jueves, 12 de agosto de 2010

Por vos, Lucía.

Hola mi hombre es Valentina y me dicen Valen o Val. Soy hija única de un matrimonio desparejo. Mi madre tiene 38 y mi padre 59. Siempre fui mimada y complacida en todo, tanto por los parientes de mi madre como por la familia de mi padre.


Cuando estaba convirtiéndome en mujercita, mis viejos tuvieron que viajar a Chile por motivos familiares de mi padre y me dejaron aquí en Mendoza, en la finca de una prima de mi madre que tenía su misma edad. Siempre habían sido muy unidas y el comentario era cómo siendo una mujer tan bella no se había casado nunca. Mi madre me hizo todas las advertencias habidas y por haber, diciéndome que esperaba que me comportara bien y “no ofendiera a Dios”. Lo último me intrigó muchísimo pese a mi corta edad.
Al principio me la pasaba muy aburrida. La tía Lucía era una mujer muy seria y aunque era bastante joven, como mamá, tenía un carácter de mierda. Siempre la había tratado en reuniones familiares y no era para nada cariñosa con los chicos, por lo que la mayor parte del tiempo me ignoraba. Vestía sobriamente como tratando de disimular el cuerpo. No se pintaba jamás, pese a lo cual se veía la típica belleza cuyana.
La convivencia en esas semanas, en cambio, me la mostró como una mujer muy agradable, dulce y simpática. Por las tardes íbamos al pueblo y la acompañaba a la peluquería de la que era dueña junto con su hermana, también tía mía. Ahí las chicas que trabajaban para ella se divertían un rato peinándome y maquillándome exageradamente para mi edad. Todos al verme me decían muchos piropos, ya que yo era una chica muy bonita, con cabellera lacia y oscura. Había heredado de mis abuelos andaluces los ojos grandes y negros. Era alta para mi edad y llena de curvas pronunciadas, por lo que, al verme, siempre me daban más edad de la que tenía. Para entonces tenía mis pechos bastante desarrollados y caderas redondas.
Una tarde de calor en particular, las chicas insistieron en maquillarme y me hicieron un coqueto peinado que me hacía parecer mucho mayor. Mi tía al verme hizo un gesto de reprobación para el gusto de ella tenía los labios demasiado maquillados pero me dejo seguir boludeando así toda la tarde. Cuando volvíamos a la finca durante el trayecto comenzó a preguntarme si ya tenía novio. Yo, espantada, le dije que no, guardándome que me había transado a varios compañeros de escuela.
La tía Lucía me contó de sus novios, de cómo era ella cuando tenía mi edad y hasta me dijo que éramos bastante parecidas físicamente. También me contó de los muchísimos novios de mi vieja, de lo unidas que eran y de lo que se alegraba que se hubiera casado con un hombre grande como mi viejo, porque cuando se aburría, la iba a ver y revivían las cosas de pendejas.
Cenamos y luego de ducharnos, ya para dormir, me invito a ver la tele de plasma que estaba en su cuarto. Me puse cómoda con una camisetita tipo top y unos bóxer, ella llevaba una bata color champaña, nos metimos ambas en la cama de dos plazas de ella como habíamos hecho en otras ocasiones.
Le pregunté por qué tenía una cama tan ancha, ya que era mayor que la de mis padres. Me dijo que era porque le gustaba y tenía el dinero para comprarla. Además sonriendo y guiñándome un ojo, me comentó que no siempre estaba sola. Me encantó aquel comentario y en lugar de atender la tele me preguntaba por lo que haría mi tía Lucía con sus parejas en aquella cama enorme.
Algo me empezó a cosquillear entre las piernas a medida que fantaseaba con eso. Traté de ser lo más disimulada posible, hasta que sentí su mano en mi pierna izquierda, y la comenzó a frotar acercándose a mi chochita. Me preguntó si la picazón se pasaba.
Tuve la mala idea de decirle que no, que aumentaba. Se me acercó mucho, me di vuelta a mirarla y ella me sonrió. Era en verdad una mujer hermosísima, de abundante melena negra, larga y rizada, sus dientes eran blancos, perfectos, y sus ojos tan grandes y oscuros como los míos brillaban con gran intensidad, por alguna razón me fije en que no llevaba corpiño y sus senos medianos y parados, mostraban unos pezones erectos, generosos. Pensé que en un tiempo también mis pechos tendrían esa forma y tamaño.


Aun no sé por qué, pero separe mis piernas, ella me miró a los ojos y me deslizó su mano por encima del bóxer pero ya sobando mi conchita, abrí un poco más las piernas porque aquello me había gustado y fingí que miraba la tele, pero las caricias que tía Lucía hacía en mi concha eran tan efectivas, que comencé a sentir que mi cuerpo entero temblaba, y moví mis caderas. Quería acelerar aquel movimiento y un leve pujido se escapo de mis labios, eso fue suficiente para que Lucía acercara su rostro a mí, y me dio un tremendo beso de lengua largo y profundo. Fue algo poético, delicioso, dulce, apasionado, comenzó suavecito con mis labios y como yo cedía introdujo su lengua y las caricias de su lengua el mete y saca de su lengua en mi boca y los frotamientos en mi sexo me hacían jadear, era increíble y delicioso al mismo tiempo. Comparable con nada.
¿Te gusta Valen?, ¿Querés más mi nena? – me preguntó, y yo le dije que sí. Ella procedió a sacarme mi top y el bóxer que llevaba. Quedé ahí en su cama, desnuda y jadeando, la verdad es que quería disfrutar más de las caricias de la tía Lucía, y no me hizo esperar mucho. Se desnudó. Para mi sorpresa tenía un cuerpo armonioso y bello. Luego se colocó en cuatro sobre mi y comenzó a mamar mis pechitos, tenía los pezones pequeños pero respondieron al estimulo de su lengua tibia, mientras sentía que mi sexo también tibio se humedecía. Tía Sofí paso mucho tiempo en mis pechos, y con sus manos acariciaba mi abdomen, brazos pero me gustaba más cuando su mano hurgaba en mi chochito y me frotaba el clítoris.
Luego de eso me hizo poner boca abajo, y acarició mis piernas, muslos y espalda, luego me mordió suavemente el culito y me hizo abrir las piernas y me acaricio el clítoris en esa posición. Luego me acostó atravesada en la cama con las piernas colgando y ella me dio lo mejor que me han dado en mi vida: la más exquisita mamada, comió mi sexo como una diosa, tomo mi clítoris como un caramelo su lengua guiaba los movimientos de todo mi cuerpo y en esos momentos yo no tenía ni piernas, ni brazos todo mi cuerpo era aquel pequeño promontorio que mi tía succionaba a su antojo. No sabía reconocer esa sensación, pero fueron unos orgasmos en serie los que me regalo mi divina tía Lucía. Sentí en uno de ellos que mi tía me había introducido dos de sus dedos en mi vagina y me penetraba, entonces me dijo que encogiera mis piernas para poder penetrarme más profundamente y sentí dolor, pero con su dedo pulgar de la mano izquierda mi tía me frotaba el clítoris por lo que nuevamente levante la cadera sin importarme el dolor que luego fue solo placer.
Aquello fue increíble: fui desvirgada esa misma noche por mi tía, la señal fue un pequeño hilo de sangre en los dedos de mi tía, los que ella llevo a su boca y los chupo frente a mí y me dijo “Te desvirgue Valentina”, la frase me calentó más por lo que tuve un bis, mi tía me comió nuevamente el chochito, estaba algo dolorida en mis piernas, las había tenido abiertas durante más tiempo que nunca en mi vida, pero no paraba de gozar.
Dormimos juntas un rato, pero ya avanzada la madrugada me desperté por el calor al lado de mi tía. Ella también estaba desnuda y a la claridad de la ventana, contemplé su cuerpo esplendido, liso, delgada, sus pechos grandes de pezones erectos, y su sexo perfectamente bien depilado, de regular tamaño. Me concentre en sus pechos, quería mamar de ellos como un bebé, como ella había hecho conmigo hacía un rato, y lo hice, por lo que ella se despertó y me vio con alegría, torpemente trate de hacer lo que ella me había hecho.
Seguramente mi tía ya estaba caliente por lo que había pasado que no me fue complicado oírla gemir de placer, mi mano se deslizaba por aquella concha grande y lustrosa, por lo que no resistí, quería comérmela, necesitaba saborear lo que ella había saboreado, y me dio mucho placer hacer gozar a mi tía, mi cara en su concha con sabor y olor de sexo, de hembra caliente, giraba al ritmo que ella giraba su cadera, fue algo inolvidable.
Amanecimos abrazadas y dormimos así los tres meses siguientes del terrible verano mendocino, luego volvieron mis padres y yo volví con ellos, pero de ahí en adelante, los fines de semana largos y las vacaciones las pasaba con mi bellísima tía Lucía.
A mi madre aquello no le gustaba demasiado. Primero supuse que eran celos, porque con la Tía Lucía nos habíamos hecho muy compinches. Ella inclusive accedió a vestirse más acorde a sus jóvenes 35 años como yo le pedí.
Unos años después, Lucía me prestó su casa y su cama para debutar con mi primer novio del pueblo. Le presenté a algunos chicos que supo aprovechar y hasta compartimos un amorcito, que sintió que había dado con el paraíso en vida. No lo voy a negar, también compartimos a una de las chicas que trabajaba en la peluquería, que casada y con dos hijos igual la pasaba muy bien con nosotras. Esa misma chica, Mara, me confesó algo que debe haber sido una de las sorpresas más grandes de mi vida. El problema de mi madre era que estaba celosa porque se imaginaba lo que pasaba entre mi tía y yo. Lo que ocurría es que yo la desplacé a mi vieja, sin saberlo, de la cama de mi Tía Lucy. Mara me contó que cuando mi viejo no la contentaba, mi mamá venía a desahogarse con Lucy. Así entendí qué era lo que mi vieja no quería que hiciera, y por qué.
Eso me sucedió cuando era algo más que una niña, ahora tengo 23 años y he disfrutado de muchos hombres y mujeres, pero mi tía me enseñó a no darme por menos que el verdadero gozo sexual, y he descubierto que es delicioso ser penetrada por un hombre pero que lo más exquisito es tener en el sexo la lengua tibia y húmeda de una mujer, siempre vuelvo con ella que sigue siendo tan buena y deliciosa para mí. Mi madre se ha hecho muy amiga de un matrimonio de San Rafael, donde viaja sola. Yo ya me imagino por qué.

No hay comentarios:

Publicar un comentario