Trabajo en una empresa muy importante de la Patagonia, donde vivo, al cumplir cinco años de servicio me dieron unas vacaciones y además me regalaron unos días de estadía en Mar del Plata, para que fuera en compañía de mi mujer.
Llegó el día del viaje y no habíamos preparado las valijas. Yo le pedí a Elisa que por favor las preparara mientras yo hacía las gestiones del transporte al aeropuerto, que no fuera a olvidar que íbamos para tierras menos frías.
Llegó la hora de irnos y cuando llegué a la casa. Elisa se estaba acabando de organizar, saqué las dos valijas y salimos. Llegamos al hotel al mediodía. Almorzamos allí mismo ya que es un hotel sindical y nos fuimos a hacer una siesta para luego irnos a la playa. Salimos a eso de las tres de la tarde, regresamos a las siete de la noche, todo iba muy bien hasta que salí del baño y al buscar en mi valija no encontré mi ropa interior. Le pregunté a mi mujer a ver si la tenía en la suya. Ella buscó y me dijo “no aquí no hay nada”. Yo empecé a protestar y ella me dijo que la valija me la tendría que haber hecho yo.
Me dijo con la mayor naturalidad del mundo:"te vas a tener que poner mis tanguitas". Yo le dije que aceptaba una, provisoriamente hasta que fuéramos a Carrefour a comprarme boxers. Salimos del hotel para el súper y de paso comprábamos whisky y café. En el súper a medida que iba caminando sentía muy erótica la suavidad resbalosa de esa tanga, y el ajuste que le daban a mis huevos. Me sentía requetebién. Mi mujer se debe haber dado cuenta porque me preguntó cómo me sentía , yo le dije lo bien que la sentia.
Elisa me respondió “¿si te sentís bien y te gustan, boludo, para que te vas comprar calzoncillos ahora?” La respuesta me hizo divertir y excitar al mismo tiempo.
Cuando volvimos al centro pasamos por el famoso sexshop de la calle Entre Ríos. Me dijo que quería conocerlo y que entraramos; estuvimos viendo varias cosas, pero Elisa se empecinó en comprar un vibrador. Me dijo que era para cuando yo no estuviera. Lo compramos y le dije “vamos a comer que tengo hambre”.
Cuando regresamos al hotel, me enteré que no me había llevado el piyama. Yo pensé para mi: también es cierto si veníamos para esta parte de calor para qué piyama. Elisa me preguntó y “que te vas a poner para dormir?” le dije que nada. A lo que repondió: no importa colocate uno de mis camisonsitos, le repondí: no quedaste contenta con hacerme colocar tanguita que ahora quieres que me ponga tu camisón? No me repondió nada, se limitó a sacar de su valija un camisón rosa de tela sedosa me dijo “ponételo que te debe de quedar muy bien además es muy fresco, seguro que te vas a sentir bien”, me lo coloqué y verdad que tenía razón, Elisa silbó y dijo: “te queda muy bien y además estás muy sexy”, yo me reí. Me invitó al balcón de la habitación, nos sentamos, desde ahí se podía apreciar gran parte de la ciudad, era un espectáculo muy hermoso, yo serví dos copas con whisky, le llevé a Elisa, cuando la recibió dijo: “brindemos por tu nuevo look mas soft”, reimos y nos confundimos en un abrazo, nos sentamos.
Elisa me preguntó que como me sentía yo le dije bien, ahí fue cuando me confesó que hacía mucho tiempo tenía la fantasía de verme vestido de mujer, pero que en casa nunca se había animado, por lo que lo del "OLVIDO" era algo intencional… No podía admitir que esa pilcha me re calentaba.
Durante el tiempo que estuvimos en Mar del Plata siempre usé sus panties, un día me tocó ponerme una tanga que se me incrustaba por todas partes, pero bueno superé la dificultad.
Una noche fuimos a bailar a Constitución. Nos tomamos unos tragos, regresamos muy tarde al hotel, ibamos en pedo, casi ni cerramos la puerta de la habitación para desnudarnos. Nos fuimos a la cama y nos unimos en un apasionado beso, le empecé a mamar las tetas y acariciarle la concha. De pronto se apartó de mi, se levantó. fue a la valija y sacó un un corpiño, una tanga roja, un liguero y un baby-doll muy transparente y dirigiéndose a mi dijo: “mi amor ponte esto, hace mucho rato quiero verte vestido de mina”. Como el fernet había hecho un poco de efecto en mi acepté.
Cuando Elisa me vió así, buscó su bolsa de maquillaje y me pintó y maquilló durante casi una hora. Yo tengo pelo rubio largo que uso en un rodete. Soy de origen galés, por lo que tengo ojos claros, nariz chica y soy bastante menudo y absolutamente lampiño. No tengo pelos en el cuerpo ni jamás me afeité en mi vida. De allí su fantasía. Cuando terminó me dejó verme en el espejo. Ni mi madre me hubiera reconocida. Creo que como mujer quedaba más interesante que como varón.
Luego sacó el consolador que habíamos comprado, y como ya tenía la chocha mojada se le fue todo adentro, lo metía y lo sacaba como una loca, me pidió que me masturbara, yo me bajé los panties y empecé a sobarme el pene, de pronto se sacó el vibrador de la concha y se dirigió a mi diciéndome “te molestaría si te lo meto por el culo? de pronto puede ser mejor que mis dedos” Muchas veces cuando hacemos el 69 mientras nos mamamos nos metemos hasta dos dedos por el culo. Yo le paré el culo y como lo tenía lubricado con sus jugos fue entrando muy suave, cuando ya me lo había metido todo, lo puso a vibrar; eso me puso como loco y le pedí que no me lo fuera sacar que me lo metiera y lo sacara como cuando yo le meto la verga por el culo. Nunca en mi vida había sentido una emoción tan grande, mientras ella me metía y me sacaba el aparato yo la masturbaba. Elisa me hacía lo mismo con una mano, así estuvimos hasta que nos vinimos en gran cantidad.
Al día siguiente para ir a la playa me hizo poner una malla enteriza que me había comprado. Me pintó un poco. Con ateojos negros ojotas y camisa clara pasaba por mujer. Me divertí porque hasta me dijeron un piropo. Antes de irnos me produjo a fondo para ir a bailar. Con la poca luz del boliche pasaba por una linda mujer. Salí a bailar con un tipo que a toda costa me quería apretar. Elisa estaba con un amigo de ese y se mataba de risa de mis situación.
Fuimos al baño de mujeres, que fue toda una experiencia religiosa para mi, y me rogó que me dejara toquetear un poco y que me dejara besar, que ella iba a sacar unas fotos. Acepté solamente porque estaba muy borracho. El tipo me decía mil boludeces y me chuponeaba. De pronto vi dos flashes. Eli me habia sacado un par de fotos.
Cuando volvimos y las mostramos, nadie, absolutamente nadie me reconoció. Despues de aquellas vacaciones todo cambió. Los fines de semana llevamos los chicos a la casa de mi vieja y yo soy una señorita. Nos vamos a bailar, o salimos a cenar. Lo más gracioso fue un comentario de una mujer que la detesta a Eli por cuestiones políticas, que dijo que se había vuelto torta porque la habían visto besando a otra mina, o sea yo.
Lo que ahora me pide es más difícil: quiere ver a un tercero que me coja. Me tienta, pero es un paso largo y difícil.
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