Somos de Rosario y viajamos para ver a los padres de mi pareja en Bahía Blanca. Se nos ocurrió ir por Sierra de la Ventana. Cuando estábamos en plena sierra empezó una de las tormentas más intensas de las que tenga memoria. Íbamos casi a paso de hombre, cuando llegamos a Villa Ventana y nos encontramos con una hostería en la ruta. Rogábamos para que hubiera lugar.
De bajar de la rural y correr hasta la entrada con los bolsos nos empapamos. Por suerte, como era viernes y la tormenta había sido anunciada, lugar era lo que sobraba.
Nos secamos y bajamos a cenar una minuta. Hugo estaba muy cansado por manejar tantos kilómetros con tanta tensión. Comimos una pasta cuando ¡plop, se cortó la corriente! Quedamos a oscuras. En el comedor estábamos nosotros dos. Otros dos muchachos que serían un poco mayores que nosotros y el mozo−cocinero−concerje.
Terminamos de comer a la luz de las velas. Hugo con el último bocado se fue a la habitación diciéndome que se iba a dormir ya que no se podía hacer otra cosa. Vale decir que eran las 9,30 de la noche. Yo a esa hora no me podía dormir, así que fue un excelente motivo para una de nuestras antológicas peleas y caras de orto. Le pedí al mozo una botella de champagne en un balde con hielo y me fui a ver el fuego del hogar y pensar en nada.
Al ratito aparecieron los dos hombres con otro balde con hielo, y también se sentaron delante del fuego. Se notaba que a toda costa querían entablar conversación. A mi me molestaba porque quería estar tranquila. La verdad es que tome demasiado y me sentía de mejor de ánimo. Los tipos iban por la segunda botella. Cuando se pasaron a mi sillón y se me sentó cada uno a ambos lados. No sé si por el pedo, la circunstancia o si eran realmente lindos, la verdad es que me gustaron. Para las once estábamos diciendo groserías de borrachos y pasamos a las manos unos minutos después. Allí reaccioné y dije que me iba a dormir. El más alto (no voy a dar sus nombres ya que son habituales del lugar) me dio la llave de su habitación. Me pareció maravilloso e increíble. Estaba por cumplir dos de mis fantasías: coger con dos hombres y coger con un extraño, que en este caso eran dos.
Subí a la habitación con una vela. Ellos atrás. Abrí y había dos camas. El más alto sacó la mesa de luz del medio y juntó las dos camas. Los desnudé yo y cumplí mi tercera fantasía. Yo vestida y un tipo (en este caso dos) desnudos. Cuando los vi en bolas me encantaron ambos. Cuerpos muy armoniosos, pijas normales, pero depilados como si fueran dos vedettes. Eso me encantó.
Me saqué la ropa y creo que no los decepcioné en absoluto. Igual estaban como medio inhibidos porque la borrachera se les pasó al instante. Me tuvieron uno y el otro. Así que me regalaron con dos orgasmos, uno cada uno. Quería más y les pedí que vinieran los dos. Uno por la vagina y yo chupándosela al más grandote. Luego los cambié de lugares y me le senté al más bajito, que estaba menos dotado, por el culo. Lo hice recostar en la cama y el más grandote me penetro por la vagina. Tardamos un buen rato en coordinar, pero cuando lo logramos, terminé guarramente y lo que es peor… a los gritos. Lo que yo no sabía era que la habitación en la que estaba Hugo, mi pareja era la de al lado. Lo debo haber despertado yo con los gritos de la acabada. Seguíamos a oscuras cuando sentí golpes en la puerta y Hugo preguntando por mí.
A la luz del celular le vi la cara a los dos pibes que estaban aterrorizados. Les dije que s callaran y se tiraran en la cama y fui a abrir la puerta. No se veía ni lo que hablaba.
Abrí la puerta y con el celular iluminé la cara de Hugo que estaba desencajado.
− ¿Me podés decir por que gritás como si te estuvieran cogiendo?
− Porque me están cogiendo… ¡Pelotudo! Mientras vos dormís como una momia…
− ¿Quéeeeeeeee? − se indignó él − ¿Cómo que te están cogiendo?
− Callate la boca, no armes quilombo, porque una como esta no se me da más en la vida.
− ¡Vos estás completamente loca!
− Entrás con los otros dos o mañana seguís solo a Bahía… ¡Y a Rosario no volvés más porque a tus cosas las quemo y te mando las cenizas en un sobre!
La última frase debe haber sido demasiado contundente porque entró mansito como una oveja. Cuando pasó delante mio le dije:
− Sacate el piyama ya mismo.
Cuando terminó de entrar abrí el celular de nuevo y se vieron las respectivas caras. Aquello era lo más emocionante que me había pasado en la vida. Cerré el celular y les expliqué que no me interesaba quien era quién, sino que me dieran el placer de mi vida. Sin embargo la pija de Hugo era reconocible por su gran tamaño. A Hugo me lo puse en la concha, al petiso de la pija más chica en el orto y al grandote lindo se la chupé.
No deben haber pasado ni diez minutos que me vino una oleada que creí que me iba a infartar. Largue la pija del grandote y grité porque fue tremenda acabada. Estaba en pleno orgasmo, yo revolviéndome como Linda Blair en el exorcista cuando volvió la luz… Uhhhhhhhhhhh!
¡Las caras! Se las pude ver bien y a Hugo también. Yo estaba mejor imposible y ellos me miraban con caras de asombro. Los mandé a lavarse y cambiarse los forros y a Hugo que sacara uno de mi cartera. Cuando volvieron, en realidad era al pedo porque se las chupé a los tres, obviamente de a uno, pero me di el gusto de apretarlos al grandote y a Hugo y me metí las dos en la boca aunque me lastimaban.
Lo gracioso es que ninguno había acabado y yo llevaba cuatro y dos, realmente terribles.
Los miré con cara de guacha cruel y le ordené a Hugo que se la chupara al grandote. Quieren creer que cuando dije eso, ¡al grandote se le paró… y a Hugo también! No lo podía creer. Hugo se la chupaba como si fuera un puto experto. No se la metía muy adentro pero el grandote gemía y se retorcía. Lo estaba haciendo bien. Entonces le dije al petiso que se la chupara a Hugo. Primero no quiso, pero me vio la cara y terminó arrodillándose y tragando la pija de Hugo que estaba durísima. De ver esa imagen que era “la fantasía” que pensé que nunca se iba a cumplir, acabé de nuevo como si fuera con toses.
Luego lo hice echar a Hugo boca arriba y que recogiera las patas y al petiso le dije que se pusiera un forro y se la metiera en el culo. ¡La cara de Hugo! Le pedí al grandote una crema o algo. Me dijo que lo único que tenía era crema enjuague. Lubriqué el culo de mi novio con eso. Saben qué… ¡Funciona bárbaro! Se quejó y puteó durante casi diez minutos pero cuando se acomodó se empezó a menear. Le pedí al grandote que se pusiera para que Hugo se la chupara de nuevo y yo se la chupé a mi novio. Los dos chicos acabaron como bestias. Primero el petiso adentro del culo. Al ratito el grandote. Para mi asombro Hugo no hizo ni arcadas y el último fue Hugo en mi boca y para no ser menos tuve una acabadita más.
El grandote se vistió y bajo al bar a traer dos botellas más de champagne y hielo. Tomamos los cuatro que brindaron a mi salud y por habernos juntado. El petiso le preguntó a Hugo si le había gustado y mi novio para mi alegría dijo que siiiiiiiiiii!!!!
El petiso dijo que a él también le había gustado cogérselo y empezaron con las bromas entre ellos.
Estábamos los cuatro en la cama y el petiso se puso un forro nuevo, lo volvió a lubricar a Hugo y se la metió de nuevo. El grandote me cogió a mí y viendo a Huguito cogido por su gusto me recalentó y acabé otra vez como una yegua en celo.
Dormimos los cuatro juntos. A la mañana siguiente nos despertamos y no estaban. Nos duchamos en nuestra habitación y bajamos a desayunar. Estaban en el comedor desayunando. Charlamos como gente civilizadísima. Nos despedimos con besos en la mejilla y la promesa de encontrarnos el año que viene en el mismo lugar (va a caer sábado) para la misma fecha.
Con Hugo se acabaron las peleas y tenemos encuentros de tres. Yo me encargo de conseguir los terceros. Ahora quiero probar yo con una chica.
Patricia.
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