miércoles, 20 de octubre de 2010

La confabulación

Mi llamo Marcelo, tengo 36 años. El suceso ocurrió hace alrededor de un año, en mi casa, una noche de verano. El nombre de ella es Roxana, está casada con Horacio de 43, tiene 33 años, dos críos, y dos fabulosas tetas que siempre fueron de mi admiración, un culo bien parado y duro, en una palabra un hermoso cuerpo a pesar de los pendejos.

A esta chica la conozco desde hace aproximadamente 6 ó 7 años. A Mariel, mi esposa algunos años más. Estudiaron juntas en la Facultad de Derecho de la UBA. Sin dudas puedo decir que es su mejor amiga por lo que tenemos una relación de extrema confianza entre los cuatro, pero siempre como amigos, por lo que jamás pensé en tener una aventura con ella. Horacio, a la vez es el superior de mi mujer en Tribunales.

Desde hacía un tiempo lago empecé a notar que ella, muy sutilmente, cada vez que nos veíamos me buscaba mucho con su mirada cuando manteníamos una conversación entre los cuatro, pero yo trataba de disimular para no armar ningún quilombo ya que tanto mi esposa como su marido son enfermos de celos, además siempre estaban presente sus hijos y los nuestros por lo que hubiese sido muy desubicado de mi parte cualquier intento fuera de lugar.

Una noche fue todo muy distinto. Los invitamos a nuestros amigos a cenar a casa y mi primera sorpresa fue el verlos llegar solos, sin sus hijos, y la segunda sorpresa y más grata para mí fue que Roxana vino con una blusa negra totalmente transparente y sin corpiño, pero con un delgado saco de hilo por encima, ya que nos estábamos en verano y la temperatura era elevada y no me pareció demasiado extraño.

Al ver en particular esos hermosos montes prácticamente desnudos me provocó una involuntaria erección que intenté disimular a toda costa, cosa que por la mirada de Roxana no logré, ya que me sonrió muy cómplice. En el ascensor como íbamos hablando los cuatro en tono de broma un poco fuerte, aproveché un segundo de distracción y le susurré al oído lo hermosa que estaba, lo cual le debe haber gustado mucho porque me lo agradeció apretándome disimuladamente la mano. Yo no terminaba de entender su actitud, ya que a pesar de nuestra confianza nunca había actuado de esa manera. La cena se desarrolló de una manera normal, con charlas sobre temas comunes, pero hubieron algunas miradas cómplices entre ambos acompañadas con algunas erecciones mías al ver las tetas de mi amiga al servirse agua, o la comida, ya que se le abría su saco y dejaba toda su belleza a mi vista.

Yo intentaba por todos los medios disimular mi calentura, pero cada vez se me hacía mas difícil ocultar mis erecciones. Lo interesante ocurrió cuando Mariel, mi esposa, propuso ir a comprar helados. Yo dije que no tenía ganas de salir con tanto calor, pero como ella insistió tanto, Horacio (el esposo de Roxana) dijo que no se hiciera problema, que él la llevaba en el auto, a lo que Roxana dijo que aprovecharía para llamar a su casa para ver como estaban sus hijos, por lo que Mariel y Horacio se fueron. Yo sabía que a partir de ese momento disponía de aproximadamente de 40 o 50 minutos para llevar a cabo cualquier locura, pues la heladería se encuentra un tanto lejos de casa. Mientras hablaba por teléfono no dejé de mirarla, a esa altura ya con descaro no sacaba los ojos de ese hermoso par de tetas, miradas que eran correspondidas lo cual me estaba poniendo más caliente aún. Cuando terminó de hablar por teléfono, me hizo el comentario de que tenía mucho calor y salió rápidamente al balcón, yo me acerqué por detrás de ella y le dije que eso era muy fácil de solucionar, que se quitara el saco. Ella respondió que no podía porque iba a quedarse prácticamente desnuda ante mis ojos y ya había visto como la miraba durante la cena por lo que eso podía llegar a ser muy peligroso. “Lo que pasa es que hoy estas terriblemente sexy”, le dije, “Y si usás esas transparencias no tenes hacerlo a medias tintas”, a lo que respondió que tenía razón, que se lo sacaría hasta que llegaran nuestras parejas. Cuando tuve ante mí semejante bellas tetas no pude evitar decírselo, a lo que respondió: “Te dije que era peligroso”. “Es que desde hace tiempo le tengo ganas a esas tetas, Roxana”, le respondí.
En ese momento ella dudó un poco de su actitud e intentó entrar nuevamente al living, entonces la tomé de la cintura y acercándola a mi pene que se encontraba totalmente duro le dije: “Roxana voy a besarte toda y te voy a coger en este mismo lugar”, ella intentó soltarse, entonces tomé con mis manos ambas tetas y comencé a besarla en el cuello, su resistencia poco a poco empezó a ser cada vez menor, le desabroché la camisa mientras seguía besándola en el cuello, para ese momento Roxana ya estaba ardiendo y me decía que hacía tiempo que estaba caliente conmigo. Luego ella se dio vuelta y mientras yo le besaba una de sus tetas y acariciaba la otra con mi mano, bajó el cierre de mi jean y sacó a la luz a mi pobre pene que a esa altura estaba que explotaba y empezó a pajearme. Luego me sentó en un sillón y me hizo una mamada espectacular, con la cual terminé en su boca. Roxana se tragó toda mi leche para no dejar rastros y me siguió mamando a pesar de mi corrida. Después levantó su pollera, se quitó su biquini y me colocó su clítoris en mi boca, besé esa concha como si fuese la última vez en mi vida, cosa que Roxana agradeció ya que acabó a los gritos en uno o dos minutos. Mi pija ya estaba otra vez en guardia, le pedí que se colocara en cuatro patas y la penetré desde atrás, logrando así un par de orgasmos más de mi amiga, uno de ellos tan gritado como el primero. Mientras tanto con mis dedos le acariciaba el agujerito de su culo y comencé a meterle mi dedo índice mientras la estaba cogiendo, luego de las corridas y cuando pensé que su culo estaba listo le dije: “Ahora te voy a encular perra”, ella primero se negó, pero su calentura era tal que luego me pidió que lo hiciera despacio ya que su marido no la cogía por el culo aunque confesó que no sería su primera vez y que la volvía loca. Le dije que si, y le empecé a penetrar su hermoso culo despacio como ella me pidió, una vez que entró la cabeza se la clavé hasta que mis huevos chocaron con sus nalgas, con lo que le arranqué unos gritos de placer y montones de guarangadas dignas de un barrabrava, que me excitaron aún más. Acabó a los gritos y con espasmos como con los anteriores. Luego nos besamos de manera muy dulce y nos fuimos a lavar y a acomodarnos la ropa. Yo le presté mi cepillo de dientes, porque después de lo que habíamos hecho…
En ese momento me comentó que hacía tiempo que no gozaba de esa manera, a lo que le pregunté por qué. Me dijo que su marido salía con otras mujeres y medi me dejó entrever que una de ellas era Mariel, y que no le daba bola. Le pregunté si esto era venganza y me dijo que no. Que yo le había gustado mucho desde el momento en que me conoció. Que ya no sabía qué hacer para llamarme la atención.
Unos poquísimos minutos después llegaron Mariel y Horacio con los helados y nosotros como si nada. Los esperamos escuchando música, conversando y frapeando un champagne. Yo soy muy colgado, lo reconozco, y me di cuenta que Mariel había salido con los labios pintados y volvió sin rastro de rouge, ya que el rastro estaba en la comisura izquierda de la boca de Horacio. Me excitó y me dio tremenda bronca al mismo tiempo.
Comimos el helado, seguimos charlando de pavadas, nuestras miradas siguieron cruzándose, lo cual me ponía como loco, eso hizo que permaneciera con una erección terrible durante el resto de la noche.
En algún momento nos cruzamos con Roxana en la cocina y ella me indicó con un gesto que viera la comisura de Horacio. Puesto a observar, noté que entre Mariel y Horacio también había una notable tensión sexual. Por otro lado el hecho que ni Mariel ni Horacio se dieran cuenta de la situación alimentaba de sobremanera mi morbo.
Cuando se fueron nuestros amigos, como yo seguía muy caliente, le regalé a mi esposa una hermosa noche de ardiente sexo. Cuando ella estaba próxima a tener su primer orgasmo le pregunté qué le parecía Horacio. Ella entre jadeos me contestó que le parecía muy buen mozo y varonil. Después del orgasmo me preguntó la razón de mi pregunta. Yo le dije que me parecía que Horacio la miraba mucho y que solo le faltaba babearse. Mariel me contestó “Como a vos con Roxana… ¿o te creés que soy boluda?” Por si acaso negué todo. Mariel me apestilló: “¿Te la cogiste no?” Yo lo negué: “No mientas − continuó − tenías olor a Roxana… Viste qué pata que fui con lo de los helados pudiendo llamar al delivery…” Volví a negar todo.
Mariel continuó: “¿Me lo vas a seguir negando? ¿No te llamó la atención que yo mandara a los chicos a la casa de mamá y que Roxana viniera sin los de ella? ¿Quiénes te creés que arreglaron para que fuera de esa forma?”
Me quedé de piedra. Tardé en reaccionar. “¿Y vos con Horacio?” Mariel me miró, se sonrió y me dijo… “Uuuuuh! Pero con Horacio, amigas y amigos de Horacio… ¡Hace años! ¡Pero lo único que me faltaba es que yo te agarrara la pija y te la pusiera en el culo de Roxana! Si vos no le hacías pata, se iba a armar en cualquier momento.” Yo no podía creer que hubieran armado semejante confabulación.
Mariel me miró sonriente y me dijo: “Antes de irse Mariel me dijo que sos buenísimo haciendo sexo anal y que cuando quieras nos juntemos los tres…”

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