutos, mi vida estaba destinada únicamente a servir como algo menos que una alfombra para la comodidad de la criadita de la casa que decía que por ese rato era de ella.
De pronto apagó el televisor, me hizo poner boca arriba en una mesa que tiene en su cuarto. Cuando estaba en esas, se me paró el amigazo como si fuera a cantar el himno. Ella ser rio. Sacó una tijerita del cajón de la mesa y me podó todo el matorral alrededor de mi pija y mis huevos. Cuando terminó, me dijo:
− No te quiero ver con estos pelos, mañana te voy a depilar todo. No me gustan los hombres peludos.
− ¿Mañana? − pregunté yo asombrado.
− Vos sabés que yo a la tarde tomo mate − me contestó.
Dicho esto, me agarró ambos testículos como si fueran la calabaza de un mate y me empezó a chupar la pija como si fuera la bombilla. Sorbía como si fuera realmente una bombilla y me masajeaba los huevos. No pude más y le acabé en la boca. No se inmutó, se tragó todo.
− Esta noche quiero que me bañes y me laves el pelo.
− ¿Qué le digo a Estela?
− Problema tuyo, pero si no lo hacés, mañana no tomo mate con vos.
Mi mujer trabaja desde el mediodía hasta la tardecita en una oficina pública. Llegó y la cena esta preparada. Katy habló más que de costumbre para asombro de Estela. En una de esas la chica me dijo:
− Mañana tengo examen escrito de contabilidad. ¿Me va a ayudar?
Yo no caí en un principio y me quejé.
− ¡Katy! ¡A esta hora se te ocurre!
− ¿Qué quiere? No lo vi en toda la tarde.
Mi mujer se fue a la cama y yo, supuestamente a enseñarle contabilidad a Katy que a estaba en su baño en la bañera.
−¡Enjaboname toda! ¡Despacito! − me ordenó − Antes sacate toda la ropa. Si no, cómo le vas a explicar a la Señora Estela que estás mojado.
La enjaboné, le lavé el pelo y me la cogí de parado en la ducha. Acabó dos veces temblando como una yegua en verano espantando las moscas. Luego ella me enjabonó el pito y me empezó a ordeñar hasta que acabé en sus manos. Agaró el semen y se los pasó por las tetas enjabonadas.
−Ahora te vas antes que se nos arme − me dijo.
Fui directamente al baño, si pasar por el cuarto. Me duché y llegué a nuestro dormitorio con piyama limpio. Cuando mi mujer me vio me dijo:
− ¡Si te duchaste a esta hora es porque querés guerra gordito!
No podía decir que no. Cuando estábamos los dos en bolas en la cama me dijo:
− Poele límites a la pendeja esa, porque ella está a nuestro servicio y no que estés vos al servicio de ella… Ahora… Si te hace calentar y la ligo yo…
¿Cómo decir la verdad? ¿Cómo explicar que ya no podía echarme otro polvo? A partir de esa noche, esto me ha vuelto a pasar muchísimas veces. Si mi mujer lo sabe, no se da por enterada porque nunca tuvimos una vida sexual tan intensa.
Es misionera, muy bonita, rubia de ojos celestes, bien alemanita severa. La trajimos a los 17 años porque el padre la molía a golpes y la madre nos rogó que nos la lleváramos.
Por lo general es bastante retraída, sólo sonrí¬e cuando algo le gusta mucho y habla sólo lo necesario.
Por el calor y las costumbres de su lugar de origen, en la casa suele estar en pantaloncitos cortos y alpargatas. Mi mujer le ha comprado ropa preciosa que usa únicamente los domingos.
Cierto dí¬a ella se encontraba en la cocina lavando los pocos platos del mediodía y por curiosidad le pregunté cómo se entretení¬a ella en su pueblo donde no había luz, ni mucho menos televisión.
Con muy pocas palabras me dijo que jugaba a la pelota con sus hermanos, salía a caminar, a la payana o al "piedra, papel y tijera", un juego en donde, con
sí¬mbolos hechos con la mano uno representa alguno de estos tres elementos en los
cuales la piedra gana a la tijera, la tijera gana al papel y el papel gana a la
piedra. Ambas personas deben mostrar el sí¬mbolo escogido simultáneamente, y gana
quien eligió el sí¬mbolo que derrota al otro.
Ella agregó que tení¬a mucha cancha para jugarlo y le propuse una partidita. Me ganó 13 veces consecutivas. Yo le dije que en verdad parecía que tení¬a más culo que cancha. Ella solo se sonrió. Seguimos jugando y me ganó 8 veces más.
Ya no me estaba gustando perder tanto, sobre todo porque no entendía si me hacía trampa y cómo. Posteriormente me ganó otros 6 juegos adicionales. Ya me habí¬a ganado increí¬blemente 27 veces consecutivas, parecí¬a magia. Indignado le dije que si me ganaba la que seguí¬a yo le besaba los pies y fregaba todos los platos y ella se podí¬a ir a ver la televisión.
− Los pies, no − dijo ella para mi temenda sorpresa − el culo…
Acepté. Jamás pensé que ella tendrí¬a tanta suerte, pero me ganó nuevamente. Yo me lamenté de que tuviera tanta suerte o fuera tan hábil, o tramposa, pero ella se quedó
allí¬ donde estaba como esperando algo. Yo no pensé que ella quisiera que yo lo
hiciera, y aunque no habí¬a emitido palabra durante todo lo que jugamos me dijo:
−Tenés que besarme el culo, che.
¡La criada de la casa me querí¬a humillar! Así¬ que yo le pregunté
− ¿Y que pasa si no lo hago?
− Te perdés mi culo y no jugamos más...
Se dio vuelta, y se bajó el pantaloncito. Casi me infarto. Cómo había crecido esa chica. Me tuve que agachar, puse las rodillas en el piso, y besé ligeramente su culo redondo. Allí¬ estaba yo arrodillado ante la criada besándole el culo.
− Falta el otro cachete − me dijo − Con más ganas o te da asco. Vos lo elegiste, che…
Le tuve que besar el otro cachete.
Cuando me estaba levantando, ella se dio media vuelta y se fue a su habitación, puso su silla como de costumbre y se sentó a ver la tele. Supuse que también le tení¬a que lavar los platos, así¬ que empecé con mi penitencia. Estuve como unos veinte minutos en eso, y cuando ya estaba lavando el último de los platos ella entró a la cocina nuevamente.
Yo la miré con cara seria y ella se rió. Sabí¬a que yo estaba enojado porque me habí¬a ganado y porque me había hecho trampa de alguna forma. Pero las penitencias las tuve que pagar sin embargo que querí¬a la revancha. Pensé yo que por las leyes de la probabilidad era imposible que ella me volviera a ganar varias veces de manera consecutiva, así¬ que decidí¬ arriesgarme:
− Mirá Katy, vamos a jugar 5 juegos más, el que gane la mayorí¬a es el vencedor. Es imposible que me vuelvas a ganar varios juegos nuevamente, así¬ que esta vez, si yo gano, no verás televisión durante esta tarde, y si vos ganás…
− ¡Elijo yo! − dijo ella − ¡Vos te desnudás y te sentás conmigo a ver Intrusos hasta que termine.
Como no podía perder, acepté. Empezamos y ella me ganó el primero de los juegos. Me extrañó, pero faltaban más juegos, así¬ que jugamos el segundo y volvió a ganar. El tercero lo gané yo y ella se rió de nuevo…
Jugamos el cuarto de los juegos y saqué "tijeras" y ella sacó "piedra". Ya no habí¬a caso,
me habí¬a ganado 3 de 5.
La chica no dijo nada, sólo dio media vuelta y fue hasta la habitación. Yo me quedé esperando pero no dijo nada, así¬ que me fui también hasta la habitación y allí¬ me estaba aguardándome de pie.
−Dale, ¿que estás esperando? ¿Qué vuelva la señora y nos cague a pedos a los dos?
Otra vez iba a ser humillado por la criada debido a mi terquedad, pero es que me resultaba imposible, lo que estaba sucediendo desafiaba lo que yo habí¬a aprendido inclusive en la facultad. Tuve que desnudarme si es que querí¬a la oportunidad de poder
volver a competir. Me desnudé dándole la espalda y me dejé el boxer puesto.
−¡No te hagás el vivo! ¡Desnudo es desnudo! Sacate el calzoncillo.
Me senté desnudo en el piso. Me sentí muy pelotudo, pero algo empezaba excitarme, porque aquel jueguito de la pendeja tenía connotaciones muy eróticas que yo jamás había notado.
Yo la miré, y ella, aunque no me miró a los ojos, sonreí¬a de oreja a oreja mientras avanzaba hacia mí¬. Se sacó alpargatas y procedió a sentarse en su silla, pero quizá por el respeto que me tení¬a antes por ser ella la empleada doméstica de la casa, se sentó intentando no tocarme. Noté que me miraba de reojo que mi pija se agrandaba.
Al tiempo miraba directamente hacia la televisión, pero su sonrisa continuaba, lo estaba disfrutando.
Así¬ estuve yo, desnudo como un perro a la vista de nuestra empleada doméstica.
Por un momento pareció como retractarse, miró hacia abajo y me vio la cara, y así¬, viéndome la cara, creo que reevaluó la situación y recordó que para eso estaba yo allí¬, así¬ que volvió a dirigir su pie hacia mi entrepierna. Lo dirigió lentamente hasta quedar
arriba entre mis piernas y con la misma lentitud (tal vez para ir viendo mi reacción) lo fue bajando.
Lo fue acercando lentamente hasta que su pie toco mi pija. La liberó ya que estaba oculta y vio que se paraba enhiesta.
−¡Mirá vos che! Así que estos juegos te excitan… ¿Sabés una cosa? ¡A mi también! Cuando la mama me regaló a ustedes para que mi viejo no me fajara, me gustó. Yo no sabía que una persona podía ser de otra. Yo soy de ustedes, pero ahora, por un rato vos sos mío.
Ella miraba apacible la televisión mientras me masajeaba la entrepierna con el pie y muy cruzada de brazos. Eventualmente sentí¬a cómo su pie se moví¬a un poco estando en su misma posición, es decir, a veces sentí¬a que me presionaba un poco duro la pija, otras veces sentí¬a presión de su talón en mis huevos, frecuentemente sentí¬a movimientos involuntarios de sus deditos que me volvían loco.
Posteriormente ella, aún arrellanada en la silla, se recostó un poco hacia su lado derecho, por lo que le resultó más cómodo ahora poner su pie derecho entre mi pecho y mi hombro y estirar su pierna izquierda colocando ahora este otro pie en mi ingle
Lo puso y lo levantó un poco como para acomodarlo y lo volvió a poner sobre mi pija, aún moviéndolo un poco hasta tenerlo cómodo.
Estando en estas circunstancias no podí¬a dejar de pensar en mi humillante situación.
En ese momento estaba siendo utilizado como una mascota por una chica. Durante todos esos minutos, mi vida estaba destinada únicamente a servir como algo menos que una alfombra para la comodidad de la criadita de la casa que decía que por ese rato era de ella.
De pronto apagó el televisor, me hizo poner boca arriba en una mesa que tiene en su cuarto. Cuando estaba en esas, se me paró el amigazo como si fuera a cantar el himno. Ella ser rio. Sacó una tijerita del cajón de la mesa y me podó todo el matorral alrededor de mi pija y mis huevos. Cuando terminó, me dijo:
− No te quiero ver con estos pelos, mañana te voy a depilar todo. No me gustan los hombres peludos.
− ¿Mañana? − pregunté yo asombrado.
− Vos sabés que yo a la tarde tomo mate − me contestó.
Dicho esto, me agarró ambos testículos como si fueran la calabaza de un mate y me empezó a chupar la pija como si fuera la bombilla. Sorbía como si fuera realmente una bombilla y me masajeaba los huevos. No pude más y le acabé en la boca. No se inmutó, se tragó todo.
− Esta noche quiero que me bañes y me laves el pelo.
− ¿Qué le digo a Estela?
− Problema tuyo, pero si no lo hacés, mañana no tomo mate con vos.
Mi mujer trabaja desde el mediodía hasta la tardecita en una oficina pública. Llegó y la cena esta preparada. Katy habló más que de costumbre para asombro de Estela. En una de esas la chica me dijo:
− Mañana tengo examen escrito de contabilidad. ¿Me va a ayudar?
Yo no caí en un principio y me quejé.
− ¡Katy! ¡A esta hora se te ocurre!
− ¿Qué quiere? No lo vi en toda la tarde.
Mi mujer se fue a la cama y yo, supuestamente a enseñarle contabilidad a Katy que a estaba en su baño en la bañera.
−¡Enjaboname toda! ¡Despacito! − me ordenó − Antes sacate toda la ropa. Si no, cómo le vas a explicar a la Señora Estela que estás mojado.
La enjaboné, le lavé el pelo y me la cogí de parado en la ducha. Acabó dos veces temblando como una yegua en verano espantando las moscas. Luego ella me enjabonó el pito y me empezó a ordeñar hasta que acabé en sus manos. Agaró el semen y se los pasó por las tetas enjabonadas.
−Ahora te vas antes que se nos arme − me dijo.
Fui directamente al baño, si pasar por el cuarto. Me duché y llegué a nuestro dormitorio con piyama limpio. Cuando mi mujer me vio me dijo:
− ¡Si te duchaste a esta hora es porque querés guerra gordito!
No podía decir que no. Cuando estábamos los dos en bolas en la cama me dijo:
− Poele límites a la pendeja esa, porque ella está a nuestro servicio y no que estés vos al servicio de ella… Ahora… Si te hace calentar y la ligo yo…
¿Cómo decir la verdad? ¿Cómo explicar que ya no podía echarme otro polvo? A partir de esa noche, esto me ha vuelto a pasar muchísimas veces. Si mi mujer lo sabe, no se da por enterada porque nunca tuvimos una vida sexual tan intensa.
viernes, 27 de agosto de 2010
A Beto se la tengo jurada
Me gusta llamar la atención, amo ser observada por la gente, sentirme de algún modo deseada, admirada, anhelada; a veces provoco yo misma eso pero sin querer. He descubierto que los hombres mantienen una especia de fijación con ciertas partes del cuerpo y de ahí me he valido para conseguirlo que más se me ha antojado, con respecto al sexo obviamente; estoy bastante buena, de hecho algunas chicas dicen envidiar mi cuerpo porque soy delgada, no tengo mucha pompa y mis pechos son grandes para el resto de mi cuerpo que es pequeño. Tengo aspecto de nena y el rostro es bonito.
Mis lolas chiquitas, pero puntiagudas roban las miradas de muchos. De entre ellos, se encuentra Beto, el amigo de quien fuera mi primera pareja con quien conviví 3 años. Desde que lo conocí había notado que el me miraba de una manera distinta de cómo debería hacerlo, siendo yo la mujer de su mejor amigo, muchas veces lo descubrí mirándome al escote o las piernas y al poco tiempo aprendí a disfrutar de eso, obvio no se lo demostré abiertamente, hasta una noche en la que mi pareja cumplá años.
Esa noche como era día de fiesta opté por arreglarme bien perra. Le había prometido a mi novio una noche de sexo caliente, pero no conté con que las cosas cambiarían un poco. Tenía puesta un mini muy corta color blanco, tacos altos y una blusa de seda negra medio transparentona con un escote de infarto. Mi novio estaba fascinado conmigo y todo marchaba bien, hasta que llegó el famoso Alberto. Un tipo sencillo, pero muy lindo.
Desde que llego me sentí diferente, en verdad amaba la forma en cómo me desvestía con la mirada, así que al poco tiempo fui siendo muy amable con él, que trataba de disimular con su amigo, pero cada que el no estaba, me juanaba fuerte. Charlamos, hicimos bromas y decidimos que era la hora de cenar.
Era el momento de afrontar aquello que me excitaba tanto.
— Beto, me acompañás a traer la cerveza para Yeyo? — Le dije como ignorando que me miraba mucho.
El respondió que sí y de inmediato fuimos hacia atrás en la cocina, el me aguardaba en el marco de la puerta mientras yo abrí el freezer para agarrar las cervezas y todo lo demás. Hice como que no podía para ver si se acercaba.
— ¡Te ayudo? — Me dijo ansioso.
— No, gracias le respondí, solo teneme estas latas que saqué – y me volví a inclinar. Mis pechos colgaban divinamente tanto que a mí misma me excitaba esa posición, yo sabía que a el también porque de reojo vi como los observaba.
— ¿Qué mirás con tanta atención?— Le dije al momento que me incorporaba.
— ¡Nada… nada! — Respondió confundido y nervioso.
— ¿Te creés que no me he dado cuenta de cómo me miras?
— Disculpame Fátima, perdoname en serio si te he ofendido — Me dijo poniendo cara de sufrimiento. Se veía tan lindo…
Era el momento de lanzar mi jugada, total no perdía nada, si se negaba no podría decirle a mi novio. No le iba a creer o sería su palabra contra la mía.
— Si tanto te gusta lo que ves, por qué no hacés algo para tenerlo — le dije con las manos a la cintura.
La parte de mis lolas que no cubría la blusa subía y bajaba rítmicamente, a causa de mi respiración, esa noche las traía muy apretadas, era obvio que a cualquiera se le podrían antojar.
Miró a todos lados, al momento que poco a poco acercó sus manos a mis gomas que ya lo esperaban. Al poco tiempo sentí sus manos masajear mi tetas suavemente sin poder dar abasto con semejantes pomelos. Con sus pulgares tallaba mis pezones que se endurecían al tacto. Me perdí entre tales sensaciones que sin darme cuenta, Beto ya estaba dándome una deliciosa mamada de tetas. Tenáa las lolas fuera de mi blusa, ya que estaban en sus manos y en su boca, al punto de que me calenté demasiado.
Note su respiración jadeante, fue entonces cuando su brazo derecho me rodeo por y la cintura y su otra mano intento entrar por debajo de mi ropa interior…
— ¡¡pará que es demasiado!! — Le suplique con esfuerzo.
Yo ansiaba que sus manos me hurguetearan, pero no era el momento, ya nos habíamos demorado mucho y Yeyo, mi novio, se daría cuenta. El "agarro la onda", entonces se fue al baño y yo continúe sacando las demás cosas, no sin antes, acomodarme la ropa como estaba al principio. Justo estaba acomodándome el sostén cuando entro Yeyo y me pregunto que por qué me demoraba tanto. Le dije que Alberto había ido al baño y que lo estaba esperando para que me ayudara a cargar las cosas ya que el cumpleañero se había quedado sentado sin hacer nada.
El no sospecho nada, así que me dijo "yo te ayudo déjalo, no lo jodas " y sonró. Tomamos la cerveza, los sándwiches, la picada y nos fuimos al comedor.
Mientras comía, no podía dejar de pensar en Beto y sus manos inquietas, me picaban los pezones de solo recordarlo, necesitaba que terminara lo que había comenzado, pero no era el momento aun, no era el lugar.
Beto y Yeyo chyuparon demasiado en aquella noche. Tanto así que mi novio le ofreció a su amigo que se quedara a dormir, no quería que manejara en ese estado… Mala idea.
Alberto iba a dormir en el cuarto que estaba justo frente a la nuestro. A Yeyo lo vi entrar tambaleándose de borracho. Al diablo con la noche fabulosa.
Desde que nos acostamos él no dejaba de tocarme, pero note que estaba siendo muy brusco. Nada que ver con la sutileza de Beto y sin más remedio comencé a acceder a sus órdenes ya que era el regalo de cumpleaños. De un movimiento me sacó la blusa para hurgar entre mis pechos, que horas antes habían sido morbosamente probados, pero sus labios no se detuvieron ahí mucho tiempo y rápido bajaron a mi pubis.
Con la pollerita levantada y la cabeza de Yeyo entre mis piernas tuve tiempo de voltear hacia la puerta para ver con enorme sorpresa que ahí estaba Alberto, mirando escondido detrás de su puerta entornada, eso me excito mucho más, por lo que de inmediato tome a Yeyo de la cabeza y la moví frenéticamente, claro sin dejar de mirar hacia donde se ocultaba mi nuevo macho, que de verdad me calentaba y al que le iba a hacer el show de su vida.
Mi novio comprendió lo fogosa que estaba que se levanto y me pidió aquello que tanto había deseado:
— Quiero darte por el culo Fátima — Me dijo con una voz entrecortada.
Yo anhelaba que Alberto viera aquello, pensaba dedicarle esa escena pornográfica en vivo y desde luego accedí, movida por el deseo de ser observada. Le ordene que no apagara la luz y Yeyo obedeció.
Poco a poco fue humedeciendo mi ano con su saliva olorosa a alcohol, mientras yo estaba de rodillas con la cabeza a la cama, y mis ojos sin dejar de ver entre la oscuridad a mi hombre.
Con un apuro que me molestaba, pero que a la vez no me importaba, comenzó a introducir su miembro dentro de mi ano. Me estuvo metiendo varios de sus dedos para poder acostumbrarlo, pero esa cavidad estaba muy estrecha. Me dolía mucho al principio hasta que su pito entró casi por completo dentro de mí y lo hice que se detuviera un rato para acostumbrarme a ese dolor que comenzaba a ser insoportable.
Yeyo no tiene la verga muy larga pero si muy gruesa, me lastimaba mucho, hasta que pensé desistir, pero no, del otro lado del pasillo estaba Alberto y no podría quedar mal, yo quería mostrarle que tipo de hembra soy, quería que me deseara aun más.
De rodillas, levante mi trasero lo más que pude, ofreciendo mi culito a mi novio.
— ¡Cogemelo ya! ¿que esperás? — Le dije como una puta, empujando mi ano contra su pene que estaba en la entrada, lo empuje y su verga gruesa entró de golpe dentro de mí, arrancándome un grito de dolor. Comenzó a darme con más fuerza, pero ya no me importaba, me cogió como quería, supe que se daba gusto garchando mi culito que se movía frenéticamente.
Al poco rato le fui tomando gusto a ese sexo, comenzaba a disfrutar como una puta, como una verdadera turra que pide más.
Mi novio estaba tan entretenido dándome por el culo, que no se percato que yo miraba extasiada a Alberto, me di cuenta de que se masturbaba, con su mano sostenía su pene, y vi que era distinto al de Yeyo, no era tan grueso, pero si mucho más largo.
En ese momento lo desee como nunca, quería tener entre mis labios aquella cosa hermosa mientras me cogian, ansiaba su larga verga entre mis tetas, pero aun no era posible, solo me conformaría con verla de lejos. Lo miraba y le sonreía, y cada que lo hacia arremetía contra el pene de Yeyo.
— ¡¡Qué lindo culito tienes Fátima!!! ¡¡Como me gusta darte por aquí putita!!! — Me gritaba aumentando la excitación del momento.
De vez en cuando miraba hacia abajo para ver como sus huevos chocaban contra mi vagina, la entrada y salida de su miembro ya era deliciosa.
Me sentía llena, puta, culeada. Mis piernas me temblaban y Yeyo se aferraba con las manos como loco sobre mi trasero.
Al poco tiempo terminaba dentro de mí, arrojándome su leche caliente en el interior de mi ano dilatado, Alberto vio esto y cerro su puerta inmediatamente, el show había terminado. Yo se que el también lo disfruto tanto como yo. El único que no estuvo por enterado fue Yeyo que solo se limitaba a mamarme de mi culo su propio semen por el pedo que tenía.
— ¡Me encanta tu culo Fátima, lo tenés hermoso! — Obvio, lo que me decía era el efecto de un buen sexo anal, después de eso, y si fue excelente, cualquier hombre amara el trasero de su mujer por muy estrecho que sea.
Pero mi novio ya no me interesaba. Yo me quería fornicar a Alberto, con su pene largo, lo ansiaba posado entre mis tetas que hervían, también quería comérmelo con el ano. Pero así me tuve que dormir esa noche, con las ganas de Alberto. Ganas que que cuando pueda me las sacaré.
Mis lolas chiquitas, pero puntiagudas roban las miradas de muchos. De entre ellos, se encuentra Beto, el amigo de quien fuera mi primera pareja con quien conviví 3 años. Desde que lo conocí había notado que el me miraba de una manera distinta de cómo debería hacerlo, siendo yo la mujer de su mejor amigo, muchas veces lo descubrí mirándome al escote o las piernas y al poco tiempo aprendí a disfrutar de eso, obvio no se lo demostré abiertamente, hasta una noche en la que mi pareja cumplá años.
Esa noche como era día de fiesta opté por arreglarme bien perra. Le había prometido a mi novio una noche de sexo caliente, pero no conté con que las cosas cambiarían un poco. Tenía puesta un mini muy corta color blanco, tacos altos y una blusa de seda negra medio transparentona con un escote de infarto. Mi novio estaba fascinado conmigo y todo marchaba bien, hasta que llegó el famoso Alberto. Un tipo sencillo, pero muy lindo.
Desde que llego me sentí diferente, en verdad amaba la forma en cómo me desvestía con la mirada, así que al poco tiempo fui siendo muy amable con él, que trataba de disimular con su amigo, pero cada que el no estaba, me juanaba fuerte. Charlamos, hicimos bromas y decidimos que era la hora de cenar.
Era el momento de afrontar aquello que me excitaba tanto.
— Beto, me acompañás a traer la cerveza para Yeyo? — Le dije como ignorando que me miraba mucho.
El respondió que sí y de inmediato fuimos hacia atrás en la cocina, el me aguardaba en el marco de la puerta mientras yo abrí el freezer para agarrar las cervezas y todo lo demás. Hice como que no podía para ver si se acercaba.
— ¡Te ayudo? — Me dijo ansioso.
— No, gracias le respondí, solo teneme estas latas que saqué – y me volví a inclinar. Mis pechos colgaban divinamente tanto que a mí misma me excitaba esa posición, yo sabía que a el también porque de reojo vi como los observaba.
— ¿Qué mirás con tanta atención?— Le dije al momento que me incorporaba.
— ¡Nada… nada! — Respondió confundido y nervioso.
— ¿Te creés que no me he dado cuenta de cómo me miras?
— Disculpame Fátima, perdoname en serio si te he ofendido — Me dijo poniendo cara de sufrimiento. Se veía tan lindo…
Era el momento de lanzar mi jugada, total no perdía nada, si se negaba no podría decirle a mi novio. No le iba a creer o sería su palabra contra la mía.
— Si tanto te gusta lo que ves, por qué no hacés algo para tenerlo — le dije con las manos a la cintura.
La parte de mis lolas que no cubría la blusa subía y bajaba rítmicamente, a causa de mi respiración, esa noche las traía muy apretadas, era obvio que a cualquiera se le podrían antojar.
Miró a todos lados, al momento que poco a poco acercó sus manos a mis gomas que ya lo esperaban. Al poco tiempo sentí sus manos masajear mi tetas suavemente sin poder dar abasto con semejantes pomelos. Con sus pulgares tallaba mis pezones que se endurecían al tacto. Me perdí entre tales sensaciones que sin darme cuenta, Beto ya estaba dándome una deliciosa mamada de tetas. Tenáa las lolas fuera de mi blusa, ya que estaban en sus manos y en su boca, al punto de que me calenté demasiado.
Note su respiración jadeante, fue entonces cuando su brazo derecho me rodeo por y la cintura y su otra mano intento entrar por debajo de mi ropa interior…
— ¡¡pará que es demasiado!! — Le suplique con esfuerzo.
Yo ansiaba que sus manos me hurguetearan, pero no era el momento, ya nos habíamos demorado mucho y Yeyo, mi novio, se daría cuenta. El "agarro la onda", entonces se fue al baño y yo continúe sacando las demás cosas, no sin antes, acomodarme la ropa como estaba al principio. Justo estaba acomodándome el sostén cuando entro Yeyo y me pregunto que por qué me demoraba tanto. Le dije que Alberto había ido al baño y que lo estaba esperando para que me ayudara a cargar las cosas ya que el cumpleañero se había quedado sentado sin hacer nada.
El no sospecho nada, así que me dijo "yo te ayudo déjalo, no lo jodas " y sonró. Tomamos la cerveza, los sándwiches, la picada y nos fuimos al comedor.
Mientras comía, no podía dejar de pensar en Beto y sus manos inquietas, me picaban los pezones de solo recordarlo, necesitaba que terminara lo que había comenzado, pero no era el momento aun, no era el lugar.
Beto y Yeyo chyuparon demasiado en aquella noche. Tanto así que mi novio le ofreció a su amigo que se quedara a dormir, no quería que manejara en ese estado… Mala idea.
Alberto iba a dormir en el cuarto que estaba justo frente a la nuestro. A Yeyo lo vi entrar tambaleándose de borracho. Al diablo con la noche fabulosa.
Desde que nos acostamos él no dejaba de tocarme, pero note que estaba siendo muy brusco. Nada que ver con la sutileza de Beto y sin más remedio comencé a acceder a sus órdenes ya que era el regalo de cumpleaños. De un movimiento me sacó la blusa para hurgar entre mis pechos, que horas antes habían sido morbosamente probados, pero sus labios no se detuvieron ahí mucho tiempo y rápido bajaron a mi pubis.
Con la pollerita levantada y la cabeza de Yeyo entre mis piernas tuve tiempo de voltear hacia la puerta para ver con enorme sorpresa que ahí estaba Alberto, mirando escondido detrás de su puerta entornada, eso me excito mucho más, por lo que de inmediato tome a Yeyo de la cabeza y la moví frenéticamente, claro sin dejar de mirar hacia donde se ocultaba mi nuevo macho, que de verdad me calentaba y al que le iba a hacer el show de su vida.
Mi novio comprendió lo fogosa que estaba que se levanto y me pidió aquello que tanto había deseado:
— Quiero darte por el culo Fátima — Me dijo con una voz entrecortada.
Yo anhelaba que Alberto viera aquello, pensaba dedicarle esa escena pornográfica en vivo y desde luego accedí, movida por el deseo de ser observada. Le ordene que no apagara la luz y Yeyo obedeció.
Poco a poco fue humedeciendo mi ano con su saliva olorosa a alcohol, mientras yo estaba de rodillas con la cabeza a la cama, y mis ojos sin dejar de ver entre la oscuridad a mi hombre.
Con un apuro que me molestaba, pero que a la vez no me importaba, comenzó a introducir su miembro dentro de mi ano. Me estuvo metiendo varios de sus dedos para poder acostumbrarlo, pero esa cavidad estaba muy estrecha. Me dolía mucho al principio hasta que su pito entró casi por completo dentro de mí y lo hice que se detuviera un rato para acostumbrarme a ese dolor que comenzaba a ser insoportable.
Yeyo no tiene la verga muy larga pero si muy gruesa, me lastimaba mucho, hasta que pensé desistir, pero no, del otro lado del pasillo estaba Alberto y no podría quedar mal, yo quería mostrarle que tipo de hembra soy, quería que me deseara aun más.
De rodillas, levante mi trasero lo más que pude, ofreciendo mi culito a mi novio.
— ¡Cogemelo ya! ¿que esperás? — Le dije como una puta, empujando mi ano contra su pene que estaba en la entrada, lo empuje y su verga gruesa entró de golpe dentro de mí, arrancándome un grito de dolor. Comenzó a darme con más fuerza, pero ya no me importaba, me cogió como quería, supe que se daba gusto garchando mi culito que se movía frenéticamente.
Al poco rato le fui tomando gusto a ese sexo, comenzaba a disfrutar como una puta, como una verdadera turra que pide más.
Mi novio estaba tan entretenido dándome por el culo, que no se percato que yo miraba extasiada a Alberto, me di cuenta de que se masturbaba, con su mano sostenía su pene, y vi que era distinto al de Yeyo, no era tan grueso, pero si mucho más largo.
En ese momento lo desee como nunca, quería tener entre mis labios aquella cosa hermosa mientras me cogian, ansiaba su larga verga entre mis tetas, pero aun no era posible, solo me conformaría con verla de lejos. Lo miraba y le sonreía, y cada que lo hacia arremetía contra el pene de Yeyo.
— ¡¡Qué lindo culito tienes Fátima!!! ¡¡Como me gusta darte por aquí putita!!! — Me gritaba aumentando la excitación del momento.
De vez en cuando miraba hacia abajo para ver como sus huevos chocaban contra mi vagina, la entrada y salida de su miembro ya era deliciosa.
Me sentía llena, puta, culeada. Mis piernas me temblaban y Yeyo se aferraba con las manos como loco sobre mi trasero.
Al poco tiempo terminaba dentro de mí, arrojándome su leche caliente en el interior de mi ano dilatado, Alberto vio esto y cerro su puerta inmediatamente, el show había terminado. Yo se que el también lo disfruto tanto como yo. El único que no estuvo por enterado fue Yeyo que solo se limitaba a mamarme de mi culo su propio semen por el pedo que tenía.
— ¡Me encanta tu culo Fátima, lo tenés hermoso! — Obvio, lo que me decía era el efecto de un buen sexo anal, después de eso, y si fue excelente, cualquier hombre amara el trasero de su mujer por muy estrecho que sea.
Pero mi novio ya no me interesaba. Yo me quería fornicar a Alberto, con su pene largo, lo ansiaba posado entre mis tetas que hervían, también quería comérmelo con el ano. Pero así me tuve que dormir esa noche, con las ganas de Alberto. Ganas que que cuando pueda me las sacaré.
El sexo de las Barbies
Me llamo Patricia, tengo 32 y voy a relatar algo que ocurrió hace muchísimos años, en Paraná, cuando yo tenía 14. A mis viejos y a mis tíos les gustaba mucho salir y tenían muchos amigos. El problema éramos mi prima Lía, de mi misma edad, y yo que nos portábamos como la reverendísima mierda y mi abuela se negaba rotundamente a cuidarnos. Graciela la hermana mayor de Lía tampoco quería saber nada, por lo que mis viejos optaron por buscar una niñera de carácter. No se les ocurrió mejor idea que ir a un colegio de monjas que quedaba a una cuadra de casa para ver si había alguna pupila o novicia que nos cuidara (solían cuidar ancianos, según me enteré de grande). La primera vez vino una novicia anteojuda y llena de granos a la que tardamos exactamente 20 minutos en hacerla llorar. La terminamos atando. Cuando llegaron mis viejos y mis tíos se armó una trifulca importante. Ambas castigadas y la pobre novicia no que quería cobrar su salario.
Un mes después volvieron a intentarlo con una profe de educación física.
A nosotras la hormonas nos empezaban a hacer globitos y aprovechamos a aquella chica para preguntarle todo lo que nuestros viejos, tan estúpidamente no nos decían.
La mina tenía una cancha bárbara para desafiarnos, que nos engancháramos y ganarnos siempre. Fue la líder que necesitábamos. La adorábamos a la Srta. Julia. Mis viejos y los tíos la adoraban más que nosotros.
Un viernes a la noche estábamos con Lía esperando la llegada de Julia. Teníamos entre las dos seis Barbies y cuatro Kens, lo que demuestra que éramos pelotudas crecidas. Se nos había ocurrido jugar a que las Barbies tenían hijitos, entonces las poníamos desnudas boca arriba y a Ken sobre ella boca abajo. No me pregunten de dónde lo sacamos porque no recuerdo ni que mi vieja me dijera algo parecido.
Julia llegó y nos preguntó a qué estábamos jugando y nosotras muertas de vergüenza se lo contamos. Dijo “Miren que interesante! Y cómo es?” Y le mostramos. Me acuerdo que se reía a las carcajadas. Nos preguntó si alguien nos había enseñado algo. Las dos confesamos que era todo de oídas de las chicas de la escuela. Julia nos explicó que a la Barbie le faltaba el agujero de la vagina y a Ken el pitulín para meterle adentro. Nos lo dijo con tanta naturalidad que nos quedamos absortas como si fuera una clase de biología.
La puso a la Barbie acostada boca arriba y Ken sobre ella y nos dijo que eso era lo más común y pasado de moda. Entonces lo puso a Ken boca arriba y a Barbie a caballo y nos dijo que eso era mucho mejor. ¡Grabado a fuego!
Nos explicó que como Barbie y Ken eran juguetes no necesitaban profilácticos (no dijo forros) y que se los tenía que poner el hombre, pero que era también responsabilidad de la mujer. Nos explicó que se evitaba tener hijos antes de tiempo, enfermedades y todo eso. Nosotras la mirábamos deleitadas. Por fin alguien que hablaba claro.
Lía tomó a la Barbie la puso boca abajo y a Ken arriba. Julia sorprendida le preguntó de dónde había sacado eso y Lía le contestó que esa era la forma en que se ponía su hermana con su novio para no tener hijitos… Lía se volvió a reír y le preguntó de dónde había sacado eso. Lía muy campante le dijo que ella los espiaba y que también hacían esto: tomó a la Barbie la puso boca arriba y a Ken boca abajo con su cabeza en la entrepierna. Lía terminó preguntando si así podía quedar embarazada y si hacer eso no era una asquerosidad. Julia lloraba de la risa y nos dijo que cuando nos enamorábamos de alguien, ciertas cosas que parecían muy chanchas eran muy divertidas.
Nos hizo un verdadero Kamasutra con las Barbies y los Kens, sin olvidarse poner a dos Barbies haciendo tijerita y 69. Nos mostró también las proezas que podían hacer los Kens entre ellos e inclusive lo que podía hacer una Barbie con dos, tres cuatro o más Kens. Fue maravillosa. Nos eneseñó casi todo de sexo con las muñecas. La información fue tan abundante que éramos las sabihondas del cole y consulta obligada de los demás.
En el verano mis viejos y mis tíos alquilaron un tremendo chalet en Playa Grande en mar del Plata y allá fuimos las dos familias y mis abuelos. Ibamos a la playa, pero al mediodía volvíamos a comer a casa. Mis abuelos se quedaban a dormir una siesta y a veces nosotras nos poníamos a ver tele que era aburridísima con un solo canal. Lia me dijo que fuéramos a nuestro cuarto arriba y prendimos la radio para escuchar música. No era mucho mejor. Como suele ocurrir en Mar del Plata, el tiempo cambió en un rato y comenzó a llover. Lía dijo que tenía frío y se paso a mi cama. Las dos estábamos con nuestra mallitas dos piezas.
Cuando Lía se metió en mi cama, el roce de su piel contra la mía me produjo un escalofrío. Ella se acercó y creo que fue el primer llamado de las hormonas. Nos acariciábamos mutuamente y nos preguntamos casi al unísono si podríamos hacer lo mismo que Julia nos había enseñado con las Barbies. Nos sacamos las mallas y nos quedamos piel a piel. Lía me abrazó y yo sentí un terremoto dentro mío. Fue tan inmensamente placentero que me asusté. Lía se asustó más que yo. Así tuve mi primer orgasmo.
Pasó bastante tiempo hasta que me animara a tener mi primera relación con un chico. Yo tenía 17 y el 16. Me acordé del profiláctico de Julia y se lo hice poner. ¡Menos mal! Porque antes de penetrarme ya había acabado. Pasó otro año más y cuando tenía 18 me acosté en serio con el primer hombre de verdad. Para ese entonces me masturbaba con lo que tenía a mano, no menos de una vez por día. Aquella primera experiencia fue casi tan mala como la anterior. Con cada chico que salía y lo intentaba las cosas iban mejorando, hasta que, sin ser la reina del cogedero, me volteaba un par de varoncitos distintos cada semana. Tenía perfil muy bajo y no loqueaba así que hasta tenía fama de seria.
Luego traté de acordarme de las muchísimas combinaciones que nos había dicho Julia que se podían hacer, pero mi límite llego nada más que a estar con dos varones al mismo tiempo.
Me vine a estudiar a Buenos Aires y allí experimenté el sexo anal y hasta la doble penetración. Lo conocí al que hoy es mi marido y nunca se asustó de mis locuras y mis ganas de experimentar. Mi prima Lía fue más arriesgada e hizo en Córdoba todas las pruebas y combinaciones posibles. En secreto nos hemos prometido que vamos a tratar de repetir lo de aquella siesta con lluvia en Playa Grande. Todavía lo recuerdo y me da cosquillitas de gozo, porque no recuerdo que se repitiera un orgasmo como aquel. Mi marido me anima y sé que algún día lo voy a volver a hacer porque los ratones me funcionan a 220.
Un mes después volvieron a intentarlo con una profe de educación física.
A nosotras la hormonas nos empezaban a hacer globitos y aprovechamos a aquella chica para preguntarle todo lo que nuestros viejos, tan estúpidamente no nos decían.
La mina tenía una cancha bárbara para desafiarnos, que nos engancháramos y ganarnos siempre. Fue la líder que necesitábamos. La adorábamos a la Srta. Julia. Mis viejos y los tíos la adoraban más que nosotros.
Un viernes a la noche estábamos con Lía esperando la llegada de Julia. Teníamos entre las dos seis Barbies y cuatro Kens, lo que demuestra que éramos pelotudas crecidas. Se nos había ocurrido jugar a que las Barbies tenían hijitos, entonces las poníamos desnudas boca arriba y a Ken sobre ella boca abajo. No me pregunten de dónde lo sacamos porque no recuerdo ni que mi vieja me dijera algo parecido.
Julia llegó y nos preguntó a qué estábamos jugando y nosotras muertas de vergüenza se lo contamos. Dijo “Miren que interesante! Y cómo es?” Y le mostramos. Me acuerdo que se reía a las carcajadas. Nos preguntó si alguien nos había enseñado algo. Las dos confesamos que era todo de oídas de las chicas de la escuela. Julia nos explicó que a la Barbie le faltaba el agujero de la vagina y a Ken el pitulín para meterle adentro. Nos lo dijo con tanta naturalidad que nos quedamos absortas como si fuera una clase de biología.
La puso a la Barbie acostada boca arriba y Ken sobre ella y nos dijo que eso era lo más común y pasado de moda. Entonces lo puso a Ken boca arriba y a Barbie a caballo y nos dijo que eso era mucho mejor. ¡Grabado a fuego!
Nos explicó que como Barbie y Ken eran juguetes no necesitaban profilácticos (no dijo forros) y que se los tenía que poner el hombre, pero que era también responsabilidad de la mujer. Nos explicó que se evitaba tener hijos antes de tiempo, enfermedades y todo eso. Nosotras la mirábamos deleitadas. Por fin alguien que hablaba claro.
Lía tomó a la Barbie la puso boca abajo y a Ken arriba. Julia sorprendida le preguntó de dónde había sacado eso y Lía le contestó que esa era la forma en que se ponía su hermana con su novio para no tener hijitos… Lía se volvió a reír y le preguntó de dónde había sacado eso. Lía muy campante le dijo que ella los espiaba y que también hacían esto: tomó a la Barbie la puso boca arriba y a Ken boca abajo con su cabeza en la entrepierna. Lía terminó preguntando si así podía quedar embarazada y si hacer eso no era una asquerosidad. Julia lloraba de la risa y nos dijo que cuando nos enamorábamos de alguien, ciertas cosas que parecían muy chanchas eran muy divertidas.
Nos hizo un verdadero Kamasutra con las Barbies y los Kens, sin olvidarse poner a dos Barbies haciendo tijerita y 69. Nos mostró también las proezas que podían hacer los Kens entre ellos e inclusive lo que podía hacer una Barbie con dos, tres cuatro o más Kens. Fue maravillosa. Nos eneseñó casi todo de sexo con las muñecas. La información fue tan abundante que éramos las sabihondas del cole y consulta obligada de los demás.
En el verano mis viejos y mis tíos alquilaron un tremendo chalet en Playa Grande en mar del Plata y allá fuimos las dos familias y mis abuelos. Ibamos a la playa, pero al mediodía volvíamos a comer a casa. Mis abuelos se quedaban a dormir una siesta y a veces nosotras nos poníamos a ver tele que era aburridísima con un solo canal. Lia me dijo que fuéramos a nuestro cuarto arriba y prendimos la radio para escuchar música. No era mucho mejor. Como suele ocurrir en Mar del Plata, el tiempo cambió en un rato y comenzó a llover. Lía dijo que tenía frío y se paso a mi cama. Las dos estábamos con nuestra mallitas dos piezas.
Cuando Lía se metió en mi cama, el roce de su piel contra la mía me produjo un escalofrío. Ella se acercó y creo que fue el primer llamado de las hormonas. Nos acariciábamos mutuamente y nos preguntamos casi al unísono si podríamos hacer lo mismo que Julia nos había enseñado con las Barbies. Nos sacamos las mallas y nos quedamos piel a piel. Lía me abrazó y yo sentí un terremoto dentro mío. Fue tan inmensamente placentero que me asusté. Lía se asustó más que yo. Así tuve mi primer orgasmo.
Pasó bastante tiempo hasta que me animara a tener mi primera relación con un chico. Yo tenía 17 y el 16. Me acordé del profiláctico de Julia y se lo hice poner. ¡Menos mal! Porque antes de penetrarme ya había acabado. Pasó otro año más y cuando tenía 18 me acosté en serio con el primer hombre de verdad. Para ese entonces me masturbaba con lo que tenía a mano, no menos de una vez por día. Aquella primera experiencia fue casi tan mala como la anterior. Con cada chico que salía y lo intentaba las cosas iban mejorando, hasta que, sin ser la reina del cogedero, me volteaba un par de varoncitos distintos cada semana. Tenía perfil muy bajo y no loqueaba así que hasta tenía fama de seria.
Luego traté de acordarme de las muchísimas combinaciones que nos había dicho Julia que se podían hacer, pero mi límite llego nada más que a estar con dos varones al mismo tiempo.
Me vine a estudiar a Buenos Aires y allí experimenté el sexo anal y hasta la doble penetración. Lo conocí al que hoy es mi marido y nunca se asustó de mis locuras y mis ganas de experimentar. Mi prima Lía fue más arriesgada e hizo en Córdoba todas las pruebas y combinaciones posibles. En secreto nos hemos prometido que vamos a tratar de repetir lo de aquella siesta con lluvia en Playa Grande. Todavía lo recuerdo y me da cosquillitas de gozo, porque no recuerdo que se repitiera un orgasmo como aquel. Mi marido me anima y sé que algún día lo voy a volver a hacer porque los ratones me funcionan a 220.
miércoles, 25 de agosto de 2010
El debut
Cuando yo tenía 12 años, había un chico vecino de mi misma edad que solía venir a jugar conmigo por las noches. Él era un poco friki y como yo era un poco gordita, nos llevábamos bien porque no éramos demasiado bien aceptados en la escuela.
Nos hicimos muy amigos y cuando venía a casa solíamos charlar durante horas. Hasta que tuvimos trece años cada uno, nunca hablamos de sexo, porque teníamos miedo de quién podía estar escuchando. Sin embargo, para charla, y pese a que el departamento de mis viegos en la Avda. Santa Fe era enorme, nos sentábamos en el mismo sillón y dejábamos que nuestros cuerpos se tocaran. Nunca me voy a olvidar de la manito sudada por el miedo de mi amigo que me acarició los muslos. Mi humedad estaba en otra parte.
Una tarde de verano me empezó a acariciar el interior de los muslos y me sentí emocionadísima. Creo que fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida de joven. De repente supe que mi interés físico por él era mutuo y que algunas de sus fantasías románticas “no-tan-inocentes” de él realmente podrían hacerse realidad, ya que sus manos se iban acercando cada atardecer más cerca de mi entrepierna, lo que yo esperaba y por su puesto no me oponía. Finalmente una tarde se animó y me acarició la conchita. Me empapé al punto que parecía que me había hecho pis. Varias noche se repetía esta práctica y yo tenía que lavar mis bombachas y la entrepiernas de mis jeans cuando él se iba. Mi madre se asombró cuando yo acepté usar polleras cortitas pese a que era una gordita. Era la única forma de disimular las tremendas mojaduras. Sin embargo él no se animaba a meterme los dedos que era lo que yo ansiaba.
Una tarde, de casualidad descubrimos (ambos) mi clítoris y para qué servía. Me mojé tanto y sentí una sensación tan extraña (después entendí que había sido un orgasmo) que supuse que realmente me había hecho pis encima.
El tema era que yo también quería tocar, pero era impensable que le bajara los pantalones en el living de casa, así que nos prendimos − supuestamente − a ver una novela para adolescentes, para poder ir al cuarto de costura donde ocultaban mis padres la televisión. Habíamos logrado una cierta privacidad y que fuera creíble. El se habría el pantalón y yo metía mi mano. No tenía un solo pelo y era sedoso como una chica.
Mi máximo acercamiento fue acariciarle el miembro y las bolas a través del calzoncillo, lo que no dejaba de ser muy frustrante. Para colmo so hija única así que no tenía a quien preguntarle cómo se seguía.
Recuerdo una noche de particular calentura y frotadas mientras mamá estaba preparando la cena a pocos metros y no dejaba de quejarse por lo alto que poníamos el volumen del televisor. Ambos estábamos con joggins que eran más amplios y elásticos. El me bajó los míos y casi se muere cuando vio que yo no tenía puesta ropa interior. Yo por mi parte le liberé el pito del calzoncillo. Yo había visto a mis primos desnudos y tenían pelos alrededor del pito y las bolas. Yo ya tenía mi matorral que mamá me hacía recortar por higiene. Mi amigo no tenía un pelo ni para muestra. Sin embargo la gran sorpresa fue cuando se puso erecto. Creo no estar exagerando, pero debe haber cuadruplicado su tamaño. Era mucho más grande que el de mis primos, y era para mi. Instintivamente se lo empecé a acariciar de arriba abajo. No me pregunten por qué, pero me pareció que debía ser así. El mientras tanto me besaba en… ¡la mejilla! A pesar de tanta inocencia me acariciaba el clítoris ya que era lo que más me gustaba.
De pronto el empezó a jadear y le salió algo blanco y pegajoso que me manchó desde el pelo hasta las zapatillas. Tenía un olor raro, pero que me atraía. El se retorcía y yo supuse que le había pasado algo malo. No se por qué me pasé la lengua por lo que tenía cerca de los labios. Él dijo: "Mmm", entonces me dio un beso en los labios. Me alegré de que le gustara que yo probara esa leche, así que le lamí el pito que se puso parado de nuevo. El me quería lamer a mi. Yo no lo dejaba, y cuando me derrotó, casi me vuelvo loca.
Me incliné para besar su pito y me zampé toda una gota salada. Él me dijo: "Mmm", y luego le dio un beso. Él no dudó en lamer su propio sabor de mi boca. Ahora lo pienso y no podía ser tan asquerosa desde tan chica.
Yo quería más, así que olvidándome del riesgo se me ocurrió que podría ordeñar su pito un poco más, luego se agachó para yo pudiera tocar su escroto. Era firme y cálido, encajando perfectamente en la palma de mi pequeña mano. Le agarré los huevos y se los hice rodar dentro del delicado saco. La piel era tersa y sin vello por completo.
Pese a la calentura que tenía corrí a lavarme porque yo había escuchado historias de horror acerca de los espermatozoides nadaban por la piel y que podían trepar por la pierna de una niña, llegar a su vagina, y dejarla embarazada…
Cuando volví el me aseguró que si me lo tragaba o él me lamía no podría quedar embarazada. Así que me bajé el jogging y abrí las piernas para que me lamiera a gusto. Sentía morir. Le agarraba los pelos y lo tiraba para adentro para que me lamiera más fuerte. Empece a tener unos tremendos espasmos. Mis pezones se endurecieron y mi clítoris palpitaba cuando mi pelvis comenzó a sacudirse con mi orgasmo. Yo apenas podía no gritar mi placer. Así las cosas, yo jadeaba fuerte con nuevos chorros de jugos de mi vagina.
Su pene estaba muy mojado. Le agarré el culo suave y redondo con mi mano y lo empecé a acariciar, era suave como el de un bebé.
Después de un minuto, le pregunté si podía ponermelo adentro de miconcha. Intuitivamente tenía muchas ganas de tenerlo allí, pero tenía mucho miedo de quedar embarazada a pesar de que no había tenido un período todavía. Sin embargo, mi lujuria tenía un firme control de mi cerebro. El me lo metió. Estaba muy lubricado, pese a lo cual sentí como un desgarro interior. Sin embrago me enloqueció sentirme llenada por él. Me la empezó a sacr y poner. Ya no me dolía. Era una sensación maravillosa, así que lo dejé hacer en la medida de lo que él quería. La embestida fue muy profunda y lo sentí muy fuerte. Me gustó. Mis piernas empezaron a temblar tan mal que apenas podía mantenerse en pie, así que me apoderé de sus bolas y lo tiré para afuera preocupada por el embarazo. No lo hice suficientemente rápido y acabó dentro mío. Estaba aterrorizada. Me labé en el bidet con agua y me metí jabón.
Pese a que adelgacé muchísimo y era una chica con todas mis formas, no tuve mi primer período hasta los 15. Durante ese tiempo debemos haber tenidos varios cientos de encuentros con sexo oral para ambos, penetración sin profiláctico, masturbaciones mutuas, etc. No quedé embarazada porque estuba con hepatitis y a continuación tuve mi primer período. Convengamos que mis viejos me ignoraban plenamente o no les importaba. Nos quedábamos en el cuarto de la costura y veíamos VHS porno que un primo le prestaba. Allí aprendí que se podía besar a una chica, hacerlo con más de un chico o meterse y meterle cosas en la cola. Yo pasé a ser una hermosa mujer, mientras que él fuer para el lado de los nerds anteojudos. Nadie me regaló tantos orgasmos. Increíble ¿no?
Nos hicimos muy amigos y cuando venía a casa solíamos charlar durante horas. Hasta que tuvimos trece años cada uno, nunca hablamos de sexo, porque teníamos miedo de quién podía estar escuchando. Sin embargo, para charla, y pese a que el departamento de mis viegos en la Avda. Santa Fe era enorme, nos sentábamos en el mismo sillón y dejábamos que nuestros cuerpos se tocaran. Nunca me voy a olvidar de la manito sudada por el miedo de mi amigo que me acarició los muslos. Mi humedad estaba en otra parte.
Una tarde de verano me empezó a acariciar el interior de los muslos y me sentí emocionadísima. Creo que fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida de joven. De repente supe que mi interés físico por él era mutuo y que algunas de sus fantasías románticas “no-tan-inocentes” de él realmente podrían hacerse realidad, ya que sus manos se iban acercando cada atardecer más cerca de mi entrepierna, lo que yo esperaba y por su puesto no me oponía. Finalmente una tarde se animó y me acarició la conchita. Me empapé al punto que parecía que me había hecho pis. Varias noche se repetía esta práctica y yo tenía que lavar mis bombachas y la entrepiernas de mis jeans cuando él se iba. Mi madre se asombró cuando yo acepté usar polleras cortitas pese a que era una gordita. Era la única forma de disimular las tremendas mojaduras. Sin embargo él no se animaba a meterme los dedos que era lo que yo ansiaba.
Una tarde, de casualidad descubrimos (ambos) mi clítoris y para qué servía. Me mojé tanto y sentí una sensación tan extraña (después entendí que había sido un orgasmo) que supuse que realmente me había hecho pis encima.
El tema era que yo también quería tocar, pero era impensable que le bajara los pantalones en el living de casa, así que nos prendimos − supuestamente − a ver una novela para adolescentes, para poder ir al cuarto de costura donde ocultaban mis padres la televisión. Habíamos logrado una cierta privacidad y que fuera creíble. El se habría el pantalón y yo metía mi mano. No tenía un solo pelo y era sedoso como una chica.
Mi máximo acercamiento fue acariciarle el miembro y las bolas a través del calzoncillo, lo que no dejaba de ser muy frustrante. Para colmo so hija única así que no tenía a quien preguntarle cómo se seguía.
Recuerdo una noche de particular calentura y frotadas mientras mamá estaba preparando la cena a pocos metros y no dejaba de quejarse por lo alto que poníamos el volumen del televisor. Ambos estábamos con joggins que eran más amplios y elásticos. El me bajó los míos y casi se muere cuando vio que yo no tenía puesta ropa interior. Yo por mi parte le liberé el pito del calzoncillo. Yo había visto a mis primos desnudos y tenían pelos alrededor del pito y las bolas. Yo ya tenía mi matorral que mamá me hacía recortar por higiene. Mi amigo no tenía un pelo ni para muestra. Sin embargo la gran sorpresa fue cuando se puso erecto. Creo no estar exagerando, pero debe haber cuadruplicado su tamaño. Era mucho más grande que el de mis primos, y era para mi. Instintivamente se lo empecé a acariciar de arriba abajo. No me pregunten por qué, pero me pareció que debía ser así. El mientras tanto me besaba en… ¡la mejilla! A pesar de tanta inocencia me acariciaba el clítoris ya que era lo que más me gustaba.
De pronto el empezó a jadear y le salió algo blanco y pegajoso que me manchó desde el pelo hasta las zapatillas. Tenía un olor raro, pero que me atraía. El se retorcía y yo supuse que le había pasado algo malo. No se por qué me pasé la lengua por lo que tenía cerca de los labios. Él dijo: "Mmm", entonces me dio un beso en los labios. Me alegré de que le gustara que yo probara esa leche, así que le lamí el pito que se puso parado de nuevo. El me quería lamer a mi. Yo no lo dejaba, y cuando me derrotó, casi me vuelvo loca.
Me incliné para besar su pito y me zampé toda una gota salada. Él me dijo: "Mmm", y luego le dio un beso. Él no dudó en lamer su propio sabor de mi boca. Ahora lo pienso y no podía ser tan asquerosa desde tan chica.
Yo quería más, así que olvidándome del riesgo se me ocurrió que podría ordeñar su pito un poco más, luego se agachó para yo pudiera tocar su escroto. Era firme y cálido, encajando perfectamente en la palma de mi pequeña mano. Le agarré los huevos y se los hice rodar dentro del delicado saco. La piel era tersa y sin vello por completo.
Pese a la calentura que tenía corrí a lavarme porque yo había escuchado historias de horror acerca de los espermatozoides nadaban por la piel y que podían trepar por la pierna de una niña, llegar a su vagina, y dejarla embarazada…
Cuando volví el me aseguró que si me lo tragaba o él me lamía no podría quedar embarazada. Así que me bajé el jogging y abrí las piernas para que me lamiera a gusto. Sentía morir. Le agarraba los pelos y lo tiraba para adentro para que me lamiera más fuerte. Empece a tener unos tremendos espasmos. Mis pezones se endurecieron y mi clítoris palpitaba cuando mi pelvis comenzó a sacudirse con mi orgasmo. Yo apenas podía no gritar mi placer. Así las cosas, yo jadeaba fuerte con nuevos chorros de jugos de mi vagina.
Su pene estaba muy mojado. Le agarré el culo suave y redondo con mi mano y lo empecé a acariciar, era suave como el de un bebé.
Después de un minuto, le pregunté si podía ponermelo adentro de miconcha. Intuitivamente tenía muchas ganas de tenerlo allí, pero tenía mucho miedo de quedar embarazada a pesar de que no había tenido un período todavía. Sin embargo, mi lujuria tenía un firme control de mi cerebro. El me lo metió. Estaba muy lubricado, pese a lo cual sentí como un desgarro interior. Sin embrago me enloqueció sentirme llenada por él. Me la empezó a sacr y poner. Ya no me dolía. Era una sensación maravillosa, así que lo dejé hacer en la medida de lo que él quería. La embestida fue muy profunda y lo sentí muy fuerte. Me gustó. Mis piernas empezaron a temblar tan mal que apenas podía mantenerse en pie, así que me apoderé de sus bolas y lo tiré para afuera preocupada por el embarazo. No lo hice suficientemente rápido y acabó dentro mío. Estaba aterrorizada. Me labé en el bidet con agua y me metí jabón.
Pese a que adelgacé muchísimo y era una chica con todas mis formas, no tuve mi primer período hasta los 15. Durante ese tiempo debemos haber tenidos varios cientos de encuentros con sexo oral para ambos, penetración sin profiláctico, masturbaciones mutuas, etc. No quedé embarazada porque estuba con hepatitis y a continuación tuve mi primer período. Convengamos que mis viejos me ignoraban plenamente o no les importaba. Nos quedábamos en el cuarto de la costura y veíamos VHS porno que un primo le prestaba. Allí aprendí que se podía besar a una chica, hacerlo con más de un chico o meterse y meterle cosas en la cola. Yo pasé a ser una hermosa mujer, mientras que él fuer para el lado de los nerds anteojudos. Nadie me regaló tantos orgasmos. Increíble ¿no?
domingo, 22 de agosto de 2010
Gabriel o Gaby
Tengo una cuñada que es tarada al por mayor. Es la mujer de mi hermano mayor. Yo soy el menor de seis. Soy flaco, cero deportes, de ojos celestes, pecoso y la naturaleza me dotó de un culo que vuelve locas a las minas. A algunas de envidia. Estoy de aprendiz de testeador de juegos de PC en una empresa de Córdoba. Aprendiz significa que te rompés el ocote haciendo mérito y no te pagan ni el bondi. El dueño, amo y patrón cumplía 40 y se le antojó hacer un fiestazazona en la casa de Cerro. Nunca falta el boludo que le mete Ketchup o mayonesa al asado. Este propuso que fuera de difraces. El trompa se subió al monopatín y allá fuimos.
Yo no tenía un mango como para disfraces, así que a mi cuñada se le ocurrió que fuera de mina. “Nera booluda, eso no e’ diifrá” le decía yo y ella insistía que sí. Como desde que murieron mis viejos en casa manda ella, se cumple o que ella dice y caguamos.
Tengo el pelo largo y me lo corto con mechas. Me depiló las cejas y como ella no vive si no hace todo a fondo, me depiló hasta el orto con cera hirviendo. Yo creo que fue más por venganza de los cagadones que yo le hago que por detallada, la negra. Me vistió con ropa de ella que me iba bien y una mini de cuando iba a cuartetear que parecía un cinto. Pero como no podía con su genio, me puso medias de red y no se de donde sacó unas sandalias que se me salía el talón por atrás. Después me maquilló y me pintó como portón para las elecciones. Cuando me vi al espejo no me reconocí. Si me dejaban un rato me iba a encarar yo mismo.
−Bueno, Gabrielito −me dijo − no estás disfrazado de mina sino de puta.
Así me largaron a la fiesta. Como siempre pasa, de los doscientos invitados, disfrazados seríamos 40. Lo bueno es que como soy nuevo nadie me conocía y pensaban que era una mina enserio. Con la histeriquiada de las minas me vino de diez, porque bailé con las técnicas y las secretarias toda la noche.
La cagada fue que el que se fijó en mí fue el trompa que estaba dado vuelta del pedo de fernet que tenía a las once de la noche. Me sacaba a bailar y me piropeaba. Por suerte no me reconoció.
−¿Cómo te llamás flaquita?
−Gaby.
−Gaby… Uh! Cómo me gustan las gabys! Lindo culo tenés Gaby…
El pedo era mortal. Me apretó y me llevó a un cuarto de la casa. Tenía plata lo demostraba con muy mal gusto. Me empezó a manosear y trastabilló terminando en el suelo. Aproveché para rajar. Cuando salgo me agarra mi jefe que ya sabía quién era yo y me dijo:
−Gabriel, no rompas, el culeado está en pedo y no sabe lo que hace. Si lo contradecís te raja esta misma noche. Llevale la corriente un rato más.
Me supuse que el curda me iba a querer culear. Era mi culo o el laburo. Me dije, el culo se cura, un laburo facilito como este no se consigue así nomás.
El Trompa me volvio a llevar para adentro mientras mi jefe se orinaba de la risa. Me la iba a pagar.
El Trompa me hizo arrodillar, se bajo el lompa y sacó una pija como de dos metros.
−¡Dale chupala!
La vi, y pensé en la patria y en Talleres que alguna vez volviera a Primera. Se la chupé y la tenía perfumada. Al principio me dio asco, luego menos, al final nada y por último me empezó a gustar. Me hizo parar y me levantó la mini y me rompió las medias de red. Me bajó la bombachita. Agarró un pote de crema, y me empezó a untar el ano. Me cagué de miedo y agradecí que me hubieran operado de hemorroides en el 2009 y que me habían dejado el ocote como un caño de cloaca.
No la tenía muy parada así que lo cierto es que no dolió demasiado. Me empecé a mover como loco, porque la verdad es que me empezó a gustar. De pronto me empezo a manosear las tetas que no tengo y empezó a bajar. “Cuando llegue a las bolas soy hombre muerto” dije. Y llegó nomás.
−Sos un trava puto de mierda!!!!!
−No − decía yo.
−Seguí moviendo el culo.
Redoble el esfuerzo y me acabó adentro. Me dio vuelta y me dijo:
−¿Vos quien sos?
−Gaby
−Tu nombre, puto de mierda!
−Gabriel − dije despacito.
−¿Cómo viniste?
−Soy aprendiz de beta tester.
Me puso de espaldas en la cama, me hizo abrir las patas y me hizo el pete de mi vida. Le acabé en la cara. Me alejó como para pegarme. Mesperaba la piña y me dijo.
−Decile al sorete de tu jefe, que si me va a engañar con una mina, que me engañe siempre con vos. Puto! El lunes te quiero ver a primera hora.
Pasé un fin de semana de terror. Me dolía el culo y estaba caliente. El pete había sido increíble. El miedo era tremendo porque estaba seguro que me iba a rajar.
El lunes estaba en la oficina de saco y corbata. La secretaria me hizo pasar a la nueve en punto. Antes de saludarme me dijo:
− Vino Gabriel y yo quería ofrcerle un puesto a Gaby. Gabriel va de aprendiz, si pasa las pruebas. Gaby ya tiene trabajo acá en control de calidad. Que elijan. Espero a Gaby o a Gabriel mañana a esta misma hora.
Lo hable con mis hermanos y me dijeron que lo mandara al carajo con honoris causa. Intervino la negra y me gritó:
−Inútil de mierda, vas a ganar cinco lucas por mes honradamente por primera vez en tu vida. No tenés necesidad de ir de puta, boludo. Si le gustaste, le gustaste y eso es plata.
Nadie discutió más. Ahora tengo dos equipos de ropa, pero noto que algunos de mis amigos se me fueron alejando y otros se me acercan peligrosamente. Es una buena opción, me está empezando a gustar todo.
Yo no tenía un mango como para disfraces, así que a mi cuñada se le ocurrió que fuera de mina. “Nera booluda, eso no e’ diifrá” le decía yo y ella insistía que sí. Como desde que murieron mis viejos en casa manda ella, se cumple o que ella dice y caguamos.
Tengo el pelo largo y me lo corto con mechas. Me depiló las cejas y como ella no vive si no hace todo a fondo, me depiló hasta el orto con cera hirviendo. Yo creo que fue más por venganza de los cagadones que yo le hago que por detallada, la negra. Me vistió con ropa de ella que me iba bien y una mini de cuando iba a cuartetear que parecía un cinto. Pero como no podía con su genio, me puso medias de red y no se de donde sacó unas sandalias que se me salía el talón por atrás. Después me maquilló y me pintó como portón para las elecciones. Cuando me vi al espejo no me reconocí. Si me dejaban un rato me iba a encarar yo mismo.
−Bueno, Gabrielito −me dijo − no estás disfrazado de mina sino de puta.
Así me largaron a la fiesta. Como siempre pasa, de los doscientos invitados, disfrazados seríamos 40. Lo bueno es que como soy nuevo nadie me conocía y pensaban que era una mina enserio. Con la histeriquiada de las minas me vino de diez, porque bailé con las técnicas y las secretarias toda la noche.
La cagada fue que el que se fijó en mí fue el trompa que estaba dado vuelta del pedo de fernet que tenía a las once de la noche. Me sacaba a bailar y me piropeaba. Por suerte no me reconoció.
−¿Cómo te llamás flaquita?
−Gaby.
−Gaby… Uh! Cómo me gustan las gabys! Lindo culo tenés Gaby…
El pedo era mortal. Me apretó y me llevó a un cuarto de la casa. Tenía plata lo demostraba con muy mal gusto. Me empezó a manosear y trastabilló terminando en el suelo. Aproveché para rajar. Cuando salgo me agarra mi jefe que ya sabía quién era yo y me dijo:
−Gabriel, no rompas, el culeado está en pedo y no sabe lo que hace. Si lo contradecís te raja esta misma noche. Llevale la corriente un rato más.
Me supuse que el curda me iba a querer culear. Era mi culo o el laburo. Me dije, el culo se cura, un laburo facilito como este no se consigue así nomás.
El Trompa me volvio a llevar para adentro mientras mi jefe se orinaba de la risa. Me la iba a pagar.
El Trompa me hizo arrodillar, se bajo el lompa y sacó una pija como de dos metros.
−¡Dale chupala!
La vi, y pensé en la patria y en Talleres que alguna vez volviera a Primera. Se la chupé y la tenía perfumada. Al principio me dio asco, luego menos, al final nada y por último me empezó a gustar. Me hizo parar y me levantó la mini y me rompió las medias de red. Me bajó la bombachita. Agarró un pote de crema, y me empezó a untar el ano. Me cagué de miedo y agradecí que me hubieran operado de hemorroides en el 2009 y que me habían dejado el ocote como un caño de cloaca.
No la tenía muy parada así que lo cierto es que no dolió demasiado. Me empecé a mover como loco, porque la verdad es que me empezó a gustar. De pronto me empezo a manosear las tetas que no tengo y empezó a bajar. “Cuando llegue a las bolas soy hombre muerto” dije. Y llegó nomás.
−Sos un trava puto de mierda!!!!!
−No − decía yo.
−Seguí moviendo el culo.
Redoble el esfuerzo y me acabó adentro. Me dio vuelta y me dijo:
−¿Vos quien sos?
−Gaby
−Tu nombre, puto de mierda!
−Gabriel − dije despacito.
−¿Cómo viniste?
−Soy aprendiz de beta tester.
Me puso de espaldas en la cama, me hizo abrir las patas y me hizo el pete de mi vida. Le acabé en la cara. Me alejó como para pegarme. Mesperaba la piña y me dijo.
−Decile al sorete de tu jefe, que si me va a engañar con una mina, que me engañe siempre con vos. Puto! El lunes te quiero ver a primera hora.
Pasé un fin de semana de terror. Me dolía el culo y estaba caliente. El pete había sido increíble. El miedo era tremendo porque estaba seguro que me iba a rajar.
El lunes estaba en la oficina de saco y corbata. La secretaria me hizo pasar a la nueve en punto. Antes de saludarme me dijo:
− Vino Gabriel y yo quería ofrcerle un puesto a Gaby. Gabriel va de aprendiz, si pasa las pruebas. Gaby ya tiene trabajo acá en control de calidad. Que elijan. Espero a Gaby o a Gabriel mañana a esta misma hora.
Lo hable con mis hermanos y me dijeron que lo mandara al carajo con honoris causa. Intervino la negra y me gritó:
−Inútil de mierda, vas a ganar cinco lucas por mes honradamente por primera vez en tu vida. No tenés necesidad de ir de puta, boludo. Si le gustaste, le gustaste y eso es plata.
Nadie discutió más. Ahora tengo dos equipos de ropa, pero noto que algunos de mis amigos se me fueron alejando y otros se me acercan peligrosamente. Es una buena opción, me está empezando a gustar todo.
Mi nombre es Paula y tengo 31 años. Vivo en El Palomar. Estudio ciencias económicas en Morón. Soy de estatura mediana y tengo un cuerpo delgado con senos pequeños, pero muy bonitos y con un culo también respingón. El color de mi piel es blanco y soy pelirroja natural y mis ojos son verdes.
Es curioso porque tengo novio y siempre me he considerado hetero y sumamente fiel a él, lo que no es nada común para chicas de mi edad y menos para una colorada.
Todo comenzó en una pequeña reunión que hubo en Ituzaingó, en la casa de Marcelo, uno de mis mejores amigos. Era su cumple y me invitó a pasar un rato con él y tomar mucha birra. Mi novio no pudo ir porque tenía guardia. Es médico en el Posadas.
Yo llevaba puesto un vestido corto, escotado y de abajo revelaba gran parte de mis piernas bien formaditas.
Al llegar estaba mi amigo, la novia de Marcelo y varios otros a los que no conocía. La mayoría hombres, y justo cuando llegué la vi… Era una chica hermosa, un poco más alta que yo, castaña clara, unos ojos celestes que me hipnotizaron. Tenía un cuerpo escultural con unas gomas bastante grandes y simple vista se veían acolchaditas de goma, pero muy buenas. Traía una minifalda que no dejaba nada a la imaginación, revelaba todo su hermoso culo y traía una blusa sexy mucho más escotada que mi vestido. Un detalle que hizo volar mi imaginación fue una perforación que llevaba en su escote, justo a la mitad de sus tetas.
Imaginen la cara que puse al verla para que mi amigo lo notara y me dijera
-Veo que ya la junaste a Marianita, esta fuertísima ¿verdad?
-Hermosa…- fue lo único que pude decir, mi amigo solo rió, era normal de mi que hiciera comentarios “lésbicos” con mis amigos medio en joda y medio en serio porque de verdad lo sentía ya que siempre me ha atraído el cuerpo de la mujer pero nunca de manera erótica o pervertida. Simplemente me gusta y ellos se divierten con eso y me tiran de la lengua.
La pobre de Mariana parecía estar discutiendo con alguien por teléfono, tenía los ojos llorosos y no parecía faltar mucho para que llorara. Por esa causa no le di tanta bola así que pasé con Marcelo al comedor a donde estaban los demás. Estaban tomando fernet y morfando así que me les uní.
Pasados unos minutos noté que Mariana no venía a la fiesta y al buscarla noté que ya no estaba en la entrada de la casa,
-¿Y Mariana? – le pregunté a mi amigo
-No sé – me contestó Marcelo– Tal vez se fue, la vi un poco bajoneada, creo que se ha peleado con su chongo de nuevo.
-Mira vos! – dije, pero mi sexto sentido me dijo que ella seguía ahí, asi que decidí darme una vuelta a ver si la veía. Cabe mencionar que ya me había tomado un par de fernandos y el acohol era el que me impulsaba
–¿Dónde está el baño?
-Arriba, la segunda puerta a la derecha – me dijo Marce, yo me fui y dejando el ruido, música y carcajadas, atrás.
Subí las escaleras lentamente como si estuviese subiendo a una casa embrujada, creo que en parte tenía miedo. No sabía por qué la estaba buscando. Y en verdad era un poco tétrico, el segundo piso estaba casi oscuro y en silencio…
Comencé a buscar en las habitaciones (la casa de mi amigo tenía bastantes) pero no la encontré, fue hasta el final del pasillo en un pequeño balcón que daba al patio, ahí estaba Mariana con lagrimas en sus ojos. Me acerqué lentamente, no quería asustarla
-¿Hola? – dije con cuidado – ¿Vos sos Mariana no?
-Si – dijo dándose vuelta y limpiándose las lagrimas – Vos debés ser Paula ¿no? Me han hablado de vos.
-Si, como no te vi abajo me preocupé y subí a ver si estabas bien – le dije – pero si te molesta me voy…
-No, no, está bien… – se apresuró a decir
-Sos muy buena onda por preocuparte por mi. – me dijo – He tenido una pelea muy jodida y quería estar sola.
-Yo…me voy… - tartamudeé, creo que estaba poniendo nerviosa
–No boluda, está todo bien con vos.
Hablamos casi una hora de sus rollos con su pareja que no se definía y que a su vez tenía otra pareja de una historia anterior. La consolé. Lloró varias veces. La abracé dos veces y cofieso que me empecé a calentar con la potra esa. Le acaricie la espalda y se me apretó. Juro que se me apretó.
-Gracias…- me dijo mientras pegó su cara a mi hombro…aunque yo sentía que se me acercaba a las tetas…
-No me lo agradezcas- dije con un nudo en la garganta mientras ella se acomodó y quedaron nuestras gomas pegaditas… Bah! las de ella aplastado a las mías, lo cual me calentó más. Sentí que me estaba chorreando y tuve miedo que se me pasara al vestidito u oliera mal. Me dio muchísima vergüenza por lo que traté de separarme, pero era demasiado tarde…
Ella separó su cara de mi hombro y me encajó un tremendo chupón. Yo aunque me quedé en shock al principio poco a poco fui cediendo y me di cuenta que eso era justo lo que quería, al subir las escaleras eso buscaba, besarla y sentir como sus tetas aplastaban las míos.
−Oime… − intente decir yo.
− Callate, dijo ela, vine a esta fiesta pura y exclusivamente porque vi fotos tuyas y ne dijeron que sos curiosa.
Yo a cada segundo estaba más caliente y la besaba con más pasión, metiendo mi lengua en su boca los más que alcancé y cuando sentía la lengua de ella comenzaba a frotarla y ella también, luego ella llevó sus manos hasta mis pequeños senos y comenzó a masajearlos lentamente, metió sus manos por mi vestido y me quitó el corpiño, y ahora masajeaba mis tetas por debajo de mi vestido y ocasionalmente los pellizcaba suavemente. Mis pezones que estaban ya muy duros.
Ella se levantó entonces, así de la nada, y comenzó a cerrar las persianas del balcón, yo estaba tan excitada que había olvidado donde estábamos y que algún vecino curioso podría vernos. Yo cerre la puerta del cuarto con llave por dentro.
Ahora las dos de pie nos seguimos besando e intercambiando saliva, me quitó los tirantes de mi vestido y lo dejo caer al suelo.
-Tranquila, dejame que me saque la blusa – dijo – y entonces mis tetas serán todas tuyas, guachita. ¿Sos torta?
− No, y vos -contesté.
−Tampoco.
− ¿Entoces?
− Me gusta la salchicha más que nada, pero una tortita me da vuelta y me pone de buen humor -terminó ella.
Yo estaba tan desesperada y prendida que yo empecé a quitarle la blusa. Luego se quitó de una vez la mini, las dos estábamos en bombachita mientras yo chupaba salvajemente sus redondas y hermosas tetas, traté de meterme a la boca lo mas que pude su seno derecho mientras pellizcaba el pezón de su seno izquierdo, escuché en ese momento que ella comenzó a lanzar pequeños gemidos.
-Me lames como una profesional – me dijo mientras me alzaba la cara para besarme de nuevo – Seguro has estado con muchas mujeres antes.
− Te digo que no.
− A mi me parece que sí y me gusta que sea así.
-No, jamás, es la primera vez - le dije entre beso y beso y jadeando,
Ella bajó su mano hasta mi vagina y comenzó a frotarla por encima de mis calzones, sentir su mano allí me hizo sentir una descarga que recorrió todo mi cuerpo.
- Es solo….que estoy…m…muy excitada.
- Yo también – me dijo, ella− Te voy a desvirgar de bicuriosa, yegüita.
Ella también jadeaba y tomó una de mis manos y la puso adentro de su bikini: empapadas en jugos igual que las mías
-Nunca nadie me había hecho excitarme tan rápido − le dije.
-Somos minas boluda − respondió ella- no podés comparar como nos damos placer nosotros sabiendo que los tipos que son unos brutos.
Entonces me besó de nuevo y comenzó a recorrer con su lengua desde mi cuello hasta mi vagina, pasando por mi cuello, el cual succionó salvajemente, mi pequeños senos que lamió y mordisqueó de una manera tan sexy que hizo estremecerme, luego fue hasta mi abdomen. Me dio un beso en mis labios vaginales, apenas me rozó con sus labios aun así el contacto hizo que la calentura aumentara aún mas. No pude evitar tomar su cabeza con mis dos manos y la empujé hacía mi vagina, y ella con gusto metió enteramente su lengua, comenzó a moverla en círculos y me volvió loca y más aun cuando comenzó a frotar mi entrepierna con una mano, mientras que su otra mano desapareció ente mis muslos. Pero entonces ella se detuvo
Hizo una seña con su dedo para que bajara a su altura. Yo obedecí de inmediato y me besó, pude probar el sabor de la combinación de su saliva y mis jugos y era algo increíble.
-Quiero que acabemos juntas – me dijo entre besos, yo le dije que si como pude y entonces ella se puso en cuclillas.
-Pero primero quiero probar tus jugos, amor – le dije, ella soltó una sonrisa picara y se acomodó en cuatro patas abriendo las piernas no mas que pudo, yo inmediatamente me incliné y comencé a lamerle su vagina y a limpiársela con mi lengua de todos sus jugos allí acumulados, me los metía a la boca y me los tragaba, me sentía en el cielo!
-La quiero bien limpita – me dijo, yo solo sonreí pícaramente y seguí limpiándola con mi lengua hasta que quedó totalmente empapada de mi saliva, entonces ella se acostó boca arriba, con la mirada me dijo que yo hiciera lo mismo y no le pensé dos veces y obedecí.
Entonces se acercó a mi y puso su vagina con la mía en tijerita, comenzó a moverse y a frotar su vagina contra la mía, la sensación era indescriptible, yo empecé a moverme también y me movía tan libremente, debido a que nuestra saliva nos había lubricado perfectamente, se acercó a mi y comenzó a besarme en la boca de nuevo, mientras nuestras vaginas se agitaban y se frotaban como si tuvieran vida propia, sentí mis jugos mezclándose con los de ella mientras mis manos pellizcaban sus durísimos pezones mientras ella masajeaba mis senos , entonces reprimí un grito (y creo que ella también) y tuvimos un orgasmo, con nuestras vaginas juntas.
Nos recostamos en el piso y nos abrazamos quedando con nuestros pezones unidos y cagándonos a besos .
-Me siento para la mierda– le dije – Nunca le había sido infiel a mi novio.
-Yo tampoco – me dijo- pero serías infiel si fuera con un tipo. Con otra mina no cuenta boluda! Esto es sexo, no amor.
-Pero vos te peleaste con tu novio ¿no? – le pregunte.
-No, te cuento la verdad, en realidad fue con una amante – me dijo − Estaba celosa porque no la traje a esta fiesta y sabía que ibas a estar vos.
-Me conoce?
-Muchísmo.
-Quién es?
− Vanessa.
Yo no pude evitar abrir mis ojos a modo de sorpresa. Vanessa es una de las chicas de mi grupo. Nos conocemos desde la secundaria, se quedó a dormir en casa miles de veces. Cursamos juntas en la Universidad. Me tapé la boca abierta por el asombro.
-Habíamos para el lunes siguiente para estudiar para un parcial… ¿Y ahora?
−No te preocupes, lo que pasa es que ella quería la primicia de desvirgar a la colorada y le gané yo. Tomás me dijo que eras un fuego y no me mintió.
− Tomás?????? Mi novio…??????????
-Si, el medico.
-¿De donde lo conocés?
− Es mi primo hermano y mejor amigo. Debuté con el cuando el tenía 14 y yo 12. Nunca pierdas esa pija es única. Supongo que somos hermanas de leche... además.
Me quería morir. Me quería morir. Me quería morir. Sentí que me habían agarrado por varios lados pero por otro lado lo cierto era que nunca en mis 31 años jamás había sentido tanto placer con ninguno de mis ocho novios ni con los diez tipos que habré andado.
–¿Lo vamos a repetir? − le pregunté
-Cuando quieras, donde quieras. Mañana domingo, o el lunes con Vanessa – me dijo y luego añadió una sonrisa picara, algo se estaba imaginando.
– Y si te animás lo podemos hacerlo con Tomás. Va a ser el tipo más feliz del oeste.
Yo no lo podía creer. Nos lavamos y volvimos a la fiesta. Marcelo pasó cerca de mí. Hizo como que me olía y se me acercó al oido. Me dijo:
−Que olor a concha! Tirá unas monedas para el lado de los pobres… si querés hacemos trio cuarteto con Tomás o fieshta con mi novia también
Hoy mi cabeza es un molinete imaginando lo que voy a disfrutar y pensando en lo que me he estado perdiendo desde los 15 hasta ahora.
Es curioso porque tengo novio y siempre me he considerado hetero y sumamente fiel a él, lo que no es nada común para chicas de mi edad y menos para una colorada.
Todo comenzó en una pequeña reunión que hubo en Ituzaingó, en la casa de Marcelo, uno de mis mejores amigos. Era su cumple y me invitó a pasar un rato con él y tomar mucha birra. Mi novio no pudo ir porque tenía guardia. Es médico en el Posadas.
Yo llevaba puesto un vestido corto, escotado y de abajo revelaba gran parte de mis piernas bien formaditas.
Al llegar estaba mi amigo, la novia de Marcelo y varios otros a los que no conocía. La mayoría hombres, y justo cuando llegué la vi… Era una chica hermosa, un poco más alta que yo, castaña clara, unos ojos celestes que me hipnotizaron. Tenía un cuerpo escultural con unas gomas bastante grandes y simple vista se veían acolchaditas de goma, pero muy buenas. Traía una minifalda que no dejaba nada a la imaginación, revelaba todo su hermoso culo y traía una blusa sexy mucho más escotada que mi vestido. Un detalle que hizo volar mi imaginación fue una perforación que llevaba en su escote, justo a la mitad de sus tetas.
Imaginen la cara que puse al verla para que mi amigo lo notara y me dijera
-Veo que ya la junaste a Marianita, esta fuertísima ¿verdad?
-Hermosa…- fue lo único que pude decir, mi amigo solo rió, era normal de mi que hiciera comentarios “lésbicos” con mis amigos medio en joda y medio en serio porque de verdad lo sentía ya que siempre me ha atraído el cuerpo de la mujer pero nunca de manera erótica o pervertida. Simplemente me gusta y ellos se divierten con eso y me tiran de la lengua.
La pobre de Mariana parecía estar discutiendo con alguien por teléfono, tenía los ojos llorosos y no parecía faltar mucho para que llorara. Por esa causa no le di tanta bola así que pasé con Marcelo al comedor a donde estaban los demás. Estaban tomando fernet y morfando así que me les uní.
Pasados unos minutos noté que Mariana no venía a la fiesta y al buscarla noté que ya no estaba en la entrada de la casa,
-¿Y Mariana? – le pregunté a mi amigo
-No sé – me contestó Marcelo– Tal vez se fue, la vi un poco bajoneada, creo que se ha peleado con su chongo de nuevo.
-Mira vos! – dije, pero mi sexto sentido me dijo que ella seguía ahí, asi que decidí darme una vuelta a ver si la veía. Cabe mencionar que ya me había tomado un par de fernandos y el acohol era el que me impulsaba
–¿Dónde está el baño?
-Arriba, la segunda puerta a la derecha – me dijo Marce, yo me fui y dejando el ruido, música y carcajadas, atrás.
Subí las escaleras lentamente como si estuviese subiendo a una casa embrujada, creo que en parte tenía miedo. No sabía por qué la estaba buscando. Y en verdad era un poco tétrico, el segundo piso estaba casi oscuro y en silencio…
Comencé a buscar en las habitaciones (la casa de mi amigo tenía bastantes) pero no la encontré, fue hasta el final del pasillo en un pequeño balcón que daba al patio, ahí estaba Mariana con lagrimas en sus ojos. Me acerqué lentamente, no quería asustarla
-¿Hola? – dije con cuidado – ¿Vos sos Mariana no?
-Si – dijo dándose vuelta y limpiándose las lagrimas – Vos debés ser Paula ¿no? Me han hablado de vos.
-Si, como no te vi abajo me preocupé y subí a ver si estabas bien – le dije – pero si te molesta me voy…
-No, no, está bien… – se apresuró a decir
-Sos muy buena onda por preocuparte por mi. – me dijo – He tenido una pelea muy jodida y quería estar sola.
-Yo…me voy… - tartamudeé, creo que estaba poniendo nerviosa
–No boluda, está todo bien con vos.
Hablamos casi una hora de sus rollos con su pareja que no se definía y que a su vez tenía otra pareja de una historia anterior. La consolé. Lloró varias veces. La abracé dos veces y cofieso que me empecé a calentar con la potra esa. Le acaricie la espalda y se me apretó. Juro que se me apretó.
-Gracias…- me dijo mientras pegó su cara a mi hombro…aunque yo sentía que se me acercaba a las tetas…
-No me lo agradezcas- dije con un nudo en la garganta mientras ella se acomodó y quedaron nuestras gomas pegaditas… Bah! las de ella aplastado a las mías, lo cual me calentó más. Sentí que me estaba chorreando y tuve miedo que se me pasara al vestidito u oliera mal. Me dio muchísima vergüenza por lo que traté de separarme, pero era demasiado tarde…
Ella separó su cara de mi hombro y me encajó un tremendo chupón. Yo aunque me quedé en shock al principio poco a poco fui cediendo y me di cuenta que eso era justo lo que quería, al subir las escaleras eso buscaba, besarla y sentir como sus tetas aplastaban las míos.
−Oime… − intente decir yo.
− Callate, dijo ela, vine a esta fiesta pura y exclusivamente porque vi fotos tuyas y ne dijeron que sos curiosa.
Yo a cada segundo estaba más caliente y la besaba con más pasión, metiendo mi lengua en su boca los más que alcancé y cuando sentía la lengua de ella comenzaba a frotarla y ella también, luego ella llevó sus manos hasta mis pequeños senos y comenzó a masajearlos lentamente, metió sus manos por mi vestido y me quitó el corpiño, y ahora masajeaba mis tetas por debajo de mi vestido y ocasionalmente los pellizcaba suavemente. Mis pezones que estaban ya muy duros.
Ella se levantó entonces, así de la nada, y comenzó a cerrar las persianas del balcón, yo estaba tan excitada que había olvidado donde estábamos y que algún vecino curioso podría vernos. Yo cerre la puerta del cuarto con llave por dentro.
Ahora las dos de pie nos seguimos besando e intercambiando saliva, me quitó los tirantes de mi vestido y lo dejo caer al suelo.
-Tranquila, dejame que me saque la blusa – dijo – y entonces mis tetas serán todas tuyas, guachita. ¿Sos torta?
− No, y vos -contesté.
−Tampoco.
− ¿Entoces?
− Me gusta la salchicha más que nada, pero una tortita me da vuelta y me pone de buen humor -terminó ella.
Yo estaba tan desesperada y prendida que yo empecé a quitarle la blusa. Luego se quitó de una vez la mini, las dos estábamos en bombachita mientras yo chupaba salvajemente sus redondas y hermosas tetas, traté de meterme a la boca lo mas que pude su seno derecho mientras pellizcaba el pezón de su seno izquierdo, escuché en ese momento que ella comenzó a lanzar pequeños gemidos.
-Me lames como una profesional – me dijo mientras me alzaba la cara para besarme de nuevo – Seguro has estado con muchas mujeres antes.
− Te digo que no.
− A mi me parece que sí y me gusta que sea así.
-No, jamás, es la primera vez - le dije entre beso y beso y jadeando,
Ella bajó su mano hasta mi vagina y comenzó a frotarla por encima de mis calzones, sentir su mano allí me hizo sentir una descarga que recorrió todo mi cuerpo.
- Es solo….que estoy…m…muy excitada.
- Yo también – me dijo, ella− Te voy a desvirgar de bicuriosa, yegüita.
Ella también jadeaba y tomó una de mis manos y la puso adentro de su bikini: empapadas en jugos igual que las mías
-Nunca nadie me había hecho excitarme tan rápido − le dije.
-Somos minas boluda − respondió ella- no podés comparar como nos damos placer nosotros sabiendo que los tipos que son unos brutos.
Entonces me besó de nuevo y comenzó a recorrer con su lengua desde mi cuello hasta mi vagina, pasando por mi cuello, el cual succionó salvajemente, mi pequeños senos que lamió y mordisqueó de una manera tan sexy que hizo estremecerme, luego fue hasta mi abdomen. Me dio un beso en mis labios vaginales, apenas me rozó con sus labios aun así el contacto hizo que la calentura aumentara aún mas. No pude evitar tomar su cabeza con mis dos manos y la empujé hacía mi vagina, y ella con gusto metió enteramente su lengua, comenzó a moverla en círculos y me volvió loca y más aun cuando comenzó a frotar mi entrepierna con una mano, mientras que su otra mano desapareció ente mis muslos. Pero entonces ella se detuvo
Hizo una seña con su dedo para que bajara a su altura. Yo obedecí de inmediato y me besó, pude probar el sabor de la combinación de su saliva y mis jugos y era algo increíble.
-Quiero que acabemos juntas – me dijo entre besos, yo le dije que si como pude y entonces ella se puso en cuclillas.
-Pero primero quiero probar tus jugos, amor – le dije, ella soltó una sonrisa picara y se acomodó en cuatro patas abriendo las piernas no mas que pudo, yo inmediatamente me incliné y comencé a lamerle su vagina y a limpiársela con mi lengua de todos sus jugos allí acumulados, me los metía a la boca y me los tragaba, me sentía en el cielo!
-La quiero bien limpita – me dijo, yo solo sonreí pícaramente y seguí limpiándola con mi lengua hasta que quedó totalmente empapada de mi saliva, entonces ella se acostó boca arriba, con la mirada me dijo que yo hiciera lo mismo y no le pensé dos veces y obedecí.
Entonces se acercó a mi y puso su vagina con la mía en tijerita, comenzó a moverse y a frotar su vagina contra la mía, la sensación era indescriptible, yo empecé a moverme también y me movía tan libremente, debido a que nuestra saliva nos había lubricado perfectamente, se acercó a mi y comenzó a besarme en la boca de nuevo, mientras nuestras vaginas se agitaban y se frotaban como si tuvieran vida propia, sentí mis jugos mezclándose con los de ella mientras mis manos pellizcaban sus durísimos pezones mientras ella masajeaba mis senos , entonces reprimí un grito (y creo que ella también) y tuvimos un orgasmo, con nuestras vaginas juntas.
Nos recostamos en el piso y nos abrazamos quedando con nuestros pezones unidos y cagándonos a besos .
-Me siento para la mierda– le dije – Nunca le había sido infiel a mi novio.
-Yo tampoco – me dijo- pero serías infiel si fuera con un tipo. Con otra mina no cuenta boluda! Esto es sexo, no amor.
-Pero vos te peleaste con tu novio ¿no? – le pregunte.
-No, te cuento la verdad, en realidad fue con una amante – me dijo − Estaba celosa porque no la traje a esta fiesta y sabía que ibas a estar vos.
-Me conoce?
-Muchísmo.
-Quién es?
− Vanessa.
Yo no pude evitar abrir mis ojos a modo de sorpresa. Vanessa es una de las chicas de mi grupo. Nos conocemos desde la secundaria, se quedó a dormir en casa miles de veces. Cursamos juntas en la Universidad. Me tapé la boca abierta por el asombro.
-Habíamos para el lunes siguiente para estudiar para un parcial… ¿Y ahora?
−No te preocupes, lo que pasa es que ella quería la primicia de desvirgar a la colorada y le gané yo. Tomás me dijo que eras un fuego y no me mintió.
− Tomás?????? Mi novio…??????????
-Si, el medico.
-¿De donde lo conocés?
− Es mi primo hermano y mejor amigo. Debuté con el cuando el tenía 14 y yo 12. Nunca pierdas esa pija es única. Supongo que somos hermanas de leche... además.
Me quería morir. Me quería morir. Me quería morir. Sentí que me habían agarrado por varios lados pero por otro lado lo cierto era que nunca en mis 31 años jamás había sentido tanto placer con ninguno de mis ocho novios ni con los diez tipos que habré andado.
–¿Lo vamos a repetir? − le pregunté
-Cuando quieras, donde quieras. Mañana domingo, o el lunes con Vanessa – me dijo y luego añadió una sonrisa picara, algo se estaba imaginando.
– Y si te animás lo podemos hacerlo con Tomás. Va a ser el tipo más feliz del oeste.
Yo no lo podía creer. Nos lavamos y volvimos a la fiesta. Marcelo pasó cerca de mí. Hizo como que me olía y se me acercó al oido. Me dijo:
−Que olor a concha! Tirá unas monedas para el lado de los pobres… si querés hacemos trio cuarteto con Tomás o fieshta con mi novia también
Hoy mi cabeza es un molinete imaginando lo que voy a disfrutar y pensando en lo que me he estado perdiendo desde los 15 hasta ahora.
La infidelidad
Que las mujeres somos barderas y quilomberas por naturaleza ya no hay quien lo niegue. Me acababa de llamar al celular “una mujer encargada de un local del Shopping DOT” para decirme que mi marido − con el que somos dueños de un local de regalos − salía con la dueña del local de ropa femenina que estaba al lado del nuestro.
Ni se me ocurrió averiguar si era verdad, si el llamado era realmente para mi, y si el local de al lado era de una dueña, una encargada o era de una sociedad con base en las Bahamas. Le dije a la chica que trabaja en casa que se hiciera cargo de los cinco críos y salí volando para el centro comercial.
Entré de forma tal que o tuviera que pasar por delante de nuestro negocio para que mi marido no me viera. Me metí en el local de al lado. Parecía una esía de película francesa de los ’60. Pañuelito en la cabeza, anteojos negros y muy de tailleur. La ropa del local vecino era de altísimo nivel y ni que hablar de los precios. Una empleada se me acercó para hablarme y preguntar qué necesitaba. ¡Me sentí tan pelotuda! Empecé a balbucear y a decir tonterías. Finalmente expresé que quería hablar con la dueña.
− ¿Con cuál de las dos? ¿La señora Mirta o la señora Yael?
No había ido preparada para esa clase de incógnita. Dudé y dije que no las conocía personalmente y que era una cuestión familiar.
− La señora Mirta es la Madre y la señora Yael es la hija.
No me quedaba otra alternativa que averiguar empíricamente, asi que contesté:
− La madre…
La empleada me guió hasta una mujer elegantísima y muy bella de unos cincuenta y pico o más, pero increíblemente llevados. Conociéndolo a Gastón era muy difícil, por no decir imposible que saliera con una mujer mayor que yo, aunque fuera tan bella como esa señora. Me acoqué y me presenté solo por mi nombre:
− Soy Andrea, vecina del local de al lado. Quería hablar con su hija Yael.
La mujer me miró, visiblemente confundida, me dio la mano casi por obligación y me pidió que la acompañara. Me guió casi hasta el final del local donde había una chica de una incríble belleza y elegancia de unos treinta y pico doblando ropa. Esta tenía el target. Ya más segura, me presenté y le dije que era Andrea, la dueña de la regalaría de al lado.
Para mi sorpresa la chica se sonrió, se me acercó y medio un beso:
− ¡Pucha! Por fin te conozco. Con cinco críos no es tan fácil venir a atender a un local. Es increíble l linda que sos y lo bien que te has mantenido después de cinco embarazos seguidos. Todavía usamos dos catálogos de ropa de fiesta en la que vos sos la modelo. Los podés seguir haciendo…
− Estoy retirada − contesté absolutamente aturdida y confundida.
− Gastón nos habla siempre de vos. De cómo pasaste de la pasarela internacional a se madre de cinco chiquititos. ¿No extrañás?
− Para ser sincera, sí, mucho − contesté cada vez más confundida.
−Me parece bárbaro que hayas venido. Siempre te admiré muchísimo. Tal vez sea porque nunca me animé a hacer lo mismo que vos y mamá no me ayudó para nada.
La madre frunció la boca subiendo el labio inferior y curvando las comisuras hacia abajo. Las cejas demostraban enojo.
−Decime que te venís a comprar algo y me muero de la alegría. Te lo rebajo a la mitad si nos dejaás decir que te vestimos… − continuó.
O esta chica era una cínica irredenta, o era la mejor simuladora que haya visto y oído en mi vida o… lo del llamado era una cruel mentira. Acostumbrada a los puteríos del mundo de las modelos de pasarela, fui a fondo y sin vueltas.
− Quisiera poder hablar con vos en privado.
Yael accedió de inmediato y la madre me miró con cara de bruja por sobre el hombro. Para mí, con esa actitud, la culpabilidad ya estaba probada. La madre cubría la cagada que se había mandado la hija, que, como pensé al principio era una cínica.
Yael desapareció por varios minutos y reapareció con algo de maquilaje, el pelo suelto y los labios pintados.
− Vamos a tomar un café arriba. Me arreglé un poco porque si no iba a parecer la chica de la limpieza al lado tuyo.
Tanta amabilidad empezaba a joderme la vida. Por el otro lado si la vieja tuviera láser en los ojos me quemaba viva. Era tan obvio que la protegía.
Subimos al patio de comidas y fuimos a una cafetería que tenía sillones pero estaba vacía. Nos sentamos y pedimos dos capuchinos.
Yael se me acercó y me volvió a decir lo bella que era yo. Eso colmó mi paciencia y tratando de ser lo más urbana posible le dije:
− Gracias por todos los halagos. Vos también sos preciosa. Tal vez más que yo porque parece que mi marido te prefiere.
Yael se me quedó mirando como quién mira a un extraterrestre.
− No entiendo.
− Que salís con mi marido.
Arqueó las cejas con asombro y la boca era una “o” perfecta. Que habría pasado por esos preciosísimos labios, me pregunté.
− A ver si no hay una confusión en todo esto… − comenzó Yael − ¿Vos sos Andrea la mujer de Gastón?
− Sí.
− ¿Sos vos?
− Sí.
− Bueno, te debo confesar que Gastón y yo somos confidentes y muy amigos. Pasa más horas conmigo que con vos, pero salir, más que venir a comer juntos acá a la vista de todos… jamás. ¿De dónde sacaste que Gasti te es infiel?
− Recibí un llamado con muchos detalles.
− ¿Cuantos detalles?
− Muchísimos.
− ¿Quién te lo dijo?
− Una mujer grande, que no se identificó.
− ¿Estás segura que Gastón realmente te fue infiel?
− Segurísima por los datos y fechas que me dieron.
− ¿Y qué te dijeron? Cuando terminemos de hablar juro por mis hijos decirte la verdad.
− Que salió el 24 de marzo con la dueña de … . Qué el dejó la camioneta en el estacionamiento y que se fueron en un BMW 320 violeta… Se dieron un apasionado beso en la boca.
− ¿La fecha es segura? Si porque era feriado en medio de la semana.
− Antes de contestarte, ¿puedo hacerte una pregunta?
− En realidad deberías contestarme vos, pero sí.
− Vos… ¿cuántas veces le fuiste infiel a Gastón? Por lo menos cinco… Eso seguro.
− ¿Qué tiene que ver? − contesté mientras me temblaba todo el cuerpo.
− A ver… ¿Es cierto que Gastón es un pésimo amante por lo que chupa? Que casi no se le para si no es con un viagrazo.
− ¿Qué tiene que ver con lo que yo te estoy preguntando a vos?
− Primero, que estuve en Francia comprando moldería desde el 10 de marzo hasta el 5 de abril. Yo no estaba acá. Segundo yo tengo una modesta rural Corsa. Tercero que la dueña del local es mi vieja, y cuarto y muchísimo peor… la dueña del BMW violeta es también mi vieja.
La boca me quedó abiertísima.
− ¿Tu mamá? − volví a preguntar.
− Si. ¿Tanto te asombra? Es una linda mujer. Viuda hace demasiados años. Siempre fue muy activa sexualmente. Si a él le va… Te aseguro que de padrastro no me gusta, y a mi vieja no la entiendo.
− ¡Tu mamá…! − repetí lentamente.
− Andrea… decime la verdad: vos, ¿cuántas veces le fuiste infiel a Gastón?
Me quedé muda y paralizada. No contesté nada.
− Muchas… ¿no? Sos demasiado hermosa para no caer en la tentación. ¿Te construiste una cárcel con cinco barrotes para no volver a caer en la tentación? ¿Me equivoco?
¿Cómo podía ser que una mina que recién conocía me sacaba la ficha y me desarmaba la vida en menos de cuatro minutos?
− Es verdad que Gastón es aburridísimo como amante.
− Pero para mi vieja es una aventura con un pendejo. ¿Comprendés?
− La verdad que no. No lo comprendo a él… ¿Salió con vos?
− No, jamás. Y no te miento.
− ¿Y cómo puedo creerte? Vos me contás cosas muy íntimas de nosotros.
− Me las contó Gastón. En intimidad.
− ¡En la intimidad de un telo, en una cama!
− Jamás.
− ¿Por qué jamás?
− Porque a mí me gustan las mujeres… Para más datos, desfallezco por vos.
Me quedé paralizada.
− Si quisieras aunque sea probar…
− Y cómo sabía la mujer que me llamó…
− No sabía cómo hacerte venir y hablar con vos… Te llamó mi tía por instrucciones mías. Cada vez que Gastón me cuenta sus desastres y cómo te enconchaste vos, me quiero morir. Me gustas mucho.
Me puso una mano sobre la mía. Entrelazó sus dedos con los míos y me los apretó. Sentí que chorreaba. El mundo se desmoronaba y yo me humedecí.
Dejamos mi camioneta en el parking y nos fuimos al General Paz, a la suite más grande, donde nos recibieron con champagne y música clásica. Fue el momento más hermoso, romántico, delicado y erótico de mi vida. Nos desnudamos ambas cuidadosamente. Fue la tarde más intensa de mi vida con ocho clímax brutales y no sé cuantas réplicas menores. Cuando volvimos, me dejó en el estacionamiento. Me abrazó y me acarició.
− Sé que hice trampa. Podría haber salido muy mal, pero salió bien, pese a la actitud de mi vieja. ¿Me podrás perdonar?
− ¿Perdonarte yo a vos? Yo soy la que debe una disculpa…
Estuve unos minutos apoyada en el pecho de ella acariciándola y comencé a llorar.
− ¿Y esto como sigue?
− Creo que debe seguir con tu matrimonio, tus hijos, tu empresa. Yo estoy tan cerca… Cuando quieras, estoy. No me da para tener una pareja de mi mismo sexo y encima con cinco críos, hijos de uno de mis mejores amigos… Si te sirve…
− No solo me sirve, lo necesito como el aire.
Desde que me encuentro con Yael dos o tres veces por semana, salvo ciertos días que por suerte más o menos coinciden, mi carácter cambió y hasta me llevo mejor con Gastón. No creo que sea un remedio universal, pero conmigo funciona y las dosis nunca son de cinco o seis clímax por vez.
Ni se me ocurrió averiguar si era verdad, si el llamado era realmente para mi, y si el local de al lado era de una dueña, una encargada o era de una sociedad con base en las Bahamas. Le dije a la chica que trabaja en casa que se hiciera cargo de los cinco críos y salí volando para el centro comercial.
Entré de forma tal que o tuviera que pasar por delante de nuestro negocio para que mi marido no me viera. Me metí en el local de al lado. Parecía una esía de película francesa de los ’60. Pañuelito en la cabeza, anteojos negros y muy de tailleur. La ropa del local vecino era de altísimo nivel y ni que hablar de los precios. Una empleada se me acercó para hablarme y preguntar qué necesitaba. ¡Me sentí tan pelotuda! Empecé a balbucear y a decir tonterías. Finalmente expresé que quería hablar con la dueña.
− ¿Con cuál de las dos? ¿La señora Mirta o la señora Yael?
No había ido preparada para esa clase de incógnita. Dudé y dije que no las conocía personalmente y que era una cuestión familiar.
− La señora Mirta es la Madre y la señora Yael es la hija.
No me quedaba otra alternativa que averiguar empíricamente, asi que contesté:
− La madre…
La empleada me guió hasta una mujer elegantísima y muy bella de unos cincuenta y pico o más, pero increíblemente llevados. Conociéndolo a Gastón era muy difícil, por no decir imposible que saliera con una mujer mayor que yo, aunque fuera tan bella como esa señora. Me acoqué y me presenté solo por mi nombre:
− Soy Andrea, vecina del local de al lado. Quería hablar con su hija Yael.
La mujer me miró, visiblemente confundida, me dio la mano casi por obligación y me pidió que la acompañara. Me guió casi hasta el final del local donde había una chica de una incríble belleza y elegancia de unos treinta y pico doblando ropa. Esta tenía el target. Ya más segura, me presenté y le dije que era Andrea, la dueña de la regalaría de al lado.
Para mi sorpresa la chica se sonrió, se me acercó y medio un beso:
− ¡Pucha! Por fin te conozco. Con cinco críos no es tan fácil venir a atender a un local. Es increíble l linda que sos y lo bien que te has mantenido después de cinco embarazos seguidos. Todavía usamos dos catálogos de ropa de fiesta en la que vos sos la modelo. Los podés seguir haciendo…
− Estoy retirada − contesté absolutamente aturdida y confundida.
− Gastón nos habla siempre de vos. De cómo pasaste de la pasarela internacional a se madre de cinco chiquititos. ¿No extrañás?
− Para ser sincera, sí, mucho − contesté cada vez más confundida.
−Me parece bárbaro que hayas venido. Siempre te admiré muchísimo. Tal vez sea porque nunca me animé a hacer lo mismo que vos y mamá no me ayudó para nada.
La madre frunció la boca subiendo el labio inferior y curvando las comisuras hacia abajo. Las cejas demostraban enojo.
−Decime que te venís a comprar algo y me muero de la alegría. Te lo rebajo a la mitad si nos dejaás decir que te vestimos… − continuó.
O esta chica era una cínica irredenta, o era la mejor simuladora que haya visto y oído en mi vida o… lo del llamado era una cruel mentira. Acostumbrada a los puteríos del mundo de las modelos de pasarela, fui a fondo y sin vueltas.
− Quisiera poder hablar con vos en privado.
Yael accedió de inmediato y la madre me miró con cara de bruja por sobre el hombro. Para mí, con esa actitud, la culpabilidad ya estaba probada. La madre cubría la cagada que se había mandado la hija, que, como pensé al principio era una cínica.
Yael desapareció por varios minutos y reapareció con algo de maquilaje, el pelo suelto y los labios pintados.
− Vamos a tomar un café arriba. Me arreglé un poco porque si no iba a parecer la chica de la limpieza al lado tuyo.
Tanta amabilidad empezaba a joderme la vida. Por el otro lado si la vieja tuviera láser en los ojos me quemaba viva. Era tan obvio que la protegía.
Subimos al patio de comidas y fuimos a una cafetería que tenía sillones pero estaba vacía. Nos sentamos y pedimos dos capuchinos.
Yael se me acercó y me volvió a decir lo bella que era yo. Eso colmó mi paciencia y tratando de ser lo más urbana posible le dije:
− Gracias por todos los halagos. Vos también sos preciosa. Tal vez más que yo porque parece que mi marido te prefiere.
Yael se me quedó mirando como quién mira a un extraterrestre.
− No entiendo.
− Que salís con mi marido.
Arqueó las cejas con asombro y la boca era una “o” perfecta. Que habría pasado por esos preciosísimos labios, me pregunté.
− A ver si no hay una confusión en todo esto… − comenzó Yael − ¿Vos sos Andrea la mujer de Gastón?
− Sí.
− ¿Sos vos?
− Sí.
− Bueno, te debo confesar que Gastón y yo somos confidentes y muy amigos. Pasa más horas conmigo que con vos, pero salir, más que venir a comer juntos acá a la vista de todos… jamás. ¿De dónde sacaste que Gasti te es infiel?
− Recibí un llamado con muchos detalles.
− ¿Cuantos detalles?
− Muchísimos.
− ¿Quién te lo dijo?
− Una mujer grande, que no se identificó.
− ¿Estás segura que Gastón realmente te fue infiel?
− Segurísima por los datos y fechas que me dieron.
− ¿Y qué te dijeron? Cuando terminemos de hablar juro por mis hijos decirte la verdad.
− Que salió el 24 de marzo con la dueña de … . Qué el dejó la camioneta en el estacionamiento y que se fueron en un BMW 320 violeta… Se dieron un apasionado beso en la boca.
− ¿La fecha es segura? Si porque era feriado en medio de la semana.
− Antes de contestarte, ¿puedo hacerte una pregunta?
− En realidad deberías contestarme vos, pero sí.
− Vos… ¿cuántas veces le fuiste infiel a Gastón? Por lo menos cinco… Eso seguro.
− ¿Qué tiene que ver? − contesté mientras me temblaba todo el cuerpo.
− A ver… ¿Es cierto que Gastón es un pésimo amante por lo que chupa? Que casi no se le para si no es con un viagrazo.
− ¿Qué tiene que ver con lo que yo te estoy preguntando a vos?
− Primero, que estuve en Francia comprando moldería desde el 10 de marzo hasta el 5 de abril. Yo no estaba acá. Segundo yo tengo una modesta rural Corsa. Tercero que la dueña del local es mi vieja, y cuarto y muchísimo peor… la dueña del BMW violeta es también mi vieja.
La boca me quedó abiertísima.
− ¿Tu mamá? − volví a preguntar.
− Si. ¿Tanto te asombra? Es una linda mujer. Viuda hace demasiados años. Siempre fue muy activa sexualmente. Si a él le va… Te aseguro que de padrastro no me gusta, y a mi vieja no la entiendo.
− ¡Tu mamá…! − repetí lentamente.
− Andrea… decime la verdad: vos, ¿cuántas veces le fuiste infiel a Gastón?
Me quedé muda y paralizada. No contesté nada.
− Muchas… ¿no? Sos demasiado hermosa para no caer en la tentación. ¿Te construiste una cárcel con cinco barrotes para no volver a caer en la tentación? ¿Me equivoco?
¿Cómo podía ser que una mina que recién conocía me sacaba la ficha y me desarmaba la vida en menos de cuatro minutos?
− Es verdad que Gastón es aburridísimo como amante.
− Pero para mi vieja es una aventura con un pendejo. ¿Comprendés?
− La verdad que no. No lo comprendo a él… ¿Salió con vos?
− No, jamás. Y no te miento.
− ¿Y cómo puedo creerte? Vos me contás cosas muy íntimas de nosotros.
− Me las contó Gastón. En intimidad.
− ¡En la intimidad de un telo, en una cama!
− Jamás.
− ¿Por qué jamás?
− Porque a mí me gustan las mujeres… Para más datos, desfallezco por vos.
Me quedé paralizada.
− Si quisieras aunque sea probar…
− Y cómo sabía la mujer que me llamó…
− No sabía cómo hacerte venir y hablar con vos… Te llamó mi tía por instrucciones mías. Cada vez que Gastón me cuenta sus desastres y cómo te enconchaste vos, me quiero morir. Me gustas mucho.
Me puso una mano sobre la mía. Entrelazó sus dedos con los míos y me los apretó. Sentí que chorreaba. El mundo se desmoronaba y yo me humedecí.
Dejamos mi camioneta en el parking y nos fuimos al General Paz, a la suite más grande, donde nos recibieron con champagne y música clásica. Fue el momento más hermoso, romántico, delicado y erótico de mi vida. Nos desnudamos ambas cuidadosamente. Fue la tarde más intensa de mi vida con ocho clímax brutales y no sé cuantas réplicas menores. Cuando volvimos, me dejó en el estacionamiento. Me abrazó y me acarició.
− Sé que hice trampa. Podría haber salido muy mal, pero salió bien, pese a la actitud de mi vieja. ¿Me podrás perdonar?
− ¿Perdonarte yo a vos? Yo soy la que debe una disculpa…
Estuve unos minutos apoyada en el pecho de ella acariciándola y comencé a llorar.
− ¿Y esto como sigue?
− Creo que debe seguir con tu matrimonio, tus hijos, tu empresa. Yo estoy tan cerca… Cuando quieras, estoy. No me da para tener una pareja de mi mismo sexo y encima con cinco críos, hijos de uno de mis mejores amigos… Si te sirve…
− No solo me sirve, lo necesito como el aire.
Desde que me encuentro con Yael dos o tres veces por semana, salvo ciertos días que por suerte más o menos coinciden, mi carácter cambió y hasta me llevo mejor con Gastón. No creo que sea un remedio universal, pero conmigo funciona y las dosis nunca son de cinco o seis clímax por vez.
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