− Que haces tía como va?-, contesto algo sorprendido,....?
− Bien todo bien − me dice − Mira te llamo porque Andrea quiere ir a Salta a pasar las vacaciones de invierno y pensé que a lo mejor, si a vos y a tus viejos no lee molesta, podría parar en tu casa.
La verdad es que mientras mi tía me decía eso, a mi me corría un frío por la espalda pensando que una pendejita de 19 años, y que es una concheta flaca como un palo, anteojuda y desgarbada del María Auxiliadora, la iba a tener que bancar en casa. Yo sabía que a mi viejo le iba a dar por el quinto forro, pero igual dije:
− Dale tía. No va a haber problemas. Es más, la mama se va alegrar un montón. Decile a la Andrea que me avise por teléfono en que vuelo llega que la voy a buscar al Aeropuerto.
Se hizo una pausa bien marcada y mi tía me dijo:
− Ojo no te la vas a querer coger a la Andrea, que te dejo el culo negro a patadas.
Falta aclarar que mi tía tiene 37 años y cada vez que vuelve a Salta desde hace unos cinco años atrás nos matamos cogiendo. Una vez inclusive estaba el marido en el cuarto de al lado. La última vez que vinieron la cosa se puso fea porque a mi tía le pegó fuerte la acabada y gritó dentro de mi habitación. Mi tío dormía pelo la Andreita no.
− Mirá que la otra vez cuando fuimos los tres, − aclaró mi tía − ella me interrogo todo el viaje de vuelta. No se la creyó lo del ataque de hígado y le quedo picando el tema. Encima con el papá presente. ¡Aparte eso fue hace cinco años! ¡No se debe ni acordar!
− Quédate tranquila tía, no pasa nada − contesté, y ella agregó un bien marcado:
− Eso espero, porque si no conmigo… ¡Olvidate para siempre! Coger con vos es muy lindo, pero no quiero líos con el Alberto.
A los dos días suena el teléfono, era Andrea:
− Holissssssss − con voz de concretita porteña− Te quería avisar que llego hoy en el vuelo de las 22:16 hs de A.A., ¿me vas a esperar?
− Por supuesto prima, ahí te espero −contesté.
Mi viejo furioso, diciendo que eran unos porteños aprovechadores de mierda, y mi vieja contenta porque venía la nena sola sin el grasa del padre (marido de mi tía y bien odiado por ser jujeño).
Llegué al aeropuerto. Llegó el vuelo, tarde como siempre. Salían todos y de la Andy ni noticias. Al rato argo aparece un minón divino, cabellos largos revueltos, vaqueros pintados en las patas, botas, camperita a la cintura, cosa que se le vea bien una cola impresionante, la verdad infernal. Los que esperábamos a los pasajeros no dejábamos de mirarla. Ya medio podrido de la espera trato de buscar con la vista a mi prima en la cinta donde se retira el equipaje, pero ya no había nadie.
Suena mi celular, es Andrea:
− ¡Holis primooooooo! ¿Sos vos? ¿No?
Levanté la vista y veo al minón infernal levantando su mano y saludandome. No, no puede ser, me digo a mi mismo. La terrible yegua que todos mirábamos, era mi primita! Cinco años a esa edad es mucho. Yo la dejé de ver cuando tenía 14…
Abrazos beso, la miré y le pregunté.
− Que te hiciste?
− Crecí, bah, me creció todo. Me puse extensiones y me cambie el color de pelo. ¿Qué? ¿No te gusta? − me preguntó desafiante.
− Por supuesto que me gusta − le contesto en el mismo tono−. Se rió me agarró del brazo y me dice − ¡Vamos!
Los tipos que estaban esperando a los demás pasajeros no le sacaban la vista de encima y mas de uno habrá dicho, mira lo que se come este culeado del orto.
Subimos a la camioneta después de acomodar la valija y salimos para casa. En el viaje ella buscó música en la radio y prendió un cigarrillo. Charlamos y me ofreció fumar.
− Dale − le dije pensando que me iba a convidar uno. Pero se me arrimó. Me pasó el brazo por sobre mis hombros y me puso el cigarrillo de ella en mi boca. Giré mi cabeza y ella me mira, se rió y me da una pitada. Así viajamos hasta mi casa charlando y echando humo.
Llegamos, y después de los saludos y la cara de orto de mi viejo porque ella fumaba, se fue a su habitación a acomodar sus cosas, mientras mi vieja preparaba la mesa.
− ¡Primoooo me doy una ducha y bajo a cenar! − me grita desde su habitación.
− Ok − le contesté.
Al rato bajó con mi bata de baño y se sentó en la cocina esperando la cena.
Mis viejos hacía rato que se habían ido a dormir, así que charlamos y me pus a servir la comida. Ella saltó de la butaca y me ayudó. Cuando se me acercó le olí un perfume exquisito. Tomamos cada uno su plato y nos sentamos a cenar.
− Andy ¿tomas vino o preferís otra cosa?
Ella con picardía me contesta:
− Si tomo vino ¿corro algún riesgo?
− Ninguno, − contesté.
− Entonces abrí una de esas botellas que tu papá tiene guardadas por ahí!
Si mi viejo la oyera!
Vino de Cafayate, cena y mucho frío. El próximo paso era la habitación con el aire acondicionado en calefactor, mirar una peli y hasta mañana.
Terminamos de cenar y bien regaditos con un tinto exquisito, así que dio como para invitarla a ver una película en mi habitación (ahí tengo el DVD) a lo que ella dijo aturalmente:
− Claro que vamos a ver una película…
Nos acomodamos en mi cama, sobre el acolchado y puse la película. En eso le suena el celu de Andy. Atiende y escucho que dice:
− …Si mamá llegué bien, el primo Omar me fue a buscar y ya cenamos… Los tíos cenaron antes porque el avión llegó tardísimo… Sí mamá, igual lo salude al tío… Igual que siempre… ¡Gruñendo!
Giró su cabeza y me hace señas de que no hablara.
− Ya estoy en la que era tu habitación, mirando un poco de tele… Estoy molida por el viaje, así que en cualquier momento me duermo… Ok, mami… Está en el cuarto de él. Si querés lo llamo pero ya debe estar dormido… Besos… Sí, me cuido mucho… mañana hablamos− y corta.
El silencio se adueñó de la habitación por un momento, estaba todo dicho. Ella me miró y me dijo:
− ¿Sabés por que le mentí a mi mamá?
− No la verdad, no se , − le contesto.
− Por que mi mama me recomendó que no entre a tu habitación, por nada porque sos un turco muy peligroso.
Allí largo una carcajada a la cual yo me uní .
− Voy a buscar chocolate a la heladera ¿queres? − le dije.
− Dale −, me contesta.
A mi regreso vi con tremenda sorpresa que Andy estaba entre las sabanas de MI cama y mi salida de baño en el suelo. No dije una palabra, pero el pingo se levantó solito.
− Levante la salida de baño y me metí en mi baño a darme una ducha. Cuando salí vi que la película que había puesto ya no era la que ella estaba mirando. Había puesto canal Venus la muy turra y estaba muy entretenida y cagándose de risa. Sin decir palabra me saqué la bata y me metí desnudo en la cama. Ella giró su cabeza levemente, me miró como si tal cosa y se acomodó al lado mío. Como de la nada me dijo:
−Quiero que me hagas exactamente lo mismo que le hiciste a mi mamá en aquellas vacaciones, ¿o vos crees que yo me comí lo del ataque de hígado? Era chica, peo no boluda. Y mi vieja gritó con vos como nunca la volví a oír gritar.
Me quería morir y negué todo.
− ¡No seas boludo, che! −me dijo− Yo se que mi viejo es un sarna para cogérsela. También sé con los tipos que sale mi vieja y no creo que haya hecho una excepción con vos.
Seguí negando todo. Ella me pasó la mano por las piernas buscando encontrar mi pija. Se arrimó más a mí y sentí sus tetas rozando mi pecho. Me hablaba mirándome a los ojos y me pidió que la dejara hacer. Pasó la mano por mis bolas recorriendo cada centímetro de mi pija. Se metió debajo de las sabanas y con su lengua recorrió mi pecho, chupó mis tetillas, bajó por mi panza y se metió entre mis piernas. Me lamió los huevos, mientras le pasaba las manos a mi pija que ya estaba inmensa.
− ¡Era verdad! − gritó-.
− ¿Qué cosa? − pregunté yo.
− Que tenías una pija de burro.
− Como sabés.
− Lo dijo mi vieja.
− Tu vieja te contó…
− A mí no. A una amiga y yo la escuche de casualidad cuando levanté la extensión del teléfono. También dijo que le hiciste el orto.
Me quedé mudo y se me bajó la pija. Ella se dio cuenta, entonces se incorporó y sacó toda la ropa de cama de un golpe, mostrándome un cuerpo escultural que parecía de una modelo. Allí habia cientos de horas de gimnasio. Las tetas era redondas naturales, con sus pezones rosados y bien parados. La concha estaba totalmente depilada.
Se acomodó de espaldas a mí y se clavó a chuparme la pija que volvió a responder a los mandos naturales. La agarré de las piernas y me dispuse a hacer un perfecto 69. Le abrí las cachas y pude verle el botón rosado. Le abrí esos labios y pasé mi lengua por su clítoris, jugando con su cola, pasándole los dedos mojados con sus jugos. Ella se acomodó, abrió más sus piernas en señal de que siguiera con ese juego y así lo hice. Le metí tres dedos en su concha. Los saqué y se los pasé por su cola y le fui metiendo despacio, otro dedo en el ano. Fue el clímax para ella. Comenzó a moverse y se sacó la pija de la boca y me dijo:
− Hijooooooo de putaaaaaaaa!
Me rasguñó las piernas y veo como su culo se abre y cierra al sacar mis dedos totalmente mojados. Se volvió sobre mi, se puso boca abajo y me agarra la pija llevándola a la puerta del ano. Se fue sentando despacio, puso sus manos sobre mis piernas y regula como mi pija entraba. Sentí como mi pedazo es tragado por ese culo apretado sin mucha dificultad. De a poco, entró ajustadamente, ella gimió de dolor , pero el placer es mayor y continuó. Se recostó sobre mi pecho, me besó y me dijo:
− Puto pijudo, turco del orto, me estás matando pero me gusta como la de nadie.
Me mordió y se movió hasta que la tuvo toda adentro. Sentí como la vena de mi pija comenzaba a latir y ella también.
− No se te ocurra acabar ahora− me dijo en mi oído como si fuera un secreto.
Sentía su respiración agitarse con cada vaivén, incorporó su cabeza y nos fundimos en un beso sexual, mojado, furioso. Con nuestras lenguas copiábamos lo que hacíamos con nuestros sexos hasta que Andy no aguantó más y explotó senada sobre mi pija con las manos sobre mi panza y gimiendo interminablemente. Me dejé llevar y sentí como un torrente de leche recorre mi pija y explota dentro de su culo. Ella gritó , su cuerpo se curvó hacia atrás, la tomé de la cintura, la volqué hacia mí y nos fundimos en un beso profundo, suave, tierno. Nos levantamos y fuimos los dos a ducharnos.
− Te acabe en el culo − le dije yo − sin profiláctico.
− Quedate tranquilo, embarazada por el culo no me puedo quedar. Yo HIV no tengo y supongo que vos tampoco.
− No, me hice el análisis hace una semana y desde entonces no estuve con nadie.
Agradecí que las casonas salteñas tuvieran semejantes paredes. Parece que mis viejos no oyeron nada.
Son las 9:30 hs, cuando sonó mi celular, era mi tía.
− Hola buen día tía!
− Buen día, Omarcito, cómo está la Andy, ya se levanto?
− No se tía, debe estar durmiendo todavía − contesté, mientras Andy iba bajando despacito hacia mi entrepierna para comenzar el día con el clásico mañanero, mientras la tía la trataba de cuidar por teléfono.
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