Cuando yo tenía 12 años, había un chico vecino de mi misma edad que solía venir a jugar conmigo por las noches. Él era un poco friki y como yo era un poco gordita, nos llevábamos bien porque no éramos demasiado bien aceptados en la escuela.
Nos hicimos muy amigos y cuando venía a casa solíamos charlar durante horas. Hasta que tuvimos trece años cada uno, nunca hablamos de sexo, porque teníamos miedo de quién podía estar escuchando. Sin embargo, para charla, y pese a que el departamento de mis viegos en la Avda. Santa Fe era enorme, nos sentábamos en el mismo sillón y dejábamos que nuestros cuerpos se tocaran. Nunca me voy a olvidar de la manito sudada por el miedo de mi amigo que me acarició los muslos. Mi humedad estaba en otra parte.
Una tarde de verano me empezó a acariciar el interior de los muslos y me sentí emocionadísima. Creo que fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida de joven. De repente supe que mi interés físico por él era mutuo y que algunas de sus fantasías románticas “no-tan-inocentes” de él realmente podrían hacerse realidad, ya que sus manos se iban acercando cada atardecer más cerca de mi entrepierna, lo que yo esperaba y por su puesto no me oponía. Finalmente una tarde se animó y me acarició la conchita. Me empapé al punto que parecía que me había hecho pis. Varias noche se repetía esta práctica y yo tenía que lavar mis bombachas y la entrepiernas de mis jeans cuando él se iba. Mi madre se asombró cuando yo acepté usar polleras cortitas pese a que era una gordita. Era la única forma de disimular las tremendas mojaduras. Sin embargo él no se animaba a meterme los dedos que era lo que yo ansiaba.
Una tarde, de casualidad descubrimos (ambos) mi clítoris y para qué servía. Me mojé tanto y sentí una sensación tan extraña (después entendí que había sido un orgasmo) que supuse que realmente me había hecho pis encima.
El tema era que yo también quería tocar, pero era impensable que le bajara los pantalones en el living de casa, así que nos prendimos − supuestamente − a ver una novela para adolescentes, para poder ir al cuarto de costura donde ocultaban mis padres la televisión. Habíamos logrado una cierta privacidad y que fuera creíble. El se habría el pantalón y yo metía mi mano. No tenía un solo pelo y era sedoso como una chica.
Mi máximo acercamiento fue acariciarle el miembro y las bolas a través del calzoncillo, lo que no dejaba de ser muy frustrante. Para colmo so hija única así que no tenía a quien preguntarle cómo se seguía.
Recuerdo una noche de particular calentura y frotadas mientras mamá estaba preparando la cena a pocos metros y no dejaba de quejarse por lo alto que poníamos el volumen del televisor. Ambos estábamos con joggins que eran más amplios y elásticos. El me bajó los míos y casi se muere cuando vio que yo no tenía puesta ropa interior. Yo por mi parte le liberé el pito del calzoncillo. Yo había visto a mis primos desnudos y tenían pelos alrededor del pito y las bolas. Yo ya tenía mi matorral que mamá me hacía recortar por higiene. Mi amigo no tenía un pelo ni para muestra. Sin embargo la gran sorpresa fue cuando se puso erecto. Creo no estar exagerando, pero debe haber cuadruplicado su tamaño. Era mucho más grande que el de mis primos, y era para mi. Instintivamente se lo empecé a acariciar de arriba abajo. No me pregunten por qué, pero me pareció que debía ser así. El mientras tanto me besaba en… ¡la mejilla! A pesar de tanta inocencia me acariciaba el clítoris ya que era lo que más me gustaba.
De pronto el empezó a jadear y le salió algo blanco y pegajoso que me manchó desde el pelo hasta las zapatillas. Tenía un olor raro, pero que me atraía. El se retorcía y yo supuse que le había pasado algo malo. No se por qué me pasé la lengua por lo que tenía cerca de los labios. Él dijo: "Mmm", entonces me dio un beso en los labios. Me alegré de que le gustara que yo probara esa leche, así que le lamí el pito que se puso parado de nuevo. El me quería lamer a mi. Yo no lo dejaba, y cuando me derrotó, casi me vuelvo loca.
Me incliné para besar su pito y me zampé toda una gota salada. Él me dijo: "Mmm", y luego le dio un beso. Él no dudó en lamer su propio sabor de mi boca. Ahora lo pienso y no podía ser tan asquerosa desde tan chica.
Yo quería más, así que olvidándome del riesgo se me ocurrió que podría ordeñar su pito un poco más, luego se agachó para yo pudiera tocar su escroto. Era firme y cálido, encajando perfectamente en la palma de mi pequeña mano. Le agarré los huevos y se los hice rodar dentro del delicado saco. La piel era tersa y sin vello por completo.
Pese a la calentura que tenía corrí a lavarme porque yo había escuchado historias de horror acerca de los espermatozoides nadaban por la piel y que podían trepar por la pierna de una niña, llegar a su vagina, y dejarla embarazada…
Cuando volví el me aseguró que si me lo tragaba o él me lamía no podría quedar embarazada. Así que me bajé el jogging y abrí las piernas para que me lamiera a gusto. Sentía morir. Le agarraba los pelos y lo tiraba para adentro para que me lamiera más fuerte. Empece a tener unos tremendos espasmos. Mis pezones se endurecieron y mi clítoris palpitaba cuando mi pelvis comenzó a sacudirse con mi orgasmo. Yo apenas podía no gritar mi placer. Así las cosas, yo jadeaba fuerte con nuevos chorros de jugos de mi vagina.
Su pene estaba muy mojado. Le agarré el culo suave y redondo con mi mano y lo empecé a acariciar, era suave como el de un bebé.
Después de un minuto, le pregunté si podía ponermelo adentro de miconcha. Intuitivamente tenía muchas ganas de tenerlo allí, pero tenía mucho miedo de quedar embarazada a pesar de que no había tenido un período todavía. Sin embargo, mi lujuria tenía un firme control de mi cerebro. El me lo metió. Estaba muy lubricado, pese a lo cual sentí como un desgarro interior. Sin embrago me enloqueció sentirme llenada por él. Me la empezó a sacr y poner. Ya no me dolía. Era una sensación maravillosa, así que lo dejé hacer en la medida de lo que él quería. La embestida fue muy profunda y lo sentí muy fuerte. Me gustó. Mis piernas empezaron a temblar tan mal que apenas podía mantenerse en pie, así que me apoderé de sus bolas y lo tiré para afuera preocupada por el embarazo. No lo hice suficientemente rápido y acabó dentro mío. Estaba aterrorizada. Me labé en el bidet con agua y me metí jabón.
Pese a que adelgacé muchísimo y era una chica con todas mis formas, no tuve mi primer período hasta los 15. Durante ese tiempo debemos haber tenidos varios cientos de encuentros con sexo oral para ambos, penetración sin profiláctico, masturbaciones mutuas, etc. No quedé embarazada porque estuba con hepatitis y a continuación tuve mi primer período. Convengamos que mis viejos me ignoraban plenamente o no les importaba. Nos quedábamos en el cuarto de la costura y veíamos VHS porno que un primo le prestaba. Allí aprendí que se podía besar a una chica, hacerlo con más de un chico o meterse y meterle cosas en la cola. Yo pasé a ser una hermosa mujer, mientras que él fuer para el lado de los nerds anteojudos. Nadie me regaló tantos orgasmos. Increíble ¿no?
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