lunes, 15 de noviembre de 2010

El error

Víviamos en Sudáfrica y después de estar allá un tiempo separados con mi¬ esposa, tuvimos la voluntad y la necesidad de reconciliarnos. Estar lejos es muy difícil y encima mi mujer es azafata.
Después de haber estado casi un año viviendo en Sudáfrica trabajando para la AFA, tuvimos que organizar la mudanza para regresar a Buenos Aires. En ese ultimo mes,
habí¬amos empezado a discutir bastante. Hacia rato que estábamos afuera y Vanessa
ya extrañaba mucho a su familia y poder volver a casa. Toda esa situación, la
tenia muy nerviosa y para evitar seguir peleándonos y un divorcio seguro, le acepté que se volviera a Buenos Aires antes que yo. Ella lo tomó como una ofensa. Enojadí¬sima, ese mismo dí¬a, armó sus valijas y se fue al Aeropuerto de Pretoria. Mucho no pude hacer para convencerla y por encima de todo, todaví¬a me faltaba un mes para terminar mi contrato con la AFA, hacer las rendiciones de cuenta y cerrar los números, por lo que me tuve que quedar solito.

Vane regresó furiosa a la Argentina, dispuesta a iniciar el divorcio. En su primera semana en Baires, conoció una persona, quien la invitó a salir. Como ella estaba muy
enojada y ofendida conmigo, aceptó. Salieron un par de veces, lo cual le sirvió
para distraerse y cambiar un poco su humor. A los 35 dí¬as, yo regresé a casa.

Después de algunas charlas y discusiones, resolvimos arreglarnos y todo volvió a
ser como era antes. Un poco avergonzada y arrepentida, Vane me contó su corto
romance con lujo de detalles y me pidió disculpas. Sin darle mucha trascendencia, la perdoné y nuestra vida en pareja continuó como en sus mejores momentos.
Un viernes, yo me levanté muy tempranito para ir a trabajar al centro. Ese mismo viernes, Vane tenia marcado un turno a las 16:00 horas con un médico en Barrio Norte.
Cuando llegué de regreso a casa, me encontré con una notita de ella, donde me pedí¬a que por favor la pasara a buscar a la salida del médico. Justo cuando me estaba cambiando para salir, me sonó el celular. Atendí¬ y era Vane para preguntarme si habí¬a leí¬do la nota y para avisarme que habí¬a cambio de planes. Ahora me pedí¬a que la pasara a buscar a las 17:30hs por el Museo Renault, una confiterí¬a que queda sobre la avenida
Figueroa Alcorta, donde se iba a encontrar con su amiga Karina. Le dije que no habí¬a
ningún problema e inmediatamente me fui a bañar y cambiar. En las dos noches anteriores, mientras hací¬amos el amor, a tono de fantasí¬a, le dije que me encantarí¬a si alguna vez pudiésemos traer alguna minita a nuestra cama.

Explotando de celos, Vane se enojó conmigo, pero a su vez se excitó un montón. Yo conozco cuando una idea la ratonea. No lo reconoce, pero… Medio en broma y medio en serio, le tiré un par de nombres de azafatas compañeras de ella, a las cuales me hubiera encantado coger. Yo le decía que eran “gatos voladores”. Ella ya rebuznaba de la bronca, pero al seguir con la fantasí¬a e insinuando que ellas la iban a besar y a chupar
toda, percibí¬ que la idea no le desagradaba para nada. Es sabido que nuestra aerolinea tiene a los mejores gatitos que la política haya podido amontonar en un solo lugar. Fea, lo que se dice fea no hay ninguna. La que no corre, vuela y volar, volaban todas a 10 mil metros de altura.

Mientras yo me seguí¬a bañando, en un momento, se me cruzó por la mente, que mi mujer estaba ideando algún plan extraño, y con las experiencia ya vivida con su salida fugaz y amenazas de divorcio, definitivamente me terminé de convencer. Vane estaba trayendo una mujer para que intentáramos alguna relación y darme la sorpresa de mi vida. Comencé a volar de la excitación, me empilché con lo mejor que tenia, me puse todo tipo de cremas, talcos, perfumes, pintura de guerra y salí¬ volando para el Barrio Norte a encontrarla. Durante el viaje, intenté ir imaginando como iba a ser todo esto, como irí¬a a empezar, quien iba a tirar la primera piedra. Pero indudablemente todo esto era idea y obra de Doña Vane, así¬ que iba a confiar en ella y dejarla comandar la situación. ¡Que divina, la yegua de mi mujer!, armar un trí¬o con una compañera para que lo disfrutemos los dos. Realmente, qué suerte tengo en poder tener esta confianza con mi mujer y que a ambos nos guste o exciten las mismas chanchadas. Esto ultimo, más la intriga de la situación planteada, me tení¬an muy calentito. Llegué a dicho lugar, estacioné el auto y al entrar vi a Vane con Karina sentadas en un rincón, llamándome con la mano. Saludé a Karina y pedí¬ algo para tomar mientras ellas hablaban sin parar.
Yo estaba muy a la expectativa. ¿Sería con Karina? ¡Estaba inclusive mejor que mi mujer! Pasaron y pasaron los minutos, yo esperaba alguna seña o algo de Vane. Las chicas seguí¬an hablando, yo escuchaba, y cada vez me desilusionaba más que lo que me habí¬a imaginado, era realmente imaginación. Se me cayó el alma al piso. Me sentí¬ con culpas. Que mente tan podrida que tení¬a, como me iba a imaginar eso de mi esposa.
Inmediatamente reaccioné, me puse las pilas, empecé a participar de la conversación y así¬ estuvimos charlando amenamente por casi media hora más. De repente entraron al local dos muchachos muy elegantes, que se sentaron cerca de nosotros. Las chicas seguí¬an dándole a la lengua y no se percataron de su presencia. Uno de ellos se daba vuelta constantemente para mirar a nuestra mesa. Pensé que era porque realmente las dos están buenísimas y son atractivas, pero estaba equivocado. En un momento determinado, este muchacho se paró y encaró hacia nuestra mesa. Vane levantó la vista, y empalideció, su cara se empezó a desfigurar con una sonrisa falsa, se la veí¬a algo incomoda.
−¡Hola Vanessa! − dijo el tipo.
− Hola Sergio, ¿como estas? − le respondió Vane.

En ese momento, me transfiguré, porque me vinieron a la memoria esos dos meses que habí¬amos estado separados con Vane. En ese í¬nterin, ella había conocido a un tipo de unos 35 años que se llamaba Sergio con el cual salió un par de veces. Como Vane siempre me cuenta y me confiesa todo, hice un esfuerzo para recordar que en esa oportunidad, ella me habí¬a contado que el tipo le habí¬a gustado mucho, que le calentaba mucho el fí¬sico que tení¬a y que se habí¬a sentido orgullosa del levante que habí¬a realizado. De todas formas, me habí¬a contado que con el tipo no habí¬a pasado nada; que habí¬a salido al cine un par de veces y otra vez a bailar. Un par de besos y mucha franela, pero nada más. El tipo se habí¬a quedado calentito, la llamó una semana seguida por teléfono, pero como justo nos arreglamos en ese momento, y Vane le habí¬a cortado el rostro, se cansó y no la llamó más. Bueno, éste era el tipo que tení¬a enfrente mí¬o y lo peor de todo es que tení¬a un lomo bárbaro y toda la facha. Vanessa, después de mirarme muy fijo a los ojos, como queriéndome decir "Calma, no hagas kilombo y esperá", nos presentó.
− Les presento a Sergio − nos dijo.
− Ellos son Kari y Clau − le dijo a él.
− Un placer − nos saludó amablemente y agregó que estaba con Pablo, a quien llamó
para que venga hasta la mesa.

Todo fue muy rápido, justo pasó el mozo y le dijo:
− Por favor, sí¬rvanos los cafés en esta mesa que nos vamos a quedar acá.

Al instante, estaban los dos tipos sentados en nuestra mesa coqueteando a las chicas y yo no entendí¬a lo que pasaba. Lo mismo le pasaba a Karina, con la diferencia que Pablo, el otro en cuestión, ya le habí¬a gustado y ya poní¬a carita de enamorada.

− Chicos − dirigiéndose a Kari y a mi − Sergio es el chico que les conté que salí¬ un par de veces en agosto cuando volví después del mundial.

Simultáneamente me pisó el pie por debajo de la mesa, como para que me quede en el molde. ¡Que hija de puta que era mi mujer!, Ahora que se habí¬a relajado, era como que estaba jugando conmigo. De todas formas, a pesar de los celos, broncas y demás yerbas, como estaba muy excitado, esperé un poco y aguardé para ver como ella manejaba la situación. Karina y Pablo ya estaban a las carcajadas hablando en un rincón. Se notaba que se habí¬an gustado mutuamente. Sergio, tomándole la mano a Vane le dijo
− ¿Cómo estas linda? No me llamaste nunca más.

Yo, ya estaba a punto de pararme para agarrarme a trompadas, cuando Vane me volvió a pisar el pie. Me la aguanté y volví¬ a esperar. Para calmar mis nervios y cambiar mi cara, llamé al mozo pidiéndole mas bebidas para todos. Ellos repitieron café, Kari y yo Coca Cola y Vane pidió un Gin Tonic. ¡Que reverenda yegua!, esto significaba que ya se sentí¬a cómoda, sin apuro y a gusto. Mi furia se empezó a calmar al ver a Vane trabajando. Kari ya estaba muy melosa con Pablo. Lo que a mi me daba mas por las bolas, era que a pesar de que yo participaba en todas las charlas, ninguno de estos dos
personajes, sabia o habí¬a preguntado, ¿Quien era yo? ¿Si era un amigo de las chicas? ¿O el novio de Kari? ¿O el marido de Vane? Se cagaron en todo y fueron al ataque. Como Vane no aclaraba nada, yo fumaba (virtualmente). Estuvimos charlando de computación, contando chistes, riéndonos, en fin hablando de la vida y el canto. Sergio de tanto en tanto intentaba tomarle la mano o pasarle el brazo por la cintura, pero Vane con mucha
calidad y soltura, lo evitaba.

En un momento de la charla, Kari dijo que ya se le hacia tarde y que se tenia que ir. Pablo se ofreció a llevarla, puesto que Kari estaba a gamba. Ambos se pararon, nos saludaron y partieron inmediatamente. No se, ni me imagino donde habrán ido, pero huyeron. A partir de allí¬, sin Karina presente, Vane fue otra persona. Mucho menos tensa, más desinhibida, como más cómoda. Ella me transmitió esa tranquilidad a mi, que empecé a disfrutar mucho mas de la cosa, focalizando donde yo querí¬a. Sergio a todo esto, seguí¬a en su conquista delante mío como si yo no estuviera.

Ni se imaginaba en las redes que estaba cayendo. Vane, haciéndose la inocente, le pasó la mano por el pecho aSergio y me dijo
− ¿Viste que lomo que sacó Sergio en el gimnasio, por qué no empezas a ir vos también?

Sergio se empezó a agrandar, y lo lamentable es que tení¬a con que. Seguimos charlando y pasando el rato hasta que en un momento, después de un chiste muy gracioso que contó Sergio, Vane cariñosamente le dio un piquito en la boca. A mí¬, ya me salí¬a espuma por las orejas, pero pisótón mediante me la aguanté otra vez.

Poco a poco, Vane se empezó a convertir en la anfitriona de la tarde, contaba chistes, aventuras en vuelo, anécdotas muy cómicas, ¡Tenia cada salida, que te la comí¬as!
Después le llego el turno a los chistes verdes, ya las malas palabras abundaban, cada uno empezó a contar diferentes historias de sexo, realmente fue muy divertido.
El flaco seguí¬a intentando por algún medio, tocar o agarrar a Vane, y ella, a estas alturas, ya no lo sacaba. Como quien no quiere la cosa, en un momento que yo dije algo gracioso y Vane me dio un abrazo y me acarició la cara. Ahora era Sergio el que se puso celoso. Y así¬ continuó como una lucha, para ver quien le agradaba mas, hasta que Vane dijo
− ¿Por que no la seguimos en otro lado?

Eran como las 8 de la noche, cuando salimos a la playa de estacionamiento. Vane iba caminando del brazo en el medio de los dos. Sergio estaba con su auto y yo con el mí¬o.
Como para darles confianza y apoyo, les dije
− Vayan ustedes en su auto que yo los sigo.

Vane y Sergio aceptaron sonrientes. Yo me querí¬a cortar las pelotas, no se porque carajo decí¬a estas cosas. Le estaba facilitando el camino a este tipo. De golpe me agarraba el arrepentimiento, pero lo hacia por mi pareja, a ambos nos estaba gustando esto. Con todo el remordimiento del mundo, los seguí¬. Por un lado me morí¬a de celos y por el otro
hubiera querido tener un micrófono para escuchar de qué hablaban en el trayecto.

Tomaron la avenida Libertador, cruzaron a la provincia y fueron para un restaurante que se llama La Bahí¬a. Casualmente adonde fuimos con Vane, el dí¬a que nos dimos nuestro primer beso y también casualmente donde fueron ellos solos a cenar una vez. En La Bahí¬a, cenamos magní¬ficamente, nos divertimos un montón, tomamos champán y continuamos charlando sobre experiencias sexuales.

Estábamos prácticamente solos, en una mesa mirando al rí¬o, y Vane estaba sentada
al lado de Sergio. A la hora de los postres, Vane le dio un beso en la boca y Sergio ya hablaba naturalmente con su brazo en la cintura de Vane.

Vane seguí¬a siendo la estrella de la noche, codiciada por dos hombres. Sin querer ser
egoí¬sta, me puse un poquito en su lugar, y no me quedó otra que entenderla y seguir disfrutando con ella de este momento. Sé que ella también lo estaba haciendo por los dos, amen de que Sergio le gustaba. En el momento que llegó la cuenta, se me quemaron los papeles. Sergio muy decidido, la agarró por la cintura y dijo:
− Bueno, realmente la pasamos bárbaro, nosotros no vamos y ojalá nos encontremos otro dí¬a para seguirla.

Vane se quedó muda y mi no me quedó otra que saludar y esperar para ver como continuaba esto. ¡Me querí¬a matar y matarla a ella también! Se la estaba llevando.
Ellos subieron al auto de Sergio, yo al mí¬o y emprendimos el regreso. Como a las cincocuadras, se detuvieron.
Me arrimé hasta su coche, Vane abrió la ventanilla y me dijo:
− Che, seguinos que los voy a llevar a un lugar muy lindo.

¡Puff!, que salvada, respiré tranquilo. A Sergio no le habí¬a gustado nada esta decisión de Vane, porque se querí¬a ir solo con ella, pero no le quedó otra alternativa que acatar, porque ella estaba controlando la situación. Se le notaba en la cara de ojete que tenía.
Sin saber para donde rumbeaban, los seguí¬. Tomaron la avenida Libertador hacia Capital, doblaron en la Avenida Gral. Paz y salieron a la Autopista Richieri. ¡Definitivamente estábamos yendo para casa! Me empecé a asustar, porque no sabí¬a como í¬bamos a salir de esta.
Durante el viaje pude apreciar que estaban a los manotazos limpios, en el buen sentido de la palabra. Finalmente llegamos a casa, estacionamos los autos y entramos. Sergio no sabia ni donde estaba parado, cara de culo mal, pero tampoco preguntó. Yo no dije ni A y Vane tampoco tocó el tema. Nos sentamos en el living y Vane fue a la cocina para hacer café.

Sergio se fue como una tromba detrás de ella. Escuché que hablaban en vos baja y él le preguntaba enojado, para que me habí¬a invitado a mi. Pude ver a través del pasa platos que Vane no le contestó y que a cambio, lo abrazó del cuello y le dio un espectacular beso de lengua. Me quedé en el living sentado, haciéndome el tonto. Al ratito volvieron los dos con una bandeja con el café servido. Sergio se sentó y Vane fue para el Play Room. Puso una música suave y volvió con un juego de tablero en sus manos. Era un viejo juego para parejas que tení¬amos hace un montón de tiempo donde los participantes se iban sacando la ropa, conforme a sus errores. Me empecé a matar de la risa y Sergio también. Justo comenzaba un tema lento muy bueno y ganándole de mano a Sergio, la agarré a Vane y empezamos a bailar. A ella no le quedó otra alternativa que aceptar.
Sergio estaba como loco, se le notaba en la cara, pero no le daba para atar ningún cabo.
La imagen era realmente excitante, estábamos a media luz, y muy agarraditos, le empecé a morder despacito el cuello y mis manos bajaron hasta tocarle la cola y apretársela como dos manzanas. Vane, que ya vení¬a juntando calentura durante toda
la noche, estaba toda mojada. Cuando le quise dar un beso en la boca, me sacó y
dijo
− Ahora me toca bailar con Sergio.

El se paró, yo me corrí¬ y empezaron a bailar. Ni bien él la agarró, ella le empezó a comer la boca mal. Era impresionante ver como Vane le acariciaba sus pelos, prácticamente con sus pies colgando, agarrada del cuello de Sergio. Se notaba que ella ya no podí¬a más. Yo ya estaba con un palo tremendo y no me imagino como estarí¬a él.
Sin embargo, cuando terminó el tema, ella dijo que era hora de empezar a jugar y nos ordenó sentarnos. Nos tení¬a como a dos chicos, y nosotros aceptábamos las órdenes.
Vane cada vez crecí¬a mas y controlaba mejor la situación. Era fantástico ver a mi
mujer en este estado, estaba recaliente pero también estaba muy feliz porque se le estaba cumpliendo uno de sus sueños conmigo. Comenzamos a jugar y todo era un relajo, perdí¬amos a propósito. El primero en perder fue Sergio, quien se tuvo que bajar los
pantalones y mostrar el slip. Lo fue haciendo de a poquito, muy sensualmente siguiendo la música. De repente se le empezaron a ver sus abdominales muy marcados y llenos de pelos. El tipo moví¬a su cintura de a poco y mientras bajaba su pantalón, el slip bajó un poquito, era un Calvin Klein negro con la marca impresa en blanco y empezaron a asomar unos pendejos por encima del elástico. Inmediatamente como para enfriar la cosa, se volvió a subir el pantalón. Vanessa estaba petrificada y se le caí¬a la baba.
Tuvimos que continuar con el juego, era mi turno. Yo también perdí¬ a propósito, me leyeron la prenda que decí¬a que debí¬a mostrarle a mi participante de la derecha, que era Sergio, como me tocaba y me masturbaba durante un minuto.

Yo en cambio, lo hice para ambos, así¬ como estaba sentado, me empecé a bajar el pantalón y el slip muy despacito. Estaba muy al palo, me la empecé a tocar, la agarré fuerte y empecé a masturbarme de a poco. Muy despacio y sensualmente continué pajeándome desde los huevos hasta la punta. Cuando la cabeza asomó, estaba llena de leche en la punta que se veí¬a por el reflejo del velador. Vane ya deliraba, quiso vení¬rseme encima, pero inmediatamente me volví¬ a subir el pantalón y le dije
− Continuemos con el juego.

Ahora era el turno de ella. Por supuesto que también perdió a propósito y me tocó a mí¬, leerle la prenda, la cual inventé descaradamente. Haciendo que leí¬a dije
− Deberás ponerte en cuatro patas y simular como lo harí¬as si estuvieras cogiendo.

"¡Huija!", los dos hombres festejábamos a los gritos y Vane se sentí¬a una diosa, aunque estaba un poco colorada o se estaba haciendo la tontita. Dijo
− Bueno, sino me queda mas remedio.

Se sacó los zapatos y empezó bajarse su Jean súper ajustado de a poquito. Bailando como una verdadera perra, se terminó de sacar el pantalón y volvió a colocarse los zapatos de taco. Las curvas de mi mujer eran impresionantes, la tanga le quedaba pintada y tení¬a la cara más sensual que habí¬a visto en mi vida. Aunque la prenda no lo pedí¬a, continuó sacándose la remera hasta dejar a la vista su busto perfecto (90) dentro de un hermoso corpiño. Se paró en la mesa ratona en el medio de nosotros dos y bailando muy sensualmente dando vueltas, se fue sacando la tanga de a poquito, tapando su pubis con una mano. Al terminar de sacársela, se la refregó por la cara a Sergio, que estaba muerto extasiado viendo la excitante escena de Vane, a quien nunca habí¬a visto desnuda y ahora la tenia regalada arriba de la mesa a medio metro.

Siempre con una mano tapando su pubis, Vane se fue recostando sobre la mesa y daba vueltas mientras se tocaba y jadeaba. Se fue incorporando como una gata y quedó en cuatro patas. Giró su cuerpo, dejando la cola para nuestro lado y sacó la mano que le tapaba, para chuparse unos dedos. Lentamente empezó a deslizar una uña por la raya de su concha. Continuó introduciendo la puntita de un dedo dentro de su vagina y haciendo el simulacro como que estaba cogiendo. A estas alturas, ya ambos explotábamos de excitación. Sin dejar de mover su cuerpo, ella fue girando hasta quedar sentada enfrente a nosotros. Abrió mucho sus piernas y ambos pudimos ver que no tení¬a un solo pelo. Vane se habí¬a depilado toda a cero, le quedaba espectacular y yo no lo sabia. Era una
sorpresa que me tenia preparada y justo me la estaba dando en estas condiciones.

Vane continuó tocándose, ofreciéndonos un show inigualable. Su concha se empezó
a abrir de golpe y todo estaba muy mojado alrededor. Como sincronizados, Sergio
y yo sacamos la pija afuera y sentaditos como estábamos nos empezamos a masturbar.
Que alucí¬nate que era ver a mi mujer así¬, en ese estado. De repente se empezó a mover cada vez más rápido y a más velocidad hasta que acabó a los gritos pelados pidiendo por favor que la cogiéramos entre los dos.

Verla toda depilada y en ese estado, diciéndonos esa frase
− Argggg, por favor!! Cójanme entre los dos − me hizo despertar el indio de adentro.

La agarré violentamente, la sacudí¬, la di vuelta y dándole un par de sopapos en la cara, se la metí¬ toda por el orto sin asco y con fuerza, solo llegó a decir
− Por la cola, no…

E inmediatamente estaba jadeando, serruchando y gritando a todo lo que daba. Ante
tal escena sexual de violencia, Sergio se paró y se vino hacia nosotros con su bruto palo en la mano. A pesar de todo, Vane pudo controlarse y le pidió que por favor se ponga un forro. Mas rápido que un bombero, Sergio metió la mano en uno de los bolsillos de su pantalón y sacó uno. En ese momento, Vane se arrepintió y le dijo
− No, espera. Antes poneme esa pija en mi boca...

No le dio tiempo. Se la metio en la boca y ella empezó a chupar como una tremenda puta, metiéndose más de media pija en su boca. Al ver eso, yo seguí¬ metiéndosela y sacándosela por la cola cada vez mas rápido,con lo cual Vane acabó al toque y a los alaridos con pija en la boca y todo. Yo tení¬a tanta excitación que no podí¬a acabar.

Vane seguí¬a chupándole la pija a Sergio, que ya la tenia de un tamaño descomunal.
Al ver que yo me moví¬a cada vez más rápido, le saqué el forro de la mano a Sergio y lo empezó a abrir. Se sacó la pija de la boca y empezó a tratar de deslizarle el forro. A ella le costaba mucho ponérselo porque él tení¬a la pija muy grande. Durante la lucha por ponérselo, Vane volvió a acabar, gritando cuantas mala palabras existen. Sergio la ayudó a colocárselo, hasta que lo lograron.

Yo, ya no podí¬a más, tení¬a la poronga como anestesiada y sentí¬ que me empezó a venir de golpe. Así¬ enganchados como estábamos, arrastré a mi mujer hacia el sofá, y con toda mi pija dentro de su cola, me tire hacia atrás, dejando a Vane con toda su concha abierta y expuesta. Yo, en esa posición, ya no me podí¬a mover. Sentí¬ que mi leche se venia y empecé a apretar el culo para no acabar. Vane también lo percibió y empezó a gritarle a Sergio que se la metiera de una vez por todas y que acabásemos los tres juntos.
Sin dudarlo, porque tampoco podí¬a más, Sergio se la fue metiendo de a poquito para que no le duela.

Llegó a un punto tal, que prácticamente nuestras pijas se chocaban dentro del cuerpo de Vane. Allí¬, paró, se derrumbó arriba nuestro y empezó a moverse como un caballo, desenfrenado. A pesar de estar medio asfixiado, yo en ese momento le empecé a llenar la cola de leche. Al sentirla, Vane volvió a acabar como una perra, con toda su piel de gallina y temblando, dejándole sus diez uñas clavadas en la espalda de Sergio, quien en ese momento también acabó de golpe. Quedó tirado arriba nuestro como un trapo, agotado y todo transpirado. Le pedimos por favor que se levantara porque nos pesaba mucho. Al empezar a hacer el esfuerzo por levantarse, Sergio, se volvió a excitar.
Se le salieron los ojos para afuera y le pidió a Vane que por favor no dejara de moverse porque sentí¬a que iba a acabar de vuelta. A pesar que ya le dolí¬a mucho, Vane lo ayudó y se lo bancó. Sergio empezó a jadear como un animal. Se moví¬a como una bestia, su marcado cuerpo se arqueaba todo. Se la metí¬a hasta el fondo, apretando con fuerza.
Yo debajo de todos, sentí¬a que también me estaban cogiendo a mí¬. Vane, excitadí¬sima, abrió su boca como un hipopótamo y él le metió su lengua hasta la garganta. Después de moverse desesperadamente por unos 30 segundos, Sergio volvió a acabar. Habí¬a acabado dos veces al hilo y sin sacarla. Quedó completamente destruido, se corrió hacia un costado y finalmente nos pudimos levantar. Sergio quedó boca arriba con el forro lleno y colocado. Vane se lo quitó con cuidado. Derramó toda la leche en su mano y se la esparció por todo su pecho.

Tocándose las tetas y dando gemidos de placer, acabó por última vez. Acto seguido, se paró y fue para arriba. Escuché que abrió el agua y se dio una ducha. Nosotros quedamos mudos los dos, tirados en el sofá. A los 10 minutos mi mujer bajó como nueva, envuelta en una toalla. Se sentó arriba mí¬o y me empezó a besar, acariciar y a decirme cosas románticas. Me juró que nunca habí¬a sentido tanto placer como en esa noche. Sergio, empezó a mirar desencajado y no entendiendo nada y dijo
−¿Pero entonces ustedes dos son pareja?

Empezó a reí¬rse de golpe y comentó

− ¡Entonces, vos sos el famoso contador que estaba en Sudáfrica! ¿Cómo no me di cuenta antes?

Todos nos reí¬mos. En ese momento Vane, un poco apenada, le dio un piquito, le acarició la cara y le dijo:
− Claudio y yo nos amamos con locura, vamos a estar juntos toda la vida y nada o nadie nos va a lograr separar. Esto lo hicimos por puro placer y salió así¬ de pura casualidad.
− A buen entendedor, pocas palabras − dijo Sergio.

Vane continuó explicándole como era la cosa y Sergio la entendió perfectamente. No hizo falta repetir nada, para eso éramos tres adultos. Sergio asintió en todo y preguntó si al menos se podí¬a quedar a dormir hasta la mañana siguiente porque estaba muy cansado. Allí¬ intervine yo y le dije que disculpara, pero no, que ya había sido suficiente.
Le pedí¬ que por favor hiciera un último esfuerzo y se fuera manejando. El concordó. Se lavó un poco, se vistió, nos saludó a ambos y partió muy contento. El tampoco habí¬a gozado tanto en una noche. Apagamos las luces, cargue a Vane a upa y fuimos para nuestro dormitorio. Nos acostamos y dormimos abrazados toda la noche. A la mañana siguiente, nos despertamos recalientes y nos pegamos otra cogida. Cuando terminamos yo le dije que pensaba que íbamos a estar con Kari y que terminamos con su “ex casi novio”, y la felicité por lo bien que había planificado todo. Ella me miró con los ojos como el dos de oro:
− No boludo. La cosa era con Kari. Ella te quería ver, porque hacía mucho que no te veía para ver si le gustaba la mano. Sergio y Pablo cayeron de casualidad.
− ¿Queeeé?
− Si fue pura casualidad. Espero que a Kari le haya ido bien porque estaba re entusiasmada de que hiciéramos un trío ella, vos y yo. Yo te pisaba para que no armaras quilombo, pero que le dijeras a este chico quién eras y que se las tomara…

Me quería cortar las bolas y tirársela a los chanchos. Faltan meses para que Kari y Vane coincidan un fin de semana en Buenos Aires.

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