Tengo 35 años al igual que mi novia. Ella es muy jovial, buena onda, y es, más allá de muy buena persona un tanto agresiva, yo también suelo serlo un poco ya que ambos somos Leoninos y sin bien son Leo somos fieles somos también dominantes y entre nosotros dos chocamos y discutimos muchas veces. Ya llevamos cinco años de novios y ahora estamos en pareja.
Mi amor por ella me ha llevado por el cause de que empezaba a darle la razón, admitía mi error y ella nunca se dejaba ganar, por lo que con el tiempo, la balanza se inclinaba a su favor muchísmo más que al mio. Ella se ponía muy contenta cuando ganaba una discusión, luego de aquél clima de palabrerío y puterío, yo la veía muy angustiada y mal, por lo que me auto-culpaba y ella reía de felicidad…eso, con el pasar del tiempo, fue haciendo que tomara un papel más dominante en la pareja del que teníamos.
Yo no había tenido novia antes que ella, pero ella si había tenido dos novios, con los cuales pudo gozar del sexo plenamente. Conmigo fue otra historia, mi placer era complacerla a ella por lo que a ella pensar en sexo conmigo era su sueño, y siempre que disponíamos de un tiempo para nosotros, siempre hacíamos alguna fantasía morbosa pero un día…
Me sorprendió cómo llegó un día de la nada y me dijo:
− Estuve viendo unas páginas de Internet, una que tienen relatos pornos y me excité mucho con algo que leí.
− De que hablaban esos relatos − le pregunté, un poco excitado ella no me contestó, se tomó su tiempo para mirarme muy de cerca, me ojeó de arriba abajo, mientras me acariciaba el cuello, mientras me daba pequeños piquitos.
− Si vos te acostás con otro chico, yo me acuesto con una chica − me dijo muy tranquila.
Quedé shockeado. Titubeé al principio, pero pude formular mi pregunta:
−¿Queeé? − le pregunte yo − Te volviste completamente loca. Yo no soy puto.
Ella se río y hasta me suplicó, no de rodillas, pero no con esa autoridad que tiene para decidir las cosas en nuestra pareja, pero ahí estaba, rogándomelo lo que era totalmente fuera de lo común en nuestra relación.
Ni ella ni yo somos bisexuales y mucho menos homosexuales, sabía que ella haría un gran sacrificio por acostarse y tener relaciones sexuales con otra mujer, porque a ella le desagradaba rotundamente otra persona de su mismo sexo, pero parecía querer sacrificarse con tal de verme con otro chico. Pensar que ella pudiera estar con otra chica me volvía absolutamente loco.
Empezamos a discutir ese día y terminamos dos semanas después en que para no perder la costumbre yo terminé aceptando. Ella se puso muy contenta, hasta el extremo de lagrimear de alegría. Yo nuca supuse que fuera para tanto.
− Es que vos no sabés cómo es esto, − me dijo − ¡voy a ser la primera de mis amigas!
− ¿Cómo? − pregunté yo asombrado.
− ¿Vos querés que yo me acueste con otra chica? − me preguntó ella.
− Es mi fantasía número uno −contesté.
− ¿Cómo la de todo los varones? − me preguntó ella.
− Como de la gran mayoría − le dije.
− La mía es lo mismo, pero al revés. Quiero verte con un chico. Que le chupes la pija sería el máximo. Que te la chupe el a vos… y que te coja… Ayyyyy si que te coja ese culito divino que tenés que hasta yo te lo envidio, y vos no lo usas…
− ¡Ah no! ¡Eso no! − me negué yo.
− ¿Cómo que no? Hace dos minutos que me acabás de decir que sí.
− Pero no de que me rompan el orto.
− ¿Y cómo si no? Lo lamento, enojate con la naturaleza, no conmigo. Vos dijiste que si.
− ¿Qué placer te da ver como me hacen el culo?
− ¿Te parece poco? Eso es lo que quiero ver… Justamente eso. Quiero verte hace un 69, que te beses… Qué te bese… Cuando vea besándote con otro chico, creo que acabo allí mismo.
− Pero no es lo mismo…
− Es exactamente lo mismo. No hay diferencia y en cuanto al culo, vas a ver que te va a gustar.
− Pero no… ¡Cómo me va a gustar!
− ¿Vos qué me decías cuando querías hacerme el culo?
− Que era cuestión de empezar.
− ¿Y yo acepté?
− Si.
− Me gustó.
− Al principio no, pero ahora creo que sí.
− Eso es lo que te digo. Al principio no me gustó nada, lo hice por amor. Me dolía mucho, pero ahora que me acostumbré me encanta. A vos te vas te va a pasar lo mismo.
− Es distinto.
− No, como dice mi terapeuta, un culo es un culo.
Yo no quedé muy convencido de esa idea. Los nervios me volaban ya que yo sería la víctima. Lo único que pude negociar es que el debut lo haría con un travesti, pero ella sería quien elegiría a la traviesa que me doblegaría a su voluntad.
Llegó el día. Yo estaba durísimo de los nervios. Llamaron a la puerta muy temprano, era un viernes y no sería más de las seis de la tarde. Mi novia Noe le abrió la puerta. La trava entró y me di cuenta que Noe podría haber buscado a alguna menos machona, la verdad estaba muy mal por esa situación. El trava, si bien no era un camionero tenía aspecto masculino, sin tetas ni nada para parecer una mujer más que pelo largo negro y un flequillo.
Mi novia se sentó en una silloncito que había contra una pared de nuestro cuarto y el trava me dio un pico en la boca que duro un poco más de lo que yo esperaba. Para el que viera de afuera el beso pareció ser suave y delicioso, sin embargo eso no alcanzó para quitar mi nerviosismo.
Ella, la trava, se presentó:
−Hola chicos… Soy Carla y me especializo en despedidas de solteros, iniciaciones y en bajarle los humos a machitos creídos.
− ¿Que tal?, yo soy Maxi − le dije yo.
− No nene. Esta noche vos pasás a ser… ¿Cómo era? − cuando dijo eso, para mi terror la miró a Noe.
− Silvia… − dijo Noe − Silvia es el nombre que me encanta…
La miré a Noe y ella se reía con un dedo a la boca haciéndo la tontita…
Carla se bajó su jean ajustado que le marcaban una cola bien parada. Su camisa negra le ocultaba los rollitos. Tenía un pelo ondeado y su maquillaje era discreto. Se quitó la cartera que traía encima y buscó una venda.
− Ahora quiero que te desnudes, y me dejes ponerte esta venda − me dijo Carla.
Luego de unos instantes solo podía sentir y escuchar, y la verdad que me sentía más cómodo, dado que el rostro de la trava me daba un poco de miedo pero su voz era muy parecida a la de mi novia, que seguramente miraba tentada y excitada toda esta situación.
En una de esas siento un nudo en los tobillos. La trava que me da vuelta en la cama y me dio vuelta como un churrasco. De pronto sentí que me levantaba en el aire y que me sacaba de la habitación. Sentí que me apoyaba en la mesa del quincho. Lo adiviné por las maderas ásperas. Sin ver nada, sentí como me pasaban una cosa viscosa de un olor horrible por todo el cuerpo. La escuchaba a mi novia que se reía y charlaba con la trava que le decía que me iba a dejar hecha un pimpollo. Oí que se iban. Me desesperé. Quise desatarme y fue imposible. No quería gritar para que los vecinos no se enteraran del lio en el que estaba metido. Debe haber pasado como 40’ en el que me imaginé de todo, incluyendo que Noe estaba preparando esto para asesinarme. Las oí llegar de nuevo.
− Me parece que el lechón ya está para pelar − dijo la trava.
Sentí que me pasaban toallas por todo el cuerpo y la cara que para ese entonces me picaba y ardía. Me habían atado a la mesa. Luego sentí que me pasaban algo tibio por las bolas, la entrepierna y el culo. La trava me comenzó a rasurar.
− ¿Así o más? − le preguntó la trava a Noe.
− No, no − dijo mi novia − sacale todo. Quiero que quede como una nena de 9 años.
La trava me rasuró las bolas y el culo. Me limpiaron con una manguera y me desató y me volvió a levantar en vilo y me llevó al comedor donde me sentó en una silla. Sentí que me pasaba la mano por el pelo y que me lo cortaba de alguna forma. Finalmente, sin desatarme, me sacó la venda diciendo…
− ¡Aca taaaaaaaa…! − es una muñeca. Los ojazos azules que tiene. ¡Sabés como va a quedar!
Ante mi asombro me empezó a depilar las cejas. Luego me maquilló durante más de media hora. Cuando terminó me llevó al baño para que me viera en el espejo. ¡Casi me muero! Me había cortado el pelo con nuca descubierta y flequillo. Me había depilado todo el cuerpo y la cara… Me había cambiado la forma de las cejas y me había pintado como un cartel rutero. Yo era más mujer que la trava. Noe me miraba y me dijo:
− ¡Esperá que falta! Te tengo un regalito.
Yo ya me esperaba cualquier cosa y no estaba equivocado: era un conjunto de tanga y brassier de algodón que me cupo perfecto. Me puso un panty de ella. Una blusa blanca, una pollera tableada tipo colegiala y unos zapatos guillemina.
Yo era mucho más mina que el trava.
− Mirala Carlos − le dijo Noe al trava − ¿No está divina? ¡Sos un ídolo!
Yo no entendía nada. Pregunté y Noe me dijo:
− ¡Ay Silvia! Vos no entendés nada. Este es Carlos, mi coiffeur que me ayudó en esta sorpresita. Hace tiempo que lo venimos planeando y salio perfecto.
− Perdoname Silvi, si te asusté. No era la intención. Lo que pasa es que si Noe te pedía esto, dudo que hubieras aceptado… ¿o si?
Yo estaba tan shockeado que los miraba a ambos sin entender nada. Carla o Carlos se sacó la peluca negra que yo creía que era pelo natural, la camisa y los boxers de los que recién ahora me daba cuenta. Al ver mi cara de asombro me dijo:
− ¿Viste el efecto que hace el pelo? Una peluca o un cortecito como el que te hice yo.
Se me acercó y me plantó un tremendo chupón. Yo no reaccionaba. Noe se acercó y me dijo:
− No vas a arruinar ahora lo que convenimos. Vos ahora sos Silvia, así que reaccioná y actuá como Silvia.
En la toma dos, Carlos me dio otro terrible chuponazo y me metió la lengua. Yo aluciné con ser una mina y me dejé llevar y le devolví la pasión.
− ¡Así me gusta! − dijo Noe.
Carlos me desnudó de lo que me acababa de poner y comenzó a besarme el pecho, ahora totalmente lisito. Me daba besitos por todas partes mientras me bajaba la bombachita. Me besaba hasta que de pronto me dijo:
− ¡Chupámela Silvita! − mientras sacaba una poronga no muy ancha, pero larguísima.
Yo abrí la boca. No me entraba por lo larga, hice un gran esfuerzo y él se movía a un ritmo suave. Al rato, no digo que me gustara, pero ya no me molestaba. Carlos gemía y se movía cada vez más rápido. De pronto se echó para atrás y me la sacó y me acabó en el pecho.
− No pretendo que la primera vez te la tragues Silvita − me dijo.
Noe miraba pasándose una mano por la entrepierna y estaba bien arrebatada como cuando se calienta mucho.
Carlos se levantó y le dijo
− Parece que ya estás lista Noe… ahora llega la diversión perrita… Traé la jalea que esta en el bolso de mis cosas.
Noe trajo un inmenso frasco con un gel rojo. Carlos me dio vuelta sin piedad, me abrio el culo y con un palito como de helado me empezó a meter el gel ese en el culo.
− Es anestésico y lubricante. Te va a gustar. Quedate culo para arriba mientras nos fumamos un pucho.
Salieron y allí estaba yo de nuevo embadurnado y esperando. Cuando volvió, sin aviso me metió la cabeza de su pija. Fue y vino dos o tres veces. Empujó y para mi asombro me la metió toda de una. Entró facilísimo. De todas formas sentí que me desgarraban. Empezo a bombearme lentamente y el culo se me debe haber dilatado porque dejo de dolerme y me sentí una verdadera mina con una poronga adentro. A veces me dolía y gritaba. Carla me tapó la boca con algo, parecía otra verga pero más dura.
− Es un juguetito, comételo todo mi amor.
Carlos comenzó a bombear y no paró ni un momento, mis nalgas sentían el ardor y a medida que gemía, chupaba un poco de esa verga de goma, mientras pensaba que ese flaco podía ser mi propia novia. Reconozco que me divertía entre tanto dolor y sufrimiento. Al rato, en unos minutos, una eternidad con todo un martillo dentro de mi explotó como un volcán. El se salió rápido habiendo manchado media sábana y comenzó a tirarme toda su esperma en mi espalda y partes llegaron a mi cuello, retiré el juguete de mis labios para estremecerme en un gran gemido. Carlos me parecía lindo en lugar de como la veía antes. Ahora siento más cariño por esa persona que me dio todo de sí. Mire a mi novia y estaba desnuda de la cintura hacia abajo, chorreándose de sus jugos.
− No es lo que arreglamos − le dije − No es un travesti.
− Pero ahora vos sí. Sos mi novia. Mi novia con pija, pero quiero que seas mi novia.
− Yo no puedo quedarme así, yo el lunes trabajo en la Municipalidad.
− No mi amor. Desde el martes trabajás en la nueva peluquería de Carlos en el centro, como recepcionista. Con más del doble de sueldo de la miseria que te pagan en la Municipalidad. Carlos te presta la ropa.
Carlos se levantó, y se fue al baño, yo me quedé tendido sobre la cama, muerto, exhausto, dolorido. Noe se acercó, estaba contentísima:
− Me hiciste super feliz mi amor. Y lo de Silvi te queda muy bien.
− Sí, pero de ahí a vivir como una mina…
− Es de mañana. De 8 a 14, con el doble de sueldo. Él sabe como sos vos atendiendo público. Las minas somos muy hinchapelotas. Es mucha guita, pensalo desde ese lado.
Carlos salió del baño fumando un cigarrillo, e inmediatamente Noe se acercó a el. Hablaban en voz baja…no alcancé a escuchar mucho, dado que trataba de descansar y pensar en lo sucedido.
− Te espero el martes Silvia. Si hacés bien el laburo te quedás de encargada. El sueldo de ncargada es de cinco lucas y comisiones. Vos ganás dos lucas cien. Despues e voy a coger unas veces más así se te abre bien y podés recibir lo que venga. Como mina vas a tener éxito. Sos flaca, estás buena y sos blanquita.
Noe no cumplió con su palabra, pero me he cogido doce minas distintas en los últimos diez meses. La vida de peluquería es un mundo aparte. Las mujeres se dan cuenta que soy un tipo, se acercan, las chamuyo y me las termino volteando. Hacer de mina o de travesti no está tan mal después de todo.
Ya vivo exclusivamente como mujer. Pasé de ser un tipo del montón a ser una mina bastante linda, deseada y apreciada. Me gusta, me parece piola y me divierto mucho más que de varón.
He estado con varias señoras y los maridos que me la han dado. En estos momentos soy un perfecto bisexual y Noe pasó a un segundo plano. Ella se corrió el riesgo, no cumplió y perdió.
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