domingo, 29 de agosto de 2010

La predadora

Soy Luciana, ex jugadora de hockey sobre césped y arquitecta de la zona norte de Buenos Aires. Tengo 37 años. Al decir de mi terapeuta soy una predadora.

Las chicas que jugábamos al hockey en los ’90 estábamos endiosadas casi como símbolos sexuales. Recién empezaban los gimnasios y el real cuidado del cuerpo. Soy alta, morocha, de ojos muy oscuros, buen lomo, excelentes patas y culo.

Mi eterno problema fue siempre el mismo, me gusta el sexo más que el helado de frutilla y no puedo ser fiel. De chica nunca tuve un novio, pareja o salidita al que no lo haya hecho cornudo.

Después del 2000 las mujeres tomamos la iniciativa en lo sexual y no la largamos más. Yo no puedo estar con un solo hombre y mi actual pareja lo sabe por experiencia propia.

Yo tenía un noviecito serio, de buena familia y que iban a misa los domingos y venía con pulóveres Polo o Lacoste a verme jugar los domingos a la tarde. Por supuesto para él y su familia, ni pensar en tener sexo, lo que era una hipocresía absoluta porque nos agarrábamos semejantes calenturas que terminaba yo pajeándolo a él, y luego él a mi. Luego iba al día siguiente a misa y se lo contaba a su confesor, que se haría sus buenas pajotas también, en nuestro honor. Resumiendo que yo se la agarrara y que nos chupáramos estaba ok, si no había penetración. ¡Qué loco no!

Un día se apareció con el primo con el que jugaba al rugby. El primo me echó el ojo y yo a él, que también era de familia distinguida y religiosa y tenía una novia monísima y de similares características a nosotros.

Ese mismo domingo a la noche me llamó al celular y me invitó a salir, cosa que acepté. El primo rugbier me hizo debutar cuando ya era una boluda importante: 19. El debut no fue tan bueno como mi expectativa, pero la calentura y la curiosidad me estaban matando. Salía los viernes y domingos con el primo y los sábados con mi novio. Eso ocurrió durante casi un año. Los domingos a la tarde éramos los reyes de la hipocresía porque yo estaba con mi novio, con el primo y su novia. Un domingo de diciembre fuimos a la pileta de la casa de la novia de… digamos mi amante. Allí conocí a un primo de la novia de mi amante. Como la vez anterior, intercambiamos miradas y ya sabíamos lo que queríamos. Me volvió loca porque era un carilindo baby face como a mi me gustan. Inclusive Alejandro era más bajo que yo, morocho de ojos celestes increibles.

Me habló por teléfono y le expliqué como era mi situación. No se hizo muchos problemas en ser no ya el segundo, sino el tercero. Nos veíamos de lunes a jueves y nos íbamos al centro. Este pibe me enseñó lo que era sexo y me dio vuelta como bolsa de aspiradora. Cogía muy bien y la chupaba celestialmente. No estaba demasiado dotado, pero no era un problema.

Con mi novio oficial, la cosa se fue extinguiendo como una vela porque un día lo obligué a que me penetrara y me dijo días después que de esa forma se había arruinado la “esperanza de la noche de bodas”. Le dije que se quedara tranquilo, que la esperanza seguiría porque conmigo no se iba a casar. ¡Qué quilombo se armó en las dos familias! Mis viejos eran íntimos amigos de los padres de él y hasta habían dispuesto donde íbamos a vivir sin consultármelo nunca. Mis viejos le dieron la razón a él. Quise hablar con mi vieja, pero me decía que el chico tenía razón y que yo debía hablar con el padre Paulino.

Hasta mi hermana se me había puesto en contra, así que lo hablé con mi abuela que me dijo que lo mejor que podía hacer era no casarme. Me donó (pasándola por encima a mi vieja) la casa donde vivo ahora para que me fuera a vivir sola. Ella lo encaró a mi viejo para que me pasara plata por mes para que pudiera terminar la facu.

Yo creía que vivir sola me iba a facilitar las cosas, pero no. Mi “amante” no pensaba en pasar al papel de novio oficial, por lo que seguíamos por inercia y porque me encantaba hacerla cornuda a la novia de él. Yo no contaba que el que se iba a quedar más tiempo conmigo era Alejandro. Un día llegó y no se fue más. Yo le aclaré que no me pensaba casar y que no iba a darle exclusividad a nadie. Él, entonces aceptó las reglas del juego sintiéndose ganador porque yo terminé cortándola con su futuro cuñado. No se sintió tan ganador cuando llegó y encontró la puerta cerrada con llave y traba por dentro porque yo estaba con otro chongo.

De cualquier forma reconozco que me ganó el corazón y armamos una pareja casi formal. ¿Por qué casi? Porque yo tenía mis escapadas, ya no en casa y Ale se las tenía que comer. La mejor prueba es que mi hija no sé si es hija de él. Un jueves salí con un compañero de la facultad y al boludo se le rompió el profiláctico. El viernes fuimos a una fiesta y nos emborrachamos a morir y se que estuve con dos tipos o más. Él por suerte no se acordaba de nada. Como estaba por entrar en días peligrosos el sábado me lo recontracogí. Obviamente a los 10 días el evatest me dio positivo. Por suerto Carito salió morocha de ojos oscuros. Se parece a la madre y punto.

Desde que Caro nació hasta sus 10 años me porté bien. A partir de esa edad de la nena empezamos a tener problemas porque coger con Ale, que al principio era tan barbaro, me resultaba monótono. No es necesario aclarar que salí nuevamente a escena y durante estos cuatro años me he levantado uno o dos machos por mes. Nunca estoy con ellos más de dos veces. Por mi profesión de arquitecta, eso es facilísimo. Si alguno coge muy bien le doy más chances.

Un día salí con un colega que se partía de bueno. Cogimos a matarnos y cuando creí que se cerraba el telón me trajo una impresionante colección de vibradores y me pidió que lo empalara, que era la forma que más le gustaba de acabar. Él se volvió loco y yo descubrí “el” fetiche de mi vida. Fui a reuniones de Tupper sex y me enteré que casi todas las que iban compraban vibradores para ellas y consoladores o butt plugs para los maridos, novios o amantes.

Alejandro se enteró de un par de salidas mías con un amigo de él. ¡No puedo tener tanta mala leche! Así que estuvimos por separarnos durante dos meses. La verdad es que más allá de mi sexualidad sobreactuada lo adoro e hice una jugada para volver a amigarnos. Fui a otra reunión de Tuppersex, pero más heavy y sincera: tenían strapsons con porongas de gel de distintos tamaños. La vendedora decía que alguna que otra la compraba para darse con una amiga, pero que la absoluta mayoría quería encularse a su pareja. Me compre un strap que va en el muslo, para que Ale se me sentara encima. Al principio él estaba terriblemente reluctante, pero yo le dije que era una forma de renovarnos y que así de paso me entrenaba por si se me daba hacerlo con una mina. Eso parece que lo animó y de allí en adelante, la que era pijuda en nuestra pareja fui yo. También descubrí que, la minas argentinas que tienen un buen trabajo, o son ejecutivas o profesionales de éxito, es porque son fálicas. Yo no era la excepción. Y descubrí el por qué de mi fetiche: me gustaba más culear a mi pareja que que él me cogiera. Para que me cogieran encontraba machos a cagarme, pero uno que se dejara garchar, valía oro y era mío.

Se dio por casualidad que un colega me rogó por favor que fuera a ver a una clienta “un poco especial” que quería que le cambiaran la decoración de la casa. Que pagaba muy bien, peo que él no la podía atender. Cuando llegué a la casa me di cuenta por qué. Era una transexual verdaderamente hermosa que trabajaba de prostituta de muy alto nivel. Si ella no me lo decía difícilmente me hubiera dado cuenta que era un tipo. Nos matábamos de risa porque las dos teníamos la misma altura y medidas parecidas. Le hice el trabajo y una propuesta: le canjeaba mitad del trabajo por tener noches de sexo con Ale y conmigo. Le conté las características y estuvo más que feliz. Se hace llamar de varias formas, pero es conocida como Erika. Era un chico bueno, tucumano al que lo violaron unos parientes del padre reiteradamente. Ni bien pudo se vino a Buenos Aires y vendió su culo para sobrevivir. Una trava vieja le enseñó los secretos del oficio, con tanto éxito que hoy tiene un muy buen pasar, pero lo que más llama la atención es el nivel, aunque es una marica empalagosa.

La coloqué a Carito en la casa de mi abuela y traje a Erika. Al principio, sin oírla hablar, Ale compró que era una mujer y se subió a la moto. Cuando se avivó que era un trava, era demasiado tarde y lo llevábamos entre las dos al matadero. Erika con mucha cancha primero me cogió a mí. Fue una sorpresa porque lo hizo excelentemente bien me hizo soltar la bandada de pájaros que tenía al respecto. Ale se calentó y le daba, mientras yo lo empalaba con los consoladores. En un acomodamiento pasamos de las porongas de plástico al tubo de carne de Erika en el culo de Ale, que ahora puede decir que la probó y le gustó.

Aquella noche nos cambiaron muchas cosas. Erika vino varias veces y cada vez que venía lo feminizaba a Ale con una maestría que me volvía loca. Eso lubricó el paso a la fase dos del plan. Me traje a un pibito de 19, hijo de una cliente, que me traía de los pelos, pero con la condición que nos cogía a los dos. El pibe cumplio y tuvo su bonus extra. Alejandro lo disfrutó, pero la que se calentó como si hubiera sido un macho fui yo. Me enloqueció verlo chupar y masajearle las bolas afeitadas y lisitas al pendejito. No hubo forma que Ale se lo cogiera a él porque se le cerraba el culo mal. Lo feló y todo, pero no le pudo dar por el culo.

Conseguí que el pendejo me diera la referencia de otro que no solo era activo sino también pasivo que nos cogió a los dos, se dejo empalar por mí y coger por Alejandro que la pasó bomba. A su vez ese nos presentó a otro, más chico que se dejó travestir y yo casi muero de exceso de orgasmos.

A Ale lo feminizo en casa y solo para mí, porque tiene el phisic du rôl para eso. Lo empomo, más de lo que el me coge y también pasamos a la fase tres de dominación que me sale genial y es lo lógico para una mina fálica como yo. Vivimos como cuando éramos amantes. Estamos calientes todo el día y planeando la cagada del próximo fin de semana. También lo alenté a Ale para que tenga sus amantes, mujeres o varones, a mí no me interesa. Con eso aprendí que las mujeres somos menos prejuiciosas porque cuando me propuso hacer un trío con una chica, le dije que sí, sin siquiera pensarlo. La chica no había calculado que el trío era con la esposa de su “novio”, pero se la bancó y nos dimos a morir. Ahora Paula es la amante indistinta de nosotros dos.

Me asombra con que facilidad aceptan los chicos de menos de 20 a 22 años hacer un culo, que se lo hagan a ellos, o entre ellos y eso me enloquece. Para la mujeres del ámbito en que yo me muevo, estar con otra mujer es algo que no asusta a nadie y es lo más común del mundo.

Si con todo esto estamos bien, salvamos la pareja, estamos mejor que de más jóvenes, ¿por qué tengo que ser calificada como una depredadora porque el sexo sea lo más importante de mi vida?

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