Lo acontecido sucedió hace unas semana con la hija de mi primo bastante mayor que yo, es decir con una sobrina segunda. Esuna chica hermosa de 18 años, de cara preciosa, alta, muy alegre y con un cuerpito delgado de piernas largas, que muestra un par de hermosas tetitas.
En conjunto es una pendeja preciosa de cabello largo y sedoso, labios carnosos, sonrisa espléndida que muestra una dentadura muy bien alineada y como complemento, unos ojos grandes, oscuros, alegres, que muestran toda la vivacidad de su edad. Aunque nuestros encuentros no son muy frecuentes, en cada oportunidad que me encuentro con Patricia, así se llama ella aunque todos le dicen Pato, siempre demuestra una especial atención hacia mí, porque yo le hago bromas y comentarios graciosos sobre cualquier tema y ella disfruta mucho de mi compañía.
Yo siempre lo tomé como algo propio de su edad y aunque últimamente me parecía cada vez más linda, nunca traté de insinuar ni pensar nada distinto a una agradable comunicación y si se quiere hasta algo de complicidad en las críticas que nos hacíamos al oído sobre algunos miembros de nuestra familia. En algunas ocasiones, con ingenuidad y sin malicia, se sentaba en mis piernas y me decía que le contara cosas graciosas o recostaba su cabeza en mi pecho para reírse de alguna ocurrencia en nuestras cortas charlas de tía sobrina.
El sábado en la tarde estando de visita en la casa de su abuela, mi tía, donde regularmente nos reunimos los miembros de nuestra familia, la noté particularmente cariñosa conmigo, al punto que, se acercó a mí cuando yo estaba en el living de la casa conversando con todos los demás y con toda naturalidad se arrodilló a mi lado y puso una de sus manos en mi pierna. Yo vestía una pollera larga, amplia, de material suave como seda, que me permitía estar muy cómoda y hasta poder abrir las piernas a mi antojo. Cuando empezamos a conversar y a reírnos con alguna complicidad por la burla que hacíamos de la forma de vestir de alguna de las parientes viejas, allí presentes, noté que ella movía suavemente su mano y cada vez se acercaba más a mí “zona caliente” que ya se había despertado y empezaba a ponerse excitada y húmeda. Yo trataba de disimular mi excitación, pero al reír y seguir conversando con ella, su bella sonrisa y sus preciosos ojos me invitaban a querer tenerla allí, cada vez más cerca de mí.
Yo le miraba insistentemente sus senos y creo que ella se dio cuenta porque varias veces bajó la mirada para verse ella misma los senos que se demarcaban deliciosamente en ese top ajustado y que mostraba perfectamente su canal profundo entre sus senos e insinuaba levemente sus pezones.
Debo aclarar antes de proseguir que mi única relación con una persona de mi propio sexo fue de los 14 a los 16 con mi mejor amiga. Luego empezamos a salir con chicos y todo quedó en el olvido.
En un momento dado, en que algún comentario mío la hizo reír con más fuerza y yo ya había abierto mis piernas un poco más, ella alzó su mano de mi pierna y al posarla nuevamente vino a caer muy cerca de mi cosita, ya húmeda y anhelante.
Yo aproveché el momento y cerré rápidamente mis piernas y aprisioné su mano entre ellas. En ese momento, ella abrió los ojos denotando sorpresa por el contacto que ya se estaba dando y yo instintivamente le sonreí y le guiñé un ojo pretendiendo que no se sintiera incómoda. Rápidamente puse mi brazo sobre su mano impidiéndole retirarla y ocultándola de la visión de los concurrentes, quienes departían alegremente y sin reparar mucho en nuestra conversación.
Fui cediendo poco a poco la presión de mi brazo sobre su mano y mantuve la charla para tratar de atraer totalmente su atención. Ella, para mi sorpresa, no retiró inmediatamente su mano de mi zona caliente sino que la deslizó lentamente, una vez hacia adentro y luego hacia afuera, suavemente sobre toda la extensión de mi conchita. Luego, haciendo algo de presión sobre mi pierna, a modo de despedida, retiró su mano, pero mantuvo su sonrisa, algo nerviosa y me miraba insistentemente. Hablamos un rato más, luego se levantó de mi lado y se dirigió a otra parte de la casa. En la siguiente hora, varias veces nuestras miradas se cruzaron y yo sentía percibir en la suya algo de ansiedad y coquetería. Yo estaba en un grado de excitación total al punto que me fui al baño y me quité los panties para sentir al grado máximo la sensación de lujuria que me invadía. La perseguía con mi mirada donde quiera que ella se hacia y quería hacerle sentir con mi mirada, que estaba siendo atraída por ella. Ella por su parte me sostenía la mirada y solía morderse el labio inferior.
Entonces sucedió lo impredecible. Pato, dijo en voz alta a su papá, mi primo, que tenía que ir a sacar las fotocopias de un libro que una compañera suya le había prestado. El papá de Pato, algo disgustado, le dijo que irían más tarde a su oficina, que queda muy cerca de la casa donde estábamos, y protestó porqué siempre se acordaban de esas cosas a última hora, precisamente cuando él estaba descansando y disfrutando de la compañía de sus familiares. Entonces, yo intervine y dije que si en su oficina tenía disponible la fotocopiadora yo no tendría inconveniente en llevar a Pato y facilitarle las cosas. Él, de muy buena gana dijo que eso era perfecto y como si nada nos entregó las llaves de su oficina y nos despedimos de todos tranquilamente, diciéndoles que regresaríamos en un ratito.
Salimos de la casa y nos subimos a mi coche sin mirarnos siquiera, ya dentro del auto mientras nos dirigíamos a mi oficina la miré y noté en ella un evidente nerviosismo por lo que le pregunté si le pasaba algo. Ella me respondió, con una sonrisa tímida, pero coqueta, que le había dado una terrible vergüenza lo que había sucedió en la sala hacía solo un rato. Yo, tratando de disimular, le dije que no debería darle vergüenza que yo me ofreciera para llevarla a la oficina de su papá a sacar unas fotocopias para sus estudios. Ella haciendo cara de extrañeza y sin dejar de sonreír, me dijo que no sentía vergünza por esa razón, sino por la manera en que me había tocado estando en la sala. Inmediatamente reaccioné y le dije que eso no tenía importancia, que era una circunstancia normal entre mujeres y que no deberíamos darle trascendencia. A lo cual ella respondió con una bella sonrisa diciéndome – “Pero vos me estabas mirando mucho…y yo me puse re nerviosa”. Le respondí que era natural mirar a una chica linda como ella y me gustaba tenerla cerca. Me contestó que era una situación nueva para ella, que no era consciente de provocar eso en mí. Le pregunté si ya tenía un novio y me dijo que salía con dos, pero no había tenido nada en serio con ninguno. Que no quería comprometerse a un noviazgo por ahora, pero que sentía mucha curiosidad por todas las cosas del sexo y que no había tenido experiencias y eso le producía muchos temores y dudas respecto al sexo, pero que sentía unos deseos a veces incontrolables.
Yo traté de tranquilizarla y decirle que todo eso era normal y que podíamos hablar del tema con confianza como dos grandes amigas. Yo por dentro juro que se me estallaba el corazón y mis pulsaciones estaban a mil. Seguimos conversando y yo le puse la mano en su pierna mientras hablábamos y aproveché para mirarle descaradamente sus senos y decirle que estaban preciosos. Ella se sintió muy alagada y como retribución me dijo que yo también era muy linda.
Llegamos pronto al edificio donde quedan las oficinas de su papá y dejamos el auto en el estacionamiento, que por ser sábado en la tarde estaba totalmente vacío e igualmente las oficinas. Entramos al cuarto piso donde está la oficina, abrimos la puerta y nos dirigimos al sitio de la fotocopiadora, que es en un cuarto muy estrecho y solo hay lugar para que una persona se ubique con alguna comodidad frente a la máquina. El resto del sitio está lleno de estanterías con papeles y documentos de archivo. Seguimos al estrecho espacio disponible y mientras la máquina se calentaba, yo también estaba en el mismo proceso sintiendo su hermoso cuerpo tan cerca de mí. Era inevitable que nos rozáramos al hacer cualquier movimiento y sin pensarlo más decidí tomarla por su cintura desnuda con mis dos manos y colocarme detrás de ella rozándole su culito suavemente. La sensación que yo estaba experimentando al tenerla así apretadita y yo sin mis panties lo hacía más sensual. Al sentir mi contacto ella volteó a mirarme y con una voz dulce y mirada tierna me preguntó si de verdad le parecía bonita.
La di vuelta lentamente y nuestros cuerpos quedaron frente a frente con nuestras caras a un palmo de distancia. Le contesté, ahogando un suspiro que me salía del alma, que era la chica más preciosa que había visto en mucho tiempo y sin más dilaciones acerqué mi boca a la suya y la comencé a besar lentamente y suavemente hasta que los besos se fueron convirtiendo en un intercambio apasionado de nuestras lenguas. Simultáneamente y sin dejar de besarle esa exquisita boca, tomé una de sus manos y la fui dirigiendo hacia mi cosita, poco a poco.
Cuando ya estuvo su mano en contacto con mi conchita desnuda, le di vuelta la palma de la mano y le apreté un poco contra mi pubis húmedo y ansioso. Pato sintió el contacto y suavemente con movimientos hacia arriba y hacia abajo me empezó a acariciar. Dejando de besarla, le dije al oído, “¿querés conocerla?” y me respondió con un leve quejido: “si”. Yo me desapunté y dejé caer con rapidez mi pollera y tomando a Pato por los hombros la fui bajando lentamente hasta hacerla arrodillar. Su cara estaba enrojecida por la excitación y no dejaba de contemplar mi conchita recién depilada, pero sin tocarla.
En ese momento le dije: “tócala, es para vos” y tímidamente acercó su mano y la acarició con gran delicadeza. Le dije:”Me gustaría que la besaras” Pato volvió sus ojos hacia mi como preguntándome cómo lo haría y le dije:”hacé de cuenta que es una boca y es solo para ti”. Bajó su cara hacia mi cosita que palpitaba como un volcán y comenzó a besarla, primero en el contorno con solo sus labios y yo hice algo de presión hacia su boca y le dije jadeando… “con tu lengüita”….y logré que introdujera su lengua en mi cosita para luego tomarla por la cabeza e iniciar unos movimientos rítmicos al compás de esa increíble caricia que me estaba haciendo una preciosa jovencita que me hacía sentir que era el placer más tremendo que yo había tenido en mucho tiempo.
Luego de unos minutos que me parecieron la gloria eterna la levanté y de nuevo empecé a besarla, pero esta vez con mucho mayor frenesí y pasión, metiendo mi mano por entre su top para acariciar sus senos y descubrir unos pezones pequeños, pero duros por la pasión que también la envolvía. Desabroché su brassier, le levanté los brazos y saqué su top y su brassier en un solo movimiento, quedando su torso desnudo frente a mí.
Seguimos besándonos apasionadamente y acariciándole sus senos comencé a besarlos, mordiendo suavemente sus pezones y succionándolos con más firmeza hasta hacerla gemir de placer. Sin dejar de besarla, la llevé hasta la zona de recepción donde se ubica una cómoda sala de espera para los visitantes y la empujé con suavidad sobre uno de los sofás. Acariciando con una mano sus senos fui desabrochando el botón de su jean y bajé el cierre que era la única barrera que separaba mi vista y mis demás sentidos de ese conchita virginal que me parecía increíble tener a mi alcance. Bajó su jeans apareció una tanguita blanca que cubría una conchita depiladisima. Bajé su pantalón y ella me ayudó un poco para deshacerse de ellos totalmente.
Tener esa conchita allí expuesta, era una visión extraordinaria y con toda mi lujuria me lancé a besarla por encima de su tanguita moviendo mi cara como si quisiera penetrarla con mi nariz por entre la suave seda de su húmedo pantie. Sentía su respiración agitada y eso me animaba a seguir disfrutándola y a hacerla disfrutar de tan incomparable momento. En un rápido movimiento saqué su tanguita y quedó ante mis ojos uno de los más hermosos conchitas que en mi vida he contemplado y ahora estaba allí, para mi, palpitante, con un olor joven que me embriagaba y estimulaba mis sentidos a su máxima sensibilidad.
Con fruición, con deleite, con toda la pasión que era capaz de sentir y con toda mi experiencia concentrada en ese acto, comencé a besar esa cosita, primero por los lados recorriendo con mi lengua sus frágiles pliegues y tratando de abrir esa delicada caverna con mi lengua que progresivamente y como un niño busca la teta materna, buscaba su precioso botoncito hasta encontrarlo allí, expuesto, palpitante, rosado y delicado, para iniciar tal ves la mejor faena que recuerde en lo que a succionar, morder, deleitar y saborear un clítoris había hecho en mi vida.
Logré lo que nunca antes había logrado con mujer alguna: la hice llorar de pasión, de lujuria, de satisfacción, con suspiros y jadeos entrecortados y agarrada de mis cabellos y empujando hacia ella mi cabeza, intentaba ahogarme de placer.
Su orgasmo fue extraordinario y larguisimo. Necesitó de varios minutos para recuperar el aliento y yo para recuperar mi alma puesta allí por completo. La acaricié como si fuera lo más delicado que hubiera tenido alguien entre sus brazos y con palabras tiernas le hice sentir mi afecto y mi amor. Pato solo atinó a decir entrecortada que se había sentido como una verdadera mujer por primera vez en su vida y que jamás olvidaría este momento.
La dejé recostada en el sofá, me puse la pollera y me fui a sacar las fotocopias que Pato necesitaba. Tras algunos minutos regresé y la encontré ya recuperada y se abrazó a mí muy fuertemente y me dio un beso intenso que yo jamás olvidaré. Regresamos a la casa de su abuela y adoptamos nuestras actitudes convencionales. Solo espero tener un nuevo encuentro con Pato y estoy casi segura que lo tendré. Cuando regresé a casa, mi marido me preguntó si no me aburría en esas tediosas reuniones familiares. ¿Cómo explicarle que no?
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