Ocurrió el último verano. Mi prima Natalia y yo, cansadas de la ciudad y dado que nuestros maridos no podían tomarse vacaciones de verano, decidimos irnos a la casa del pueblo. En las cercanías de Salta, nuestra abuela tenía una casona en el campo, muy coqueta, con el piso de lozas antiguas pintadas a mano y las paredes blancas pintadas con cal, como muchas de las casas que hay aun en el Norte.
La casa no la usaba nadie. Un muchacho nos la cuidaba y nos la mantenía, había unos cuantos árboles frutales, una pileta de natación donde solíamos bañarnos de niñas y también de mas mujercitas, porque era bastante grande y un gran área de césped verde, donde respirar aire puro y tomar sol.
Este chico se encarga de que todo esté como cuando nuestra abuelita aun vivía.
Al llegar a la casa Natalia y yo comentamos, como aquella casa nos recordaba a los bizcochuelos de la abuela que aun parecían oler por los pasillos, a las tardes de verano y en general a nuestra infancia, nos traía hermosos recuerdos a las dos.
Cada una se instaló en una habitación, ambas con ventanas altísimas, aunque lo cierto es que por esa época del año el calor es insoportable en Salta, así que le dijimos a Manuel, el hombre del mantenimiento, que nos llenase la pileta de natación para el día siguiente podernos refrescarnos, y así lo hizo.
Natalia y yo nos fuimos a descansar hasta el día siguiente. Las dos lo necesitábamos mucho, siempre estamos muy ocupadas con nuestros trabajos, los niños etc. Para ser dos chicas de 30 y tantos años, estamos muy estresadas, ya tenemos responsabilidades de profesión, familia, trabajo… En eso nos parecemos muchísimo, nos machacamos trabajando, no podemos evitarlo.
En el momento, que nos pusimos a preparar el desayuno llegó Manuel por la cocina, le pregunté si conocía a alguien que nos hiciera la comida y la limpieza por estos días que íbamos a estar allí, así estaríamos mas tranquilas. Manuel nos dijo que sin problemas Eliana, su mujer, pasaría por la casona durantes esos días a ocuparse de todo, lo cual nos pareció toda una maravilla porque era alguien de confianza y que conocíamos hace muchos años.
Manuel debe tener unos 36 años, su esposa Eliana, calculo que unos 35, son una gente estupenda, muy cariñosos y amables, ellos siempre han trabajado con la abuela y algunos de sus hermanos, pero cuando la abuelita falleció, solo Manuel se quedó a cargo del mantenimiento por orden de mi viejo.
Durante el almuerzo que nos preparó Eliana, por cierto exquisito, Natalia y yo estuvimos comentando, como cuando teníamos unos 15 años, cómo nos ponía Manuel, entonces el era el chico más grande fuerte, bronceado del sol, con los ojos negros y la piel muy morena, lo cual hacía sus dientes mas blancos… A esa edad nos tenía locas, dos niñas en plena edad de la calentura, observando todo el día a aquel muchacho tan macizo… Mi prima y yo recordamos lo calientes que éramos a esa edad, entre risas y carcajadas. A las dos nos dio mucho fastidio cuando Manuel se apareció con Eliana del brazo. Entre verano y verano se habían casado, se ve que la dejó embarazada y ya saben como son esas cosas por acá. Eliana también era una chica un poco mayor que nosotras muy hermosa, morena también, una larga melena lacia, muy delgadita, pero muy pechugona, con los ojos verdes y muy grandes que daban un aspecto salvaje a su rostro. Natalia y yo, coincidíamos aun estaban buenísimos ambos. Entre risas no sabíamos si era la calentura de estar sin nuestros maridos, o Manuel nos ponía re calientes a las dos.
Le pedimos a Manuel y a Eliana, que usaran alguna de las muchas habitaciones vacías que había en la casa, pues ir y venir al pueblo todos los días se les iba ha hacer un poco pesado y caro. Aceptaron porque lógicamente el viajecito era una paliza cada día.
Aquel día Natalia y yo, nos tomamos hasta el último rayo de sol, cada una en una reposera y alternando baños en la pileta para no achicharrarnos, aprovechamos para broncearnos. Yo llevaba una malla enteriza azul ya que quise ser discreta para no asustar a esa gente, pero mi prima llevaba una tanga blanca y negra. Lo cierto es que cuando se ponía culo para arriba o se untaba crema, noté que a Manuel los ojos se le iluminaban con la piel bronceada de mi prima. Esa tanguita la favorecía, con el pelo rubio, y además ella no tiene demasiado de pecho, pero si tiene un trasero bien macizorro y aquel chicose notaba que se estaba poniendo calentón con la Nati.
Se lo comente a Natalia con algo de picardía, ella, que es muy descarada, cuando se percataba de sus miradas, le abría las piernas para darle mejor visión, incluso se acariciaba de modo provocativo sus nalgas al darse vuelta.
− No seas calientapijas, Nati. Lo que se empieza se lleva adelante. Al pedo… ¡no!
− ¿Y que creés? Yo estoy esperando!– me dijo y nos reímos las dos.
Por la noche nos duchamos y nos pusimos nuestros piyamitas para ir a cenar. Después de cenar tomamos unas copas en el salón, incluso invitamos a Manuel y a Eliana a acompañarnos, pero Manuel no quiso pues se tenía que levantar muy temprano, a Eliana conseguimos animarla, no pasaba nada si se levantaba mas tarde. Nosotras no íbamos a madrugar tampoco y la casa estaba bien. Lo cierto es que a mi prima le dio fastidio que Manuel no se quedara, le dije que estaba loca, ¿Acaso ella iba ha hacer algo con él? Y menos con su mujer adelante. Era una caprichosa.
Fue noche de intimidades compartidas, en las que tanto Nati como yo nos confesamos mutuamente que nos había invadido la rutina con nuestros respectivos maridos, que eran machistas y poco compañeros.
Con los whiskys y el calor, Nati empezó a preguntar a Eliana por cosas de su intimidad, y la otra todo roja le iba contestando con la timidez del norteño.
− ¿Y tu marido la tiene muy gruesa Eli? − preguntó Natalia.
− Normal Natalia!! No sé…
− ¿Sí o no? ¿Es muy grande? − insistía Nati burlándose.
− Bueno, no me quejo ja,ja,ja – Contestó Eli entre risas, con la voz tomada ya por el alcohol.
− Debe darte los gustos ¿No?
− Je,je,je Sí… Es buen amante, me tiene muy contenta…para que engañarte.
− Debe ser todo un macho en la cama!!!
− Basta Natalia – le dije yo. – Dejá a Eliana en Paz, ella no tiene porqué contestarte a eso.
− OK, no te chives Anita…
− OK, no me chivo, pero vamos a dormir ya… - dije yo y nos fuimos todas a la cama.
No quería que al día siguiente se generara tensión entre ellas.
Cada una nos fuimos a nuestros cuartos, nos cruzamos con Manuel en el pasillo, era tarde para dormir, pero el se ya se estaba levantando, serían como las 5 de la mañana. Nos miró con cara de enojado a las tres, como un padre regañando, y sobre todo a Eliana, que se fue cabizbaja a la cama.
Yo ya no conseguía conciliar el sueño y me levanté mas o menos a la media hora para ir al baño, cuando por la puerta entreabierta del cuarto de mi Nati, pude ver algo que se movía, pensé que era ella despierta aún y me asomé con cuidado, cuando ante mi asombro, mi prima estaba desnuda y Manuel le estaba chupando toda la rajita, con gran ímpetu, lamía y lamía con desesperación, ella con cara de excitación se mordía los nudillos para no gritar. En unos instantes Manuel se incorporó mostrando su pijota, bien armada y en toda su plenitud. Su pija era gruesa y bastante grande, con el capullo rosado, no pude evitar excitarme al verla, pero mi prima no tardó ni un segundo en metérsela en la boca y comenzó a chupársela, él gozaba, agarró a Nati por el pelo, marcando el ritmo de su mamada, y ella se la tragaba entera muy encantada, debía darle en la garganta, pero se deleitaba la muy calentona, como seguro no se la mamaba al marido por lo que me había contado. Cuando él estuvo muy excitado, colocó a mi prima sobre la cama, y le frotó el clítoris con la mano un poco, colocó su pija a la entrada de la vagina de ella, y de una gran embestida se la metió entera, en ese momento Natalia dio un enorme gemido, y él le sujetó las tetas, la penetraba con ímpetu, en ese momento mi concha estaba palpitando, mojada, estaba re caliente , viendo como mi prima estaba siendo cogida por Manuel.
Mi prima le cedió su culo a su amante, el lo amasó, y estando mi prima en 4, colocó un dedo en su culo metiéndolo al máximo, luego lo sacó despacio y fue metiendo su gran pija en el culito de Natalia, ella sin problema alguno, permitió que aquello entrase entero en su culo sin mas. Esa misma noche me había dicho que su marido lo pretendía y ella se lo negaba terminantemente. Sin embargo no parecía una primeriza para nada.
Yo a veces hago anal con mi marido, pero no creo que me cupiese tal miembro por detrás. A Manuel, le gustó el culito de Natalia, porque aceleró el ritmo de su cogida del tal manera que en unos minutos, sacó la pija de ese gran culo, y acabó en las nalgas de Natalia, soltando gran cantidad de semen sobre mi prima, que se colocó el pijama y abrazó fuerte a Manuel, que dándole un beso en la frente, no tardo en empezar a vestirse también.
Asombrada salí corriendo de allí y me encerré con pestillo en el baño, y puse a llenar la bañera, disimulando. De repente di un salto, en el baño estaba Eliana, sentada en la tapa del inodoro, llorando, no la había visto ni si quiera. Había entrado por la otra puerta. Debía haberse dado cuenta del "affair" de Nati con su marido. Yo estaba metida en un buen lío, y mi prima que era la protagonista de aquel lío, se había metido en la cama, sin limpiarse ni si quiera los fluidos de Manu.
− ¿Qué te pasa Eliana? – Pregunté sin querer dar indicios de nada.
− ¿Has visto u oído lo mismo que yo? − era evidente que lo sabía
− ¿A que te referís? – dije haciéndome la tonta
− A Natalia con Manuel, en su cama, cogiendo − dijo, entre sollozos
Yo ya no podía disimular más
− Bueno Negrita, te entiendo, aunque eso se le puede perdonar a un hombre, es solo sexo.
− El me lo dijo, que se iba a voltear a la Natalia, para que viese de lo que era capaz una mujer borracha, para que ya no beba más…
− Que machista!! Que hijo de puta! − comenté riéndome en mi interior por la inocencia de Eliana.
−Él es así… cuando vos te fuiste a la cama se fue para el cuarto de tu prima, y me hizo ir detrás, dejó adrede la puerta entre abierta, se la empezó a chupar todo a la Natalia.
A Eliana le caían las lagrimas por la cara y yo no sabía que decir, porque yo me moría de risa, pero me daba lástima que fuera TAN tonta.
− Bueno Eli, lo primero es tranquilizarte, ya pensaremos en la venganza − Le dije, para ese momento la bañera estaba medio llena de agua tibia. – Ahora te das un bañito cuando se llene del todo, y te relajás…
− Que buena sos Anita, gracias de verdad,…
− Nada Negrita, somos amigas desde chicas– Bueno me voy para mi cuarto si quieres algo estoy allí …
− No, por favor, no me dejes sola Ana, que ahora me siento muy mal, acompañame un ratito ¿si?
− OK, no te pongas mas triste, no me cuesta nada…
Eliana, se quitó el camisón blanco que llevaba, era de un corte muy antiguo. Fue descubriendo su potente cuerpo de mujer, se quito el brassier y sus pechos morenos, cayeron apenas para que sus pezones aun mirasen al frente, tiesos del cambio de temperatura, con unas aureolas bien dibujadas. Se soltó su largo cabello negro, y se quitó la bikini. Su concha sin depilar, mostraba muy poco vello rizado, bastante ralo y muy femenino.
Se metió lentamente en la bañera, al levantar su pierna me dejó ver su concha rosada, preciosa, no se si era yo o la calentura, pero aquella mujer era muy hermosa, tenía un cuerpo espléndido. Se sentó en la bañera aun llorando, no reaccionaba, sumergió su cuerpo en el agua metiendo la cabeza, pero tus grandes tetas asomaban por el agua, salió como una sirena y siguió sentada.
Sin mediar palabra me puse champú en la mano y empecé a lavar su pelo, masajeando su cabeza lentamente como me encanta que me hagan a mí. Pocas cosas me ponen tan cachonda como eso. Ella agradecía, con gestos de tranquilidad en su cara, se iba calmando, ya no lloraba, cuando terminé con su pelo, alcancé el gel de baño y me eché un poco en la mano, empecé a frotarle la espalda, los hombros, el cuello. Era suave, resbalosa, sentía que mis manos se adaptaban a su piel. Me pregunté que me estaba pasando, pero no quería parar. Tomé coraje y le pase gel por sus senos, su vientre hermoso, sus muslos, y con miedo, temor y sumo cuidado metí mi mano en su sexo, y le lavé por los vellitos. No quería tocarle su intimidad, pero me moría por hacerlo. Yo chorreaba. Ella misma con los ojos aun cerrados, me abrió las piernas, me agarró la mano y me la llevó a su concha. Así que suavemente seguí la forma de sus labios, colé mis dedos en su rajita y llegué a su clítoris con suavidad, se estremeció como para recular, pero era demasiado tarde para retroceder, comencé a masajear su botoncito, con mi dedo, como si me estuviese tocando yo misma, Eliana daba pequeños grititos, la estaba masturbando casi sin pensarlo, no quise seguirla porque me desconocía a mí misma.
Nunca había estado en esas ni en mis más locas fantasías. Me dio una terrible vergüenza. Quería que la tierra me tragara. Entonces saqué despacio mis dedos de su conchita, ella abrió los ojos y me miró sonriendo.
− Lista Eliana ¿Estás mejor?
− Si, gracias Ana. Muchisimo mejor... − Dijo y se levantó para enjuagarse con la ducha.
Yo mientras pude observarla, tocando su cuerpo, me mostró de nuevo su raja, y me puse a 200, se terminó de enjuagar, se envolvió en una toalla que le acerqué y se vino conmigo a mi cuarto, para ponerse algo de ropa. Manuel estaba en el suyo y ella no quería verlo.
No quiso ropa interior ni nada, por no molestar, la muy tonta. Así que solo le dejé un camisoncito mío blanco de raso que le quedaba como a una reina. Tan morena le lucía, se le marcaban los pezones un montón. La dejé que se metiese en mi cama e incluso la arropé.
− Tranquila Eliana, hoy no hace falta que te levantes en todo el día.
Eran ya como las 8 de la mañana, pero no habíamos dormido aun, así que cerré las persianas y la puerta para que quedase todo oscuro y me senté en el otro lado de la cama, para no molestarla.
− Acostate a mi lado Ana, que a mi no me molesta, al contrario, no me acostumbro a dormir sola.
No dije ni media palabra, y me acosté a su lado. Pasó una hora más o menos y yo aun sin dormir, creo que era de mi propia excitación, vergüenza y miedo. ¿Qué pensaría mi marido de mí si lo supiera? ¡Qué horror! ¡Yo lesbiana! ¡Homosexual! ¿Cómo se lo diría a mi anciano confesor de 87 años?
De repente a Eliana, al darse una vueltas, se le bajó un tirante de mi camisón dejando una de sus tetas al descubierto, pude observarla bien, era preciosa, y la tenía justo delante. ¡Pero! ¿Qué estaba pensando? ¿Y si rezara?
Me entraron muchas ganas de probarla, pero no quise molestarla. Aunque estaba profundamente dormida, estaba rendida, así que acerqué mi lengua a aquel pezón, y lo lamí tímidamente. Al notar que Eliana no se percató, lo metí entero en mi boca y comencé a succionarlo al principio suavemente, luego con ímpetu, con ganas. No creo que fuera pecado. Aquella teta nutricia me alimentaba, alimentaba mi calentura atrasada, mi deseo y muchísimas eyaculaciones precoces de mi marido. Teta nutricia, pecado o no, pronto mis fluidos corrieron por mis muslos, metí mi mano en mi conchita, y mamé de aquella gran teta, mientras me hacía una tremenda paja, gozando extasiada. Debió ser la excitación, que ya me daba igual todo, mordía su pezón, lo apretaba con mis labios. No me importaba despertar a Eliana, ni que diría mi marido, ni el confesor que me retaba por todo. Estaba caliente. No con un tipo sino con una mina conocida mía de la infancia. No sé que me carcomía más si la culpa o la calentura.
Fue inevitable, mi compañera abrió los ojos, la miré tímidamente con su teta en mi boquita, y ella se sonrió.
− Seguí Anita y no vuelvas a pararte como hoy, por favor! – Me dijo y me agarró la cabeza como si fuese su bebé y se sacó el otro pecho ofreciéndomelo con cariño.
Me lancé a ella, me olvidé de mis pruritos, de rezar y de mi paja, mis manos eran para ella.
Me coloqué encima de Eliana, ella me quitó la blusa dejando mis pechos también al aire, se desprendió de mi parte de abajo, quedando desnuda para ella. A ella no le hizo falta, con los tirantes bajados, le asomaban las tetas por el escote, y el camisón arremangado me dejó su concha a mi disposición. ¡Que buena estaba! ¿Puede una mujer reconocer que otra está buenísima?
Mi piel contra su piel se fundían con tacto suave, ella mamaba mis pechos, yo los suyos, una hilera de saliva dibujada con mi lengua hasta llegar a su concha, sus flujos me sabían a arrope, ella gemía sin piedad, y yo mordisqueaba su clítoris para darle placer, pronto mis dedos penetraron aquella cálida concha que era diferente a la mía y que tampoco había parido. Suave y caliente también, ella arqueaba la espalda y se estremecía, yo la cogia con mis dedos, mientras le mamaba su botoncito, no tardé en chuparle el culo, sus gemidos cada vez eran mayores, decidí ofrecerle mi concha depilada, y me puse ha hacer un feroz 69 con ella. Me senté sobre su cara, ella delicadamente besaba mis labios vaginales, y los abría con los dedos para comerse mi concha.
Se disculpó por su impericia y me dijo que nunca había estado con una mujer. Eliana estaba gozando por primera vez del sexo en femenino, y yo también. Al principio tímidamente, luego cuando otra vez le chupé el culito, se atrevió mas y metió su lengüita dentro de mi concha.
Yo tenía toda la cara llena de su flujo, ella debía estar igual, le penetré el culito con mis dedos, y ella me ofreció los suyos para que los cabalgase en su cara, comencé a moverme encima de sus dedos como si saltara en la pija de mi marido, sin sacar los míos de su culo hundí mi lengua en su concha, chupándolo con grandes lametazos, hasta que Eliana acabó a chorros en mi boca. No terminaba nunca. Fue larguísimo. Me clavaba las uñas en mi piel. Gemía y se contenía. Al contenerse creo que era peor porque se realimentaba y allá iba de nuevo. Cuando se tranquilizaba tenía un espasmo y venía otra oleada. Aquellos fluidos me inundaron a boca, los tragué gustosa, sin dejar de cabalgar sus dedos, ella gemía cada vez mas alto, así le ofrecí otra vez mi rajita para mantener su boquita ocupada y mientras me succionaba el clítoris, yo limpiaba bien su concha, y de repente yo acabé también en su boca.
Estuvimos en esa como cuatro o cinco minutos. Creí que le había dado un ataque como de epilepsia.
− No boluda! − me dijo Eliana − Otra que epilepsia. Fueron como 20 ó 30 orgasmos al hilo. Fue terrible. Verdaderamente terrible. No fue en el clítoris. Venía de adentro y del culo. ¡Tan distinto! ¡Tan placentero! ¡Mortal y único! ¡Jamás en la vida!
Intenté levantarme para no inundarla pero, me agarró fuerte del culo, terminándose también todos mis jugos, hasta la última gota. Una vez hubo terminado su trabajo, me coloqué a su lado, y con la misma sábana le limpié un poco la carita.
Ella me besó con fuerzas, metiendo bien su lengua dentro de mi boca, yo me agarré de nuevo a su teta, me acunó contra ella y no recuerdo como pero así nos quedamos dormidas. Recuerdo que cuando me desperté aun con su teta en la boca, ella se ve que ya llevaba un rato despierta:
− Perdoná estabas despierta y yo…
− Nada Anita no te preocupes, estabas preciosa así. Me has ayudado mucho…
− Aun no he hecho nada por vos, pero me alegro que sientas que te has vengado. Eso sí perdoná mi descaro. Hace mucho que no estaba con una mujer, pero mi calentura…
− Primero, sí hiciste mucho por mi. Segundo, yo aun no me he vengado de nadie, por que no he hecho nada por despecho. Y tercero, me has hecho gozar de una manera increíble que me ha encantado, y nunca los hubiese descubierto si no es por vos.
Me dió un beso de nuevo, y yo otra vez me enganché a su pecho.
Al cabo de un rato, nos fuimos a la cocina a comer algo. Natalia, estaba tomando sol en el jardín y Manuel llegó del trabajo. Tampoco sospechaba nada. Besó a su esposa, y se sentó esperando la comida. Eliana me miró y sin que el nos viese me guiñó el ojo.
Menudos 15 días de sexo nos pegamos las dos. Me hice cargo de la casa para felicidad de mi viejo. Le doy días libres a mi marido y que no me rompa las que no tengo. Ahora, de vez en cuando me escapo unos días al campo, le doy unos días libres a Manuel, y le digo que me la mande para las comidas, para las buenas comidas que nos damos las dos.
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