sábado, 6 de noviembre de 2010

Felices cuernos

No sé porqué razón, en nuestra sociedad el cornudo es ridiculizado, presentado como un ser patético y estúpido. Yo soy cornudo porque mi mujer coge con otros hombres y ella también es cornuda porque yo hago lo mismo.
No tenemos nada que reprocharnos el uno al otro y me hace feliz que ella es una hembra muy deseada.
Además le encuentro una gran ventaja a la mutua cornamenta. Ella me deja coger a sus amigas delante de ella, y en vez de montarme un número se divierte y nos anima. Yo le respondo con la misma generosidad.
Hace cosa de un año conocí a un colega del que mi señora se quedó emputecida.
“Ese tipo me mata, su sonrisa me excita”.
“Si es así ¿porqué no te lo volteás?”
Aquella experiencia fue enriquecedora para mí porque al cabo de un par de días lo citamos y le invitamos a comer a nuestra casa.
Tuvo una impresionante cogida con mi mujer, esta vez compartida con el amigo. Fue un encuentro bonito, compartiendo la mujer con otros hombres, es como si te complementaran.
Enseguida nos desnudamos y mi mujer ni corta ni perezosa se la mamó hasta tragársela por completo.
Yo se la chupé a ella, me sabían a gloria sus fluidos vaginales.
Viendo que ella estaba a punto le introduje mi pija en su interior, él hizo lo mismo y nos encontramos con nuestros miembros viriles escondidos en el mismo agujero.
No sé cómo describir aquella sensación, el roce de mi pija contra la suya me causaba gran placer y a él también.
La vagina de mi mujer nos la apretaba la una contra la otra, y ambos jadeamos mientras nos movíamos acompasadamente.
Después la penetramos a la vez, él por delante y yo por detrás. Ambos enseguida nos compenetramos y nos hicimos cómplices del placer de que gozaba mi señora que no paraba de volver su cara hacia mí para besarme, mostrándome su gratitud por aquellos ardientes momentos.
Pero fue cuando ambos metimos las pijas por el mismo agujero que nuestro placer mutuo aumentaba de forma sensible.

Unos días después el vino con su señora y otra pareja más.
Yo me acosté sobre la cama completamente desnudo y mi mujer se echó bocabajo transversalmente sobre mí, formando ambos una cruz. Mientras un hombre le penetraba la vagina por detrás, otro le ofreció su pija para que se la chupase.
Las señoras se ocuparon de mí. Una se sentó sobre mi pene y me empezó a cabalgar, la otra se sentó sobre mi boca colocándome su vagina para que le chupara el clítoris.
Nunca sentimos tanto placer que aquel glorioso día, porque mientras me cabalgaban y la penetraban a ella podíamos compartir los latidos de nuestros corazones,
Del ajetreo su cuerpo se movía encima mío y aún me añadía mayor excitación.
No ser egoísta tiene sus ventajas. Por eso me siento cornudo y feliz. Vale la pena llevar la cornamenta a gusto porque el placer que se siente compartiendo es infinito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario