Estabamos en nuestro departamento de San Juan, en una noche muy agradable, a comienzos del verano del 2008, afuera corría una suave y refrescante brisa, era sin dudas una noche especial en la que yo iba a descubrir un secreto celosamente guardado por mi marido con el que llevaba tres años y medio... ¡de casada!
Habíamos cenado con un proveedor de Julio César -así se llama mi esposo-, un alto y atlético hombre, de Buenos Aires, realmente muy apuesto, de nombre Fernando, aparentaba cerca de 22 años, casado y con su familia en Pilar. Durante la comida, bebimos bastante, casi más de lo acostumbrado yo me sentía algo somnoolienta, ya eran cerca de las once de la noche comenzamos a cenar dos horas y media antes, de modo que decidí irme a descansar mientras ellos quedaban de sobremesa charlando.
Mientras me acostaba, empecé a pensar en “ciertas” miradas que intercambiaron entre ambos y la poca insistencia que hicieron para que me quedara a acompañarlos, era la primera vez que venía Fernando a nuestro departamento, mi esposo me había dicho que siempre se veía con él en algún café del centro, Fernando era bastante más joven que mi Julio César y estando tan lejos de su mujer...
Tal vez tenía alguna minita o quizás le conseguía "amigas" a mi esposo, lo que no me extrañaba para nada, de pronto sentía que algo oculto y un tanto extraño podía haber en la relación entre ellos dos. Pasados unos 30 minutos de estar en nuestra cama y no pudiendo apartar estos pensamientos me levanté y sin hacer ruido me acerqué a la sala.
Allí estaban, hablaban bajo, pero pude escuchar lo que decían...
-Dale! Hagámoslo. Hagámoslo ahora... Ya debe estar durmiendo…- pedía mi esposo.
− Aquí. en tu casa...???, estás loco??? ¿y si nos sorprende tu mujer? - respondía Fernando
−Olvidate, mi esposa cuando se duerme lo hace profundamente... ¡por favor!. hagámoslo ahora.
−No sabes las ganas que tengo!!! - respondía mi esposo.
Aquella no era una conversación sobre mujeres ...! algo raro pasaba allí! . Cuidadosamente me asomé por detrás de la entrada a la sala...¡y los vi! Fernando estaba recostado contra el respaldar del sofá y tenía entreabierto su pantalón. Mi marido estaba casi echado sobre él, susurrándole al oído... ¡¡¡y su mano estaba metida dentro de la bragueta de su amigo, acariciándole su pija !!! ¡¡¡no podía creer lo que veían mis ojos!!!
Fernando, acariciaba dulcemente las nalgas de mi esposo, que en realidad siempre yo admiro, no solo por su redondez y tersura sino por lo bien armado que tiene su trasero ¡huy.
− Nene como se está poniendo dura tu pija, está inmensa ya!. vamos... ¡hacemela sentir en mi colita! ¡hace una semana que no la pruebo!... ¡estoy tan calienteee. tan calienteee!, siento que mi culito con cosquillas!- clamaba mi Julio César-
−Pero... ¿aquí mismo?... - pregunto Fernando- no.
− Aaquí no. vamos al cuarto de servicio. La mucama no está. hay una cama allí. nos desnudaremos y me penetras.
Ahora la mano de mi esposo comenzaba a sacar la pija de su amigo y yo apenas pude sofocar un grito de sorpresa cuando en un giro de su cuerpo que hizo Fernando para facilitar la salida de su miembro ví salir esa descomunal pija, totalmente endurecida su tamaño era gigantesco tanto en su largo como en su grosor !!!, veía claramente las venas de su miembro hinchadas de deseo y su enorme cabeza de un púrpura reluciente bamboleándose toda inflamada. Me empezaron a temblar las piernas. Nunca había visto algo tan grande y sobre todo tan tentadora poronga !!!
Julio César empezó a masturbar esa tremenda lanza y acercando su boca la empezó a lamer extasiado. Luego se incorporó y abriendo la camisa de Fernando empezó a besarle sus tetillas. al tiempo que éste echaba la cabeza hacia atrás de puro goce, mientras trataba de empujar su pija en la boca de Julio César.
Quién tenía un brillo lujurioso en sus ojos...yo estaba atónita pero sentía algo extraño... ¡me estaba excitando! Nunca había visto a dos hombres hacerse el amor en vivo y en directo, estaba buenísimo, aunque ya me había masturbado más de una vez viendo algunos sitios de bisexuales. Rocé con mis dedos mi calzón, y noté que una humedad inconfundible había empezado a mojarlo en la entrepierna...
¡De pronto quise ver! ¡Sentí deseos de ver a Fernando penetrando a mi marido!! Cuando los vi que empezaban a levantarse me escabullí silenciosamente como un adolescente. El cuarto de servicio tenía una pequeña ventana que daba al lavadero. La puerta daba al pasillo. Me escondí en el lavadero y me situé de manera que podía ver la angosta cama donde iban a realizar el acto, ¡Me parecía imposible que mi esposo pudiera comerse semejante poronga !!! Entraron sigilosamente en ese cuarto y prendieron la luz.
Entonces empezaron a desnudarse al tiempo que empezaron con sus caricias y a besar sus cuerpos mutuamente... yo me sentía hirviendo. Sentía que la sangre amartillaba mis sienes y rebotaba en mi vagina... pese a tener puesto solo un calzón y un sostén. Llevé la punta de mis dedos alrededor de mi clítoris y comencé a frotarme en círculos a través de la tela de las bragas que ya estaban empapadas con mis propias secreciones...
Fernando fue terminando de desnudar a mi esposo sin dejar de besarlo. Le lamía el cuello, sus tetillas, le acariciaba los glúteos. Pronto estuvieron los dos en bolas, divinos, frotándose uno contra otro. La pija de Fernando estaba casi pegada a su vientre y se tocaba con la pija de mi esposo que a pesar de estar bien dotada en tamaño y de llenarme bien, al lado de ese monstruo parecía diminuta.
¿Se iría a comer mi esposo aquel tremendo falo? Esperaba que sí para mi propio placer. Yo me encontraba a esa altura con una gran calentura así que empecé con mis dedos a acariciar mi vulva. Luego ya la frotaba tan intensamente que sentía los estremecimientos de un orgasmo y me mordí los labios para no gritar mientras me acababa. Me separé un instante de la ventana para recobrar el aliento.
Cuando volví a mirar Julio César le besaba los testículos, y luego chupaba con frenesí toda la pija de su amigo para detenerse ante su impresionante cabeza, abrió bien su boca y engulló ese gran bocado de carne palpitante, veía y sentía sus golosos chupeteos , su amigo extasiado trataba de empujar hacia la garganta de mi esposo todo su descomunal falo, pero era imposible, Julio César se ahogaba aunque volvía a chupársela frenéticamente.
Hasta yo de la ventana podía verle claramente el hueco pardo de su ano. Era evidente que aquella no era la primera vez... ¡Mi marido tomaba la pose de una experta prostituta en la cama !
Fernando acomodó entre los glúteos de Julio César la enorme punta de su tremendo falo, luego tomándolo con sus manos de la cintura fue introduciendo lentamente su vara en el orificio anal de mi esposo, hasta que desapareció por completo...
Pronto los dos gemían y jadeaban empujándose uno contra el otro en un deseo salvaje, Julio César musitaba ahogadamente -asssi. asssiii. muévelaaa, menéateee. que rico, sigue asssiii, que pija que tienes!... Hasta mis oídos llegaban los clásicos y húmedos sonidos de esas embestidas, los testículos de Fernando se bamboleaban hasta chocar ruidosamente con el culo de mi marido... éste a su vez masturbaba su poronga con una de sus manos. luego de largos minutos los suspiros y súbitos estremecimientos de ambos cesaron, ello indicaba que el juego llegaba a su fin, ya los amantes habían copulando.
De pronto Julio César se echó de bruces contra el colchón y su amigo montado sobre él lo acompañó en ese movimiento con toda su vara aún enterrada en sus entrañas, luego se produjo el silencio y quedaron quietos juntos... No sé cuanto tiempo paso hasta que pude recuperar el aliento. Decidí volver a mi habitación me sentía mareada y caliente por la excitación y aún estaba confundida por lo que había visto.
Tambaleante por la emoción recibida, salí al pasillo iluminado muy tenuemente en dirección a mi dormitorio y ¡¡¡ohhh!!! me di de cara con Fernando!!!. Ya tarde, recordé que el baño del cuarto de servicio estaba fuera y nuestros caminos se cruzaban. Fernando completamente desnudo iba a lavarse seguramente.
Nos miramos sorprendidos. Su mirada recorrió todo mi cuerpo y se posó en mi entrepierna. La humedad en mis calzones me delataba. Yo que no me atrevía a bajar la vista para no encontrarme con su poronga ensayé decir algo, cuando el me indicó silencio con un gesto. Luego me tomó dulcemente de la mano y me llevó mansamente de vuelta a un rincón de la lavandería...
Allí todo seguía en penumbra. Sin que él dijera una sola palabra y sin que yo pusiera resistencia Fernando me sacó la bombacha y el sostén y me empezó a acariciar por todo el cuerpo y a chuparme profundamente mis senos. Yo sentía que las fuerzas me habían abandonado por completo y no hice ninguna oposición, por el contrario me entregué voluptuosamente al roce de nuestros cuerpos.
Luego de acariciarme unos segundos y al notar mi gran excitación me apoyó contra una mesa atestada de ropa para planchar y metió sus manos en mi entrepierna acariciando mi mojada vulva para luego separar mis muslos. De pronto sentí algo inconfundible, la cabeza de una pija intentando abrirse camino hacia mi vagina.
Era ese magnífico pene que acababa de poseer a mi marido que erecto e insaciable quería penetrarme a mi esta vez. Ese pensamiento me calentó aún más...toqué con las puntas de mis dedos su glande y me di cuenta que continuaba lubricada... de pronto llena de curiosidad por tentar su tamaño traté de cerrar mi mano sobre la cabeza y parte de su miembro y un escalofrío recorrió mi cuerpo ¡los dedos de mi mano no alcanzaban a cerrase sobre esa pija! era sencillamente ¡¡¡enooooooorme!!! su cabeza era casi como una pelota de tenis !. Nunca tuve hijos, de modo que mi concha seguía ajustada como siempre. El fruto de mi gran excitación, para mi sorpresa, hizo que mi vulva toda mojada se dilatara como para que en un empuje rápido y poderoso que efectuó Fernando pudiera entrar con gran esfuerzo, solo una pequeña parte de la cabeza de ese delicioso monstruo.
Al instante sentí junto con un indescriptible gozo. Un intenso dolor como si algo se me rasgara dentro mío simultáneamente.
Me sentía sofocada!. nunca había sentido la sensación de un acople tan intenso y brutal. me sentía totalmente empalada, el cuerpo de Fernando como el mío estaba cubierto de una transpiración resbaladiza . volví a tocar con mis dedos esa poronga y advertí que aún quedaban mucho más de veinte centímetros afuera!!!...
Me abrazó y con sus manos puestas en cada uno de mis hombros presionó con ellas fuertemente hacia abajo a la vez que dio con sus caderas un poderoso envión hacia arriba y sentí como esa espada de carne se clavaba hasta lo más profundo de mis entrañas húmedas y calientes desgarrando con sus grandes venas las paredes de mi vagina!!!
Ahogué un grito de dolor intenso y de salvaje placer mordiéndolo en su hombro. Creí morir ante esa extraña y deliciosa tortura, pero era lo que yo deseaba: sucumbir bajo ese miembro tan magnífico que se parecía más bien a la de un burro que a la de un hombre!!! nunca había sentido esas ansias tan fuertes como ahora, haber visto como gozaba mi Julio César cuando lo fornicaba Fernando me había enloquecido de calentura ! seguimos nuestro acoplamiento con ferocidad, besándonos y chupando con frenesí nuestras lenguas, mi clítoris se deleitaba asentándose una y otra vez sobre la base gruesa y peluda de su monumental pija...
Cuando levante mi vista hacía su rostro en la penumbra creí verlo sonreír,
-Bueno...marido y mujer en una misma noche, no estuvo mal !- me dijo. como en sueños luego lo escuché irse. me incorporé y así desnuda como estaba fui al cuarto de servicio. Julio César estaba aun tendido boca abajo con las nalgas abiertas, un hilillo de líquido seminal corría desde su ano y se escurría por su entrepierna, debajo de su vientre se advertía el mojado de su propio semen.
El aroma a sexo era excitante. Julio César dormitaba. me detuve a observar sus nalgas, sin dudas eran más bellas que las de cualquier mujer, puse mis manos sobre ellas y las entreabrí suavemente acerqué mis rostro a su centro y en un impulso irresistible le empecé a lengüetear su agujero.
Sentí el perfume afrodisiaco de la cupla de Julio César lo que me excitó de sobremanera, metí bien profundamente mi lengua... mientras me empezaba a mojar nuevamente... Julio César suspiró largamente y cuando advirtió mi presencia se dio vuelta, me vio y sorprendido empezó a tartamudear poniéndose rojo de vergüenza. Trató de explicar que hacia allí. Que quería dormir ahí para no molestarme... dejé sus nalgas e incorporándome le interrumpí diciendo:
− Ya basta vida, vi absolutamente todo. vi como Fernando te sodomizaba desde el principio hasta el final y además quiero que sepas que eso me dejó tan caliente que después permití que a mí también me metiera su descomunal miembro!
El calló sorprendido y luego inclinando su cabeza y como confesándose dijo:
− Bueno. Ahora ya lo sabes mi amor, me gusta sentir su pija dentro mío, tanto como me gusta metértela a tí, me enloquecen las dos cosas, debo admitir de una vez por todas que soy un bisexual y espero que me aceptes como soy porque te amo-. me senté a su lado en la cama. y mientras le acariciaba su miembro le pedí tiernamente que me contara todo ...
− ¿Desde cuando lo haces?... ¿como empezaste?. Vamos. decímelo. quiero saberlo... el dudó unos instantes. y luego empezó a hablar prácticamente sin parar ... "Hace años empecé a frecuentar a mis amigos de la primaria, los recogía y los llevaba a la Finca. Descubrí un placer morboso en penetrarlos por el ano mientras les acariciaba sus pequeños penes. A veces se acababan con pequeños chorritos en mi mano. Un día estaba con uno que frecuentaba en la cama. Estabamos desnudos. Yo le acariciaba sus pechos y continuamente llevaba mi mano a su entrepierna para sobarle su pitito que estaba parado... -¿te gusta tocarme el pitito, verdad? - me dijo - si.
− Si me gusta tocártelo.. -le contesté- ¿por que no te animas a hacer algo mas? - preguntó. -¿algo mas?... ¿que. que cosa? - chúpamelo!!! yo me quedé mudo... ¡chupárselo!... ¿acaso estaba loco?... ¿yo chuparle aquel pequeño pito, aquella cosita de carne suave, delicada. tentadora?... La idea se abrió paso en mi mente desde aquel entonces... − seguía mi marido contándome- luego casi sin notarlo él se iba desplazando hacia arriba. cuando volví a fijarme mi rostro estaba a un palmo de su pubis. un pubis delicado, casi lampiño. Un pene de 5 o 6 centímetros. erecto. el pene de un niño. su mano empujó mi cabeza hacia abajo. cerré los ojos y abrí la boca. En el mismo instante que sentí su miembro entre los labios me dejé arrastrar por mis deseos. Lo abracé por las caderas y empecé a chupar desesperadamente!!! muy pronto él me estaba bombeando en la boca. yo me engullía su pene con testículos y todo... Era tan facil. ""aaaahhhhhhhh!!!"" lo escuche gemir. y me empezó a soltar chorritos de semen en la garganta!!!. El gusto salado. la consistencia espesa. Sentí que yo también me acababa. los días siguientes seguí viéndole... Con un compañerito para que me dejara chuparle el miembro!... el se divertía haciéndome poner e mil posiciones. acabándome en la boca!
Metiéndome el dedo en el culo.
Luego Julio César me susurró: -eso fue hace muchos años, y desde que admiré y pude probar una pija gigantesca, cosa que me enloqueció de placer, me propuse conquistarlo en “exclusiva”. Costara lo que costara, ahora Fernando solo me a mi y yo le compro solamente a él. Entre hombres de honor, los negocios son así. Y ahora te atendió también a vos y lo podemos compartir juntos. Con lo que no te puedes quejar…
Desde ese entonces, Fernando cuando viene a San Juan, para directamente en casa. Yo no veo la hora que llegue y lo atienda a Julio Cesar. Los veo matarse de gozo y yo acabo un par de veces hasta que luego me ensarta a mi. El está feliz, Julio César está feliz y yo toco el cielo con las manos. Ahora debo conseguir otro más para cuando Fernando no está. Veinte días, ahora me son mucho tiempo.
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