Tengo 37 años, soy soltero por una única razón: soy un impotente perdido. No se me para. He probado todos los tratamientos y remedios habidos incluyendo el Cialis y Viagra, y lo único que he conseguido es una pija amorcillada que a duras penas podía introducir en la conchita de la chica con la que estuviera.
El mito de que los impotentes la tenemos muerta, que no nos gusta nada, etc.. es sólo un mito. Claro que nos gustaría cogernos a una jovencita, de esas que en verano van con un top y el ombligo al aire, con una minifalda cortita.... Claro que si, pero cuando se da la oportunidad nuestras pijas, (lo impotentes no tenemos vergas, tenemos pito o pitito... esto me lo dijo una adorable chica de 21 años hace dos veranos en Villa Gesell... matándose de risa delante de la cosita que me cuelga entre las piernas) se quedan reducidas a la mínima expresión. Porque es que encima de ser flácidas, cuando tienes delante a una mujer abierta de piernas u ofreciendote el culo....las turras de las pijas van y encojen aún más... con la consiguiente cargada de la chica....
Hace unos meses pedí por teléfono un servicio a una prostituta. Me calentaba una Dómina, (tambíen aclaro que la mayoría de los impotentes con el tiempo nos va que nos dominen y humillen, por eso lo de el cornudo-impotente−consentidor, etc....) El caso es que apareció por casa una chica de unos 34 o 35 años, creo que era rusa o algo así, porque hablaba raro. Rubia, ojos claros , algo rasgados, con las piernas muy largas y estaba buenísima. Nunca supuse que fuera la de la foto, peo sí. Hablaba bastante bien el castellano, con marcado acento porteño, así que nos entendimos bien.
Lo primero fue pagarle 800 pesos. Me pregunto los límites de la sesión y yo se los dije, humillación, feminización, sodomización, algo de pinzas, pero no dolor... y acabar con masturbación. Ella me ordenó que me desnudara y me pusiera una tanguita blanca de algodón y unas medias de mujer. Lo hice, pero ya ella miraba con asco mi pitito.
Mientras yo obedecía Tania, (así se hace llamar), con un movimiento rápido me agarró los huevitos y la pija
-¿Que le pasa a esto? − me preguntó.
Yo me puso rojo como un tomate como siempre que se llega a ese momento y le confesé que era impotente...
-¿ Y para que quieres una mujer si no podés nada? − me contestó con esa sonrisa tan humillante que suelen poner las mujeres jovenes o maduras, da igual, cuando se encuentran con un hombrecito impotente.
Hay otro mito, la "comprensión de las mujeres ante el problema de la impotencia”... una mierda, todas, absolutamente todas las minas con las que he estado se han cagado de risa delante de mí.
Le expliqué que me gustaba ser dominado, y que en algunos momentos, cuando la chica se ponia un vibrador de cintura y adoptaba el papel de hombre, conseguía una pequeña erección y mientras me daban por el culo acababa. Y claro, no le faltó tiempo para ordenarme que me pusiera a cuatro patas y le pidiera el culo. Yo ya sabía lo que iba a pasar, me lo han hecho muchas veces, tanto putas como chicas normales.
La gente se sorprendería al saber el número de mujeres cuya fantasía es darle por el culo a un hombre. Si no fuera así no se venderían 5000 arneses para mujeres por mes, promedio, en Buenos Aires y alrededores. Aclaro que soy dueños de un pornoshop virtual así que sé de lo que hablo.
La cosa es que obedecí... Cuando estaba en el suelo a cuatro patas ella se puso detrás mío, llevaba un buen vibrador, no excesivamente grande, pero si de aspecto muy real, me aparto el cordoncito del tanga y me dejó expuesto el orto. En otras ocasiones las chicas o me han metido un dedo, o han jugado con el vibrador y mi ojete, pero esta chica no, lo que hizo fue agarrarme con una mano el pito y las bolas, lo que mucho no le costó, y apretármelos fuertemente...
-Ahhh, grite ¿Que pasa? ¿Que me haces? ¡te dije que dolor no!
En frente tengo un gran espejo de pared, suelo tener ahí las sesiones porque me gusta verme, como me sodomizan, me humillan, mi cara de impotente, etc.. Lo que vi fue la cara de una mujer triunfante, poderosa, dueña. Ya había visto esa cara otras veces en chicas que me sodomizaban, pero esta mujer la tenía sólo por haberme atrapado mis cositas colgantes. Entonces me dijo.
-Yo se lo que de verdad querés, a vos te gustaría que yo te cortara los huevos, porque no te sirven para nada y podrías ser mejor esclavo. Yo lo aprendí a hacer de chica. En Omsk castrábamos a los adolescentes kazajastanos para que no tuvieran hijos en nuestra tierra. Yo sola castré más de mil. Los militares moscovitas me pagaban cincuenta rublos por cada pija que no estuviera pegada a su primer dueño. Con ese dinero viaje a España y después acá. Lo hago muy bien.
Dicho eso sacó una navaja automática y me la puso al lado de mis testículos. Me quedé paralizado.
-No por favor eso no, no me cortes los huevos, no me castres...por favor....te lo ruego- lloriquee, mientras sentía la fria hoja en la piel del escroto.
-Claro que si, te los voy a cortar y me luego te los freiré con ajo y cebolla para que vos mismo te los comas.
− ¡Si me lastimás llamo al 911!
− Si me decís si, son dos minutos anudo las venas y no sangra.
Tuve un ataque de pánico. Una loca de la guerra me quería castrar. Aunque la chica tenía razón, y a mi me sirven de poco y nada, sentí un miedo horrible, estaba tan asustado que entre lloriqueos y ruegos, me oriné un poquito en la mano de ella...
Allí fue que me sentí patético por primera vez en mi vida. Basta imaginar a un hombre en tanguita, en cuatro patas, impotente, a punto de ser sodomizado o mucho peor: ¡capado como un chancho! y va y se mea... Por un momento temí que ella definitivamente me los fuera a cortar. Afortunadamente no fue así, en vez de eso, con un solo movimiento de cadera me metió el vibrador hasta la empuñadura....
Menos mal que le había dicho que no quería dolor: no estaba lubricado, pero entre eso y que me capen... Lo increíble es que tarde menos de un minuto en acabar como nunca me había pasado-. Fue de placer, de miedo, de morbo por lo que había pasado...no sé. Pero me fui. Ella me estuvo garchando un buen rato, en varias posturas, cuando me lo hizo boca arriba, mientras yo me sujetaba las piernas, volvió a agarrarme la pija y los huevos clavándome las uñas, ahora le veía la cara de frente, y volvió otra vez con lo de la castración...
− ¡Quiero castrarte! − me dijo − ¡Deberíamos castrar a todos los impotentes, a los que la tienen demasiado chica, a los eyaculadores precoces, a los que dejan insatisfechas a las chicas...! ¡Sólo quedarían unos pocos hombres...que son los que valen para cogerselos...!
Volvi a acabar. Poquito, pero acabé.
Cuando terminó, ella se vistió. Yo la miraba y la rusa era un monumento a la mina. Agarró las 8 gambas que estaban sobre la mesa y se fue hacia la puerta para irse.
Yo la seguí como pude, me costaba andar, entre mi culo que estaba abierto como un volcán y el dolor de huevos... pero la alcancé en la puerta... quería decirle algo, pero ella se me adelanto:
− Tengo tu celular, algún día te llamaré. Por favor, no te los cortes vos. Lo quiero hacer yo y de verdad que quedan buenos al shashlik o como stroganov. Si me convidás uno no te cobro el servicio…
Y se fue. Si me animo a volverla a ver le propongo matrimonio.
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