Somos una pareja de seis años de casados, me llamo Anabella y tengo 42 años, mi esposo es Gabriel que tiene cinco años menos que yo. Nos iniciamos en el mundo swinger hace un año y nos ha gustado mucho.
El sábado pasado fuimos por primera vez a una crucero swinger que sale en un viejo barco de la Flota Fluvial desde Tigre. Llegamos el viernes por la noche y todo fue muy agradable, las parejas eran simpáticas y había de todo un poco, éramos seis parejas. Esa primera noche, Gabriel y yo estábamos muy cansados y nos fuimos a dormir muy temprano. Al día siguiente, las otras parejas nos contaron que la orgía nocturna había estado sensacional y súper cachonda.
El sábado, las siete parejas pasamos la mañana en la cubierta, casi todas las chicas andábamos en topless. Dos se paseaban y nadaban completamente desnudas, todo era agradable y parecíamos estar reservándonos sexualmente para la noche. Cerca de las nueve y media de la noche, nos fuimos a arreglar, y a las once, ya estábamos las siete parejas juntas en una sala que estaba muy bien ambientada eróticamente. Comenzaron los juegos, los que a Gabriel y a mí casi siempre nos parecen aburridos. Ya ahí, una pareja nos coqueteaba abiertamente y no estaban nada mal, eran de Paraná.
Todo transcurría como lo imaginábamos hasta que ocurrió algo inesperado, pues cuando ya todos estábamos medio desnudos por los juegos, entró una pareja que hizo que todo se detuviera, los dos eran muy atractivos. El hombre era de unos 35 años, tenía un cuerpazo y un rostro duro, como el de los italianos, iba vestido con un traje blanco de lino y un sombrero como de artista de cine, un figurín de hombre; por su parte, imagínensela, ella iba vestida con un traje de noche de color rojo, escotado, con un prendedor y un collar de perlas chiquitas. Todos nos quedamos con las bocas abiertas, nunca en nuestros años swinger se había acercado una pareja así.
Ellos se sentaron al lado de nosotros. Yo ya estaba con las tetas al aire, enseguida el hombre me miró y me clavó la mirada, luego se reiniciaron los juegos pero yo sentí que ya nadie les ponía atención y todos estábamos pendientes y mirando de reojo o abiertamente, a esos dos que sonreían para todos partes. Al poco tiempo, acabaron los juegos y una pareja se puso a hacer el amor delante de todos mientras mi marido me sobaba los muslos, luego una chica le sacó el pene a su marido y lo masturbaba y por otro lado, una mujer medio gordita, de bonita cara, se acariciaba los pechos. Debo reconocer que resultaba raro ver eso entre todos absolutamente desconocidos.
De pronto, la beldad al lado de mí se acercó y me preguntó si me gustaba su marido, desde luego le respondí que sí, entonces luego ella agregó “¿y te gustan también las mujeres?”, a lo que contesté dudando que “no”. Enseguida, ellos se empezaron a besar y a darse como hacía todo mundo, mi marido me metía cada vez más su mano y yo estaba calentísima hasta que la chica me propuso “vamos los cuatro a un camarote”. Yo casi saltaba de gusto y de calentura de imaginar todo lo que podría hacer con su marido, el hombre más pintón al que yo podía aspirar y obviamente aceptamos. No podía creer que me hubiera tocado a mí.
En cuanto entramos a nuestro camarote, ellos dos apagaron algunas luces y se situaron en el centro, luego mi marido y yo nos sentamos en una silla y él y ella, en un banco, donde se mataban, se tocaban y se decían cositas. Primero, él le tocaba las nalgas y luego, directamente, le sacó su vestido elegantísimo y le comenzó a chupar los pechos pues ella no traía corpiño; por su lado, la mujer primero le sacó el sombrero que me lo revoleó, luego la camisa, el pantalón y al final, él calzón, mostrándonos que tenía un pene grande y grueso, delicioso, al que ella masturbaba.
Mi marido y yo estábamos hipnotizados, viendo la escena, luego me comencé a desnudar y mi marido me imitó, viendo que ellos se subieron a la cama, se acostaron boca arriba y ella me pidió que me acercara, lo que hice dispuesta ya a lanzarme por aquel hombre de pene tan delicioso pero la mujer me detuvo, indicándome “tenés que elegir, vas a coger con uno solo de los dos, elegí, mirá bien”. Me quedé petrificada frente a ellos mientras el hombre se masturbaba y movía su pene para que lo viera; ella se había abierto de piernas y se pasaba los dedos por su vagina con una mano y con la otra, se tocaba un pezón.
Al instante tragué saliva y pensé que no tendría por qué dudar pero al ver aquel sexo peladito, bien arreglado, que estaba mojado porque ahora sus dedos entraban y salían de ahí, provocándole unas muecas maravillosas de placer, me hizo dudar. Veía el pene y veía la vagina, hasta me sentí mareada de placer y de indecisión hasta que finalmente, me decidí por ir hacia aquel miembro tan grande, pero una fuerza interior a último momento me desvió y sin más, metí mi cara con todo entre aquellas piernas bronceadas, para rápidamente sacar mi lengua y pasearla por su clítoris. Aclaro que era mi primera vez que me iba con una mujer abierta y directamente y no embromando.
No sé cuánto duré ahí pero sí sé que ella acabó un par de veces y yo una, luego las dos chicas nos besamos, nos chupamos, nos acariciamos, nos mordimos y nos volvimos locas durante toda la noche y parte de la mañana siguiente. Por lo tanto, aunque yo lo negaba, aunque decía que no, tengo que reconocer que soy bisexual y qué, además, en la hora del sexo, prefiero a las mujeres sobre los hombres, entre un pene bien parado y una vagina mojadita, me voy por la segunda, así es la vida y así me gusta.
El problema ahora es convencer a los chicos para que se den entre ellos. De cualquier forma ya fichamos a un pendejito que les gustó a los dos, así que con ese pretexto logramos ver una entre varones que me hizo acabar sin tocarme. Mi novio se enculó al pendejo mientras el tano le chupaba la pija chiquitita y después fue al revés y por último el pendejo los chupó e hizo acabar a los dos como locos.
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