Mi nombre es Matí¬as y soy personal trainer, tengo 29 y hace 5 años trabajaba en un gimnasio de Bella Vista de mañana y tuve que pasar a la tarde. Este gimnasio contaba con una clientela muy buena, pero se destacaban un grupo de mujeres que iban todos los dí¬as cerca de la hora de cierre del lugar. Los profes de los gyms somos conocidos en todas partes como “gerontocólogos”.
Dentro de este grupo de mujeres estaba Ana, una mujer de unos 45 años (luego me entere que tenia 53) con un fí¬sico que fue moldeando de a poco: pasó de un gordita simpática a tener una buena cola, unos pechos bien parados con unos pezones tipo timbres, unas piernas grandes pero bien torneadas y una carita angelical.
Después de los primeros meses de entrenamiento en el gimnasio, comencé a notar que Ana se quedaba un rato mas, y que además comenzaba a observarme mientras yo hacia mis ejercicios antes de retirarme. Uno de esos dí¬as se acercó mas provocativa que de costumbre, apoyo sus senos en mi espalda y me dijo:
− Sos el nuevo profe de acá?
− Si, por lo menos en este horario −le respondí¬ intrigado.
− Entonces me vas a tener que ayudar con mi rutina después de la clase de aerobics.
− Encantado, −le dije.
− Entonces mañana empezamos, − dijo ella y me dió un beso media luna, mitad cachete mitad boca.
Los dí¬as en que la ayudaba con su rutina transcurrí¬an con una normalidad asombrosa y yo estaba empezando a resignarme con mis fantasí¬as, hasta que un dí¬a sucedió lo inesperado (o lo esperado): se acerco a mi y apoyó sus tetas en mi espalda al mismo tiempo que decia:
− Necesito que me hagas unos masajes descontracturantes. Me duele acá.
Accedí¬ al instante, y la lleve a la camilla de masajes. Se desvistió y enseguida se me paro la pija. Ella se dio cuenta al instante, pero seguimos con los masajes, hasta que en un "descuido" me paso la mano por toda la verga, luego sonrió y diciéndome mañana lo repetimos comenzó a vestirse.
Mientras se poní¬a la ropa hablamos un poco y me dijo que era casada y que tenia 3 hijos, pero que como su marido trabajaba mucho casi ni se “veían”. Se terminó de vestir, me dio otro beso media luna y se fue.
Al dí¬a siguiente, vino exclusivamente a la sesión de masajes, pero esta vez mas osada que nunca. A mi primer distracción nos dimos un beso y cuando pensé que se iba a enojar, pasó todo lo contrario: siguió mi beso y empezó a jugar con su lengua dentro de mi boca al tiempo que me masajeaba la verga por encima del jogging. Yo hacia lo mismo pero poní¬a especial atención en sus preciosas tetas y en su culo, alternando los masajes en estas dos montañas de carne.
Estábamos tan excitados que se agachó, saco mi pija del jogging y comenzó a chuparla como una posesa, a lo cual yo hacia esfuerzos por no acabar enseguida. Después de un rato se la saqué de la boca, la desnude y empecé a chuparle la concha bien depilada que tenia, la cual ya estaba húmeda.
Hicimos un 69 y llegamos los dos casi al mismo tiempo al orgasmo. Se trago toda mi leche dejando la pija tan brillosa como nunca me lo había hecho mi chica; yo hice lo mismo con su flujo y luego nos dimos un beso mas apasionado que el primero, intercambiando salivas, leche y flujo.
En un abrir y cerrar de ojos nos desvestimos mutuamente y empezamos a coger apoyados en la camilla. Mis movimientos comenzaron despacio pero al tiempo en que ella me decí¬a “soy tu puta, cogéme, quiero estallar con tu petardo adentro”.
Esto me hizo poner mas a full todaví¬a y mis movimientos se fueron acelerando, el clásico mete-saca era acompañado por los meneos de las caderas de la vete que parecí¬a estar bailando una danza erótica encima mí¬o.
Con este ritmo infernal le llene la concha de leche.
− No te calientes −dijo− la fabrica cerro hace seis años.
Fumamos un cigarrillo y me dijo:
− Todaví¬a no estoy agotada, quiero mas.
− Bueno, entonces tendrás todo lo que quieras, −le dije.
− Dale, que esperas, −me dijo como desafiándome
Previamente cerré el gym y apagué las luces. Volví y la puse en cuatro patas y comencé a cogerla por el orto, ella me decí¬a:
− Sos tremendo, dame mas, dale quiero gozar como nunca.
Sus gritos me motivaban cada vez mas, aunque para mi sorpresa sacó mi verga de su culo y me empujó al suelo. Luego se subió encima mí¬o y empezó a cabalgarme como queriendo exprimir mi verga. Enseguida acabe dentro de ella y nos fuimos a bañar los dos juntos.
En la ducha los franeleos empezaron nuevamente y volví¬ a cogerle el culo, pero esta vez se lo llene de leche caliente, a lo que ella respondió con tremendo beso. Salimos, se cambió y salimos juntos del gym.
En el estacionamiento me dio un nuevo beso media luna y prometió que me recomendaría como trainer a otras amigas de su edad.
Gracias a Ana y sus amigas tengo mi propio gym desde hace tres meses en El Palomar. Trato de atender a todas.
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