sábado, 4 de septiembre de 2010

Lilian, Martín y Gaby.

Mi nombre es Gabriel pero me dicen Gabi desde siempre. Soy de Mendoza. Cuando tenía 17 años me puse de novio con una chica de catorce llamada Lilian que era hermosísima.

Era rubia con el pelo largo enrulado, la piel ligeramente bronceada y una figura
espléndida. Pero como todavía era casi una nena, si bien era muy desinhibida,
tenía un look un tanto naif y yo me avoqué a convertirla en una mujer
provocativa. Lo primero que hice fue decirle hasta el cansancio que me excitaban
mucho las chicas vestidas con minifalda, hasta que, un día vino a buscarme con
una pollerita de jean cortita que le calzaba perfecta, dejando a la luz sus
piernas.
Había empezado mi obra, gocé mucho esa noche viendo como la
miraban los otros chicos y se estimulaban con ello, yo le acariciaba las
piernas, resbalaba mis manos sobre su suavidad y me gustaba imaginarme que eran mis propias piernas. De a poco le fui comprando ropa más y más provocativa,
polleras cada vez más cortas, blusas escotadas, le regalé sus primeros tacos
altos, la incentivé para que se maquillara recargadamente, y cada vez que le
obsequiaba una prenda nueva, le decía que era como si me lo regalara a mi mismo.
A decir verdad era algo cierto, porque yo me proyectaba en ella como si fuera yo
mismo esa diosa que todos ansiaban poseer. Cuando salía a la calle con ella,
disfrutaba mucho viendo como los hombres le miraban desesperados su cuerpo
espectacular y su estilo tan provocativo.
Un día estábamos sentados en una fiesta, ella de piernas cruzadas en pose bien sexi y al lado suyo se sentó su amigo Martin, nunca me voy a olvidar como me calenté viendo al pícaro, frotando su pierna con las de ella, y buscando tocárselas en cuanto podía, y tampoco me voy a olvidar la cara de placer disimulado de ella, provocado por ese roce que parecía poderla hacer acabar. Durante mucho tiempo me masturbé recordando esa escena. Poco a poco ella se fue dando cuenta de que algo extraño sucedía, yo había sustituido la penetración de mi pija, por objetos que simulaban consoladores, empecé a pedirle que se colocara sobre mí para frotar su vulva contra mi cola, le hacía succionar mis dedos y fantaseaba con que ella estaba felando a otro hombre. Una noche, ella me propuso un "juego", se desvestiría y yo debería vestirme con su ropa para tener sexo como dos chicas.

La idea me encantó y así, me puse su panty, su corpiño, sus
medias de nylon color piel, su pollerita rosa muy cortita, un sweater de lana
blanco, y sus zapatos de taco alto blancos, me maquilló con un rouge bien
colorado, me delineo y pintó las pestañas. Cuando consideró que estaba "lista",
me hizo sentarme en una silla, sacó de su cartera una revista de
fisicoculturistas en la cual había hombres hermosos con unos cuerpos perfectos,
la puso en mis manos y me obligó a hojearla, mientras ella se colocó detrás mio
y me frotaba la minifalda en la zona de la entrepierna. Vestido de esa manera,
con sus estimulantes masajes y viendo las fotos de esos hombres con sus cuerpos
brillantes y muy deseables, acabé como nunca lo había lo hecho manchándole sus
ropitas. Ella entonces me dijo: lo has hecho muy bien mi amor, pronto serás una
chica muy complaciente.
Un fin de semana los padres de mi novia salieron de viaje a un casamiento en San Juan. Aprovechando esa circunstancia, me instalé en su casa. Les cuento
que después de esa primera maravillosa experiencia de haberme vestido con sus
ropas, a sugerencia de Lilian, me había dejado crecer el cabello por debajo de
los hombros y había hecho una dieta estricta, por la cual estaba bien delgado.
Apenas llegué a su casa, ella me dijo que hasta que volvieran sus padres
tendríamos que convivir como dos chicas, porque esa era su fantasía, para lo
cual, tenía todavía que hacerme algunas cositas. Me hizo desvestirme y me
embadurnó cada centímetro de mi cuerpo con crema depilatoria, mis piernas, mi
pecho, todo me quedó suavecito y sin el más mínimo rastro de vello. Después me
hizo ponerme ropa interior de color blanco y un baby doll del mismo color, yo no
podía resistirme, porque en realidad sentía un profundo placer usando esa
prendas.
Ella me dijo que tendría que caminar en puntas de pie mientras estuviera en su casa para acostumbrarme a usar luego zapatos de taco alto.
Desfile a su pedido delante de ella vestido de esa manera, por el living de su
casa y se me acercó me cruzó los brazos en torno a mi cuello y me besó
apasionadamente. Recorrió con sus manos mi suave piel recién depilada, me aferró
los glúteos y empezó a acariciármelos hasta llegar a mi ano. Al ver mi cara de
excitación, me dijo: Veo que te gusta hacer de mujercita, me tomó de la mano y
me llevó a la habitación de sus padres, donde nos enredamos en un desenfrenado
juego sexual. Nos acariciábamos, le chupé la concha pero cuando la quise
penetrar, me dijo: Gabi las chicas no tienen pija, así que no podrás usar la
tuya conmigo nunca más, tu ya has pasado a ser una chica y por eso solo
tendremos sexo como lesbianas. La besé apasionadamente, y la masturbé con la
mano y ella se derretía de placer. Nadie jamás me había entendido como ella,
estaba encantado con el trato que me daba y su propuesta.
Esa tarde la dedicamos a que me enseñara secretitos para ser una mujer. Lilian me enseñó a maquillarme, a pintarme las uñas, a rellenarme el busto para que pareciera muy atractivo, a caminar sobre tacones y la verdad es que nos divertimos mucho. Para la noche me dijo que me tenía preparada una sorpresa pero que tendría que ponerme espléndida para recibirla.
Entonces me dijo, ahora vas a cumplir tu sueño, te pondrás la ropita que siempre quisiste y me dio un conjuntito de minifalda blanca cortisima con un tajo a cada lado super ajustada y una blusa negra muy escotada que yo le había regalado y una sandalias blancas de taco altisimo, me untó las piernas con una crema suavizante y me hizo un peinado con el cabello recogido y algunas mechas sueltas que cuando me ví al espejo no lo podía creer, estaba hermosa. En eso tocaron el timbre y me sobresalté. Ella me dijo, no te asustes es Martin que me viene a visitar, fue entonces que me percaté que ella también se había vestido muy sexi con un vestidito beige cortito y escotado.

Ella le dió un fuerte abrazo y lo besó apasionadamente, lo
cual me dejó atontado, era mi novia besando a otro hombre frente a su novio,
transformando en señorita. La verdad es que, no solo no me puse celoso, sino que
inclusive tengo que reconocer que me gustó. Lo que me intrigaba era saber desde
cuando ellos eran tan cariñosos entre sí como se estaban mostrando ahora, o más
exactamente desde cuando yo era un humillado cornudo. Ella se sentó en su falda
rodeándole el cuello con sus brazos y le dijo: Mira qué lindo que lo dejé a
Gabi, está hecho toda una mujercita. Para disimular le dije que estábamos
probándome un disfraz para una fiesta. Martin me miraba de arriba abajo, me
devoraba con la vista mis piernas bien depiladitas mientras parecía desquitarse
las ganas de acariciármelas haciéndoselo a mi novia. En eso Lilian me dijo que
tenía que salir de una buena vez a la calle vestido como estaba, así que debía
ir a comprar una Coca Cola porque Martín tenía sed. Al principio me negué, ya
bastante que me había animado a que el amigo de Lilian me viera vestido de
chica, como para que todo el mundo me viera así.
Mas me insistieron tanto que no pude rehusarme. Entonces me
miré en un espejo, me vi transformada en una diosa y me dije a mi mismo, nadie
puede dudar de que soy una chica. Salí por primera vez a la calle vestida de
chica, la sensación de caminar sobre tacones y sentir el viento entre mis
piernas era hermosa. Como estaba muy sexi con esa ropa provocativa, los hombres
se daban vuelta para mirarme, hasta me adularon, lo que me ruborizó y me hizo
muy feliz. A cada paso que daba, intentaba feminizarme más, bambolear mis
caderas, desplazarme con esa sensual cadencia de las mujeres. Cuando volví a la
casa de Lilian, ya bien acostumbrado a usar sus ropas, escuché sus gemidos
viniendo de la habitación de sus padres.
El cuadro que me esperaba allí me dejó descolocado, Martín se cogía a Lilian salvajemente y ella se retorcía de placer. Imaginen la escena,
mi novia follada por su amigo mientras, yo su novio, gozaba viéndolos vestido de
chica. Mientras Martín, la bombeaba sin darle respiro, me dijo, pasa Gabi
ayudame a follarme a Silvi. Me senté en la cama, le aferré fuertemente los
brazos a Lilian, y la besé una y otra vez diciéndole cuanto la quería, mientras
Martín no dejaba de bombear dentro suyo. Después Martín nos pidió que montáramos
una escena lesbi para él. Lilian y yo nos empezamos a besar y a acariciar entre
nosotras nuestros cuerpos y Martín miraba fascinado. Cuando los tres estábamos
bien calientes, Martín me dijo, ahora vas a saber lo que siente tu novia cuando
me la cojo, me hizo colocarme en cuatro patas y me ensartó poderosamente el ano
con su pija. Se me caían las lágrimas pero me la aguanté. Nunca había sido penetrado así que debo reconocer que al comienzo sentir un dolor indescriptible, pero al rato, ese constante bombeo, ese sentirme poseído por hombre que hace gozar a mi novia, me volvió loco y comencé a gemir tal y como lo hacía Lilian, quien mientras nos veía se acariciaba la vulva.
Martín nos decía, ahora soy su hombre y ustedes dos mis chicas, prometo
que las haré gozar tanto que se olvidarán que alguna vez fueron novios. Yo le
pedía mas y más gemía, le rogaba que nunca sacara su pija de mi, que me hiciera
suya, que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de ser su mujercita,
de compartir la cama con él y Lilian.

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