Antes que nada, quiero decirles que soy chilena. Vivo en Santiago, pero hago terapia en Mendoza por lo que viajo al país trasandino una vez cada quince días.
No soy como el promedio de las chilenas ya que siendo de clase alta, soy rubia con bastantes tetas naturales, buena cintura y no muchas nalgas. Por lo que más me destaco no es por mi cuerpo, sino mi cara. Soy muy bonita y de ojos celestes claro.
Hasta mayo del 2009, yo era totalmente heterosexual, únicamente los hombres me encantaban. Era un sábado, mas o menos a las 6 de la tarde, y yo había estado haciendo un trabajo para la U, cuando Helena, hermana menor de mi mejor amiga, me llamó y me preguntó qué iba a hacer esa noche. Yo le respondí que nada, ya que mi novio estaba en Iquique.
Ella me pidió que la invitara a casa y yo le dije que no había ningun problema. Continué haciendo mi trabajo, y ella llegó mas o menos a la media hora, con una blusa blanca y unos pantalones pegados negros. Cuando entró a casa me dijo que estaba muy incomoda con esa ropa. Le sugerí que se pusiera cómoda. Se quitó la blusa y se desabotonó los pantalones que la estaban dejando amoratada.
La guasa se quedo casi en bolas, en corpiño y bikini. En ese momento yo sentí algo raro por mi cuerpo y decidí ir y ponerme una pijama.
Nos sentamos lado a lado en un sofá, empezamos a hablar mal de todas nuestras amigas en común cuandos ella puso su piernas sobre mi regazo y me agarró la cara y me dijo:
− ¡Te lo tengo que decir o reviento! ¡Paula, me gustas mucho!
Yo estaba asombrada. No podía creer que me estuviera diciendo eso y cuando me empezó a besar no reaccioné. Después me empezó a gustar. Nos besamos como cinco minutos, luego me quitó la parte de arriba de la pijama y me chupó las tetas, mordisqueando los pezones hasta que quedaron bien parados. Yo le desabroché el sostén e hice lo mismo luego bajé mi mano y le bajé las bragas hasta la rodilla ella se paró y pasó una pierna por encima mio y la apoyó en el espalda del sofá dejando su concha pelada totalmente al descubierto.
Yo me sentía para el carajo, pero sentí la obligación de hacer algo y le mandé mi cara y le chupé su vagina, primero los labios bien mojaditos luego el clítoris y luego le metí dos dedos hasta los nudillos y ella gritó del orgasmo.
Estaba loca porque hacía como dos meses que no cogía con mi pololo. No me daba cuenta lo que estaba haciendo y le pedí me hiciera lo mismo.
Me paré me quité el resto de la pijama y puse mi pierna en su hombro. Abrió mi vagina con dos dedos y me chupó la parte interna, yo me mojé y ella me empezó a succionar el clitoris y a lenguetearme la vulva. Ella me chupó hasta adentro la chucha, y luego me metió un dedo en el culo lo que me volvió absolutamente loca y me hizo que explotara del orgasmo.
Yo le hice dos tremebundas pajas y acabó tremendamente. Nos besamos y nos acostamos juntas. A la mañana siguiente, nos levanatamos y en la bañera hicimos el 69.
Yo me di cuenta que cogía mejor con la Helena que con mi pololo que era bastante fregado haciendo el amor. Se lo reclamé varias veces y dijo que de otra forma no sabía hacerlo. Como tuve otros encuentros con Helena y una chica que es conductora de TV, me di cuenta que era muchisimo mejor.
Me empecé a preocupar. Me tomé unos días y me fui a Córdoba. Allí cogí con chicos maavillosos y con chicas que eran todavía mejores que Helena. Lo de la terapia en Mendoza fue un buen pretexto. Las mendocinas son guarras y escondedoras como las chilenas. Los chicos son más abiertos. Hoy me considero felizmente bisexual, pero en mi círculo, en Santiago, no puedo contarlo, excepto a Helena.
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