Voy a exponerles una de las historias más extrañas que he vivido a lo largo de mi vida. Fue en mi época estudiantil, en La Plata. Estuve lejos de Trelew, mi ciudad natal estudiando una carrera universitaria, residiendo en un departamento compartido con varios compañeros.
Era la primera vez que vivía fuera de la casa donde crecí y en cierto modo fue un nacimiento de mi mismo, de mi verdadero yo, porque dejé de verme condicionado por el rígido entorno familiar patagónico y religioso donde fui educado.
En la universidad conocí a una linda chica, era muy pecosa, cabellos rojos y algo menudita de talla. Se llamaba Gloria. Enseguida me enamoré de ella, de su cuello esbelto y sus redondas curvas. Era más bien bajita, pero no me importaba. Nunca me interesaron los físicos perfectos porque el mío tampoco lo es.
Gloria tiene un hermano gemelo que era un poco raro. Su nombre es Gabriel. Digo que es un poco raro no porque sea mal tipo, todo lo contrario. Era encantador y simpático. Pero me daba la impresión de que no podía encontrarse a sí mismo, como si en el interior de su persona hubiera otra.
Salimos a comer juntos alguna vez. La facultad era muy agobiante y me sentía solo en aquella ciudad tan inmensa como un océano.
A Gloria y a Gabriel les pasaba lo mismo. Por eso nos hicimos muy amigos e íbamos juntos a todas partes. Gloria me atraía, pero ignoraba los sentimientos de Gabriel hacia mí. El muchacho era gay, pero le daba vergüenza reconocerlo. A veces intentaba disimularlo. Tenía miedo de que en su casa lo descubrieran y sus familiares le hicieran la vida imposible.
Yo tenía unas ganas locas de acostarme con Gloria, y por su parte Gabriel estaba loco por acostarse conmigo. Yo no sabía entonces cuales eran los sentimientos del pobre muchacho que entonces estaba en un kilombo de dudas.
Un día de lluvia no teníamos ganas de salir a pasear por la agobiante La Plata y nos quedamos los tres en el departamento compartido. Calentamos una pizza en el horno y nos tomamos unas buenas cervezas que enseguida se nos fue subiendo a la cabeza. La Quilmes nos alegró más de la cuenta y enseguida comenzamos a quitarnos la ropa con el pretexto del calor. Jugamos a un strip póquer y así acabamos desnudos los tres. Fue la primera vez que vi desnuda a Gloria, en realidad aquella fue la primera vez que vi desnuda a una chica exceptuando las que salen en las películas.
Yo sentía una sensación muy rara, un cosquilleo en toda mi piel. La petisa se me puso a tiro y aproveché la ocasión, la abrace fuertemente contra mí cuerpo. El contacto de su piel contra la mía me causó un gran sobresalto. Jamás había sentido lo mismo, era para mi una sensación nueva y agradable. Yo tenía por aquel entonces 17 años. Pero no me di cuenta entonces de las miradas de deseo de Gabriel hacia mí.
Andaba de un lugar para otro indeciso. Estaba muy cortado y además yo iba a voltearme a su hermana delante de él. Aquellos primeros toqueteos entre la chica y yo le pusieron muy nervioso, estaba loco.
Algunas lágrimas comenzaron a deslizarse por sus temblorosas mejillas. Parecía que en su interior se estaba desarrollando una terrible lucha, sus sentimientos contra sus prejuicios.
Su cerebro era un caos.
Yo ignoré su lucha interior y empecé a palpar los senos de su hermana que se dejó hacer complacida. En su interior también se estaba desarrollando una terrible lucha, por una parte el pudor fruto de su educación religiosa y por otra su oculto deseo de una sexualidad plena, todo regado con abundante cerveza.
Ambos nos abrazamos una vez más, sentimos la transpiración del uno hacia el otro.
Mi pija comenzó a excitarse, volviéndose rígida. Yo besé su boca y mi lengua se estiró todo lo que podía hasta su garganta. Ella a principio parecía apartarse, pero enseguida se dejó llevar y me pidió más.
Nos comíamos intensamente el uno al otro, mientras el pobre Gabriel se sentía cada vez más confuso.
Acaricié sus senos redonditos que no eran voluminosos ni atractivos pero me daba igual. Cuando sientes afecto por una chica te olvidas de sus imperfecciones, dejan de existir. Empecé a lamerle los senos con gran cuidado, ella se excitaba cada vez más y Gabriel no sabía que hacer.
La empujé hacia el sofá y se tumbó abriendo sus piernas. Yo inicié entonces la embestida, la muchachita estaba a punto superando todos sus temores. Y así, por vez primera introduje mi pija en su vagina buscando ansiosamente resguardarse en su interior. La chica sangró, era virgen hasta aquel momento.
Derramó un par de lágrimas, pero se sentía muy feliz. Tirados el uno encima del otro comencé a mover mi pelvis, introduciendo y sacando mi pene de su lubricada vagina. Pero entonces una sensación extraña me embargó. Gabriel no pudo contenerse e intentó introducir su pene en el interior de mi ano. Al principio me sorprendió y me dolió muchísimo, incluso me asusté.
Pero en aquellos momentos de calentura no sabía que hacer y me dejé llevar por la situación. Los tres nos entregamos al placer importándonos un pedo nuestros ancestrales prejuicios.
Y sí, los tres jadeamos, gritamos, lloramos. Gabriel, con su pelvis me la sacaba y me la volvía introducir otra vez, con su vigor conseguía empujar la mía hacia el de su hermana introduciéndose y sacando mi pene de su vagina mientras la muchacha gemía de placer.
En aquellos momentos inolvidables, aprendí lo que era poseer y también ser poseído, ambos sentimientos a la vez. Sentí confusión al principio, pero después descubrí que aquella situación me excitaba. Mi pija en el interior de su hermana y la suya introducida en mis esfínteres. Los tres jadeamos, nos excitamos y repetimos un par de veces porque por fin descubrimos una parte de nosotros mismos que hasta la fecha estaba anulado por una educación obsoleta.
Durante varios días no nos volvimos a ver. Los muy pelotudos nos avergonzamos de aquel desenfreno. Por aquel entonces vivíamos asustados, creyendo haber cometido algún pecado mortal que nos haría acreedores de convertirnos en inquilinos del gran Lucifer.
No nos vimos más y tiempo después lo lamenté terriblemente.
Pasaron veinte años cuando en un encuentro de profesionales de Ciencias Económicas en Buenos Aires nos volvimos a encontrar los tres. Al principio no nos reconocimos, pero nos dio una gran alegría nuestro reencuentro. Ambos dos seguían solteros. Yo casado y divorciado.
Para celebrarlo salimos a cenar juntos y volvimos a beber como beduinos.
Después nos fuimos a un departamento de unos amigos y la situación se volvió a repetir. Nos quitamos la ropa y enseguida comenzamos a toquetearnos. Pero ya no teníamos miedo ni de Lucifer ni de las iras del Averno.
Los tres nos dejamos llevar por nuestros sentimientos, ansiosos por intentar recuperar el tiempo pedido.
Ella introdujo primero mi pene en su boca, la lamió y me la chupó hasta el fondo mientras Gabriel introdujo su lengua en el interior mi boca. Después cambiaron. Gabriel se ocupó de mi pija y Gloria de mi boca.
Ya n éramos aquellos chiquillos ingenuos y retozones de antaño. Ni siquiera éramos tan bellos. La chica padecía de obesidad y a mí se me había caído el pelo, pero ¡era lo que había!
Volvimos a repetir la doble penetración, yo a Gloria y Gabriel a mí.
Los tres moviéndonos al unísono. Mi pija en el interior de la dama, ya más madurita pero mucho más mujer, y la de Gabriel, ahora gay declarado y experimentado, en mi culo.
Así estuvimos repitiendo muchas veces.
Yo eyaculé sobre su cara y Gabriel sobre la mía. Volvimos a repetir una vez más y me tragué la pija de Gabriel mientras Gloria se tragaba la mía. Después introduje mi lengua en su vagina jugando su clítoris mientras mi pija era tragada por la garganta ansiosa de su gemelo.
Reímos y lloramos, reímos por el encuentro y lloramos porque perdimos estúpidamente veinte años de nuestras vidas.
Nuestra educación nos había jugado una mala pasada. Pero aquel día fue el inicio de una cálida amistad y de un apasionado amor. Era el placer total de los sentidos. Supe lo que es poseer y ser poseído a mismo tiempo.
Los malos rollos quedaron olvidados por el túnel de los tiempos y a partir de entonces sólo nos quedaba algo muy importante. Vivir con mayúsculas y ser felices los tres gozando de una sexualidad total.
No hay comentarios:
Publicar un comentario