jueves, 12 de agosto de 2010

Recuerdos lejanos

De chiquito me gustaba vestirme de niñita y gozaba usando las prendas intimas de mi hermana mayor. Todo empezó porque durante un invierno muy llovedor en el pueblo, mamá se quedó sin ropa limpia y seca que ponerme. Me puso una bombacha y un vestidito de mi hermana. Yo era muy rubio. Cuando una hermana de mamá me vio, le hizo tanta gracia que me peinó con un chuflo en la cabeza. Yo estaba tan “bonita” que mis hermanas festejaron aquello y me sacaron no menos de veinte fotos. Pasé a ser el juguete de mis hermanas mayores que de tanto en tanto me vestían de nena y me permitían jugar con ellas, cosa que yo adoraba. En mi casa éramos cinco hermanas y yo. A pesar de eso, mamá, cada vez que me veía con ropa de nena me decía que era la más bonita de sus hijas.


Teníamos una casa grande de campo en las afueras de Chascomús. Habían muchos dormitorios y por suerte me tocó a mí, por mucho tiempo, tener uno solo ya que era el único varón y era el más apartado de todos, lo que me daba mucha privacidad.
Entre las tantas visitas que recibíamos en el verano, nos visitaba un vecino amigo de mis viejos de unos 30 años de edad (yo era un adolescente en desarrollo). Ya, a esa altura me sentía muy incómoda con ropa de hombre. Un poco por mis hermanas y otro poco por mi madre, había usado de entrecasa más ropa femenina que masculina. A la laguna iba siempre con mayas enterizas que habían usado previamente mis hermanas. Mi vieja decía que era una salvación que yo no tuviera problemas, ya que siendo el menor tenía todo lo que dejaban mis hermanas.
Una de las tantas veces que vino Juan Carlos (que así se llamaba él), pernoctó en casa porque el Falcon no quería arrancar. Obviamente tuvo que dormir conmigo, pero en mi cama, ya que era la única en mi cuarto y no había colchones libres. El sofá era corto y hacía demasiado calor para intentarlo de otra forma. Aquello me produjo una extraña sensación y desesperación por que llegara la hora de ir a dormir, ya siendo las 2:30 de la madrugada me fui a acostar y lo esperé en mi cama.
Mi corazón latía a cien por hora y pasado un corto momento él también se fue a dormir. Se acostó de costado en mi cama, solo con un slip y una remera blanca dándome la espalda y quedamos ambos apoyados en sendas espaldas. Pasado un tiempo (esto fue en verano) me dio calor. Juan Carlos ya estaba dormido me volví y lo rodee disimuladamente con mi mano izquierda, pasándola sobre su cintura.
Al contacto de sus piernas cubiertas por un suave manto de pelitos masculinos y sentir su pecho firme y belludo me excitó tanto que casi lloro en el acto. Luego atrevidamente y desconociéndome totalmente por mis actos impulsivos baje mi mano hacia su bajo vientre muy lentamente hasta sentir el bulto masculino atrapado dentro de ese slips. Al principio estaba todo normal pero al comenzar a juguetear distraídamente con mi mano noté que su bulto comenzaba a crecer, lo que me asustó y quité mi mano y me volví hacia mi lado izquierdo quedando de nuevo espalda con espalda. De pronto al cabo de un corto instante siento que Juan se da vueltas sobre sí mismo y queda a espaldas mías. Yo me hice el dormido. Entonces sentí que Juan que me rodeaba con sus brazos y noté que su pene casi se escapaba de sus calzoncillos y lo apoyó justo sobre la entrada de mi culito yo no intenté resistir, era lo que siempre había deseado y se me estaba cumpliendo. Me acarició el culito y todo mi cuerpo y sus labios besaban suavemente mi cuello en un momento me sacó toda mi ropa y me dejó totalmente desnudo. Comenzó a acariciar mi agujerito con sus dedos y luego se los ensalibó y me los fue metiendo suvemente dentro, lo que me causó el primer orgasmo de mi vida sin tocarme o masturbarme.
Sentí primero un dedo lo metió completo hasta topar la base de la mano y comenzó a moverlo como en señal de llamada luego me metió los dedos anular e índice y yo solo sentía placer al tener sus dedos a fondo y con el pulgar me excitaba por fuera. Lo que mas me excitaba era lo que me decía: ¡Parecés una minita caliente! ¡Si hasta Tenés un lindo cuerpito. Esta noche te hago mi hembra y vas a ser una putita calentona!
En esa misma posición me dijo “te voy a culear, pero quiero verte como a una hembra”. Y me hice el que no entendía nada. “Dale Dany” me dijo “Dale que ya se lo que te gusta”. Yo seguía haciéndome el que no entendía. Finalmente se calentó y me dijo: “Vestite de mina de una vez, que es lo que te gusta a vos y que yo quiero ver”.
Me vestí con ropa que guardaba en mi cuarto mientra Juan Carlo me miraba y hacía observaciones. Me arreglé el pelo y hasta me maquillé cuidadosamente para él. “Puta que sos linda como mina, che” dijo. “Un día te voy a agarrar, te voy a capar como a un cordero y vas a ser mi novia”. Era una brutalidad pero me encantaba. Esa noche me sentí toda una mujer.

Juan Carlos se sacó sus slips. Me mojó mi culito bien con saliva y comenzó el trabajo de meter toda su tranca dentro mío. Yo para ser sincero, y por ser mi primera vez, no fué para nada traumático, sino que sentí como en un comienzo me apuntaló y cargó suavemente su cuerpo tratando de meter la cabeza de su pija en mi agujero virgen en ese momento. Sentí el calor de su carne suave tratar de derribar mis defensas, ya a esas alturas lubricadas y bastante débiles lo que facilitó su invasión y yo puse mi parte empujando mi culito hacia atrás para que entrase más suavemente. No les puedo describir la emoción que sentí cuando su penca tiesa y ardiente se me perdía trozo a trozo hasta lo más profundo de mí. Al ratito nomás me vine a dar cuenta que lo tenía todo dentro cuando su mata de pelos púbicos y sus testículos suaves chocaron con mi culo.
No puedo decir exactamente cuánto media su herramienta, pero era la medida precisa para mí y para ese momento. Tiempo después me di cuenta que no era muy grande, sino más bien todo lo contrario.
Sentí como me estaba bombeando agarrado fuertemente de mi cintura, después y sin desacoplarse me colocó en cuatro patas y me montó como un potro monta a un yegua caliente. Sentí que era solo suya y en esa posición y con tanto bombeo de mete y saca me produjo un nuevo orgasmo sin siquiera tocar mi tulipa. Luego suavemente se bajó o casi desmontó el muy animal, ya los dos estábamos totalmente desnudos y completamente sudados me siguió acariciando y besando por todas partes como a una mujer, lo que me hacia calentar de nuevo. Me colocó de espaldas y me abrió las piernas para colocarse él dentro. Pasó mis muslos por su cintura y mis talones casi en las sus rodillas. Me levantó un poco y nuevamente me penetró metiéndomelo todo sin dejar nada fuera excepto sus testículos. En esa posición me comenzó a culear aumentando el ritmo a cada momento besándome en los labios cuello y tetillas lo que me causaba extremo placer sentí nuevamente acabar y mi leche se mezcló con el sudor y la saliva con que me lubricaba.
Juan Carlos me tuvo en esa pose por un largo rato haciéndome suyo. De pronto todo fue más intenso cuando la pija de Juan comenzó a lanzarme chorros de semen en mi culo que yo sentía viscosos y suaves al roce que resulta indescriptible, al menos para mí, la sensación de sentir lleno el hueco del culo con ellos. Eran tantos que sentía como pequeñas gotitas de semen se escapaban de mi culito aún lleno de su carne y corrían por mis muslos hasta la parte de mi espalda. Fue tanto el trabajo desarrollado por Juan Carlos en esos momentos que nos quedamos abotonados en esa posición hasta quedarnos dormidos. El arriba mio.

Nos despertamos de pura incomodidad a las 6 de la mañana y como aún no nos queríamos despegar, comenzamos nuevamente. Juan tuvo otra acabada en mi culo y luego me masturbó con la mano.
Juan fue el hombre que me enseñó a ser una verdadera hembra, como me siento ahora. Cuando me fui de la casa de mis viejos me ayudó a conseguir un departamento en La Plata. Puse una casa de ropa para mujer a mi gusto. Nadie puede adivinar que entre las piernas tengo lo que tengo. No me lo dejaría cortar jamás, porque soy muy pasiva, pero a veces cuando un macho me calienta demasiado, paso a ser activa. Si quieren, lo más insólito es que tuve relaciones también con mujeres. No lo entiendo bien, pero ellas se vuelven locas conmigo. Para ser sincera, en esos momentos me siento una lesbiana.
Mi vieja y mis hermanas saben de mi nueva vida. Pasaron diez años desde aquella primera vez y no me arrepiento para nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario