Soy contador y tengo el estudio en casa, en un barrio residencial de Resistencia, Chaco. Katy es una chica de 19 años que trabaja en casa como empleada doméstica. Realizar labores livianas como cocinar y lavar los platos. El resto lo hace nuestra otra empleada de toda la vida. Eso lo hace por las tardes, y durante la mañana la mandamos al colegio para que termine la secundaria. Por las tardes, luego de que ha realizado sus labores se sienta a estudiar o a ver los programas de chusmeríos de la televisión, lo que ocurre durante el resto de la tarde hasta la noche. Para únicamente para merendar.
Es misionera, muy bonita, rubia de ojos celestes, bien alemanita severa. La trajimos a los 17 años porque el padre la molía a golpes y la madre nos rogó que nos la lleváramos.
Por lo general es bastante retraída, sólo sonrí¬e cuando algo le gusta mucho y habla sólo lo necesario.
Por el calor y las costumbres de su lugar de origen, en la casa suele estar en pantaloncitos cortos y alpargatas. Mi mujer le ha comprado ropa preciosa que usa únicamente los domingos.
Cierto dí¬a ella se encontraba en la cocina lavando los pocos platos del mediodía y por curiosidad le pregunté cómo se entretení¬a ella en su pueblo donde no había luz, ni mucho menos televisión.
Con muy pocas palabras me dijo que jugaba a la pelota con sus hermanos, salía a caminar, a la payana o al "piedra, papel y tijera", un juego en donde, con
sí¬mbolos hechos con la mano uno representa alguno de estos tres elementos en los
cuales la piedra gana a la tijera, la tijera gana al papel y el papel gana a la
piedra. Ambas personas deben mostrar el sí¬mbolo escogido simultáneamente, y gana
quien eligió el sí¬mbolo que derrota al otro.
Ella agregó que tení¬a mucha cancha para jugarlo y le propuse una partidita. Me ganó 13 veces consecutivas. Yo le dije que en verdad parecía que tení¬a más culo que cancha. Ella solo se sonrió. Seguimos jugando y me ganó 8 veces más.
Ya no me estaba gustando perder tanto, sobre todo porque no entendía si me hacía trampa y cómo. Posteriormente me ganó otros 6 juegos adicionales. Ya me habí¬a ganado increí¬blemente 27 veces consecutivas, parecí¬a magia. Indignado le dije que si me ganaba la que seguí¬a yo le besaba los pies y fregaba todos los platos y ella se podí¬a ir a ver la televisión.
− Los pies, no − dijo ella para mi temenda sorpresa − el culo…
Acepté. Jamás pensé que ella tendrí¬a tanta suerte, pero me ganó nuevamente. Yo me lamenté de que tuviera tanta suerte o fuera tan hábil, o tramposa, pero ella se quedó
allí¬ donde estaba como esperando algo. Yo no pensé que ella quisiera que yo lo
hiciera, y aunque no habí¬a emitido palabra durante todo lo que jugamos me dijo:
−Tenés que besarme el culo, che.
¡La criada de la casa me querí¬a humillar! Así¬ que yo le pregunté
− ¿Y que pasa si no lo hago?
− Te perdés mi culo y no jugamos más...
Se dio vuelta, y se bajó el pantaloncito. Casi me infarto. Cómo había crecido esa chica. Me tuve que agachar, puse las rodillas en el piso, y besé ligeramente su culo redondo. Allí¬ estaba yo arrodillado ante la criada besándole el culo.
− Falta el otro cachete − me dijo − Con más ganas o te da asco. Vos lo elegiste, che…
Le tuve que besar el otro cachete.
Cuando me estaba levantando, ella se dio media vuelta y se fue a su habitación, puso su silla como de costumbre y se sentó a ver la tele. Supuse que también le tení¬a que lavar los platos, así¬ que empecé con mi penitencia. Estuve como unos veinte minutos en eso, y cuando ya estaba lavando el último de los platos ella entró a la cocina nuevamente.
Yo la miré con cara seria y ella se rió. Sabí¬a que yo estaba enojado porque me habí¬a ganado y porque me había hecho trampa de alguna forma. Pero las penitencias las tuve que pagar sin embargo que querí¬a la revancha. Pensé yo que por las leyes de la probabilidad era imposible que ella me volviera a ganar varias veces de manera consecutiva, así¬ que decidí¬ arriesgarme:
− Mirá Katy, vamos a jugar 5 juegos más, el que gane la mayorí¬a es el vencedor. Es imposible que me vuelvas a ganar varios juegos nuevamente, así¬ que esta vez, si yo gano, no verás televisión durante esta tarde, y si vos ganás…
− ¡Elijo yo! − dijo ella − ¡Vos te desnudás y te sentás conmigo a ver Intrusos hasta que termine.
Como no podía perder, acepté. Empezamos y ella me ganó el primero de los juegos. Me extrañó, pero faltaban más juegos, así¬ que jugamos el segundo y volvió a ganar. El tercero lo gané yo y ella se rió de nuevo…
Jugamos el cuarto de los juegos y saqué "tijeras" y ella sacó "piedra". Ya no habí¬a caso,
me habí¬a ganado 3 de 5.
La chica no dijo nada, sólo dio media vuelta y fue hasta la habitación. Yo me quedé esperando pero no dijo nada, así¬ que me fui también hasta la habitación y allí¬ me estaba aguardándome de pie.
−Dale, ¿que estás esperando? ¿Qué vuelva la señora y nos cague a pedos a los dos?
Otra vez iba a ser humillado por la criada debido a mi terquedad, pero es que me resultaba imposible, lo que estaba sucediendo desafiaba lo que yo habí¬a aprendido inclusive en la facultad. Tuve que desnudarme si es que querí¬a la oportunidad de poder
volver a competir. Me desnudé dándole la espalda y me dejé el boxer puesto.
−¡No te hagás el vivo! ¡Desnudo es desnudo! Sacate el calzoncillo.
Me senté desnudo en el piso. Me sentí muy pelotudo, pero algo empezaba excitarme, porque aquel jueguito de la pendeja tenía connotaciones muy eróticas que yo jamás había notado.
Yo la miré, y ella, aunque no me miró a los ojos, sonreí¬a de oreja a oreja mientras avanzaba hacia mí¬. Se sacó alpargatas y procedió a sentarse en su silla, pero quizá por el respeto que me tení¬a antes por ser ella la empleada doméstica de la casa, se sentó intentando no tocarme. Noté que me miraba de reojo que mi pija se agrandaba.
Al tiempo miraba directamente hacia la televisión, pero su sonrisa continuaba, lo estaba disfrutando.
Así¬ estuve yo, desnudo como un perro a la vista de nuestra empleada doméstica.
Por un momento pareció como retractarse, miró hacia abajo y me vio la cara, y así¬, viéndome la cara, creo que reevaluó la situación y recordó que para eso estaba yo allí¬, así¬ que volvió a dirigir su pie hacia mi entrepierna. Lo dirigió lentamente hasta quedar
arriba entre mis piernas y con la misma lentitud (tal vez para ir viendo mi reacción) lo fue bajando.
Lo fue acercando lentamente hasta que su pie toco mi pija. La liberó ya que estaba oculta y vio que se paraba enhiesta.
−¡Mirá vos che! Así que estos juegos te excitan… ¿Sabés una cosa? ¡A mi también! Cuando la mama me regaló a ustedes para que mi viejo no me fajara, me gustó. Yo no sabía que una persona podía ser de otra. Yo soy de ustedes, pero ahora, por un rato vos sos mío.
Ella miraba apacible la televisión mientras me masajeaba la entrepierna con el pie y muy cruzada de brazos. Eventualmente sentí¬a cómo su pie se moví¬a un poco estando en su misma posición, es decir, a veces sentí¬a que me presionaba un poco duro la pija, otras veces sentí¬a presión de su talón en mis huevos, frecuentemente sentí¬a movimientos involuntarios de sus deditos que me volvían loco.
Posteriormente ella, aún arrellanada en la silla, se recostó un poco hacia su lado derecho, por lo que le resultó más cómodo ahora poner su pie derecho entre mi pecho y mi hombro y estirar su pierna izquierda colocando ahora este otro pie en mi ingle
Lo puso y lo levantó un poco como para acomodarlo y lo volvió a poner sobre mi pija, aún moviéndolo un poco hasta tenerlo cómodo.
Estando en estas circunstancias no podí¬a dejar de pensar en mi humillante situación.
En ese momento estaba siendo utilizado como una mascota por una chica. Durante todos esos minutos, mi vida estaba destinada únicamente a servir como algo menos que una alfombra para la comodidad de la criadita de la casa que decía que por ese rato era de ella.
De pronto apagó el televisor, me hizo poner boca arriba en una mesa que tiene en su cuarto. Cuando estaba en esas, se me paró el amigazo como si fuera a cantar el himno. Ella ser rio. Sacó una tijerita del cajón de la mesa y me podó todo el matorral alrededor de mi pija y mis huevos. Cuando terminó, me dijo:
− No te quiero ver con estos pelos, mañana te voy a depilar todo. No me gustan los hombres peludos.
− ¿Mañana? − pregunté yo asombrado.
− Vos sabés que yo a la tarde tomo mate − me contestó.
Dicho esto, me agarró ambos testículos como si fueran la calabaza de un mate y me empezó a chupar la pija como si fuera la bombilla. Sorbía como si fuera realmente una bombilla y me masajeaba los huevos. No pude más y le acabé en la boca. No se inmutó, se tragó todo.
− Esta noche quiero que me bañes y me laves el pelo.
− ¿Qué le digo a Estela?
− Problema tuyo, pero si no lo hacés, mañana no tomo mate con vos.
Mi mujer trabaja desde el mediodía hasta la tardecita en una oficina pública. Llegó y la cena esta preparada. Katy habló más que de costumbre para asombro de Estela. En una de esas la chica me dijo:
− Mañana tengo examen escrito de contabilidad. ¿Me va a ayudar?
Yo no caí en un principio y me quejé.
− ¡Katy! ¡A esta hora se te ocurre!
− ¿Qué quiere? No lo vi en toda la tarde.
Mi mujer se fue a la cama y yo, supuestamente a enseñarle contabilidad a Katy que a estaba en su baño en la bañera.
−¡Enjaboname toda! ¡Despacito! − me ordenó − Antes sacate toda la ropa. Si no, cómo le vas a explicar a la Señora Estela que estás mojado.
La enjaboné, le lavé el pelo y me la cogí de parado en la ducha. Acabó dos veces temblando como una yegua en verano espantando las moscas. Luego ella me enjabonó el pito y me empezó a ordeñar hasta que acabé en sus manos. Agaró el semen y se los pasó por las tetas enjabonadas.
−Ahora te vas antes que se nos arme − me dijo.
Fui directamente al baño, si pasar por el cuarto. Me duché y llegué a nuestro dormitorio con piyama limpio. Cuando mi mujer me vio me dijo:
− ¡Si te duchaste a esta hora es porque querés guerra gordito!
No podía decir que no. Cuando estábamos los dos en bolas en la cama me dijo:
− Poele límites a la pendeja esa, porque ella está a nuestro servicio y no que estés vos al servicio de ella… Ahora… Si te hace calentar y la ligo yo…
¿Cómo decir la verdad? ¿Cómo explicar que ya no podía echarme otro polvo? A partir de esa noche, esto me ha vuelto a pasar muchísimas veces. Si mi mujer lo sabe, no se da por enterada porque nunca tuvimos una vida sexual tan intensa.
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