Ella la secretaría de gerencia, yo el responsable de sistemas.
Ella una morocha infernal de 26, casada con un tipo mayor que no le daba la menor atención y yo 38 bien peleados.
Después de trabajar más de cinco años juntos, por primera vez me dirigió la palabra para decirme algo que no fuese laboral, fue la primera vez que no tomo distancia y simplemente me hablo como mujer.
Desde que la conocí solo me ladraba para tirarme los problemas de su jefe. Nunca le conteste, nunca le preste atención a su maltrato, solo le sonreía, era evidente lo que le estaba pasando.
Ese viernes llovió todo el día y en la gerencia no quedo nadie.
Me quería ir como el resto, pero tenía un montón de quilombos todavía y encima se me vino la morocha... No faltaba nada!!! ¿y ahora que querrá esta mina? Se nota que no tiene nada que hacer, mal cojida!!. Pero me equivoque.
Abre la puerta y me dice:
− Necesito que vengas a la gerencia!!
Aproveche para tomarme un respiro y la seguí. Ni bien entre, cerró la puerta.
Me miró y me dijo,
− No se que me pasa con vos, te pido un favor, solo por esta vez, pero te voy a pedir algo insólito. No lovas a poder creer y vas a pensar lo peor de mí.
− Bueno! Dale que me quiero ir! − respondí yo.
− Necesito que me cojas!
No termino de hablar que ya la tenía parada, realmente era una hija de puta pero estaba muy buena. Abrió la pollera, no traía nada puesto debajo, se sentó sobre el borde del escritorio y apoyo una pierna sobre la silla (se notaba que la tenía clara). Me manoteo el pantalón, aunque no hizo falta para sacarla. Me mordió la boca, me tiro contra ella y se la apoyo en su vagina. Estaba toda mojada, llevo su mano a mi boca, era evidente que se había estado masturbando.
− No me aguanto más, necesito que me coja alguien ya!!! Por favor!!
Nunca la había visto así, nunca entendí su desesperación. En su mano ya tenía un profiláctico, que lo supo poner muy bien, se notaba que el gerente la tenía entrenada. Solo fue necesario apoyarla y entro suave, húmeda y despacio. Su cara de placer era evidente, se olvido de todo por un rato. Se recostó sobre el escritorio y levanto las piernas, quedando su bulba al borde. La tome de las piernas y empecé a cogerla despacito, le entraba y le sacaba solo la cabeza y después la pija entera, así un rato largo.
Sus ojos estaban cerrados y gemía suavemente, hasta que empecé a introducirla mas fuerte, sus gemidos se convirtieron en gritos y yo ya no podía contener semejante calentura.
Sus gritos evidenciaron su orgasmo y seguido a eso acabe yo.
Me senté y ella se incorporó, me saco el forro y me la empezó a chupar hasta dejarla bien limpia, sus ojos me miraban desafiante, al rato ya estaba al palo otra vez. Se dio vuelta y me regalo su cola, algo tierna, muy blanca, muy dócil. Recostó su pecho en el escritorio y con sus manos se abrió la cola.
Era poco lo que debía hacer, solo tuve que apoyarla para que entrara fácilmente.
− Cogeme hijo de puta, rompeme el culo, haceme acabar otra vez!!! Si llegás a contarle a alguien de la compañía de esto, te hago hechar como a un perro. Sabé que tengo ese poder.
Cada vez gritaba más fuerte, cada vez la clavaba más adentro y entonces comenzó a acabar nuevamente, lo hacía seguido y en cada acabada me apretaba la pija con el culo, de una manera muy sensual, hasta que le acabe, yo nunca volví a ver algo así.
Nunca más me trato mal, yo seguí siendo el responsable de sistemas y ella la secretaria de gerencia. Cumplí con mi palabra, fue un favor que le hice, solo por esa vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario