viernes, 20 de agosto de 2010

Un muy mal cuidador: otro punto de vista.


Soy médica dermatóloga. Tengo 35 años y estoy casada con el depravado de “Un muy mal cuidador”. Cirujano plástico y reparador, de 44.
Con tres colegas vimos que se hacía el congreso mundial de dermatología en Bordeux en Francia. Bárbaro, dijimos, buenos vinos, algún colega franchute y la cercanía de París. Las otras tres son divorciadas como dios manda. La única casada soy yo.
Me llamó la atención que los ex de dos de ellas se negaran a bancarse a sendos adolescentes de 16 y 18 años. La más preocupada era Verónica, la madre del de 18. Me llamaba la atención lo incómoda que se quedó cuando lo dejó en casa con la empleada y mi marido que eran garantía de régimen militarizado y sano. “Vos no sabés lo que es Ale!” repetía sin cesar. A mí, el famoso Ale me había parecido un trolazo en potencia, pollerudo y abandónico culpa del padre. Era una verdadera pena porque el chico es muy lindo. En realidad, demasiado lindo y Verónica se ocupaba mucho de esa belleza que no debe ser la característica de un varón. Con Elisa y Jimena nos imaginábamos que el chico se teñía el pelo o se hacía claritos. También nos llamaba la atención que tenía la piel de una nena de nueve años. Nada cerraba.
El que menos cerraba era mi marido, pero al saber que Doña Gracia se quedaba, sintió más tranquilo. La joda de que la correntina se quedara costó dos mil pesos más que los pagaron a medias Verónica y Elisa que dejaba a su pimpollito no menos histérico, pero menos mariconcito de 16.
Cuando llegamos a Bordeux, para nosotras era como estar en Disneyworld. Cremas, sueros, perfumes, lociones, champús y todas las promociones imaginables de los laboratorios. Nos probamos todo y pedíamos muestra del resto. Era gracioso que en cada stand había un representante de Brasil y otro de Argentina. Je!
Verónica llamaba y llamaba a su Ale, cada tres o cuatro horas. Era una tortura. A la noche, cuando no lo enganchaba se volvía literalmente loca. En París le pusimos los puntos y le dijimos que se dejara de joder. Que si estaba tan desesperada por su pollito, que se volviera, pero que no nos torturara. Elisa y Jimena querían, obviamente salir a revolear la chancleta. Yo no. Soy una señora casada, pero las acompañaría por si acaso. Verónica seguía inflamando los ovarios con Ale. Decidimos no darle más bola a ella sino a unos señores franceses muy simpáticos y un poquito más jóvenes que nosotras. Si los convencíamos de bañarse y ponerse desodorante eran un sueño.
Cuando volvimos me llamó poderosamente la atención la extraña y despareja amistad que había nacido entre mi marido Joaquín y Alejandro. Elisa decía que Joaquín se comportaba así por el hecho de que no pudiéramos tener chicos. A mí no me cerraba.
Una tarde una vecina de Verónica me llamó diciendo que mi marido Joaquín salía con mi amiga Verónica. Obviamente no le creí. Me dijo que estaba segura porque los acababa de ver salir. No se imaginan lo que fue para mí.  Verónica estaba atendiendo en el consultorio de al lado. Me empecé a sospechar algo rarísimo.  Lo hablé con Elisa y con total convencimiento me dijo que era de vieja chusma y mala leche, que ni siquiera sabía que Vero estaba a tres metros de distancia de mí. Me quedé con esa explicación.
En mayo, un sábado a la tardecita que Joaco estaba jugando al golf se apareció Alejandrito con tres botellas de Barón B. Algo me tenía que decir y la cagada por lo visto era enorme.
Me quería hablar de Verónica y lo mucho que le rompía las bolas. Todo eso ayudado con una noviecita que era el calco de Verónica. Yo hablaba y tomaba. Se acabó una botella y seguimos con la segunda y yo seguía hasta que quedé con un pedo alegre como si me hubiera fumado un habano de marihuana. Me estaba riendo cuando Alejandro me abrazó. Me pareció natural y divertido. Por otra parte si le despertaba algo al borrego, me alegraba porque demostraba que no era tan trolín como pintaba. Me abrazó y me acarició la melena. Es una vergüenza, pero me gustó ese mimo tan delicadamente dado. Me dejó caer en el sofá y el encima. Se me puso cara a cara y me dio un beso como si fuera un galán de telenovela. Yo pensé en la tremenda cagada que era aquello, ya que el chico estaba confundiendo la amistad que yo tenía con su mamá con otra cosa y se lo dije. Me contestó que no, y que su mamá era diez años mayor que yo y que yo estaba mucho más buena, y que por añadidura no era la mamá. Yo le dije que su mamá era una de mis mejores amigas. El me contestó que él era mucho más, puesto que era el único hijo. Dicho eso me besó con una pasión y un delirio, o tal vez era mi pedo burbujeante.
Lo mío fue patético. Me dejé desnudar por un borrego de 18, hijo de una de mis mejores amigas… Pero que bien lo hacía!  Me chupó las tetas con una dedicación increíble y luego se bajó a mi conchita depilada y se quedó a vivir. Era un delirio. Yo lo veía ahí abajo y era tal cual una mina haciéndomelo, o lo que yo imaginaba que debía hacerlo una mujer. Llegué al tercer orgasmo riéndome y llorando porque hacía años que Joaquín no me trataba con semejante calentura obviamente.



Estábamos los dos en bolas, con la calefacción al mango. No me había avivado que llovía… Me di cuenta porque entró Joaquín y nos vio. Alejandro haciéndome un anilingus y yo con las patas para arriba. Entró y los tres nos quedamos petrificados. Deben haber sido segundos, pero parecieron siglos. Se acercó (yo todavía con las patas para arriba) y le dijo a Alejandro que me mantuviera caliente, que él se iba a dar una ducha porque estaba helado y que bajaba para unirse. Alejandro obviamente dudó. Joaquín le dijo a Ale que si se había animado a tanto que no la arruinara ahora.
Cuando Joaco subió supuse que iba a bajar con la 38 y nos iba a matar a los dos. El borrego seguía y yo, por el pedo el miedo o por despedida a la vida, seguía con ganas de orgasmar de nuevo. Lo oí bajar a Alejandro y me asusté, pero cuando lo vi no lo podía creer y casi me muero de calentura, estaba en bolas. Se arrodilló a la altura de mi concha y mientras Ale me la ponía (pene con infantilismo, nada del otro mundo) el me lamía el clítoris. De pronto me pareció ver algo que no lo podía creer. Otra vez, y otra. No podía estar equivocada: Joaco me lamía el clítoris, pero de paso la pija de Ale. De la calentura acabé. Les pedí que cambiáramos porque la pija de Joaquín es respetable y las lamidas de Ale son increíbles. Allí vi con toda claridad que Ale hacía lo mismo: me lamía el clítoris y la pija de Joaco. Casi muero por exceso de orgasmo y todo se me puso claro… bah! Más o menos!
Joaco hizo que Ale me cogiera mientras el se lo enculaba… Aaaaaaaaaaaah! Otro orgasmo pese al pitito del nene. Luego me regalaron un 69 entre ellos y otra vez acabé, pero esta vez ya me sentía medio descompuesta. Subimos al cuarto. Ale en el medio, Joaco y yo a cada lado. Nos despertamos a las diez de la noche con una llamada de Verónica desesperada porque Ale había desaparecido. Le dije que estaba en casa y que habían salido con Joaco a buscar comida y como llovía tanto que era mejor que durmiera en casa. Me costó convencerla.


Cenamos capelletini de sobre y seguimos con champagne. Allí Joaco y Ale me contaron lo ocurrido durante nuestro viaje. Ale sostiene que Verónica se lo imagina. Cuando pregunté por qué, me contestó que ella lo había iniciado para que se maquillara y travistiera. Dicho eso me hicieron la demostración con mi ropa y mis maquillajes. No lo podía creer. Era una linda pendeja. Vestido de nena, Ale tenía la pija a pleno. Hicimos una nueva vuelta, el cogiéndome vestido de mina y Joaco culeándoselo. Esta vez le tocó un súper orgasmo a Ale y otro a Joaco.
Que voy a decirles, ya no soy la misma, ni veo la vida de la misma forma. Me cuestioné muchas cosas desde entonces, pero también me cuesta olvidar que fue –por lo menos hasta ahora- la mejor cogida de mi vida. Ale (da para Alejandro o para Alejandra) pasó a ser nuestra mascota. Creo que la primera que se dio cuenta fue la noviecita, lo que a Ale le daba muchísimo morbo.
Me preguntaba si con una mina sería así.

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