viernes, 10 de septiembre de 2010

Placeres ocultos

Desde mi infancia me gusto la ropa femenina (me encantaban los uniformes escolares de las chicas), incluso prefería jugar con las chicas, o con mis cinco hermanas que con los niños. Desde muy chico me sentí atraído por la ropa interior de mujer, en casa soy el segundo de seis, cinco son mujeres y yo.
Me fascinaba ver a mis hermanas en ropa interior, o con sus vestiditos tan femeninos varias veces mientras ellas jugaban solían invitarme a jugar con ellas. Mamá se moría de risa de verme vestido de nena.
Yo me ponía su ropa especialmente sus vestidos, así fui creciendo siempre atraído por lo femenino claro que también soy heterosexual y me encantan las mujeres.
Mi adolescencia fue similar a mi infancia y en un principio, por ser un poco introvertido, aunque siempre me pude comunicar regular con las mujeres como amigo solo que muy chistoso porque me trataban muy íntimamente casi como si yo fuera otra amiga yo me sentía muy bien sobretodo porque casi siempre terminábamos siendo muy íntimos. Esa proximidad me hizo que me cuidara mucho el cuerpo. Soy muy delgado y me cuido mucho la piel y la cara.
Terminé mis estudios en ingeniería industrial aquí en Córdoba. Siempre con mis ideas de exaltar lo femenino tanto así que en muchas ocasiones fui de los que discutió con los demás porque en mi medio se denigra mucho a las mujeres a la que se le quiere dar un trato inferior.

Comencé a ejercer mi profesión en una empresa del estado provincial, donde conocí a una mujer que también era ingeniera, pero de sistemas, ella no me llamo la atención en lo físico, pero si como amiga. Nuestra amistad creció tanto que hasta nos entendimos muy bien y después de un periodo muy corto de noviazgo nos casamos, yo siempre llevaba en mí el secreto de mi gusto por lo femenino. Ella en cambio era bastante marimacho. La pareja ideal!


Más adelante mi gusto por lo delicado de las telas femeninas volvió a salir a flote cada vez más fuerte, pues a escondidas tomaba la ropa de mi esposa para excitarme a escondidas de ella, aunque desde un principio le comente que yo siempre estuve en contacto con prendas femeninas y que sabía como tratarlas. Lo increible es que la ropa de ella me quedaba un poco holgada.

Estas prácticas continuaron con el tiempo, y con la excusa de que la ropa de hombre se esta haciendo cada día más andrógina comencé a usar bikinis de algodón de mujer. Como las compartíamos con mi mujer, ella tampoco dijo nada. Como salía a la sierras en invierno, mi mujer me sugirió que usara las panties de ella. DELICIOSO!
Ya cuando empezamos a compartir nuestras vidas, me fascinaba verla con sus ropas intimas y muchas veces mientras que ella llegaba del trabajo yo me colocaba sus blusas, las panties y algunas veces un short, para hacer los trabajos de la casa, trapear barrer o lavar los platos.
A todo esto también empezamos a buscar un hijo que al poco tiempo llego y fue la dicha de mi hogar, pero ella volcó toda la atención en el y yo pase a un segundo termino y al año y medio llego un segundo hijo y nuestro tiempo especial se fue al carajo. Lo conversamos varias veces y en alguna de esas conversaciones mi mujer tomó la determinación de que nos hiciéramos cargo de ellos por igual y los atendíamos en diferentes horarios para que con los descansos que podíamos darnos entre el trabajo de la casa y el de la oficina que nos dedicáramos a darnos los gustos a nosotros mismos.
Yo le acepté sus puntos de vista y continuamos con nuestra vida, común y corriente, nos divertíamos bastante, paseábamos y nos dábamos muchos gustos porque al final entraban dos buenisimos sueldos a la casa. La cuestión sexual la dejamos a un lado, porque el cuidado de los niños no lo permitía nunca.
Una noche hablamos lo de mi gusto por su ropa interior y me dijo que no solo no le importaba, sino que le gustaba que fuera así, pero ese gusto me empezó a llenar casi plenamente y sin darme cuenta fui aumentando las prendas que disfrutaba.
Un día que los bebés dormían la siesta, llegué temprano a la casa, la llamé para preguntarle si iba a la oficina donde trabajaba a buscarla. Me dijo que no era necesario que ya salía, pero que iba a ir a la peluquería para arreglarse el pelo y las uñas y que llegaría a eso de las 7:30 de la tarde, yo miré mi reloj y eran las 5:30. Pensé para mí: “Tengo dos horas para colocarme lo que a mi me gusta” Fui a nuestra habitación, me desnudé y busqué una tanga, un brassier y me los coloqué. Encima me puse una pollerita kilt corta y una blusa para hacer las cosas de la casa, estaba muy absorto en estas, cuando sentí un ruido... ¡entro mi mujer quien me vio vestido totalmente de mujer!

Al principio se molesto mucho y por poco me pega, pero después me dijo que si quería ser mujer lo seria en todos sentidos. Me obligo a dejarme crecer el pelo. Me hizo depilar entero. Dentro de la casa, por lo que poco a poco me fue delegando cada día más labores de la casa, hasta que yo me convertí en la esposa y ella en mi marido, en todo sentido pero lo mejor de todo es que en un principio mejoro nuestra actividad sexual.
Cuando mis hermanas y mi vieja me veían tenían sonrisitas cachadoras o murmuraban por lo bajo.
En la primera oportunidad que tuvo me encargo que les diera de desayunar y de cenar a los chicos y en algunas ocasiones también le sirvo a ella en la cama. Claro que yo soy el sostén de la pareja y sin quererlo también soy el que se encargaba de un gran cantidad de las actividades del hogar… Me cagó porque trabajo el doble que ella.

Ahora pretende verme con un hombre, pero no me gusta la idea y no se como volver atrás.

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