Tengo una cuñada que es tarada al por mayor. Es la mujer de mi hermano mayor. Yo soy el menor de seis. Soy flaco, cero deportes, de ojos celestes, pecoso y la naturaleza me dotó de un culo que vuelve locas a las minas. A algunas de envidia. Estoy de aprendiz de testeador de juegos de PC en una empresa de Córdoba. Aprendiz significa que te rompés el ocote haciendo mérito y no te pagan ni el bondi. El dueño, amo y patrón cumplía 40 y se le antojó hacer un fiestazazona en la casa de Cerro. Nunca falta el boludo que le mete Ketchup o mayonesa al asado. Este propuso que fuera de difraces. El trompa se subió al monopatín y allá fuimos.
Yo no tenía un mango como para disfraces, así que a mi cuñada se le ocurrió que fuera de mina. “Nera booluda, eso no e’ diifrá” le decía yo y ella insistía que sí. Como desde que murieron mis viejos en casa manda ella, se cumple o que ella dice y caguamos.
Tengo el pelo largo y me lo corto con mechas. Me depiló las cejas y como ella no vive si no hace todo a fondo, me depiló hasta el orto con cera hirviendo. Yo creo que fue más por venganza de los cagadones que yo le hago que por detallada, la negra. Me vistió con ropa de ella que me iba bien y una mini de cuando iba a cuartetear que parecía un cinto. Pero como no podía con su genio, me puso medias de red y no se de donde sacó unas sandalias que se me salía el talón por atrás. Después me maquilló y me pintó como portón para las elecciones. Cuando me vi al espejo no me reconocí. Si me dejaban un rato me iba a encarar yo mismo.
−Bueno, Gabrielito −me dijo − no estás disfrazado de mina sino de puta.
Así me largaron a la fiesta. Como siempre pasa, de los doscientos invitados, disfrazados seríamos 40. Lo bueno es que como soy nuevo nadie me conocía y pensaban que era una mina enserio. Con la histeriquiada de las minas me vino de diez, porque bailé con las técnicas y las secretarias toda la noche.
La cagada fue que el que se fijó en mí fue el trompa que estaba dado vuelta del pedo de fernet que tenía a las once de la noche. Me sacaba a bailar y me piropeaba. Por suerte no me reconoció.
−¿Cómo te llamás flaquita?
−Gaby.
−Gaby… Uh! Cómo me gustan las gabys! Lindo culo tenés Gaby…
El pedo era mortal. Me apretó y me llevó a un cuarto de la casa. Tenía plata lo demostraba con muy mal gusto. Me empezó a manosear y trastabilló terminando en el suelo. Aproveché para rajar. Cuando salgo me agarra mi jefe que ya sabía quién era yo y me dijo:
−Gabriel, no rompas, el culeado está en pedo y no sabe lo que hace. Si lo contradecís te raja esta misma noche. Llevale la corriente un rato más.
Me supuse que el curda me iba a querer culear. Era mi culo o el laburo. Me dije, el culo se cura, un laburo facilito como este no se consigue así nomás.
El Trompa me volvio a llevar para adentro mientras mi jefe se orinaba de la risa. Me la iba a pagar.
El Trompa me hizo arrodillar, se bajo el lompa y sacó una pija como de dos metros.
−¡Dale chupala!
La vi, y pensé en la patria y en Talleres que alguna vez volviera a Primera. Se la chupé y la tenía perfumada. Al principio me dio asco, luego menos, al final nada y por último me empezó a gustar. Me hizo parar y me levantó la mini y me rompió las medias de red. Me bajó la bombachita. Agarró un pote de crema, y me empezó a untar el ano. Me cagué de miedo y agradecí que me hubieran operado de hemorroides en el 2009 y que me habían dejado el ocote como un caño de cloaca.
No la tenía muy parada así que lo cierto es que no dolió demasiado. Me empecé a mover como loco, porque la verdad es que me empezó a gustar. De pronto me empezo a manosear las tetas que no tengo y empezó a bajar. “Cuando llegue a las bolas soy hombre muerto” dije. Y llegó nomás.
−Sos un trava puto de mierda!!!!!
−No − decía yo.
−Seguí moviendo el culo.
Redoble el esfuerzo y me acabó adentro. Me dio vuelta y me dijo:
−¿Vos quien sos?
−Gaby
−Tu nombre, puto de mierda!
−Gabriel − dije despacito.
−¿Cómo viniste?
−Soy aprendiz de beta tester.
Me puso de espaldas en la cama, me hizo abrir las patas y me hizo el pete de mi vida. Le acabé en la cara. Me alejó como para pegarme. Mesperaba la piña y me dijo.
−Decile al sorete de tu jefe, que si me va a engañar con una mina, que me engañe siempre con vos. Puto! El lunes te quiero ver a primera hora.
Pasé un fin de semana de terror. Me dolía el culo y estaba caliente. El pete había sido increíble. El miedo era tremendo porque estaba seguro que me iba a rajar.
El lunes estaba en la oficina de saco y corbata. La secretaria me hizo pasar a la nueve en punto. Antes de saludarme me dijo:
− Vino Gabriel y yo quería ofrcerle un puesto a Gaby. Gabriel va de aprendiz, si pasa las pruebas. Gaby ya tiene trabajo acá en control de calidad. Que elijan. Espero a Gaby o a Gabriel mañana a esta misma hora.
Lo hable con mis hermanos y me dijeron que lo mandara al carajo con honoris causa. Intervino la negra y me gritó:
−Inútil de mierda, vas a ganar cinco lucas por mes honradamente por primera vez en tu vida. No tenés necesidad de ir de puta, boludo. Si le gustaste, le gustaste y eso es plata.
Nadie discutió más. Ahora tengo dos equipos de ropa, pero noto que algunos de mis amigos se me fueron alejando y otros se me acercan peligrosamente. Es una buena opción, me está empezando a gustar todo.
muy buena historia
ResponderEliminar