viernes, 8 de octubre de 2010

¿Seré lesbiana?

Era la última vez que iría detrás de él esperando una respuesta, humillándome hasta las lágrimas. Después de esa discusión quede tan mal que al salir del departamento olvidé las llaves adentro y ahora no podía entrar. Aquella tarde llovía y quede afuera con toda mi ropa mojada. No podía dejar de llorar por la impotencia que sentía en ese momento. Me sentí la reina de las pelotudas. Me senté en el descanso de las escaleras tratando de calmarme, buscando el celu para llamar a un cerrajero, cuando apareció mi vecina. Al verme en esas condiciones se acercó y me pregunto qué sucedía. No podía hablar mucho, ella se dio cuenta y me ofreció pasar a su casa para llamar al cerrajero.
Gisella y yo éramos vecinas hacía más de un año y muy pocas veces habíamos cruzado palabras. Sabía que era estudiante, que vivía sola y era muy bonita. Siempre la veía acompañada con otras chicas. Se notaba su personalidad encantadora, llena de alegría. En este momento me hacia bien su presencia.
Yo estaba congelada, tenía frío. Cuando entramos fue en busca de una bata de toalla, para cambiarme y secarme.
- Ponete esto flaca! Te va hacer bien...y tratá de tranquilizarte - me dijo
- Si! Gracias! - le respondí.
Me mostró el cuarto de baño y ella se fue a la cocina a prepararme un café.
El depto era muy cálido y acogedor. Nos sentamos en el comedor frente al ventanal. Empecé a contarle lo que me había sucedido, ella escuchaba con atención. Había tanta dulzura en su mirada que me sentí contenida, mucho más cuando tomó mis manos entre las suyas suavemente.
- Sabés que sos muy linda, Alejandra… - me dijo- Y el boludo ese no merece ninguna de tus lágrimas! Menos que te humilles por un hombre que no te valora! Dónde se ha visto?
Y me hizo una caricia en la mejilla secando mis lágrimas. Necesitaba un abrazo y ella me lo dio. Me ocurrió algo raro: su perfume me invadió y sentí su corazón latir junto al mío. Continuó con las caricias durante unos instantes, mientras yo me dejaba llevar por esa emoción tan placentera. Hacía mucho tiempo que no experimentaba la calidez de un abrazo, de las caricias. Aquella pendeja me lo estaba brindando. Miré a sus ojos verdes, cuando vi sus labios tan cerca de los míos que me fue imposible el no desearlos. Se veían brillantes, carnosos, como una frutilla madura.
Me sentí muy confundida por los pensamientos que me estaban invadiendo. Mis manos parecían tener vida propia, deseaba acariciarla y lo hice. Cerré mis ojos cuando sentí su boca besando la mía y respondí a su delicioso beso. Era la primera vez que besaba a una mujer y me encanto. Nunca había tenido ni siquiera una fantasía oculta. Lo más extraño es que me pareció tan natural y lógico que prefería no analizarlo. Me desconocía a mí misma.
Gisella me abrió mi bata y sus dedos me rozaron los pechos hasta alcanzar los pezones. Luego empezó a mordisquearlos y succionarlos tiernamente. Me gustó! Me gustó mucho aquella suavidad, como se sentía y yo quería hacer lo mismo con ella. ¿Me estaría volviendo trola?
Abrí su blusa, desprendí el sostén y mi boca fue en busca de sus pequeños pezones.
Las dos gemíamos en ese intercambio de besos y mimos. Enlazamos las manos. Gisella me desprendió la pollerita. Bajó besando mi vientre y acariciando mis muslos y los cachetes del culo hasta llegar a mi pubis. Me sacó la pollera. Me bajo la bikini. Su lengua se hundió en mi vulva, pasando por el interior de los labios hasta llegar al clítoris y así chuparlo como si fuera una garrapiñada. Me terminó de desnudar y yo allí de los mas campante, encantada de que lo hiciera. Dejándome acariciar, besar y lamer por mi vecina que hasta hacía dos horas no nos habíamos dicho mas que buenos días o buenas tardes.
Me tomó de la mano y fuimos juntas a su dormitorio. No sé por que me sorprendió que tuviera una enorme cama de dos plazas y media. No lo imaginaba. Nos tiramos en la cama y volvimos a colmarnos de caricias y besos, por cada parte de nuestros cuerpos.
Esta era la primera experiencia lésbica que yo tenía y la estaba pasando tan bien. Ahora fui yo en busca de su conchita mojada. Abrí sus muslos y mis dedos se deslizaron por su interior, y la besé. Otra sorpresa: su sabor era un deleite para mi paladar... mi lengua frotaba su clítoris sin parar y mis labios mamaban su vulva, sin dejar de meter mis dedos en su vagina. Era un sabor distinto. Ni dulce ni salado. Eléctrico, diría.
Ella me pidió que me diera vuelta, para chuparme también. Un perfecto 69... Para que las dos continuemos gozando y gimiendo sin parar. Pero había más. De uno de los cajones de su mesa de luz, sacó un consolador largo y grueso, con un glande en cada extremo. Me hizo gracia ver que estaba literalmente gastado de ambos extremos.
Una de las puntas la refregó por mi vulva hasta meterla apenas en la entrada de mi vagina haciéndome desearla. La pendeja me estaba matando de placer. Yo tan sufrida hetero con el idiota de mi novio.
Comenzó a mover el consolador adentro de mí, en un entrar y salir sin parar, mientras con su lengua estimulaba mi clítoris. Yo nunca había probado eso y me gustó. Qué boluda que fui. Quería más de eso!!
Quería también verla a ella gozar conmigo. Entonces se dio vuelta y quedamos como dos perritas, cola con cola. Me introdujo una de las cabezas de esa verga en su vagina y yo la otra dentro de mi cocha. Era tan intensa esa penetración que gritábamos enloquecidas de tanta calentura.
Volví a sorprenderme ante un intenso orgasmo que creo que debe haber sido el más tremendo de mi vida. Me dejo sin fuerzas y al mirarla vi también en sus ojos el brillo perdido de cansancio y satisfacción.
Quedamos tendidas entre las sábanas aquietando la agitación de nuestros corazones entre suspiros de satisfacción plena.
No pude más y le pregunté:
− ¿Sos lesbiana?
− No − me respondió Gisella escuetamente.
− ¿Entonces sos bisexual?
− Tampoco.
Yo estaba bastante sorprendida.
− ¿Pero entonces has tenido experiencias con otras chicas?
− ¡Jamás! ¡Sos la primera!
− Pero… ¿Y el consolador doble?
− Lo uso con mi novio. Me lo meto en la vagina y a él en el culo y fantaseo con que soy un tipo que se lo coge.
− ¿Fantaseas que sos un tipo?
− Únicamente cuando me lo cojo a él.
− ¿Nunca fantaseaste con cogerte a una mina?
− ¡Jamás! Es más… Si me lo hubieras preguntado dos horas atrás, te hubiera dicho que el solo hecho de pensarlo me repugnaba, pero me recontra calenté con vos t tuve ganas de que nos cogiéramos. Te cuento algo más? Fue el mejor orgasmo de mis 19 años. Quiero más.
Desde ese día y pese a la diferencia de doce años de edad nos hemos hecho íntimas amigas. Más íntimas que amigas, en realidad. Nos sorprende que cada orgasmo sea tan terriblemente intenso. Por ahora no quiero saber nada con mi ex. ¿Esto quiere decir que me volví lesbiana?

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